23 de Septiembre
Lunes XXV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 23 septiembre 2024
a) Prov 3, 27-34
Durante 15 días volveremos a leer los libros del AT, en concreto los libros sapienciales, cuya característica es recoger las reflexiones de tipo moral y filosófico que estaban en curso en los países limítrofes de Israel.
Esas máximas de sabiduría (que bien podrían llamarse de sentido común) eran un bien común de todos los pueblos mesopotámicos. Y si se introdujeron en la Biblia fue debido al criterio de los sabios que las recogieron y recopilaron, los cuales creyeron que toda sabiduría humana derivaba de la sabiduría de Dios, y que toda verdad descubierta por la inteligencia del hombre participaba, de alguna manera, de la inteligencia divina.
Por otra parte, los libros sapienciales fueron los últimos escritos del AT, y se escribieron escasos siglos antes de la aparición de Jesucristo, muy cerca ya de los escritos del NT. De ahí que, a través de un humanismo muy simple, viniesen a preparar ya la encarnación, suya Sabiduría divina estaba ahí, encarnada en esos sencillos proverbios humanos.
Pero vayamos el proverbio nº 1, que nos relata hoy la liturgia: "Hijo mío, no niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo. Y no digas a tu prójimo vete, te daré mañana, si tienes algo para darle".
En Oriente se vivían mejor estos valores humanos que entre nosotros los occidentales, y ¡si tenían, daban de lo que tenían! Hoy día, muchos no cristianos viven también estas sencillas actitudes de solidaridad profunda. Señor, ayúdanos a ver en ellas tu presencia, aun cuando la ignoren los que las viven. Y ayúdanos a poner en práctica estas actitudes tan humanas. No solamente dando limosna, sino en continua disponibilidad para los demás: dándonos y sirviéndoles.
En cuanto al proverbio nº 2, tenemos lo siguiente: "No te querelles sin motivo contra nadie, que no te ha hecho ningún mal. No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos".
Se trata de 2 máximas de buen sentido, que pueden parecer muy a ras de tierra. Pero es que la vida cotidiana es así, y allí nos espera Dios. Ser un hombre de paz, de perdón, y de reconciliación, es de lo que nos habla el evangelio, y en lo que estuvo interesado el propio Jesucristo. Y esto porque "el Señor abomina a los perversos, y abre su intimidad a los hombres que obran con rectitud".
Como se ve, los proverbios no hacen mención inicial de Dios, y se limita a los comportamientos humanos, hasta que... ¡ahí está Dios! Al final de todo, y como explicación a todo, " el Señor abomina a los perversos, y abre su intimidad a los hombres que obran con rectitud". Ahí estaba él. Ayúdanos Señor, a tomarnos en serio nuestra sencilla vida humana.
Noel Quesson
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Esta semana reflexionaremos guiados por 2 grandes sabios de Israel: el autor de los Proverbios y el autor del Eclesiastés. Cuantos hemos tenido la suerte de convivir con alguno de nuestros abuelos en avanzada ancianidad, tenemos alguna idea de lo que significa la sabiduría. El abuelo guardaba largos silencios, hablaba lento y sentencioso. Y no era un erudito, pero los años le habían dado la sabiduría de la vida, capaz de distinguir lo que valía la pena y lo que no. Eso sí, tendía a moralizar.
Es lo que le pasa al autor de los Proverbios, que ha coleccionado la sabiduría de sus predecesores, la ha reflexionado, se la ha apropiado, y finalmente la brinda a los demás con frases breves y enjundiosas. Para él, el perverso y burlón es un necio, y el justo y humilde es el sabio de verdad. Los proverbios no son erudición, sino mucho sentido común.
Se trata de una especie de ética natural, fecundada por una fe en Dios que "maldice la casa del malvado". En definitiva, se trata de distinguir lo que realiza la vida de lo que la malogra, y Dios tiene en ello la palabra definitiva. La castellana Santa Teresa de Jesús supo decir esto en uno de sus conocidos versos: "Al fin de la jornada, aquel que se salva sabe, y el que no salva, no sabe nada".
Severiano Blanco
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Durante 2 semanas leeremos una pequeña selección de los libros sapienciales, esos libros que nos invitan a una reflexión humana y creyente sobre la historia y la vida. En ellos escucharemos a aquellos sabios del AT que guiaron a su pueblo y prepararon la venida de Jesús, que como Hijo de Dios es la auténtica Sabiduría del Padre.
El libro de los Proverbios, que hoy comenzamos, es una recopilación de frases breves de la antigüedad (atribuidas a Salomón y a otros sabios del AT), que muestran su fe en Dios y en la experiencia de la vida, y tratan de orientar a las personas en sus conductas personales.
La página de hoy se refiere a nuestra relación con el prójimo, con exhortaciones que escuchamos muchas veces también en el NT: "No niegues un favor a quien lo necesita", "no digas al prójimo vete", "no trames daños contra tu prójimo", "no envidies al violento ni sigas su camino".
Una idea muy subrayada es que Dios no es amigo de los malvados. Estos pueden reírse de todo, incluso de Dios, pero al final "Dios se burla de los burlones y concede su favor a los humildes". Es la idea que recoge el salmo responsorial de hoy: "El que procede honradamente, y no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, nunca fallará". El justo es el que acierta en la vida, a pesar de que parezca que los cínicos se salen con la suya.
Todos quisiéramos la verdadera sabiduría, para caminar por esta vida sobre seguro, sin equivocar la dirección. Aprovechémonos de las reflexiones de esos sabios del AT, que nos ayudan a caminar por el sendero de la verdadera felicidad.
Las recomendaciones a una caridad concreta (sin dejar la ayuda al prójimo para mañana, ni envidiar la suerte de los malvados), pueden resultarnos muy útiles. Eso sí, no olvidemos al escucharlas las motivaciones más plenas que nos dio Jesús: "amaos como yo os he amado", "a mí me lo hicisteis". Eso nos estimulará a imitar su estilo de vida en la jornada de hoy. Si seguimos esas orientaciones, se podrá repetir lo del salmo responsorial de hoy: "El que así obra, nunca fallará".
José Aldazábal
Act:
23/09/24
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ordinario
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A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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