30 de Marzo
Lunes Santo
Equipo de Liturgia
Mercabá, 30 marzo 2026
Is 42, 1-7
La liturgia de esta Semana Santa nos va a presentar en la 1ª lectura los 4 cánticos del Siervo de Yahveh. Por ello, es importante introducirnos en el contexto de estos poemas. En el Segundo Isaías (Is 40-55) aparece 21 veces la palabra siervo (ebed), siempre en singular con la excepción de Is 54,17. Se aplica a Israel (o Jacob) en 14 casos, y también se llama siervo a Ciro y al profeta.
Siervo es un término con una amplia gama de matices. Fundamentalmente significa obrar con sumisión y obediencia a otro. Esta misión tiene grados desde el esclavo hasta la entrega religiosa. En sentido pagano, siervo es quien está totalmente sometido a otro; la persona que ha perdido su libertad, el amo decide por él.
Por eso en un principio no se hablaba de ser esclavo de Dios por considerarlo como degradante. En sentido religioso, la palabra siervo fue dejando de lado el ser degradante para considerarlo como alguien ligado por entero y en forma muy especial con su Dios.
En sentido bíblico, la palabra siervo establece una relación de sumisión y dependencia del hombre con Dios. La liturgia en el AT era presentada como un servicio a Dios (y no como servicios aislados) de por vida, en sentido cultual (Is 41, 8). No obstante, se llaman siervos de Yahveh, o siervos de Dios, a aquellas personas que reciben el encargo de realizar una misión especial como Moisés (Ex 14, 31), Abraham (Gn 26, 24) y David (2Sm 3, 18).
¿Quién es el siervo en los poemas que encontramos en el Deutero Isaías? Es difícil responder esta pregunta sobre todo si tenemos en cuenta el lenguaje oriental que es un lenguaje impreciso y no permite la identificación del personaje al cual se refiere. No se puede buscar una solución tajante.
Se han presentado varias soluciones. Para unos se trata de un personaje, para otros de una colectividad. Hay quienes presentan una solución mixta y por último quienes le dan una interpretación mesiánica al identificarlo con Cristo.
En la presentación del Siervo, Isaías recalca que el oficio de siervo es elección divina y Dios mismo presenta a su elegido, en otras palabras, se trata de un personaje ligado con el Señor, a quien él sostiene, lo prefiere y le hadado su Espíritu para que pueda cumplir la empresa que le señala: implantar el derecho y la ley de Dios. Es decir, difundir la revelación de su voluntad, que es justicia y orden entre los hombres. La persona del siervo se mostrará decisiva en la historia de su pueblo y la de todas las naciones.
Este personaje no se lamentará, no gritará, pasará inadvertido porque no ejercerá su función con armas o por la fuerza, sino con un nuevo estilo: suavidad y mansedumbre con lo débil, pero firmeza en el sufrir y tenacidad en su labor.
Según el contexto inmediato, el texto nos conduce a Ciro quien recibe del Señor una investidura real y una misión de conquista y de unificación del mundo que se llevará a cabo en el respeto de los pueblos y la preocupación por su restauración. Israel agotado por el destierro, reducido al estado de caña quebrada, volverá a la vida.
Es interesante anotar que la traducción griega de los Setenta atribuyó este pasaje a Israel y en el v. 1 traducen: "Mi siervo Jacob, mi elegido Israel".
Como puede observarse, se han dado varias lecturas de este poema. Una lectura histórica en donde Ciro es el siervo. Una relectura posterior, en los Setenta en donde el siervo es Israel y por último, la lectura cristiana, que aplica a Jesús la condición del Siervo de Yahveh.
Cuando Dios habla a su siervo (vv.5-9), se presenta como el Dios Creador que ha dado vida y conservado el universo y con estos títulos llama al siervo a quien ha tomado de la mano y lo ha hecho alianza de un pueblo y luz de las naciones.
La Alianza, en el AT, implica ciertas obligaciones del parte del ser humano. Pero sobre todo, el Señor se compromete con el pueblo para obrar en su favor. El Señor concede al pueblo y a todas las naciones al Siervo como prenda de su compromiso para obrar en favor de ese pueblo y todas las naciones.
