19 de Noviembre

Miércoles XXXIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 19 noviembre 2025

2 Mac 7, 1.20-31

         La narración de Macabeos llega hoy a su punto culminante de emoción y de síntesis doctrinal, con una madre que va a ir viendo torturados y asesinados, uno tras otro, a sus 7 hijos.

         Las palabras de la madre, aunque formuladas en un lenguaje excesivamente filosófico, son maternales: cree que Dios puede resucitar a los hombres. Aunque no sabe cómo lo hará, porque tampoco sabe cómo ha hecho en ella la maravilla de la generación.

         Se nota un in crescendo en la obra creadora de Dios. Y la idea de un Dios creador y gobernador del mundo no podía expresarse con más fuerza, ni más palpablemente, que con el ejemplo de la transmisión de la vida y de las almas inmortales. Sólo faltaba la expresión técnica, pero ésta también llega al final: la creación de la nada.

         Es la 1ª vez que la Biblia afirma explícitamente esta creación ex nihilo, si bien ya en el Génesis (Gn 1, 1) está implícita. El discurso del hermano pequeño es un resumen de lo que han dicho los otros seis: "Al perseguidor le espera un castigo, mientras que los mártires tienen reservada una vida eterna".

         El judaísmo del s. II a.C guardó el recuerdo del martirio de esta familia, juntamente con el del anciano Eleazar (que vimos ayer). A comienzos del s. I d.C, un judío helenista aprovechará la narración para ampliarla en el llamado libro IV de los Macabeos, haciendo de estos hermanos un símbolo de la capacidad de la razón para dominar los instintos (demasiado filosóficamente).

         La posterior disminución de la importancia de este relato, del s. III d.C en adelante, no se debió a las dudas sobre su historicidad (que fue incuestionable), sino al hecho de que en la teología judía siempre ha tenido una importancia relativa la salvación individual. Y es que para los antiguos rabinos, el sacrificio de la vida sólo era admisible cuando había motivos proporcionados, como el bien de la comunidad o la conservación de la ley.

         En el cristianismo, por el contrario, estos mártires macabeos fueron tenidos en gran veneración, al ver en ellos un ejemplo sublime de profesión de fe. Es la visión del martirio, como un medio heroico de santificación personal.

Josep Aragonés

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         Meditamos hoy una 2ª escena de martirio, dentro del libro II de Macabeos: 7 hijos y 7 hermanos, torturados bajo la mirada de la madre. Sabemos, por desgracia, que esto es posible, y que esto se ha hecho también en nuestra época. Nos gustaría no leer tales páginas, o cerrar los ojos ante las torturas. Sin embargo, es necesario abrirlos, pues la madre vio morir a sus 7 hijos en el espacio de un solo día, con todo el dolor del mundo.

         Pero ¿por qué, Señor? ¿Por qué suceden tales cosas? Con lágrimas y como un clamor, la humanidad te hace esta pregunta. Sí, conozco tu respuesta: tú has venido en la carne, y has tomado sobre ti lo necesario para desangrarte, ser flagelado y morir por nosotros. Pero, repítenoslo, Señor. Repítenos que no te quedas fuera del dolor y la pena de los hombres, sino que tú estás dentro y la compartes y la comprendes.

         La madre decía a cada uno de sus hijos: "No fui yo quien os dio el espíritu y la vida, sino el Creador del mundo, que modela al niño, que preside su origen y el de toda cosa. Yo te llevé nueve meses en mi seno, te amamanté, te alimenté y te crié. Pero mira el cielo y la tierra, y que sepas que Dios hizo todo esto".

         Ante el absurdo de la muerte y del mal, ésta era la pura reacción de los macabeos más conscientes: no comprendemos, Señor, pero confiamos en ti como el más fuerte, el más sabio, el Creador. E incluso si no lo entiendo todo, tú debes tener razón, pues así hiciste el mundo. No podemos pedir cuentas a Dios.

         Finalmente, esta actitud no es una abdicación, sino la única actitud razonable. Pues si lo comprendiéramos todo, seríamos "como Dios". Y evidentemente, no lo somos, y los misterios complejos de la fecundidad, de la biología o de la genética, son de los que nos ponen delante de esta humildad radical.

         Esa madre que dio al mundo 7 hijos lo sabe bien: se sabe muy pequeña ante los misterios que se cumplieron en ella. Y esto la ayuda a comprender que hay otros muchos misterios, para los cuales hay que confiar plenamente en Dios. Y a su hijos, uno tras otro, les iba diciendo: "No temas a este verdugo, hijo mío. Acepta la muerte para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en la misericordia". Fue la respuesta final de la madre: fe en la resurrección.

Noel Quesson

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         Ayer escuchábamos el pasaje del anciano Eleazar, que sorprendente nos daba testimonio de entereza y de virtud. Hoy escuchamos el relato de una madre con sus 7 hijos, que todavía nos asombra más por su lucidez y valentía. Seguimos en la persecución de Antíoco IV de Siria (ca. 175 a.C), que con una mezcla de halagos y amenazas intenta seducir a los israelitas, y conducirlos a la religión oficial pagana, olvidando la Alianza con Dios.

