10 de Julio

Miércoles XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 10 julio 2024

a) Os 10, 1-3.7-8.12

         Israel fue "una vid frondosa que producía mucho fruto", comienza diciendo hoy Oseas. Se trata de la 1ª vez que el pueblo elegido es comparado a una viña que ha de dar mucho fruto, en una temática que se alargará por todo el AT (Sal 79,9, Is 5,1, Jer 2,21; 11-17; Ez 17, 6) y evangelio de Jesús (Mt 21,33; 20,1; Jn 15,1). ¿Soy yo una buena viña para Dios, o tan sólo lo fui en el pasado?

         Tras lo cual, viene el profeta a dar su propia visión: Cuanto más aumenta su fruto (pues estamos en una época de esplendor económico de Israel, bajo Jeroboán II), más aumenta los altares a los falsos dioses (para agradecérselo a los baales). Y cuanto más embellece su país, mejores y más lujosos hace los ídolos, olvidando que es Dios quien quien le ha dado la prosperidad y la felicidad. ¿No hacemos también esto nosotros, cuando echamos la culpa a Dios de nuestros fracasos, y nos olvidamos de él en los éxitos?

         "Su corazón es doble", concluye Oseas, que continúa explicando que los israelitas fingen permanecer fieles al verdadero Dios, pmientras su corazón está en los cultos sensuales de los baales. En verdad, Señor, mi corazón es también doble, porque me atrae el bien, pero mi corazón se va hacia los materialismos fáciles. Como el propio San Pablo confesará más adelante, "hay dos hombres en mí, uno que se complace en la ley de Dios, y otro que le empuja al pecado" (Rm 7, 14-25).

         "Mas ahora van a expiar", sentencia Oseas, porque "el Señor demolerá sus altares y romperá sus ídolos". Entonces, los israelitas dirán: "No tenemos rey porque no hemos temido al Señor. Samaria se ha acabado, y nuestro rey es como espuma sobre el agua".

         Efectivamente, el castigo apunta a un punto final de la monarquía israelita en el Reino del Norte, tras perder toda su fuerza en la relajación general. Y a un punto final de la sociedad israelita del Reino del Norte, tras haberse destruido a sí misma, antes de perecer por los golpes de los vecinos. Oseas pudo haber constatado ya los primeros síntomas de ello en la inestabilidad del poder, sobre todo a la muerte de Jeroboán II de Israel.

         Zacarías I de Israel, hijo de Jeroboán II, fue asesinado a los 6 meses de reinado. Y Shalum salió a pedir ayuda a Asiria para asentar su autoridad. Pequahya cayó bajo los golpes de uno de sus oficiales, al año de su reinado. Y así empezó a crecer la anarquía, y a disgregarse la nación. Poco después sería ocupado y destruido el Reino del Norte, bajo la maquinaria militar de Asiria (ca. 721 a.C).

         El profeta Oseas interpreta toda esta historia: "Se ha acabado Samaria". Pero recuerda que eso es algo que él ya había profetizado: "Espinas y cardos crecerán sobre los altares, y dirán entonces a los montes: Cubridnos, y a las colinas: Caed sobre nosotros".

         Es emocionante saber que el propio Jesús citó este pasaje de Oseas para decir que los hombres, ante la amplitud de la catástrofe final, no tendrán ninguna razón de vivir y desearán la muerte (Lc 23, 30), por vivir sin freno ni ley. De hecho, en las civilizaciones llamadas avanzadas es donde progresa el número de suicidios.

         Como punto final, Oseas lanza un rayo de esperanza: "Sembrad simiente de justicia, y recoged cosecha de amor. Entonces será el tiempo de buscar al Señor, hasta que venga a lloveros la justicia". Las amenazas de los profetas siempre dejan al final una apertura a la esperanza, a través de un proceso de conversión. Gracias por ello, Señor, y danos la valentía de "sembrar la justicia" para que tú "lluevas justicia".

