4 de Septiembre

Jueves XXII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 4 septiembre 2025

Col 1, 9-14

         San Pablo no suele limitarse a informar sobre los acontecimientos, sino que trata también de descubrir la manera de llevar una vida digna del Señor. Con él, el creyente aprende cómo debe vivir, sea cual sea su inteligencia de los misterios cristianos.

         Lo importante es vivir de una manera digna del Señor, agradándole en todo (v.10). Ahora bien, este tipo de conocimiento, que tiende a adueñarse del hombre entero (gobernando e inspirando su vida), no lo tiene el que quiere, y ni el mismo Pablo lo puede proporcionar. Prueba de ello es la necesidad de recurrir a la oración. Pablo ruega para que los colosenses reciban el don de conocer plenamente el designio de Dios, con todo el saber e inteligencia que procura el Espíritu (v.9).

         El "conocimiento perfecto" al que se refiere Pablo no es una ciencia concebida en los planos de la teoría (como pura carga cerebral introvertida), sino que lleva consigo una inevitable proyección sobre la corriente vital: "Para que caminéis como Dios se merece, fructificando en toda obra buena y creciendo".

         No se trata solamente de una ortodoxia, sino de una ortopraxis clara y consecuente. Reducir la fe a una pura aceptación cerebral termina por racionalizar la fe y despojarla de su elemento verdaderamente impulsor: la fuerte confianza en Dios. Además, se estaría incitando a creer a base de impulsos mistéricos del poder divino, y eso es lo pero para la dinámica del creyente.

         Pero antes de bajar a la ascesis práctica, Pablo deja por sentado el valor intrínseco de la ciencia cristiana, desdoblándola en 2 vertientes del conocimiento a lo divino: la sabiduría y la ciencia.

         La sabiduría es el conocimiento de los caminos de Dios (de su objetivo, de su plan), e indica al cristiano la dirección en que debe caminar (las normas a las que debe adaptar su vivir). La inteligencia (o ciencia) es el conocimiento crítico, el discernimiento entre lo bueno y lo malo. Pero una y otra no son el resultado del esfuerzo humano, sino el fruto sabroso del Espíritu, presente en cada uno y en el conjunto de la Iglesia.

Miguel Gallart

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         Dice hoy Pablo a los colosenses que "desde el día que oímos hablar de vuestra vida en Cristo, no dejamos de orar por vosotros". Se trata de unos cristianos, pues, a quienes Pablo no conoce personalmente. De hecho, él no estuvo nunca en Colosas, y tan sólo había oído hablar de ellos. Sin embargo, ruega sin cesar por esos fieles que no conoce. En lo invisible, por encima de las distancias y del anonimato ¿soy capaz yo de rezar con un corazón tan amplio?

         Pablo insiste a los colosenses en la necesidad de "progresar en el conocimiento" (Flp 1,9; Flm 6; Ef 1,17; Col 2,2-3). De ahí que les recuerde que "pedimos a Dios que lleguéis al pleno conocimiento de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual". Y para ese progreso, pide 2 dones del Espíritu: la sabiduría y la inteligencia.

         Pablo, ya lo hemos visto, temía que los colosenses se dejasen engañar por falsas doctrinas imbuidas de esoterismo gnóstico. Para prevenirles contra esas especulaciones místico-intelectuales, ruega por ellos a fin de que tengan la verdadera inteligencia de su fe.

         En nuestro tiempo estamos también tentados por unas desviaciones doctrinales que provienen de la influencia que tienen sobre nosotros las corrientes de pensamiento que nos envuelven. Razón de más para profundizar en nuestros conocimientos, porque "así vuestra conducta será digna del Señor y capaz de agradarle en todo, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios".

         Lo que Pablo propone no es pues una pura teoría reservada a los intelectuales: el conocimiento de Dios es a menudo el privilegio de los humildes y es ante todo una actitud, un comportamiento concreto, "una conducta digna de Dios". La fe se manifiesta en la vida real. Así, añade Pablo, "seréis confortados con toda fortaleza por el poder de su gloria, que os dará constancia y paciencia. Daréis gracias al Padre con alegría".

         He ahí 4 frutos del verdadero conocimiento de Dios: la perseverancia, la paciencia, la alegría, la acción de gracias. Todo ello signos de que Dios está allí.

         De muchas maneras, la Escritura nos repite que Dios decidió comunicarse desde acá abajo a sus fieles, en prenda de esa plenitud de unión que será un día la visión intuitiva de Dios. "Participar en la herencia de los santos" es la imagen de la Tierra Prometida, abierta para siempre a los paganos, a todos los hombres (Ef 1,11-14; 2,19.)

         Para concluir, recuerda Pablo a los colosenses que "él nos libró del poder de las tinieblas, y nos trasladó al reino de su Hijo muy amado, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados". Como ya dijo el gran papa San León Magno, pensando sin duda en este pasaje de Pablo:

"Reconoce, oh cristiano, tu dignidad. Has llegado a ser participante de la naturaleza divina, no vuelvas a tu bajeza primera viviendo de un modo indigno de tu condición. Recuerda que has sido arrancado de las tinieblas y transplantado a la luz y al reino de Dios".

