25 de Junio

Martes XII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 25 junio 2024

a) 2 Rey 19, 9-21.31-36

         La 1ª lectura de hoy nos habla del rey Senaquerib I de Asiria, que envió mensajeros al rey Ezequías I de Judá con este mensaje: "Bien has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todos los países, entregándolos al anatema. Y tú, ¿te librarías?". Se trata de una provocación, o ultimátum para que se le someta. Y Ezequías sabe muy bien que su propio ejército es ridículamente débil ante el poderoso ejército de Senaquerib, y que todas las capitales vecinas han sucumbido ya.

         De Samaria, capital del Reino del Norte y a escasos 60 km de Jerusalén, no queda piedra sobre piedra. Y los temibles soldados asirios están ya a las puertas de Jerusalén (185.000 soldados, según el texto). Todo ello indica que la situación es humanamente desesperada, por mucho que el profeta Isaías siga repitiendo que no hay que apoyarse en las alianzas humanas, sino sólo en Dios (Is 10, 5-34)

         Ezequías tomó la carta de Senaquerib, la leyó y luego subió al Templo de Jerusalén, desplegando la carta ante el Señor en un gesto emocionante, y viniendo a decirle: Mira esto, Señor, y lee tú este ultimátum que he recibido. O como dice el texto: "Señor, Dios de Israel, que te asientas sobre los querubines. Tú sólo eres Dios en todos los reinos de la tierra, así que presta tu oído y escucha, abre los ojos y mira".

         Se trata de un gesto que se repite en todas las épocas, cuando se acude a Dios para exponerle nuestras angustias y preocupaciones. Pero lo más importante del texto es su monoteísmo, cuando afirma de que no hay más que un Dios, lo cual es ciertamente lo que Isaías predica.

         Dicho texto, en boca de un monarca, supone una gran originalidad en la época, y un gran progreso en el concepto de Dios, cuando el conjunto de los pueblos mesopotámicos creía en dioses localizados, y cada ciudad tenía su propio dios, y cada rey y su nación su propio protector, aunque no tratara de imponer su dios a los demás. Esto subraya tanto más la pretensión de Israel, único estado que adoraba al "único Dios de todos los reinos de la tierra".

         ¿Qué concepción tengo yo de Dios? ¿Tengo yo una idea suficientemente grande de él? ¿Pienso que el único Dios verdadero, para todas las razas? ¿Y que es el único Padre de todos los hombres, y el que ama a todos los hombres?

         Entonces Isaías hizo enviar un mensaje a Ezequías: "De Jerusalén saldrá un resto, pues el celo del Señor del universo lo hará. No entrará en esta ciudad el rey de Asiria". Cuando un pueblo o una persona pone toda su confianza en Dios, suceden cosas sorprendentes de ese género.

         Efectivamente, Jerusalén fue salvada de Asiria por la llegada de un ejército egipcio de salvaguarda, y también por una epidemia de peste que diezmó el ejercito de Senaquerib, y le obligó a levantar el sitio de la ciudad. Una salvación inesperada que fue interpretada, por los hebreos, como un signo del cielo.

         A menudo sucede que las plegarias fervorosas no son aparentemente atendidas. Pero sigue siendo verdad que la fe supone ponerse en las manos de Dios, sin ningún cálculo interesado. ¡Atiéndenos, Señor, y escúchanos! Y ayúdanos a seguir creyendo en ti, aun cuando tengamos la impresión de no haber sido escuchados.

Noel Quesson

*  *  *

         Ayer leíamos la Caída de Samaria, capital del Reino del Norte. Y hoy escuchamos la amenaza que pende sobre Judá, el Reino del Sur. Estamos en el año 701 a.C, y han pasado 20 años desde la caída del norte de Israel.

         En este caso, es Senaquerib I de Asiria (hijo de Sargón II de Asiria, el que destruyó Samaria) el que asedia Jerusalén con su ejército, en un episodio más de la ambición anexionista de Asiria (a la que le interesa el territorio de Judá, como camino hacia Egipto). Pero dicho plan fracasa, y el monarca asirio tiene que levantar el campamento y retirarse a causa de una peste repentina.

         El autor sagrado interpreta estos acontecimientos en clave religiosa, y explica que el piadoso rey Ezequías I de Judá ha recurrido a Dios, y le ha dirigido una hermosa oración implorando su ayuda. La respuesta positiva de Dios le viene al pueblo por medio del profeta Isaías. De momento, y durante más de 100 años, Judá se verá libre de lo peor.

         Aunque no haya una relación directa entre el pecado y las desgracias, o entre la virtud y los premios inmediatos, también a nosotros nos iría todo mejor si fuéramos fieles a nuestros mejores principios y valores. Le iría mucho mejor a la sociedad civil y a la Iglesia, y a cada familia o grupo de amigos.

         También ahora seguimos experimentando que las bravatas de los poderosos (como la carta de Senaquerib) no son la última palabra, y vemos cómo se derrumban ideologías e imperios que parecían invencibles. Toda una lección a nivel político y social, y también en el familiar y personal.

