22 de Abril

Lunes IV de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 22 abril 2024

a) Hch 11, 1-18

         El bautismo del centurión Cornelio pertenece al corazón de Hechos de los Apóstoles, como momento decisivo en que el Espíritu de Dios empuja a la Iglesia a la misión, obliga (por así decir) a los apóstoles a ir a los gentiles y proclama este hecho por todas partes (pues "los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían aceptado la Palabra de Dios").

         Muy pronto llegó el momento, por tanto, en que el reclutamiento de cristianos desbordó al pueblo judío, y muchos gentiles empezaron a pedir el bautismo desde distintas razas y naciones. Tenían fe, aceptaban la palabra de Dios, y también ellos se sentían igualmente llamados al nuevo reino de Dios, al igual que los judíos.

         Entonces, los judíos preguntaron a Pedro: "¿Por qué has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos?". Como se ve, la vida en comunidad de aquellos cristianos, con orígenes y costumbres tan diferentes, planteaban un grave problema a la Iglesia primitiva.

         E incluso había ciertos miembros en la comunidad, de mentalidad limitada, que querían imponer a los demás sus propias costumbres. En este caso, acusando a Pedro de ser traidor a su patria, por el hecho de ir donde los romanos (e ignorando, de paso, que todo pueblo, cultura y raza podía entrar en la Iglesia, con tal que creyera en Jesús y se bautizase).

         "Estaba yo en oración en Joppe, cuando tuve una visión del cielo", comienza a responder Pedro a los judíos, en un intento de explicación de su postura. La intervención milagrosa de Dios hizo que Pedro, a pesar de todo el peso de su pasado y de su ambiente, se resolviera por fin a entrar en casa de los gentiles y comer con ellos. Una oración, "una visión del cielo". Es el Espíritu de Dios que empuja a la misión. ¡Dios ama a los gentiles!

         Pero quedémonos con el contenido de dicha visión: "un mantel lleno de toda clase de alimentos", y un ángel que le decía: "¡Vamos Pedro, come!". Hoy día, todavía tienen prohibidos los judíos ciertos alimentos, siguiendo aquella tradición de Moisés (del s. XIII a.C) que los consideraba impuros.

         Lo que se le pide a Pedro es que supere su propia tradición, y sobre todo que no la imponga a los que no son de su raza. Apertura de espíritu (universalismo) y unidad que respeta las diversidades (pluralismo), unión profunda en lo esencial (comunión) y respecto a las diferencias de cada uno su (libertad).

Noel Quesson

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         El pasaje de hoy de Hechos  recoge un gesto eclesial muy relevante del Pedro histórico, que ilustra el papel del ministerio de Pedro en la vida de la Iglesia. En el transcurso de su visita pastoral a las ciudades de la costa occidental de Israel, Pedro es aleccionado por una serie de hechos sobrenaturales, y se decide a anunciar el evangelio, e incorporar a la Iglesia por el bautismo, al centurión de la cohorte itálica de Cesarea (Cornelio) y a su familia, todos ellos piadosos y temerosos de Dios pero incircuncisos (Hch 10, 1-47).

         Este paso del primero de los apóstoles tomaba el aspecto de un cambio revolucionario en la misión cristiana: se inauguraba oficialmente la apertura de la Iglesia a los gentiles en igualdad de condiciones con los judíos y sin el requisito de sus prácticas religioso-cultuales.

         Una vez de regreso a Jerusalén, Pedro es interpelado "por los partidarios de la circuncisión" (vv.2-3) y da con decisión razón de su comportamiento, invocando los sucesos sobrenaturales con los cuales el Espíritu Santo se le anticipaba y le forzaba a actuar en aquella dirección: su misteriosa visión en Joppe, la visión del mismo Cornelio y el llamado pentecostés de los gentiles (vv.4-15). Pues como exclama el propio Pedro: "¿Quién era yo para oponerme a Dios?" (v.17).

         El resultado, muy positivo, fue que todos se sosegaran y glorificaran a Dios. Y con eso protagonizaba Pedro, el primado de los apóstoles, una opción misionera, trascendental y aleccionadora en la vida de la Iglesia. Daba acogida a un nuevo signo de los tiempos (por un lado) y mantenía una cohesión dinámica y peregrinante de la comunidad cristiana (por otro lado).

