19 de Junio
Miércoles XI Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 19 junio 2024
a) 2 Rey 2, 1.6-14
El relato de hoy está lleno de imágenes y símbolos que nos cuentan:
-la
desaparición de Elías, y su ascensión al cielo,
-la
transmisión del poder profético, de Elías a su discípulo Eliseo,
-lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías al cielo.
En la tradición judía, este relato y todo lo que tiene de maravilloso, había adquirido mucha importancia. En tiempos de Jesús, la creencia popular esperaba el retorno de Elías, que debía preceder al Mesías. Y de ahí que la gente preguntara a Juan Bautista: "¿Eres tú Elías?" (Jn 1, 21). De otra parte, es lo que el ángel había dicho a Zacarías anunciando el nacimiento de Juan Bautista: "Estará con él el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1 17). Y hasta el mismo Jesús dirá en su día: "Si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir" (Mt 11, 14).
La comparación de estos diversos textos neotestamentarios señala:
-que no hay que tomar literalmente
las cosas, pues Juan Bautista es y no es
Elías,
-que sí hay que saber interpretar el lenguaje espiritual, que habla de transmisión
profética y de que Juan Bautista fue el último de
los profetas anteriores a Jesucristo, el cual es "mucho más que un profeta".
Pero volvamos al texto de hoy, porque dijo Eliseo a Elías: "Que tenga yo doble parte en tu espíritu". Conocemos ya el espíritu de Elías, y que él era el hombre de la escucha de Dios, y el enviado para restablecer la alianza entre Dios y los hombres.
Todo un linaje de profetas asumieron en Israel ese papel en la historia: Elías, Eliseo, Amós, Oseas, Jeremías, Juan Bautista... Concédenos, Señor, este mismo espíritu, ¡tu Espíritu! Haz de nosotros hombres espirituales, transfigurados desde el interior, y que hablen "del Espíritu, que debían recibir los que creerían en él".
La desaparición de Elías tuvo lugar en circunstancias misteriosas, que fueron embellecidas por sus discípulos: "Un carro de fuego con caballos de fuego, que se interpuso entre Elías y Eliseo". Y es que un profeta con el alma de fuego, como Elías, no podía desaparecer más que en el fuego, desde la simbología de Dios. Ha sido asumido por Dios, y ya está en Dios. La Iglesia de Oriente le festeja, y afirma que Elías permanece vivo: "San Elías, ruega por nosotros".
En la montaña de la Transfiguración, 3 apóstoles de Jesús vieron a Moisés y Elías hablando entre ellos (Mt 17). A través de esas páginas concretas, intuimos que la muerte no es el punto final, y que hay vivientes (como Moisés y Elías) que siguen actuando para Dios.
Eliseo tomó el manto de Elías. Porque si Elías no ha muerto, él continuará viviendo aquí abajo, en sus sucesores y en los que prosigan su misión. El manto de Elías es símbolo de la misión del profeta, que pasa a los hombres de unos a otros. ¿Quién será el siguiente, en recoger hoy el manto de Elías?
Noel Quesson
* * *
El profeta Elías, que en otro momento se había encontrado con Dios en el Horeb, ahora ha llegado al punto final de su misión, y vuelve a tener un encuentro con el Señor, el definitivo. Eliseo, su discípulo y compañero de profecía, está también presente, para acompañar a su maestro en ese encuentro final y comenzar él por su cuenta la nueva misión del Señor.
Una vez que Elías ha sido arrebatado por Dios, Eliseo recibe buena parte del espíritu de Elías, para seguir caminando en la presencia del Señor y dar testimonio de él.
En todos nosotros ha derramado Jesucristo ese espíritu de Elías y Eliseo, que es el Espíritu Santo. Y por eso hemos de volver al mundo como Eliseo, como testigos del amor de Dios y como constructores del Reino de los Cielos, a través de las palabras (el evangelio) que se nos han confiado.