         Ojalá se pudiera decir de la comunidad cristiana, por el testimonio que da, lo que el salmo responsorial de hoy dice del Monte Sión de Jerusalén: "Dios ha fundado su ciudad para siempre, y su monte santo, y altura hermosa, es alegría de toda la tierra. Como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra".

         Esto sólo se cumple cuando somos fieles a la Alianza de Dios y a la identidad que tenemos en el mundo, como resto que da testimonio de Dios, y como una Judá que se mantuvo monoteísta en medio de un mundo pagano.

José Aldazábal

*  *  *

         La 1ª lectura de ayer narraba la caída del Reino del Norte (721 a.C), y hoy asistimos al asedio al que se vio sometida Judá por parte del mismo verdugo: el agresivo Imperio Asirio.

         El texto se refiere a la ascensión de Ezequías I al trono de Judá, a la ponderación de su reinado, a la invasión que sufre el reino a manos de Senaquerib I de Asiria, a los distintos anuncios que amenazaban la caída de Jerusalén, y al cerco a la ciudad santa y su posterior huida. Unos hechos que, entre los investigadores, bien pudieran referirse a la 1ª invasión de Senaquerib del 701 a.C, o a una 2ª invasión del 689 a.C.

         El texto de hoy puede dividirse en 4 partes: el mensaje de Senaquerib a Ezequías, la oración de Ezequías en el templo, el oráculo divino del profeta Isaías y la narración de la derrota asiria.

         En la 1ª parte se nos presentan los personajes principales de la narración, con aires de grandeza respecto al enviado asirio para que Ezequías se rinda ante Senaquerib. Según los anales asirios, Senaquerib emprendió una expedición contra Judá el 701 a.C, cuando su ejército llegó a territorio filisteo (por la costa fenicia), derrotó a Egipto, y de vuelta atacó Judá comenzando por Laquis (junto a Hebrón), mientras otro ejército se dirigía a Jerusalén (Is 10, 28-32). Según estos anales, Senaquerib logró hacerse con 46 ciudades judías, deportando gran número de gente y encerrando a Ezequías en Jerusalén.

         El 2º personaje del que se habla es Ezequías, que gobernó Judá del 721 al 694 a.C (2Re 18-20; Is 36-39 y 2Cro 29-32). Sucedió en el trono a su padre Acaz I de Judá, y llevó a cabo una reforma religiosa con la que volvió a centralizar el culto en Jerusalén, eliminando los demás cultos. Esto sirvió al redactor bíblico para salvar de la condena a un rey que, por otro lado, no fue brillante en su carrera política. Ezequías aprovechó la sucesión al trono asirio para rechazar el tributo al que este imperio le había sometido. Y se amparó en Egipto, lo cual provocó las iras de Asiria y la posterior invasión.

         El 3º personaje que entra en escena es Dios, en torno al cual se va a desarrollar el resto de la trama narrativa, con la oración de Ezequías en el templo. Pero más que una oración, se trata de una exposición de las verdades del credo deuteronomista, y una respuesta del rey ante los mensajeros de Senaquerib. La oración presenta la clásica estructura: invocación a Dios (como creador y Señor del universo), descripción de la situación (el poder asirio y las ofensas cometidas contra Dios), el reconocimiento de la propia debilidad y la petición a Dios para que intervenga (y manifieste su poder a los demás pueblos).

         El 4º personaje que se nos describe es el profeta Isaías, cuyo oráculo o punto de partida de su mensaje está recogido por 2Re 19, 6-7. El oráculo es semejante al dirigido contra Asiria en Is 10, 5, y consiste en un cántico sarcástico (en su 1ª parte) y profético (el típico isaiano), con una calidad literaria que se contrapone a la oración antes analizada. El oráculo está formulado en 3ª persona, y en él se afirma que Senaquerib no asediará la ciudad, sino que se alejará debido a las promesas hechas por Dios a la dinastía de David (según la teología de Sión).

         Y así llegamos a la última parte del texto, donde se narra la intervención del ángel del Señor y la retirada del campamento asirio. Las razones históricas del desastre asirio son difíciles de precisar, y probablemente se esté refiriendo a una peste (2Sm 24, 15-17). Es ilustrativo, al respecto, lo que Herodoto narra sobre la batalla entre Senaquerib y Setos, en la frontera de Egipto: "Una multitud de ratones devoró todas las aljabas y las cuerdas de los arcos de Senaquerib, y a la mañana siguiente comenzaron a luchar y fueron muchos los caídos".

         Así pues, hemos de pensar que la razón de la retirada fue una peste o plaga. Respecto al número de caídos, la cifra aportada por el texto bíblico resulta exagerada. Se alude también al regreso de Senaquerib a Nínive, y el relato concluye con la alusión a la muerte de Senaquerib (ca. 681 a.C), otro argumento más a la hora de pensar que se trata de la 2ª invasión asiria (ca. 689 a.C) y no la 1ª (701 a.C.).

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 25/06/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A