         Es notorio que sobre este punto había en la Iglesia primitiva un amplio abanico de opciones teológicas patrocinadas por grupos diferentes:

-la visión estrecha de algunos jerosolimitanos, creyentes venidos de la circuncisión y enfrentados ahora con Pedro (vv.2-3), y más tarde con Pablo (Hch 15, 5);
-la actitud radical de Pablo, alérgico a los compromisos mixtificadores;
-la actitud intermedia de Pedro, que Pablo (Gál 2, 11-14) llega a censurar como escandalosamente vacilante.

         Sea lo que sea de todo esto, la audaz toma de posición de Pedro en el caso de Cornelio se revela como una medida pastoral profética que, mirando hacia el futuro, tiene éxito al conciliar los espíritus en aquella Iglesia tan polarizada, entre judíos y griegos.

Fernando Casal

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         Después de la milagrosa efusión del Espíritu Santo sobre los convertidos no judíos de Cesarea, Pedro los bautizó. Seguidamente sube a Jerusalén, donde cuenta su modo de proceder y convence a todos, que glorifican a Dios por la llegada de los paganos a la Iglesia. La acción del Espíritu Santo es expuesta por los Santos Padres de modo diverso. Oigamos, al respecto, a San Cirilo de Jerusalén:

"Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar la mente del que lo recibe y después, por las obras de éste, la mente de los demás. Y del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al sentir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía, así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma y, levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba"  (Catequesis sobre el Espíritu Santo, XVI).

         Algo semejante sucedió a aquellos no judíos de Cesarea, y que fue tan eficiente para la expansión de la Iglesia y mentalización de los primeros cristianos judíos. Convertirse a Dios es abrirse a la vida. Con el Salmo 41 de hoy cantamos y subrayamos nuestro carácter de peregrinos gozosos por caminar hacia el que es luz, verdad y vida:

"Como busca la sierva corriente de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Mi alma tiene sed del Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Envíame, Señor, tu luz y tu verdad, y que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y que allí te dé gracias al son de la cítara, Dios mío".

         La sabiduría de Dios se acomoda a la condición humana y le comunica su mensaje de verdad mediante signos a su alcance: los animales impuros no lo son tanto (pues Dios cuenta con ellos) y los paganos no son animales impuros (sino objeto de bendición y llamados a la fe).

Manuel Garrido

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         El cronista Lucas da mucha importancia al episodio de hoy de Cornelio, y a él le dedica los cap. 10 y 11 de sus Hechos de los Apóstoles. Hoy leemos el cap. 11, en el que Pedro da cuentas a la Iglesia de Jerusalén de todo lo que ha sucedido, a lo largo de su 1º viaje pastoral por Israel.

         Lo que narra Pedro a la Iglesia de Jerusalén no era un asunto de menor importancia, pues consistía en la doble decisión que él tomó, como primado, de: 1º admitir a los paganos a la fe, 2º poner las condiciones de admisión a la fe.

         Para los miembros de la Iglesia de Jerusalén, esto suponía no contar con ellos (que eran partidarios de imponer la circuncisión), aparte de considerar ultrajadas las viejas prescripciones judías (respecto de comer carne). En definitivas cuentas, el proceso de conversión de Cornelio (y su familia) a la fe cristiana (ejecutado por Pedro) va a convertirse en el prototipo a seguir para otros casos.

         Se aprecia también el proceso de cambio que se da en Pedro, que por su formación judía no podía admitir tan fácilmente la apertura universal de la Iglesia, pero que acabó por admitirlo en esa visión del lienzo y los alimentos que no se podían comer (tras responder inicialmente "ni pensarlo, pues no puede entrar en mi boca nada impuro"). Recordemos también la negación de Pedro a que Jesús le lavara los pies ("no me lavarás los pies jamás"), y cómo en el caso presente acaba con una rotunda afirmación (el de Pedro).

         El argumento que a Pedro le convence (y luego también a la comunidad, aunque de forma temporal) es que Dios ha tomado la iniciativa: "Lo que Dios ha declarado puro, no lo llames tú profano" (refiriéndose a las comidas), y "si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, ¿quién era yo para oponerme a Dios?" (refiriéndose a la admisión de los paganos). El Espíritu va guiando a Pedro hacia el universal de la fe cristiana, como un nuevo pentecostés derramado sobre los paganos.

