19 de Febrero

Jueves de Ceniza

Equipo de Liturgia
Mercabá, 19 febrero 2026

Dt 30, 15-20

         Desde el inicio de la Cuaresma se nos ofrece un programa de peregrinación hacia la Pascua. Un camino que versará sobre la experiencia de la vida y de la muerte, que los hombres vamos acumulando a lo largo y ancho de nuestros días, y no sólo a nivel de ritos vacíos de contenido.

         La lectura hoy del libro del Deuteronomio nos exhorta a elegir entre 2 posibilidades: la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Y nos insta a que elijamos la vida y no la muerte, la bendición y no la maldición. Pero la vida (y la bendición) tiene su origen y término en Dios, luego ya sabemos la forma de recorrerlo: amando a Dios, pegándonos a él, escuchando su voz y siguiendo sus caminos.

         Para cumplir ese propósito, es imprescindible arraigarse únicamente en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Dios de vivos y fuente de la vida), y no en el resto de ídolos, que están muertos y provocan la muerte a quienes confían en ellos (y a otros muchos que se colocan en su línea de influencia). Dios está vivo y activo, cuida de la vida y lleva la vida hasta la plenitud.

         El tema de los 2 caminos (el de la vida y el de la muerte) es un clásico de las literaturas religiosas de la antigüedad. En el caso del Deuteronomio, la vida y la felicidad dependen de la obediencia a los mandamientos del Señor, y el camino de la muerte y la desgracia obedecen a un corazón desviado (el de la idolatría). La llamada de Dios coloca al hombre ante el dilema de la bendición o la maldición, y anima amablemente a escoger la senda buena.

         Quien vive esta fe, y la hace experiencia propia, podrá llegar a decir: Vale la pena amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Vale la pena apegarse a él, como el musguito a la piedra, en confianza absoluta y radical. Vale la pena prestarle atenta escucha y convertirse en oyente de su Palabra, poniéndose en sus manos amorosas como un niño en brazos de su madre. Vale la pena seguir sus caminos, aun cuando no sean nuestros caminos y aun cuando ponga éstos patas arriba.

         Quien se arraiga en este suelo nutricio experimentará progresivamente que, cuanto emprende, tiene buen fin (tal como promete el salmo responsorial de hoy), y vivirá en la esperanza de que su vida será como un árbol plantado al borde de la acequia, que da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas.

José Vico

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         Moisés dirige a su pueblo un discurso, cuyo resumen leemos hoy. Y les dice que les vendrá toda clase de bendiciones si son fieles a Dios, y que de no hacerlo les sobrevendrán desgracias de las que ellos mismos tendrán la culpa. Todo ello, planteado en forma de libre alternativa, ante la encrucijada en que se encuentran en su camino: si escogen la voluntad de Dios, encontrarán vida, y si se dejan arrastrar por las tentaciones (y adoran a dioses extraños), estarán condenados a la muerte.

         Es lo mismo que repite el salmo responsorial de hoy, a través de la comparación de un árbol que florece y prospera si sabe estar cerca del agua: "Dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor, que no entra por la senda de los pecadores. Será como árbol plantado al borde de la acequia". Pero "no así los impíos, no así. Serán paja que arrebata el viento; porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal".

         Si Moisés urgía a los israelitas a decidirse ante esta difícil alternativa, mucho más fácil lo tenemos nosotros, que hemos experimentado la salvación de Cristo Jesús. Pero para ello tenemos que reavivar una y otra vez (cada año, en la cuaresma) la opción preferencial por él, adentrándonos en sus caminos. Porque también a nosotros nos va en ello la vida o la muerte, nuestro crecimiento espiritual o nuestra debilidad creciente.

         Ahí está nuestra libertad, ante la encrucijada. Una libertad que la lectura de hoy nos anima a tomar de forma responsable y renovada, como los religiosos que renuevan cada año sus votos, o como los cristianos que renuevan cada Pascua sus compromisos bautismales.

José Aldazábal

 Act: 19/02/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A