6 de Noviembre

Miércoles XXXI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 6 noviembre 2024

a) Flp 2, 12-18

         Pablo nos ha mostrado hasta ahora que Cristo entró en la gloria porque consintió hasta el final en su condición de hombre, por obediencia al Padre. Y hoy nos dice que esta es también la única vía de salvación para nosotros: "Amados míos, vosotros que habéis obedecido siempre, trabajad con temor de Dios y con temblor, por vuestra salvación".

         Hacerse servidor y esclavo de Dios, obedecer y trabajar con temblor... Por lo que se ve, Pablo no se anda con rodeos, y explica la actitud de Jesús tal cual es, sin hacerla más fácil ni cómoda de llevar, ni presentando un evangelio de Jesús recortado y edulcorado. Esa es la forma de vivir el peso de los días, a través del servicio a Dios y a través de los detalles de la monotonía cotidiana.

         Decía Madeleine Delbrel que "las pequeñas circunstancias son como unos superiores fieles, que no nos dejan un momento, y los que hemos de decirles se suceden sin interrupción. Cuando se las acepta, sin resistencia, se encuentra uno maravillosamente liberado de sí mismo". Pues bien, "es Dios quien obra en vosotros el querer y el obrar", recuerda San Pablo. Es decir, que Dios está ahí, aunque no le veamos.

         Suena el teléfono, llaman a la puerta, un niño llora, he recibido una carta, mi madree me pide ir al supermercado ya mismo... En el fondo de todo, los ojos de la fe nos permiten vislumbrar que, en todas estas realidades de cada día, hay latente otra realidad invisible: la presencia de Dios, la acción de Dios. Dios no permanece inactivo, ni es un ser lejano, sino que está también aquí, donde yo estoy y actúo. ¿Y qué hace aquí Dios? Suscita y produce en nosotros el querer y el obrar.

         La acción de Dios se sitúa, por tanto, en el nivel más profundo de las cosas, que es el de nuestra libertad. Dios actúa sobre la fuente misma de nuestros actos, y transforma nuestras pobres acciones en quereres decisivos. Es verdad, Señor, soy débil. Tengo buenas intenciones, pero soy a menudo incapaz de realizarlas. ¡Ven tú y actúa en mi voluntad!

         "Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones", nos recuerda San Pablo, el cual continúa diciéndonos: "Como hijos de Dios, irreprochables y sin tacha, en medio de una generación desviada y perversa, brillad como focos de luz, presentando a ese mundo la palabra de vida".

         Respecto al "no murmurar contra Dios, ni recriminar", tendríamos que responder que sí, que esto sería lo ideal y la actitud verdaderamente filial y amorosa. Respecto al "brillad como un foco de luz", ¿es luz lo que emana, cada día, de mi vida? Respecto al "presentad al mundo la palabra de vida", ¿habla mi vida de Dios? ¿Habla de la vida? Realmente, Señor, sólo tú puedes concedernos que obremos como hijos tuyos, honrándote como un hijo honra a su padre.

         Concluye diciendo Pablo que "en el día de Cristo, mi carrera y mi fatiga no habrán sido en vano". Pablo vive en la espera de "ese día". ¿Y yo? Y que "aun cuando mi sangre fuera derramada como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegro y me congratulo".

         Pablo está en la cárcel, y ve ya próxima su muerte (cuando dentro de poco le corten la cabeza, a las puertas de Roma). Pero está alegre, y sabe que su sacrificio ha sido un sacrificio de comunión con Jesús, a imitación suya. Y por eso está lleno de gozo. ¿Por qué mi vida no está unida al sacrificio de Jesús? ¿Puedo decir, con Pablo, que "me regocijo de mis responsabilidades y de mis cargas más pesadas"?

Noel Quesson

*  *  *

         Pablo nos sorprende hoy con una expresión que puede sonarnos extraña: "Esforzaos con santo temor en lograr vuestra salvación" (v.12). Pablo nos tenía acostumbrados a un lenguaje distinto, y venía diciéndonos que la salvación es un regalo, por pura gracia. Sobre todo cuando dijo que "la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres" (Tit 2, 11). O también cuando dijo que "por pura gracia habéis sido salvados" (Ef 2, 8).