Noel Quesson

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         Las imágenes del dolor vivido por Oseas, a causa del alejamiento adúltero de su esposa (para servir a los baales), son insuficientes para describir el drama del alejamiento de Israel, respecto a Dios: "Tienen el corazón dividido, y dicen: No respetamos al Señor" (vv.2-3). El profeta recrimina nuevamente la idolatría, denuncia una honra puramente verbal, y ve a Israel pecador desde los tiempos de Gabá (en la época de los patriarcas). Ahora, como antes, se ha comportado de manera insensata.

         Pero la misión de Oseas no consiste únicamente en poner en evidencia los pecados de Israel, o en mostrar su gravedad. Sino que consiste también en revelar la actitud adoptada por Dios ante esa infidelidad, sobre todo porque se trata de aquellos a quienes él ama:

"Se dará la alarma en todas tus ciudades, y todas tus fortalezas serán arrasadas, como hizo Salmán con Bet Arbel en el día del combate, en que aplastó a la madre con sus hijos. Así harán con vosotros, Betel, por vuestra maldad consumada. De amanecida desaparecerá el rey de Israel" (vv.14-15).

         El pecado más grave de Israel es haber depositado su confianza fuera de Dios, despreciando sus cláusulas y el espíritu de la Alianza. Y eso que Dios camina cerca del hombre, y con el hombre. Para expresar la profundidad de la relación con Dios, los profetas suelen emplear el verbo creer, incluyendo en él las continuas llamadas de Dios a salir de las seguridades humanas, y a fundamentar su situación en el conocimiento vivo de Dios.

         En medio de esta panorámica acusatoria, Oseas aparece como el profeta de la esperanza. De aquí su invitación a la conversión: "Sembrad según justicia, cosechad el fruto de vuestra lealtad, roturad el barbecho del conocimiento para buscar al Señor, y él os da la lluvia conveniente" (v.12). Bella invitación a redescubrir el sentido del 1º mandamiento: "buscad al Señor". El hombre de la Alianza, como un beduino en el desierto, es por definición buscador de Dios, caminando hacia la tierra prometida.

Frederic Raurell

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         Esta vez, el pecado de Israel es descrito por Oseas con imágenes de la vida del campo, y viene a decir que el pueblo elegido era una viña que producía frutos abundantes, pero ahora se ha convertido en un campo estéril. Se han olvidado de Dios, se han fiado de las fuerzas humanas y éstas les han fallado: "¿Qué podrá hacernos el rey? Porque el rey es como espuma sobre la superficie del agua".

         El único remedio que encuentra Oseas para Israel es convertirse a su esposo Dios. Pero para eso necesita destruir los "altozanos de los ídolos", es decir, las ermitas a los baales que se construían en las colinas y montes. Así como reconocer su culpa: "Gritad a los montes cubridnos, y a los collados caed sobre nosotros" (con palabras que el propio Jesús pondrá en labios de las personas asustadas ente el fin de los tiempos; Lc 23,30).

         De nuevo nos interpela Oseas a preguntarnos si en el fondo somos idólatras o no, o si levantamos altares a dioses falsos, o si tenemos el "corazón dividido" como Israel (diciendo que seguimos a Cristo, pero haciendo más caso al mundo que a sus criterios de vida). Porque todo eso acabará desmoronándonos.

         Si en nuestra vida hay conductas dudosas, o un doble juego en nuestro estilo de vida, o nos dejamos llevar por el egoísmo o la ambición, somos invitados  por Oseas a convertirnos a Dios: "Sembrad justicia y cosecharéis misericordia". Ayer nos decía Oseas que "quien siembra vientos recoge tempestades", y hoy nos invita a sembrar justicia para cosechar misericordia.

         Por supuesto que nos seducen las voces de nuestro mundo, e incluso el propio Pablo reconocía que "no hago el bien que quiero", que "hago el mal que no quiero", y que "hay una ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón, y me esclaviza a la ley del pecado" (Rm 7, 19-23).

         "Es tiempo de consultar al Señor", nos recuerda Oseas. Es tiempo de escuchar su palabra y hacerle caso. Los valores que nos ha enseñado Cristo son los auténticos: "Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro".