José A. Martínez
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Acaba hoy el Ciclo de Elías y empieza el Ciclo de Eliseo. Dios se lleva a Elías en un torbellino, en un carro de fuego, y con una desaparición tan misteriosa como la de Henoc (Gn 5, 24). Tras lo cual comenzó a circular la creencia popular de que Elías volvería para preparar el camino del Mesías.
Pero la lectura de hoy también quiere apuntalar la figura profética de Eliseo, como sucesor legítimo de Elías. Y lo hace con una serie de gestos simbólicos. El 1º de ellos es el río Jordán, en recuerdo de Josué y del pueblo que por ahí entró en la tierra prometida. El 2º de ellos es el manto sobre el agua, el 3º el del "ver o no ver" al profeta en su despedida (en su carro de fuego). En toco caso, Eliseo queda consagrado como profeta de Dios, entre los discípulos que Elías había formado como grupo de fieles a la Alianza de Dios, y había rechazado tajantemente el culto a Baal.
¿Se puede pedir lo que pide Eliseo? Porque él pidió "dos tercios de su espíritu" a Elías, que era la porción que tocaba al primogénito hebreo (el doble que a los demás hijos). ¿O acaso no es el profetismo un don gratuito de Dios, y carisma muy personal? En efecto, Elías no se lo puede conceder, sino que deja la decisión a Dios. En todo caso, la escena del milagro del manto sobre las aguas (de forma reiterada) demuestra que Dios transfiere a Eliseo el carisma profético de Elías.
La escena recuerda a la transmisión de poderes que hizo Moisés a Josué, cuando le traspasó su carisma con el encargo de guiar al pueblo. En el caso de Elías y Eliseo, dicha transmisión no es del poder sino de la profecía.
Pero ¿quién es hoy Elías, y quién Eliseo? En tiempos de Cristo seguía muy viva la creencia de la vuelta del gran profeta, y a Juan el Bautista llega a preguntarle la gente: "¿Eres tú Elías? Jesús dijo que Elías ya había venido, y que era precisamente Juan, según lo que el ángel había dirigido a Zacarías, el padre del Bautista: "Tu hijo irá adelante con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17). Más adelante, en la escena de la Transfiguración, aparecerá Elías juntamente con Moisés, acompañando a Jesús. En Jesús se cumplen todas las figuras y promesas del AT.
Y aquí estamos nosotros, como profetas de Jesús y de su buena noticia en el mundo de hoy. Ojalá tengamos la plenitud del Espíritu de Jesús, y la misma fidelidad y entusiasmo que había mostrado Eliseo con respecto a Elías. Sobre todo para librar este mundo de las asechanzas de Baal, y que la gente pueda seguir a Cristo Jesús, el auténtico Salvador.
José Aldazábal
* * *
La 1ª lectura de hoy nos ofrece una entrañable escena, en que el joven Eliseo, al despedirse de su maestro Elías, le pide que le otorgue "dos tercios de su espíritu". No es poco pedir 2/3 de la grandeza espiritual de Elías, prototipo del profetismo. Pero la riqueza de nuestro Dios (dador de todo bien) no entiende de cifras, y es tanta que se complace en repartir a manos llenas sus dones con prodigalidad, sin agotarlos nunca. ¡Qué hermosa despedida la de Elías y Eliseo, maestro y discípulo! Porque se despiden cuando concluyen su carrera, y se han pasado el testigo de profeta a aprendiz.
Al modo de Eliseo, pidamos también nosotros hoy una partecita de ese mismo don divino, para saber hablar a los hombres de hoy con palabras proféticas de verdad, amor y justicia (unas palabras de las que están muy necesitadas, de forma muy particular, la sociedad y la Iglesia). Convirtamos la espectacularidad del carro de fuego, llevándose a Elías, en una vida de acción de gracias, haciendo todo lo que podamos, y lo mejor que podamos, ante Dios y ante los hombres, con humildad y amor fraterno.
Dominicos de Madrid
Act:
19/06/24
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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