6 de Octubre
Lunes XXVII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 6 octubre 2025
Jon 1,1-2,1
El libro de Jonás, a diferencia del resto de los escritos proféticos, no es un conglomerado de oráculos o visiones, sino la narración de un episodio de la vida del hijo de Amitai, profeta en tiempos de Jeroboán II de Israel (2Re 14, 25). No obstante, parece ser que el autor de este librito escogió a dicho profeta porque era muy poco conocido, y resultaba el más adecuado para su librito de enseñanza-ficción literaria.
Quizás el mismo nombre contribuya a esa elección, porque Jonás significa paloma, nombre que se aplica a Israel, pero no como símbolo de inocencia sino de estupidez (Os 7, 11). De este modo, se considera a Jonás como la personificación del espíritu mezquino, particularista y ridículo de buena parte de Israel.
Parece, pues, que nuestro librito debe catalogarse en el género literario de la parábola o de la alegoría; o quizás mejor, de la parábola alegórica. Intenta darnos un mensaje a través de una pequeña historia, de un personaje que sí que existió (en el s. VIII a.C), pero de forma más pedagógica que cronológica.
En 1º lugar, es evidente el universalismo que respira "el Dios del cielo", que ha hecho la tierra y el mar y es el Dios de la creación, en contraste con el Dios de los padres y del éxodo, cuya concepción favorecía más la visión de elección de Israel y el particularismo correspondiente.
Su misericordia alcanza a los paganos y no se limita al pueblo de la alianza. El libro se sitúa en la línea universalista de Rut y Job. Parece un eco de los grandes profetas, los cuales habían enseñado que Dios es Dios de todo el mundo.
Esta corriente universalista del AT se presenta unas veces como un universalismo centralista en torno al Templo de Jerusalén (Is, Zac Ag) y otras como un universalismo descentralizado (Mal 1, 10), que contempla la posibilidad de que se cierre el templo y los sacrificios sean ofrecidos fuera de él. El universalismo de Jonás coincide con el de Malaquías: los marineros pueden ofrecer sacrificios en la nave.
Nuestro libro quiere ilustrar también la idea de que Dios al margen de lo que haga el hombre, consigue su fin. La tempestad, el hecho de que Jonás sea arrojado al mar y tragado por el pez son, más que castigos, hechos providenciales y destinados a forzar al profeta a cumplir su misión.
Josep Aragonés
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El relato de Jonás no es la biografía de un hombre real, sino que se trata de un midrash, es decir, un relato educativo. Es una de las más hermosas parábolas del AT, nos recuerda que "todos los hombres, incluso los más feroces enemigos de Israel, son llamados a la salvación".
Escrito hacia el s. V a.C, en una época en que Esdras había revalorizado el particularismo de Israel para salvaguardar la fe auténtica, el libro de Jonás reafirma fuertemente la vocación misionera del pueblo de Dios: Dios ama a los paganos y se regocija de su conversión.
En efecto, la palabra del Señor fue dirigida a Jonás: "Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad pagana y proclama que su maldad ha subido hasta mí". Así, desde la 1ª línea de este apólogo, el autor nos revela la clave: Dios no es solamente el Dios de Israel, sino el de todas las naciones.
Dios desea nuestra conversión, la de todos. El amor de Dios es universal. Sea cual sea el color de nuestra piel, cualquiera que sea nuestra religión, todos estamos invitados a la salvación. Y el pecado cometido por un pagano ofende a Dios lo mismo que el pecado de un creyente.
Entonces Jonás se levantó, como le dijo el Señor Pero no para ir a Nínive (actual Irak) sino para huir a Tarsis (actual Cádiz, en Gibraltar), lejos del rostro del Señor. Jonás no tomó el camino de Nínive, sino exactamente la dirección contraria. No hacia el este sino hacia el oeste, hacia un rincón del Mediterráneo.
De hecho Jonás no desea en absoluto la conversión de Nínive, la gran ciudad asiria que había invadido el norte de Israel y había esclavizado a todos los israelitas en Asiria (aparte de ser la única nación atea de la Antigüedad, y un pueblo idólatra y potencialmente cruel allí por donde pasaba y arrasaba).