José Aldazábal

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         Reflexiona hoy el profeta Oseas sobre el castigo que amenaza a Israel. El lunes nos describía el amor de Dios al pueblo, como si fuera el amor de un amante a su amada. Ayer nos informaba sobre la multiplicación de altares a las divinidades paganas en los propios templos de Israel. Y hoy lamenta que Israel, viña frondosa y orgullo de agricultores agraciados por Dios, se haya olvidado de su Señor y de sus normas de vida, y se vea abocada a un inminente castigo, con altares destruidos y devastación del reino.

         Como siempre, el amor y la tragedia, el dolor y la esperanza, siguen cerniéndose sobre nosotros. Abracémonos a la columna del amor fiel de Dios, si lo que queremos es no vernos convertidos en pasto de las pasiones, o en campo estéril, o en vergüenza para el reino de Dios, o en piezas insensibles a la vida humana.

Dominicos de Madrid

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         Al profeta Oseas lo han considerado en Israel un hombre que desvaría (Os 9, 7), y los círculos oficiales lo persiguen con gran hostilidad porque "profetiza sin contar con Dios" (Os 9, 8). Como se ve, una vez más sufre Oseas la suerte de todos los profetas, cuando no se dobla ante los poderosos civiles o religiosos. Como más tarde dirá el propio Jesús, "nadie es profeta en su pueblo".

         Ante esta situación, Oseas hace un recuento histórico, desde el desierto hasta el Israel adulto del cap 14, y viene a resumir sus conclusiones en una bella parábola, la Parábola de la Viña.

         El tema de la viña ha sido ampliamente desarrollado en todo el mundo bíblico, y ha venido a decir que Israel era una vid frondosa (Is 5,1-7; Ez 15, Sal 80). Pero con Oseas viene a introducir una novedad: Esa viña frondosa de ha olvidado de su Viñador, y por eso el viñador la pondrá en estado de sumisión a Asiria, pues con el dinero ha construido altares a los falsos ídolos.

         Y esto porque "su corazón estaba dividido", es decir, celebrando su culto tradicional local, al mismo tiempo que ponía su confianza en otras divinidades. Pero el Dios único y verdadero exige un corazón entero, y eso pasa por destruir los altozanos (ermitas y templos) idolátricos.

         Por otro lado, nos dice Oseas que la degeneración del Reino del Norte llega hasta los reyes, que juran en falso, multiplican los pleitos "como la cizaña entre los surcos" no respetan al Señor y hacen alianzas peligrosas. Una bella imagen para describir la corrupción interna.

         El pecado de Israel, viene a reflexionar Oseas, tiene sus raíces en el tiempo de Gabá (Jue 19), cuando sus habitantes cometieron un grave delito, y los benjaminitas se solidarizaron ellos. Oseas sugiere que los problemas de Israel no comienzan con el Cisma de Roboán-Jeroboán (s. IX a.C), sino que hay otro pecado en la raíz del pueblo. Si en aquel entonces (tiempo de Gabá) las tribus hebreas se unieron para pelear contra la tribu de Benjamín, ahora es el Señor quien combatirá contra Efraim.

         Israel se ha comportado como una "novilla domesticada", en vez de producir buenos frutos, de sembrar según la justicia, de cosechar en misericordia y de roturar el barbecho. Pero todavía hay tiempo para buscar al Señor, y unidos con él conseguirán buena cosecha. Sólo en un eterno diálogo con el Dios de la vida, prosperará la justicia.

         La historia de Israel es la historia de la elección. Pero de una elección para servir a los demás, pues la relación estrecha con Dios lleva consigo una exigencia de servicio y comunión con los débiles, para que prosperen en la tierra los frutos de la justicia.

         San Pablo citará a Oseas (Os 10, 12) en el contexto de la colecta para los pobres de Jerusalén (2Cor 9, 10), a la hora de decir que los donativos de los ricos hacia los pobres deben ir acompañados de un espíritu de comunión. Y viene a argumentar que si el antiguo Israel no fue fiel a la elección divina (sembrando iniquidad, en vez de fidelidad), el nuevo Israel tiene que superar esta experiencia negativa, y con Jesús seguir el camino del desprendimiento y del servicio.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 10/07/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A