         Sin embargo, hoy nos dice que la salvación es algo por lo que hay que esforzarse, y no de cualquier modo sino "con santo temor" (o como dice otra traducción, "con temor y con temblor"). ¿Por qué este aparente cambio?

         Si seguimos el pasaje de hoy encontraremos la respuesta: "Porque es Dios quien, más allá de la buena disposición, realiza en vosotros el querer y el actuar". Es decir, que lo que hay detrás de este cambio (aparente) es una enseñanza sobre la relación entre nuestra voluntad y la voluntad de Dios, entre nuestro querer y el querer de Dios. Con humildad, pero también con deseo de aprender, entremos un poco más en esta cuestión.

         Ante todo, conviene distinguir 2 situaciones distintas. No cabe duda de que el 1º encuentro con la gracia es un puro regalo, y que en ello no cabe una obra de nuestra voluntad, en el sentido de esfuerzo que Dios recompense. Esta gracia primera es, pues, un don, simplemente un don.

         Cuando Pablo contrasta la justificación por la fe y la justificación por las obras, se refiere a este 1º encuentro con la gracia. En ese sentido, "ser justificado" significa acceder a ese régimen de amistad y paz con Dios, lo cual no va unido a ninguna clase de esfuerzo o contrapartida de parte del ser humano (Hch 13,39; Rm 2,13; 3,24; 4,25; 5,1.9.16.18; 1Cor 1,30; 6,11; Gál 2,16.17; 3,24; 5,4; Tit 3,7).

Nelson Medina

*  *  *

         Mas no todo queda hecho con esa 1ª justificación, porque el régimen de amistad con Dios pide algo de nosotros, y aquí es donde entra la 2ª situación. La 1ª fue la del primer encuentro, y la 2ª es la que responde a: ¿Qué pasa una vez que se ha recibido la justificación, o ese don inicial que nos situó en el terreno de la salvación?

         Es en esta 2ª situación donde encuentra su lugar la acción de nuestra voluntad. No como contrapartida a la voluntad de Dios, sino como una voluntad facultativa, robustecida, sostenida y dirigida por la fuerza y la gracia de Dios. San Pablo habla de este 2º momento en nuestra peregrinación a través de la gracia, sobre todo cuando escribe que:

"Habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida" (Rm 5, 9-10).

         ¿Por qué ese tiempo futuro? ¿Y por qué dice que "seremos salvos"? Porque hay un lapso de tiempo, entre la justificación y la plenitud de la salvación.

         Ese lapso de tiempo, o espacio que aún debemos recorrer, es el tiempo que Dios nos da para el ejercicio de las buenas obras, según la expresión que utiliza el mismo apóstol, y que conviene citar aquí:

"Dios nos salvó, pero no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de su Hijo Jesucristo, para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna".

         Palabra fiel es ésta, y por eso pide Pablo a su colaborador Tito: "En cuanto a estas cosas, quiero que hables con firmeza, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en las buenas obras, porque estas cosas son buenas y útiles para los hombres" (Tit 3, 5-8).

         Pues bien, durante ese lapso de tiempo, en que nuestra voluntad aprende a ser en todo obediente a la voluntad divina, es donde cabe entender la recomendación que hemos escuchado hoy de Pablo a los filipenses: "Esforzaos con santo temor, en lograr vuestra salvación".

         La teología paulina, por tanto, viene a decir que el esfuerzo personal no sólo ayuda a la gracia salvadora, sino que en sí mismo es un regalo. Dios no nos regala su acción suprimiendo nuestra actuación, sino que quiere que colaboremos con él, como bien explica Pablo: "Es Dios quien, más allá de su buena disposición, realiza en vosotros el querer y el actuar".