Manuel Garrido
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La 1ª lectura procede de la 2ª parte del libro de Isaías. Hay en ella 4 poemas que, según los entendidos, son las más bellas profecías sobre Jesús. Se presenta a un misterioso personaje, que de ningún modo es un mesías rey, sino un mesías pobre. Es decir, un siervo humilde, manso y perseguido, que salva a su pueblo con su muerte. Es un perfecto siervo de Dios.
"He aquí mi servidor a quien yo sostengo, mi elegido en quien mi espíritu se complace". Jesús, tú conocías esa profecía. A menudo has debido meditarla. En verdad, tú tomaste la condición de siervo, cuando lavaste los pies de tus discípulos y, sobre todo, en la cruz con tu muerte por nosotros.
"Ha reposado mi Espíritu sobre él", "yo te he llamado", "te así de la mano y te formé", "he hecho de ti mi alianza con el pueblo y la luz de las naciones". Es preciso meditar una a una esas palabras. Y aplicarlas a Jesús. Intimidad entre Dios y yo, en palabras de amor e imágenes de amor.
Por mi bautismo, que renovaré el próximo sábado en la santa noche de Pascua, he recibido el don del Espíritu, he recibido un nombre por el cual Dios me llama hijo suyo, te envié al mundo para que fueras alianza y luz. De todo ello será símbolo la vela encendida, que tendré en la mano, el sábado por la noche, al renovar mi profesión de fe.
"No gritará, ni alzará el tono, no aplastará la caña quebrada, ni apagará la mecha mortecina". Son unas dulces imágenes de ti, Jesús. Imágenes de tu bondad. Tú eras así. Delicadeza total respecto a los demás. En este tiempo de alboroto y de violencia, hazme, Señor, un instrumento de tu paz, de tu silencio, de tu bondad.
Noel Quesson
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En esta Semana Santa como 1ª lectura leemos los 4 cantos del Siervo de Yahveh, del profeta Isaías. Los 3 primeros, del lunes al miércoles. El 4º Canto, en la impresionante celebración del Viernes Santo. Son cantos que nos van anunciando la figura de ese Siervo, que podría referirse al mismo pueblo de Israel, pero que, poco a poco, se va interpretando como el Mesías enviado por Dios con una misión muy concreta en medio de las naciones.
El 1º Canto, que escuchamos hoy, presenta al Siervo como el elegido de Dios, lleno de su Espíritu, enviado a llevar el derecho a las naciones y abrir los ojos de los ciegos y liberar a los cautivos. Se describe el estilo con el que actuará: "La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará".
Como la misión de ese Siervo no se prevé que sea fácil (y así aparecerá en los cantos siguientes) el salmo responsorial ya anticipa la clave para entender su éxito: "El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Cuando me asaltan los malvados, me siento tranquilo: espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor".
El pasaje que hemos leído en Isaías resuena casi al pie de la letra en los relatos que los evangelistas nos hacen del bautismo de Jesús en el Jordán. También allí se oye la voz de Dios diciendo que es su siervo o su hijo querido, y aparece el Espíritu sobre él, y empieza una misión de justicia y buena noticia.
También de él se puede decir que no quebró la caña que estaba a punto de romperse, sino que se mostró siempre lleno de paciencia y tolerancia (no como Santiago y Juan, que quieren hacer llover fuego del cielo sobre el pueblo que no les recibe, o como Pedro, que saca su espada y hiere a los que detienen al Maestro). Más tarde Pedro, con un conocimiento mucho más profundo de Jesús, podrá decir que "pasó haciendo el bien" (Hch 10).
También de él se podrá decir que devolvió la vista a los ciegos y se preocupó de liberar de sus males a toda persona que encontraba sufriendo. Y de esto somos más conscientes precisamente en vísperas de celebrar el triduo de su muerte en la cruz y su resurrección a la nueva existencia.
Ayer celebrábamos con él su entrada en Jerusalén, con un gesto decidido de asumir sobre sus hombros el destino que nos hubiera correspondido a nosotros. El Siervo camina hacia su muerte. Con unción previa incluida. Nuestros ojos estarán fijos en él estos próximos días, llenos de admiración. Dispuestos a imitar también nosotros, en su seguimiento, sus mismas actitudes de fidelidad a Dios y de tolerante cercanía para con los demás. Dispuestos a vivir como él "entregados por".
José Aldazábal
Act: