1 de Abril

Miércoles Santo

Equipo de Liturgia
Mercabá, 1 abril 2026

Is 50, 4-9

         En el III Canto del Siervo de Yahveh, que nos presenta la liturgia, toma la palabra un personaje anónimo. No se llama siervo, pero se asemeja a él. Tampoco se llama profeta, pero utiliza las palabras y los esquemas de los profetas. Trae a la memoria las confesiones de Jeremías (Jer 11,18), y se ve perseguido con violencia porque su mensaje es inoportuno.

         El Siervo había sido enviado para consolar y dar palabras de aliento (Is 42,7; 50,4) y es plenamente consciente de su misión y de los riesgos que corre. No obstante, acepta plenamente el sufrimiento, y no huye de él, ni se resiste ante la palabra de Dios, ni rechaza las injurias de los hombres.

         En medio del sufrimiento, el Siervo experimenta la ayuda del Señor, que lo hace más fuerte que el dolor. El Siervo confía sólo en el Señor, y en él se siente tan seguro que reta a sus enemigos. Si el Señor lo ayuda, nadie lo condenará.

         "El justo es encadenado porque resulta molesto". Los que esquilman el pueblo del Señor y perturban los senderos de sus pies, celebran consejo contra sí mismos. ¡Ay de sus almas! Recibieron males a causa de sus obras, dice Isaías. Lo que ya se ha realizado ha sido para nuestro alivio y curación.

         "Ofrezco mis espaldas a los azotes y mis mejillas a las bofetadas y soporto el ultraje de los salivazos". Por eso aquel a quien ha modelado sus manos (Gn 2, 7) no quedará avergonzado ni ultrajado. ¡Cuánto se traiciona, se azota, se calumnia y crucifica hoy día al Señor!

         "No me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que golpeaban. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido". Isaías nos describe toda la crudeza y sufrimientos que él padeció por su valentía y fidelidad recordando al pueblo lo que Yahvé ponía en su corazón y en sus labios.

         Desde su experiencia, está adelantando los sufrimientos del mismo Jesús. Según los evangelistas, Jesús recibió durante su pasión toda clase de injurias: desprecios, golpes, bofetadas, salivazos. Con su testimonio, nos muestra su profundo amor y avisa a sus discípulos de lo que les espera: "También a vosotros os perseguirán, por causa de mi nombre".

Manuel Garrido

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         "Dios me ha dado el lenguaje de un hombre que se deja instruir, para que sepa reconfortar al que está abatido". Se trata de una palabras admirables de psicología humana, que se resumen en la palabra escuchar, como clave para saber reconfortar. En clava religiosa, se trata de "dejarse instruir" por Dios, pues eso es lo que reconforta. En clave profética, se trata de conocer el desaliento, para ayudar "a los que han agotado sus fuerzas".

         "La palabra me despierta cada mañana, para que escuche. El Señor Dios me ha abierto el oído". En efecto, para saber escuchar, o dejarse instruir, lo 1º que hay que hacer es abrir los oídos, y mantenerlos abiertos, aunque tengamos nuestros desalientos. De lo contrario, no habremos aprendido, ni sabremos enseñar ni ayudar reconfortantemente a nadie.

         "Yo no me resistí, ni me eché atrás. Presenté mis espaldas a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que mesaban mi barba. No protegí mi rostro de los insultos y de los salivazos". El colmo de la afrenta es la bofetada, y la mayor mancilla el salivazo. Y esto es, humanamente, un espectáculo insostenible, incluso en cualquier pantalla de televisión. ¡Cuánto paralelismo contigo, Jesús!

         "El Señor vino en mi ayuda, para que no me alcanzaran los insultos". El tema de la humillación está vinculado al tema de la exaltación, y eso es lo que hizo y quiso Jesús: conseguir la vida sobre la muerte, otorgar la victoria tras la batalla. Hay que pensar que Jesús conocía bien estos Cánticos del Siervo de Yahveh, y que siguió esa lógica a la hora de buscar la cruz en aras a la gloria, y la muerte en aras a la resurrección, a forma de Pascua dolorosa y triunfante.

Noel Quesson

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         Leemos hoy el III Canto del Siervo de Yahveh, dejando el 4º y último (el más largo y dramático) para Viernes Santo. Sigue la descripción poética de la misión del Siervo, pero con una carga cada vez más fuerte de oposición y contradicciones.

         La misión que Dios encomienda a su Siervo es "saber decir una palabra de aliento al abatido". Pero antes de eso (de hablar), Dios le "espabila el oído" (para que escuche), y con ello lo dota (con una "lengua de iniciado").

         Esta vez, las dificultades son más dramáticas, y las describe Isaías: "Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba, no oculté el rostro a insultos y salivazos".

         También en este 3º canto triunfa la confianza en la ayuda de Dios, pues "mi Señor me ayudaba, y sé que no quedaré avergonzado". Con un diálogo muy vivo, el Siervo de Yahveh muestra su irrevocable decisión: "Tengo cerca a mi abogado, ¿quién pleiteará conmigo?".

         El salmo responsorial de hoy insiste tanto en el dolor como en la confianza: "Por ti he aguantado afrentas, y en mi comida me echaron hiel. Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor. Miradlo, los humildes, y alegraos, que el Señor escucha a sus pobres".

         La comunidad cristiana vio a Jesús descrito en esos cantos del Siervo de Yahveh. Su entrega hasta la muerte no fue inútil, y llevó a cabo la misión que Dios le había encomendado, al solidarizarse con toda la humanidad y su pecado.

José Aldazábal

 Act: 01/04/26     @semana santa         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A