Pero no juzguemos a ese profeta, que se hace el sordo ante Dios. Porque ¿no tenemos nosotros nuestras estrecheces? ¿O escuchamos, realmente, las llamadas misioneras de Dios? ¿O es nuestro corazón universal como el de Dios?
Entonces, el Señor "desencadenó un gran viento sobre el mar" Mediterráneo. Nada puede impedir a Dios realizar su proyecto de salvación universal. Lo dispondrá todo para que Jonás siga la dirección de Nínive. Incluso un gran pez se encargará de ello, humorísticamente. Repítenos, Señor, que tu voluntad misionera es tenaz, y que nadie puede hacer que fracase tu Designio de amor misericordioso para todos los hombres.
Y fueron los acontecimientos los que obligaron a Jonás a "dirigirse a los paganos". Con frecuencia, son las propias crisis las que empujan a la Iglesia a abrirse, justo cuando los deseos de repliegue pudieran ser más tentadores. Cuando Jonás bajó al fondo del barco, se acostó y dormía profundamente, mientras el barco corría el peligro de naufragar. ¡No durmáis, cristianos, en tanto no hayáis transmitido a todo el mundo la buena nueva!
Noel Quesson
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Durante 3 días nos acompañará como primera lectura el libro de Jonás, un libro para nada histórico sino sapiencial. Pues es verdad que el profeta Jonás existió en tiempos del rey Jeroboam II de Israel (s. VIII a.C), pero el relato del que se le hace protagonista aquí es más bien posterior (s. VI a.C), sacado de una parábola historizada para mostrar que Dios tiene planes de salvación no sólo para Israel, sino también para los pueblos paganos.
Es probable que fuera escrito en tiempos de Esdras (ca. 538 a.C) y en contra de éste (que para asegurar la pureza del yahvismo, en la reconstrucción de Sión tras el destierro de Babilonia, se había pasado un poco, cerrando fronteras y denigrando a los demás países).
Pero vayamos a esta edificante historia, porque en ella todos los paganos que aparecen son buenos, desde el rey de Nínive y sus habitantes hasta el ganado, pasando por los marineros del barco y el cachalote que cumple también su papel en la parábola. El único judío, Jonás, es el peor, un anti-profeta.
El autor del libro ha elegido, como muestra de una ciudad pagana que se convierte, nada menos que a Nínive, la capital de los asirios, famosa por su política despiadada y cruel.
Cuando Jonás recibe el encargo de ir a Nínive y anunciar allí el castigo de Dios, no se le ocurre otra cosa mejorque huir: toma el primer barco que zarpa por el Mediterráneo, precisamente hacia tierras de Tarsis, en el sur de la actual España.
Ante la tempestad que se forma, los marineros aparecen como personas buenas, que temen a sus dioses y les rezan y les ofrecen sacrificios, y además respetan a Jonás, a pesar de que se ha declarado culpable. Hacen lo posible para salvarle. Por fin lo tienen que arrojar al agua, y allí es donde entra en acción el gran cachalote o ballena que le retiene durante tres días hasta arrojarlo a tierra firme.
Estos 3 días serán en el NT un símbolo de los 3 días que estuvo Jesús en el sepulcro antes de resucitar. Pero la intención de la lectura de hoy es la conversión de los ninivitas, que Jesús comentará pronto, en una lectura que haremos la semana que viene (Lc 11, 29).
El canto de meditación que sigue a la lectura no es un salmo responsorial, sino un poema tomado del mismo libro de Jonás, que hace eco a la situación del protagonista: "Sacaste mi vida de la fosa, desde el vientre del infierno pedí auxilio y escuchó mi clamor".
Mal profeta, Jonás. Otros se habían resistido en principio a cumplir el encargo de Dios, poniendo excusas, como Moisés o Jeremías. Elías se refugió en el desierto, acobardado, y caminó hasta el monte Horeb. Pero a nadie se le había ocurrido tomar un barco en dirección contraria a Nínive, que es donde le quería Dios.
