2 de Septiembre

Martes XXII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 2 septiembre 2025

1 Tes 5, 1-11

         En lo que se refiere al tiempo y al momento de la venida del Señor, dice hoy Pablo que "no es necesario que os hable de retrasos o de fechas". Sabemos muy bien que el "día del Señor" vendrá como un ladrón en la noche. Jesús había dicho unas palabras semejantes (Lc 12, 39) al rehusar contestar a la curiosidad humana que nos hace ávidos de detalles precisos.

         Es imposible imaginar el "día del Señor", porque no tenemos ninguna referencia concreta de ese fenómeno típicamente divino que es la resurrección, ni de esa otra realidad típicamente divina que es la eternidad.

         Lo que sí sabemos es una cosa: en lo eterno no hay un antes ni un después, no hay tiempo ni horas ni fechas, y es otro mundo. Por eso, simplemente hay que confiar, y aceptar el riesgo del gran salto de la fe en Dios. La única cosa segura que sabemos es que el "día del Señor" (1Cor 1, 8) es imprevisible y que hay que estar "siempre a punto". ¿Lo estoy yo en este preciso momento? ¿Como y bebo tranquilamente (Mt 24, 38) sin hacerme ninguna pregunta capital, como a dónde voy o qué pasará a mi muerte?

         Para explicar la gravedad del asunto, Pablo recurre a la imagen de "los dolores de parto", al igual que ya había hecho 20 años atrás Jesús (Mt 24, 8) y como constante en toda la revelación (Is 21,3; Jr 30,6: Os 13,13; Mi 4,9; Rm 8,22). ¡Los dolores de parto! Esto nos evoca 2 significaciones simbólicas: lo súbito y el aspecto positivo. Porque son dolores que conducen a la vida y a la alegría (Jn 16, 20-22).

         Pero añade Pablo que esto no es un juego de ideas o creencias, sino que de esos momentos "nadie escapará", incluso los inconscientes, los que no quieren plantearse la pregunta tendrán que planteársela.

         No obstante, tranquiliza Pablo a los tesalonicenses al decirles que "vosotros no vivís en las tinieblas, y por eso ese día no os sorprenderá como un ladrón". ¡Que así sea, Señor! que no quede sorprendido, que no venga de improviso. En efecto, todos somos "hijos de la luz e hijos del día", y no somos "de la noche ni de las tinieblas". ¡Hijos de la luz! El hombre es el que pertenece a la luz, el que tiene en sí una luz vital (Lc 16,8; Jn 12,36).

         Así pues, "no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios". Muchas parábolas de Jesús repetirán lo mismo (Lc 12,35-46; Mt 25): vigilantes, despiertos, en constante estado de alerta. Y sobre todo, añade Pablo, ¡sobrios! Es decir, dueños de nosotros mismos, y moderados en nuestros deseos (para no dejarnos anestesiar).

         Porque Dios nos ha destinado para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros para que vivamos con él. Así que, como concluye el apóstol, "confortaos los unos a los otros y trabajad vuestra mutua edificación". La perspectiva de la muerte es extremadamente positiva, y toda nuestra vida la prepara y la está construyendo ya: ¡vivir con Jesús! Jamás pensaremos bastante en ello: el cielo ya ha comenzado.

Noel Quesson

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         Acerca de cuándo será el día del Señor, nadie puede decirnos que será en determinado momento. Muchos viven espantados, y espantando a los demás con falsas revelaciones, o con falsas interpretaciones de la Escritura acerca de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo.

         Creamos más al Señor que a los falsos profetas; creámosle más a lo que el Señor nos dejó revelado por él mismo, que a las falsas revelaciones apocalípticas. Porque como el mismo Señor nos manifiesta: "Si alguno os dice que el Mesías está aquí o allá, no lo creáis".

         Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, incluso a los mismos elegidos. no vivamos en el temor, sino en el amor fiel, que nos hace caminar en la luz, y obrar siempre el bien. Así, cuando llegue el momento, viviremos unidos eternamente al Señor, pues ya desde ahora lo hemos estado en la participación de su Espíritu y por nuestra colaboración en construir la Iglesia como el templo en el que el Señor habita.

Bartolomé Gutiérrez

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         Terminamos hoy nuestra lectura de la 1ª carta de Pablo a los de Tesalónica. Y lo hacemos con un tema que se ve que preocupaba a aquella comunidad y en general a todas las de Grecia: la venida última de Cristo, y la resurrección de los muertos.

         Cuando Pablo escribe esta carta, todavía no han aparecido por escrito los evangelios, pero él ya anticipa la recomendación que Jesús hará varias veces referente al futuro: "El día del Señor llegará como un ladrón en la noche", o "como los dolores de parto a la que está encinta". Y por eso no podemos vivir distraídos y en la oscuridad: "No durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y vivamos sobriamente".

         Estas palabras de Pablo no quieren producir en nosotros angustia, pues Dios nos tiene destinados, pero no al castigo "sino a obtener la salvación, por medio de nuestro Señor Jesucristo". A todos nos hace bien pensar en el futuro. Como a un viajero no se le olvida el destino que está marcado en el billete. Como al estudiante no le resulta superfluo pensar en el fin del curso y sus evaluaciones.

         Pablo nos invita a vivir en vigilancia, con una cierta tensión, aprovechando el tiempo, como "hijos de la luz", sin dejarnos adormecer por las cosas del camino. Además, nos da un consejo fundamental para que encaremos con esperanza nuestra marcha hacia adelante: "Animaos mutuamente y ayudaos unos a otros a crecer, como ya lo hacéis".

         Si cada uno está despierto y vive como "hijo de la luz" (sin trampas ni enredos), y los hermanos de la Iglesia también se ayudan mutuamente, seguro que ese "día del Señor" seguirá siendo nuestro último día en la historia, pero para nosotros será una particular acción de gracias, al encontrarnos preparados.

         Seguirá infundiéndonos respeto la muerte, pero dentro del miedo sentiremos también confianza. Lo que nos da esperanza es saber que "Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de Jesús", para que "despiertos o dormidos, vivamos con él". Como nos ha hecho decir el salmo responsorial de hoy: "Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida".

José Aldazábal

 Act: 02/09/25     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A