         Otro dato admirable: Pedro, máxima autoridad, acepta la interpelación crítica de algunos de la comunidad, que le tachan de precipitado en su decisión. Da las explicaciones oportunas. Y la comunidad las acepta, reconociendo que "también a los gentiles les ha otorgado la conversión que lleva a la vida". El diálogo sincero resuelve un momento de tensión que podría haber sido más grave.

         La lección de apertura de la comunidad apostólica, superando las dificultades que surgían por su formación anterior, es siempre actual para la Iglesia. Entonces se trataba de no establecer diferencias entre judíos y paganos, a la hora de recibir la salvación de Cristo. Ahora pueden ser otros los ambientes más actuales de cerrazón y discriminación por nuestra parte. ¿Somos dóciles a los signos del Espíritu? ¿O somos todavía víctimas de nuestras ataduras formativas, o perezas mentales?

José Aldazábal

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         La liturgia de hoy ha omitido el relato del bautismo de Cornelio y de toda su familia (que el libro de los Hechos trae en el cap. 10) pero sí nos trae el resumen completo que hace de él Pedro, con una interpretación sobre el acontecimiento narrado allí, en el cap. 11 que hoy leemos.

         Habíamos dejado a Pedro en la ciudad de Jaffa (hoy, suburbio de Tel Aviv), lugar donde había resucitado a la benefactora Tabita. En el pasaje de hoy, vemos cómo varios emisarios de un centurión romano (Cornelio) se acercan a la ciudad portuaria, y piden a Pedro que marche con ellos a Cesarea, para visitar a su señor.

         El tal Cornelio era pagano de nacimiento, oficial del ejército romano y, según Hechos, "temeroso de Dios", que simpatizaba con el judaísmo y adoraba al único Dios hebreo, así como cumplía algunos de los mandamientos de la ley (salvo la circuncisión).

         Cesarea del Mar era la capital administrativa romana de la provincia de Palestina (Israel), y allí residía como procurador de las tropas romanas. Se trataba de una ciudad moderna, fundada el año 20 a.C y dotada con un puerto artificial (el Puerto de Sebastos) e imponentes ruinas de edificios, templos, teatros y acueductos, todavía impresionantes para los visitantes.

         Ambos protagonistas del relato (Pedro y Cornelio) habían tenido respectivas visiones. Cornelio había visto a "un hombre en oración en la terraza de una casa en Jaffa, al cual se le ordenaba llamar para que le dijera lo que tenía que hacer". Por su parte, Pedro había visto, durante su oración, un "mantel lleno de animales de toda especie, mientras se le ordenaba que sacrificase alguno y comiese de su carne". Apenas terminada la oración de ambos, los emisarios de Cornelio llegan a Jaffa y piden a Pedro que los acompañe a Cesarea.

         Bastó con que Pedro proclamara ante la familia del centurión los elementos esenciales de la fe (el famoso kerygma), para que el Espíritu Santo descendiera sobre los presentes. En ese momento, Pedro comprendió el sentido de lo que había visto: que también a los paganos se les otorgaba el Espíritu, que se les llamaba a la fe en Jesucristo y que se les podía admitir en la comunidad escatológica de salvación.

         Por eso no vaciló Pedro en bautizar a Cornelio junto a toda su familia (incluidos niños y esclavos), porque la religión del Padre era la de toda la familia y servidumbre, según la costumbre de la época.

         Vuelto a Jerusalén tras su correría por la costa mediterránea, Pedro es rechazado por la comunidad judía de Jerusalén, pues ésta considera que se ha manchado al tratar con paganos, según han sido informados. El discurso de Pedro les hace caer en la cuenta de que no ha sido decisión suya personal, sino orden de Dios, la de bautizar a esta familia pagana.

         En definitivas cuentas, el episodio anticipa y prepara la gran polémica a la que asistiremos dentro de poco: ¿puede predicarse el evangelio también a los paganos? ¿Puede admitírseles en la Iglesia? ¿Qué condiciones deben imponérseles en caso afirmativo?