El único personaje judío de la parábola es el único que se resiste a Dios. Es una lección para nosotros. Cada uno tiene su misión propia: ser de alguna manera sus testigos en este mundo. Si yo fallo y por pereza o por miedo no hago lo que Dios quiere que haga, ¿quién hará ese trabajo? Se quedará por hacer, y habrá personas que por mi culpa no se enterarán del plan salvador de Dios.
Claro que es difícil la misión, tal como está el mundo (aunque peor estaba Nínive), porque el mensaje del evangelio es exigente. Pero no tendríamos que huir. También a Cristo le costó, y tuvo momentos en que pedía que pasara de él el cáliz, la pasión y la muerte. Pero triunfó la obediencia y la fidelidad a su Padre.
¿Nos hacemos los sordos cuando intuimos que Dios nos llama a colaborar en la mejora de este mundo? ¿Nos acobardamos fácilmente por las dificultades que intuimos que vamos a tener? ¿En qué barco nos refugiamos para huir de la voz de Dios? ¿O somos capaces de trabajar con generosidad en la misión evangelizadora, a pesar de que ya tengamos experiencia que la sociedad nos hará poco caso?
José Aldazábal
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Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Y a nadie creó Dios para la muerte, pues él no se deleita en la muerte sino en la vida. Ninguno, que haya experimentado el amor y la misericordia de Dios, puede condenar a los demás pensando que sólo él tiene derecho exclusivo sobre Dios.
Jonás, recalcitrante a hacer partícipe de la misericordia de Dios a los pueblos paganos, es conducido por Dios hasta el lugar donde el Señor quiere que se cumplan sus planes de salvación. Jonás, rebelde, no de palabra sino de hecho, a la voluntad de Dios respecto a la salvación universal, finalmente proclamará esa salvación: primero a los marineros, que temen a Dios, y que al arrojar a Jonás al abismo, se salvan de la muerte pues el mar se calma; y después a los ninivitas, proclamando el mensaje de salvación de Dios, al que ellos hacen caso y salvan así su Vida.
Nos dice San Pablo que "si la rebeldía de los judíos se convirtió en causa de salvación para el mundo, qué no será su conversión". Si la desobediencia del pueblo elegido simbolizado en Jonás, si su reticencia a abrir la salvación a todos, incluso a los enemigos fue causa de que esa salvación, conforme al plan de Dios, llegara a Nínive en que se simboliza la persecución de los inocentes y la lejanía de Dios, cuánto más ha logrado el Señor Jesús, que, obediente a su Padre Dios, sale al encuentro del hombre pecador para proclamarnos la Buena Nueva del amor que Dios nos tiene.
Él fue arrojado al abismo de la muerte, y ahí permaneció tres días y tres noches, para luego resucitar como el hombre nuevo con quien estamos llamados a identificarnos todos sin distinción alguna. Así él ha logrado para nosotros la salvación. Y él nos pide que abramos los ojos para no condenar a nadie, pues así como nos ha amado quiere que nos amemos los unos a los otros; y así como él dio su vida en rescate por todos, quiere que su Iglesia se esfuerce constantemente en salir al encuentro del hombre pecador para invitarlo a rectificar sus caminos.
A pesar de nuestras rebeldías e incongruencias en la fe, Dios siempre está dispuesto a escuchar nuestras súplicas, pues su amor misericordioso hacia nosotros nunca se acaba. Dios nos ama como un padre ama a sus hijos. Dios escuchó a su Hijo que le pidió, con ardientes lágrimas, que lo librara de la muerte. Dios siempre está y estará de parte nuestra.
Sepamos, también nosotros, escuchar su Palabra y hacerla nuestra, pues el Señor quiere santificarnos en la verdad por medio de ella. Dejemos de vivir nuestra fe con hipocresía; seamos leales al Señor como él lo ha sido con nosotros. No encerremos la fe en nuestro corazón sino que proclamemos el amor y la misericordia del Señor a todos los pueblos; hagámoslo con las obras que manifiesten cómo el Señor, por medio nuestro, se hace cercanía amorosa y misericordiosa para todos.
Dominicos de Madrid
Act:
06/10/25
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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