Noel Quesson

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         Pablo convierte el deseo de conocer la voluntad de Dios en un tema de oración por las comunidades: que sean llenas del conocimiento de la voluntad de Dios, para que en ellas se consiga la unión de la teoría y la práctica: que lo que se ha conocido llegue a ser realizado.

         Veamos, pues, en qué consiste ese "crecer en el conocimiento de Dios". Dios es de suyo "un Dios oculto" (Is 45, 15). Pero en la creación ha descubierto "su eterno poder y su divinidad", para que el hombre los conociera (Rm 1, 20). La gloria de Dios resplandeció en la faz de Jesús (2Cor 4,6; Jn 14,9). El Hijo encarnado nos ha hecho conocer a Dios (Jn 1, 18).

         Sin embargo, la naturaleza de Dios sigue siendo un misterio inagotable incluso para el cristiano, y la eternidad no será suficiente para agotarlo. Solamente el Espíritu conoce "lo que hay en Dios" y "las profundidades de Dios" (1Cor 2, 10-12), y de ahí que Pablo diga que "con alegría, demos gracias a Dios Padre" (v.12).

         En la alegría que nace del agradecimiento por la bondad de Dios estriba el sentido de la vida humana. Y la bondad, el amor de Dios se manifiesta en que "nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz".

         Pablo proclama con la primitiva Iglesia que Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos y le ha hecho sentar a la diestra en el cielo. Pero también nos ha resucitado en el bautismo y ya desde ahora nos hace sentar sobre los cielos en Cristo (Ef 2, 6), de tal forma que "compartimos la ciudadanía de los santos (de los que moran en el cielo) y somos de la familia de Dios"(Ef 2, 19).

José A. Martínez

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         La alabanza de ayer se convierte hoy en una oración de Pablo, para que la Iglesia de Colosas siga adelante, profundice en su conocimiento de la voluntad de Dios y le agrade en todas sus obras.

         Habla Pablo de conocimiento, pero en seguida añade lo de las "obras buenas". Y si es el caso, de "la fuerza para soportar todo con paciencia y alegría". Dios les ha trasladado de las tinieblas a la luz, lo cual llena de alegría (por una parte) y ompromete a un estilo de vida conforme a Cristo Jesús (por otra parte).

         Podemos examinarnos, ante todo, si existe una buena mezcla de "conocimiento" y de "buenas obras" en nuestra vida. Si nos conformamos con saber o si también hacemos lo que sabemos que es la voluntad de Dios, buscando agradarle en todo.

         La sabiduría que Pablo quiere para los suyos es un "un conocimiento perfecto" (epignosin, lit. super-conocimiento), una "sabiduría e inteligencia espiritual" apoyada en el Espíritu. Una sabiduría que no se quede en palabras, sino que conduzca a una vida "digna del Señor".

         Podemos preguntarnos también si nos hemos liberado totalmente del "dominio de las tinieblas" y hemos pasado al "reino de la luz". Si caminamos en la verdad, en la sinceridad, o si andamos a medias, entre penumbras, con regateos y vías tortuosas, con trampas y manipulaciones de la verdad. Si caminamos en la luz, nosotros mismos estaremos mucho más llenos de alegría (en la línea optimista del salmo responsorial de hoy), y seremos mucho más creíbles en nuestro testimonio.

José Aldazábal

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         En la 1ª lectura de hoy Pablo se congratula en la fe y en el amor cristiano, y acompaña esa alegría con oraciones fervientes por cuantos forman la comunidad. Lo hace porque ha tenido noticias de que en esa comunidad vale la pena luchar.

         Y como actúa en calidad de mensajero de Cristo, primero reconoce la verdad y la bondad ya logradas, y luego marca una línea de profundización a seguir: la de alcanzar  mayor conocimiento de la voluntad del Padre mediante la adquisición progresiva de una sabiduría e inteligencia espiritual que fructifique en obras de gran calidad.

         No obstante, Pablo no había fundado esa pequeña comunidad de Colosas, sino que lo había hecho su fiel discípulo Epafras (instruido por Pablo en Éfeso), mientras él apuntalaba la gran comunidad de Laodicea (vecina de Colosas, a escasos 10 km).

         Posteriormente, cuando Pablo estaba preso en Roma, Epafras  fue a visitarlo, y le informó de cómo el grupo progresaba, pero que no faltaban problemas a causa de algunos infiltrados que turbaban al grupo.

         Pablo, tras oírle e instruirle, escribió esta carta, agradecido y alabando las virtudes de esa comunidad. Eso sí, luego los puso en guardia contra ciertas sectas que rebajaban la dignidad de Cristo Jesús. De ahí que Pablo en esta carta ensalce muy mucho las excelencias de Cristo y la prestancia de las virtudes del cristiano.

         Alegrémonos por el triunfo de la fe, celebremos la grandeza de aquellos apóstoles anónimos infatigables, valoremos la paciencia inagotable de aquellos discípulos de la verdad. Como aspiración cristiana, tengamos el proyecto de adquirir conocimiento perfecto de la voluntad de Dios. Como fruto, esperemos la divina amistad. Y como virtudes, busquemos una vida paciente, magnánima y alegre. ¡No es poco!

Dominicos de Madrid

 Act: 04/09/25     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A