         Por eso los teólogos católicos han hablado de las 2 dimensiones de la gracia. Es gracia operante la que nos justifica siendo nosotros pecadores, e incapaces de toda obra buena. Es gracia cooperante la que fortalece la voluntad que ya ha sanado, para que obre el bien. Por esto dijo Santo Tomás de Aquino que "el mérito es obra de la misma gracia".

Nelson Medina

*  *  *

         Al leer las cartas paulinas se tiene a veces la duda de si el afecto de Pablo por sus "queridos hijos" no nos ofrece un cuadro algo transfigurado de aquellas comunidades a quienes escribe. De hecho, la ausencia arropa y suaviza la realidad lejana. Y quizás por eso sorprenda lo que muchas veces dice Pablo a sus discípulos, como lo que les dice hoy: "Todos sin excepción buscais vuestro interés, y no el de Cristo Jesús" (v.21).

         Sea como sea, digamos que los 2 primeros versículos de este pasaje aparecen, en griego, unidos por la partícula porque. Si lo tenemos en cuenta, parece que ganamos en claridad, a la hora de entender el texto y de ver cómo la intención de Pablo no sería aquí la de hacer teología, o hablar propiamente de Dios (a pesar de las apariencias contrarias), sino más bien la de estimular a los filipenses a vivir como han aprendido a hacerlo, al recibir el evangelio.

         El apóstol insiste a los filipenses a que se den cuenta de que lo que les está pidiendo no trae sino provecho para su propia salvación. Y ésta, tratándose de un asunto personal, sí que tiene que ser preocupación de cada uno, esté o no con ellos Pablo. En este sentido, se comprende lo que les dice de que "es Dios el que obra en vosotros, tanto el querer como el obrar".

         Nos encontramos aquí, pues, más que con un enunciado teológico, con la acción de Dios expresada de modo pedagógico por Pablo, para hacerles comprender a los filipenses el cuidado que han de tener para no echar a perder todo aquello de bueno que se obró con ellos con el anuncio y acogida del evangelio. De hecho, les recuerda que esta obra no fue suya (de Pablo), sino de Dios mismo. Así, si faltasen a la fidelidad al evangelio, lo que estarían echando a perder no sería la tarea de un apóstol, sino la obra misma de Dios.

         Para que esto no ocurra, es necesario que llevemos una "conducta irreprochable y sencilla, sin mancha", a pesar de que el ambiente que nos rodea sea hostil (v.15). Para animar a los filipenses, Pablo confiesa la ilusión que tiene puesta en ellos, y que por su fe estaría dispuesto a derramar su sangre. Su perseverancia y fidelidad será para Pablo su gloria y su corona.

Miguel Gallart

*  *  *

         ¿Por qué tantas veces hacemos lo que no queremos, y dejamos de hacer lo que queremos? Porque da la impresión de que no somos los dueños de nosotros mismos, y de que hay un abismo entre nuestros deseos y nuestras obras. Las palabras de Pablo a los filipenses puede que den respuesta a tal dilema, aunque también han dado muchos quebraderos de cabeza, pues ¿qué significa eso de que "es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad, para realizar su designio de amor"?

         Por supuesto, Pablo no dice que Dios nos maneje como marionetas, porque nuestro querer no se activa mecánicamente por nadie. No obstante, nuestro querer sí puede ser activado por otro cuando ese otro nos quiere y pone activa nuestra afectividad (sobre todo, cuando uno experimenta el amor). En resumidas cuentas, Dios nos pone en acción amándonos, y en la medida en que tomamos conciencia de ese amor, nuestra vida se espabila, cobra vigor y se activa. Entonces, como dice Pablo, "podremos brillar como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir".

         Esta me parece que es la frase que más conecta con nuestra situación actual, porque hay muchas personas que no encuentran razones para vivir y siguen amontonando jornadas de manera cansina, como dejándose arrastrar por la rutina de la vida. Si algo podemos ofrecer desde nuestra experiencia de Jesús, es "una razón para vivir". Es lo que expresa muy bellamente en el Salmo 26: "El Señor es mi luz y mi salvación".