         Si quedó superada la arcaica norma de considerar puros e impuros ciertos alimentos, norma que la mayoría de los judíos se tomaban a pecho, con mayor razón quedó superada la exclusión de los paganos de los bienes de la salvación (del evangelio, bautismo y vida en comunidad).

         Este paso fue trascendental para el naciente cristianismo. Y dándolo, la Iglesia proclamó su independencia respecto del judaísmo tradicional, y conformó una nueva realidad fundada en el valor universal de la obra de Cristo. Pablo fue uno de los clarividentes que comprendieron bien estas cosas, pero Pedro fue el 1º en ponerla en práctica.

         El mensaje de la lectura de hoy es universalista, y nos viene a decir que Dios no rechaza a nadie, y a todos ofrece su amor en Jesucristo. ¿Quiénes somos nosotros para oponernos a Dios? Por eso en nuestra comunidad debemos acoger a quien quiera incorporarse a ella, sin hacer diferencias de raza u oficio, de status o edad. Para Dios todos somos iguales: sus hijos e hijas muy amados.

Confederación Internacional Claretiana

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         Entre los hechos de Pedro, se nos narra hoy detalladamente la conversión de Cornelio, un centurión romano temeroso de Dios. Se trata de un hecho decisivo en los comienzos de la Iglesia, que Lucas relata comparando a la par la conversión de Cornelio (en su casa) y la conversión de Pedro (en su misión).

         Tras dicha conversión, Pedro ya está convencido de la misión a los gentiles, pero la Iglesia judía de Jerusalén no lo está. Por eso el discurso de Pedro va en esa dirección: la conversión de la Iglesia madre de Jerusalén. La misión a los gentiles exige esa conversión.

         Pedro justifica su conducta en Jerusalén, y expresa su inmensa alegría ante el hecho de que "los gentiles habían aceptado la palabra de Dios" (v.1). Pero no logra contagiar esa conducta y alegría a los hermanos de Jerusalén, sobre todo a "los partidarios de la circuncisión" (v.2), pues dentro de la Iglesia de Jerusalén todavía había partidarios (radicales) y no partidarios (moderados) de la imposición de la circuncisión (como se verá más adelante, en el Concilio de Jerusalén).

         Posiblemente, los moderados estaban integrados por los helenistas y judíos venidos de fuera, y los radicales por los judíos autóctonos ubicados "en Jerusalén" (nombre sacro, que expresa que están dentro de la institucionalidad judía). De hecho, el reproche de los radicales no viene porque Pedro haya bautizado a gentiles (que a ellos les da igual), sino por haber entrado y comido en casa de paganos (que los judíos tenían prohibido).

         La apología de Pedro vuelve a contar todos los hechos, cosa que no es necesaria para el lector, pero sí para los de Jerusalén. Y dicha apología acentúa la iniciativa divina en toda esta historia, al sentenciar: "¿Quién era yo para poner obstáculos a Dios?".

         Todo lo que ha sucedido con los gentiles, viene a concluir Pedro a los judeocristianos, ha sido preparado y dirigido por el mismo Dios y su Espíritu Santo. El relato termina con el testimonio de la comunidad judeocristiana de Jerusalén: "Así, pues, también a los gentiles les ha concedido Dios la conversión".

         La apertura al mundo pagano fue obra del Espíritu del Resucitado. La comunidad apostólica encabezada por Pedro se mostraba renuente a aceptar a los creyentes de otras nacionalidades. Su férrea división entre lo puro y lo impuro les cierra los ojos ante las nuevas realidades que les abre el Espíritu.

         La Visión del Mantel de Pedro, que hoy relata el libro de los Hechos, y en la que Pedro ve diversos animales, representa a la totalidad del mundo. El mantel con 4 puntas coincide con los 4 puntos cardinales. Los animales de diferentes especies (sobre un único mantel) representan a la totalidad de la creación (participando de la misma dignidad). Por esta razón, la mentalidad antigua judía comienza a convertirse, paulatinamente, en un auténtico obstáculo para la obra de Dios.

         Pedro supera, por el momento, la reticencia judía frente al mundo gentil, ante la evidencia de que un 2º pentecostés ha ocurrido entre los paganos. Pero en el futuro, ¿contará con esas o parecidas evidencias? Pues eso será lo que pidan los judíos de antigua mentalidad: los signos milagrosos.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 22/04/24     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A