         Muchos judíos se resistieron a esa abominación, pero "ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre que, viendo morir a sus 7 hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor". De nuevo, lo principal no es lo de comer (o no) la carne prohibida, sino mantenerse fieles al conjunto de la Alianza de Dios.

         Es la magnífica catequesis que la valiente mujer dedica a sus 7 hijos, sobre el poder y la misericordia del Dios creador, y también sobre el más allá de la muerte (del que éste es uno de los pocos libros del AT que tienen idea clara). Así les anima la madre a sus hijos, a que vayan al martirio con la esperanza de que Dios sabrá recompensarles: "Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida".

         Tal vez a nosotros no se nos presenta la ocasión de dar testimonio con el admirable heroísmo que vemos en Eleazar y en la madre y sus 7 hijos. Pero sí que se nos presenta la oportunidad de vivir la vida con esa intensidad, con esa conducta perseverante, con esa fidelidad a Dios y con esa resistencia a la presión del ambiente.

         También podemos imitar a los macabeos en ese ir contra corriente, incluso de forma heroica. Pues lo mismo que una comunidad religiosa hace votos de seguir a Cristo en pobreza, castidad y obediencia, también nosotros podemos hacer votos a Dios de renunciar a algunos bienes de este mundo (en el tener, gozar o mandar).

         Ojalá podamos hoy rezar más detenidamente el salmo responsorial de hoy: "Mis pies estuvieron firmes en tus caminos y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco, inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, y al despertar me saciaré de tu semblante".

José Aldazábal

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         El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea Dios, pues si para el Señor vivimos, también para él morimos, pues ya sea por nuestra vida, ya sea por nuestra muerte, el Señor será siempre glorificado en nosotros. Él nos creó, y él nos llama a la vida eterna.

         Seamos fieles al Señor; no juguemos entre el bien y el mal; no queramos hacer convivir en nosotros a Dios y al demonio. Si somos del Señor, vivamos para él. Reafirmemos nuestra fe en que la muerte no tiene la última palabra, sino la vida. Pues si Dios tiene el poder para llamar de la nada a todo lo que existe, tiene también poder para resucitar, para la vida eterna junto a él, a quienes le vivamos fieles.

         Es lo que nos enseñó aquella mujer macabea, que vio morir a sus 7 hijos en un sólo día, por ser fieles a la ley santa de Dios.

José A. Martínez

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         El cap. 7 del libro II de Macabeos es un canto al heroísmo, a la fidelidad, y a la raza que mantiene sus tradiciones religiosas como signos de acatamiento de la voluntad de Dios. Auténtico poema a la grandeza de los hijos bien nacidos.

         Nos muestra el pasaje de hoy 2 actitudes mentales que, teniendo cada una su color y razón de ser, resultan contrapuestas, incompatibles. Una está representada por la madre de una familia macabea, creyente que tiene en Dios y en sus preceptos salvíficos su norma de conducta. Otra parece encarnada en el rey (o gobernante), que se siente a sí mismo legislador, juez y árbitro de la propia vida y de vidas ajenas. Y por supuesto, donde está él (el político), sobra cualquier dios (incluso el propio Dios).

         La piadosa madre macabea de hoy se considera criatura de Dios, y entiende que el Creador ha impreso en su naturaleza unas leyes por las que debe regular su existencia. Además, cree firmemente 2 cosas: que ese Dios creador nos ha revelado su amor paterno, y que ese Dios amoroso nos ha fijado unas pautas de fidelidad que han de respetarse. Y como lo cree, y encuentra razonable lo que cree, es capaz de jugarse la vida propia (y la de sus 7 hijos) para mantenerse en coherencia y fidelidad. Dios y ella en acción.

         En cambio, el rey (o gobernante) sabe poco de piedades humanas y divinas. Se siente señor y dueño de su voluntad y de las ajenas, y piensa que el recurso "a lo divino" de la mujer macabea es una burla a su majestad y omnímodo poder. Por tanto, no tolera la resistencia a su voluntad, y para él Dios no ha de existir.

         Cuando las cosas y actitudes se contraponen de ese modo, no hay posibilidad de entrar en razón ni de descubrir la verdad con discernimiento o reflexión. Y la lucha mantenida por los macabeos, frente a esos poderes civiles, se llevan a cabo por las bravas y a lo heroico.

         Un punto culminante del pasaje de hoy es el que desarrolla la lección materna encareciendo a sus 7 hijos, uno a uno (del mayor al menor) sobre el Creador: "Él te devolverá el aliento y la vida, si te sacrificas por su ley".

         Ante los halagos y ofertas políticos que se le hacen al más pequeño, para que claudique, la madre, "riéndose del cruel tirano", habló así en su idioma: "Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueves meses en el seno. Hijo mío, te lo suplico, mira al cielo y la tierra. No temas a ese verdugo; ponte a la altura de tus hermanos".

         Haciendo uso de prudente discernimiento, y armados de valor por el evangelio de Cristo, los cobardes tendríamos mucho que aprender de mujeres como esta heroína.

Dominicos de Madrid

 Act: 19/11/25     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A