Gonzalo Fernández

*  *  *

         Ser obedientes a la palabra de Dios manifiesta que realmente hemos depositado nuestra fe en él, y que no sólo lo alabamos con los labios sino que hemos puesto nuestro corazón en él. Por otra parte, nuestra fe nos debería llevar a trabajar constantemente, sin desfallecer, por nuestra salvación, poniéndonos al servicio de los demás y procurando que también ellos logren gozar de la salvación que Dios ofrece a todos.

         Pero también hemos de vivir en el temor de Dios. No temerosos, ni actuando por miedo al castigo, sino realizando nuestra vida como una manifestación de amor a él y de fidelidad a sus enseñanzas. Entonces realmente seremos "luz de las naciones" (como indica hoy Pablo), y el mundo entero encontrará en la Iglesia el camino e instrumento de su unión con Dios.

         Roguemos al Señor que nos conceda ser dóciles a sus enseñanzas y a las inspiraciones de su Espíritu Santo, que él ha derramado en nuestros corazones. Si nos identificamos con Cristo, seremos capaces de entregar nuestra vida por completo, con tal de ganar a todos para él.

         Esa será nuestra alegría al final de los tiempos, como lo fue para Pablo. Y será la prueba de que todo lo que Dios hizo, por medio nuestro, y en favor de los demás, no fue algo inútil ni estéril, sino que sirvió para que muchos pudieran encontrar al camino de su salvación.

Javier Soteras

*  *  *

         "Seguid actuando vuestra salvación", recuerda hoy Pablo a los filipenses. Es decir, que no basta con haber creído, o haber empezado bien, sino que hay que haber perseverado, para salvarse.

         Si nos fijamos bien, entre las recomendaciones que hace siempre Pablo a sus comunidades, siempre está la exhortación a seguir creciendo, a seguir trabajando, a seguir madurando todavía más la fe.

         Pero hay más, porque también les recomienda (nos recomienda) "hacerlo todo sin protestas ni discusiones", siempre "irreprochables y límpidos" y como "hijos de Dios sin tacha", ya que, "en medio de una gente torcida y depravada", los cristianos hemos de "brillar como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir".

         Termina el pasaje con una clave litúrgica que aproxima el culto a la vida: la vida de fe de los filipenses es el "sacrificio litúrgico" (en griego thysia y leitourgia, lit. sacrificio y liturgia), y Pablo está dispuesto a derramar su propia sangre como libación sobre ese sacrificio, y además con alegría.

         "En medio de gente torcida y depravada", que sigue sus propios criterios (muy distintos de los de Cristo), los cristianos debemos ser "lumbreras del mundo", "irreprochables y límpidos", "hijos de Dios sin tacha". Quedémonos con eso, como un buen programa de crecimiento para nuestra fe y testimonio ante los demás.

         Cuando un cristiano tiene riqueza interior de fe, es cuando da un testimonio creíble, y no necesita discursos. Un cristiano debe tener valentía para ser distinto, para ir contra corriente (si hace falta), para seguir los caminos de Dios y para no dejarse contaminar por la mentalidad del mundo. Pero para ello necesitará esa valentía de la que habla el salmo responsorial de hoy: "Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor".

         Una de las cosas que podemos aportar los cristianos a este mundo es la esperanza, mostrando "una razón para vivir". Pablo transmite a Filipos la convicción de que vale la pena vivir los valores del evangelio, y de que todo lo que se ha hecho hasta ahora valía la pena: "Mis trabajos no fueron inútiles, ni mis fatigas tampoco".

         Más aún, continúa diciendo Pablo, "yo estoy alegre, y me asocio a vuestra alegría". Y poe eso les pide a ellos lo mismo: "Por vuestra parte, estad alegres y asociaos a mi alegría". Eso se llama contagiar esperanza y comunicar optimismo. Un optimismo que sólo puede venir de la fe, o de la convicción de que "es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad, para realizar su designio de amor".

         La Plegaria Eucarística Vb pide a Dios, para los que van a comulgar, que se dejen llenar de este espíritu: "Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando". Es la consigna de Pablo: "Mostrad una razón para vivir".

José Aldazábal

 Act: 06/11/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A