CIUDAD BARROCA
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Madrid 1 mayo 2019
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

            Las monarquías europeas del s. XVII y XVIII utilizaron el arte barroco para exhibir sus propias ideologías al pueblo, presentándole un rey moral[1] y una reina bella[2], retratados[3] con sus símbolos reales[4], con o sin caballo[5], bajo la imagen del rey Sol[6] y la utilización de todo tipo de fiestas propagandísticas[7].

            Por otro lado, el Barroco hizo ver al pueblo que el rey asumía el mecenazgo de las artes, siempre y cuando las obras no supusieran un fuerte aumento de los impuestos, o fuesen obras públicas improductivas. Su atención y dedicación al arte debía ser máxima, como supieron hacer:

-Luis XIV de Francia, tras la Tregua de los 12 años-1609[8],
-Carlos I de Inglaterra, comprando masivamente modelos italianos renacentistas,
-Felipe IV de España, creando espacios artísticos en el Retiro, el Escorial y el Alcázar.

            Dos fueron las finalidades del arte barroco real, intentando que estuviesen unidas visiblemente en torno al absolutismo nacional europeo, y al poder y majestad de la corona:

-la propaganda, por medio de un estilo más clasicista,
-la moral, por medio de un estilo más manierista.

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a) Ciudad barroca

            Las monarquías europeas utilizaron el arte barroco como un arte estatal, y lo pusieron al servicio de sus estados nacionales. Comenzaron por la erección de una arquitectura monumental[9], a modo de pantalla teatral exterior, y fueron concentrando a la población en torno a esas nuevas arquitecturas urbanas. Surgieron así las ciudades barrocas, al cobijo de la monarquía, y con la idea de que sus ciudadanos fuesen los propios actores de la obra teatral.

            No obstante, y sin quererlo, consiguieron hacer florecer las libertades ciudadanas, que se fueron concentrando en esos núcleos urbanos. Lo que, unido al proceso de centralización estatal, derivó en que todo el poder, monárquico y popular, viniese a concentrarse en la capital. Ésta empezó a crecer espectacularmente a expensas de la nación, y lo importante empezó a ser el tamaño y número de habitantes, y no tanto su buena administración.

            Al concentrar la capital todas las fuerzas de la nación, empezó a crear sus propias modas y gustos, y éstos se fueron extendiendo al resto de ciudades de la nación. Gustos y modas que fueron controlados, en todo momento y sin descanso, por el propio rey en persona.

            Otra consecuencia de la concentración urbana fue la conversión del individuo en masa, y el peligro potencial de que ésta fuera levantisca a nivel interior. De ahí la cultura psicológica dirigida por el monarca hacia sus ciudadanos, mediante la sorpresa, ostentación y maravilla, como medio para adherir emocionalmente a los espectadores venidos de fuera.

            Otra finalidad de la ciudad barroca fue su organigrama pacifista, dirigido ahora por el monarca hacia sus ciudadanos del interior[10]. Se trataba de salvaguardar el poder absoluto real, pero no ante los enemigos exteriores sino los de su propia nación.

            Las plazas no eran ya levantadas en torno a una iglesia[13], y carecieron casi al completo de connotaciones representativas[14], con la única finalidad de centralizar al núcleo residencial de esa parte de la ciudad. Solían disponer en su interior de un jardín[15], y casi siempre estuvieron cerradas al tráfico rodado.

            Como los palacios reales estaban situados al margen de la ciudad, y el monarca escasa vez se dejaba ver, el arte barroco ayudó a compensar su ausencia y vacío de autoridad, llenando la ciudad de monumentos conmemorativos con la imagen de la monarquía (a forma de propaganda), y equilibrando así su vacío de autoridad en medio de la sociedad (a forma de plasma).

            Se trataba de monumentos meramente artísticos[16], sin utilidad ni carácter público. Es lo que podía palparse en el levantamiento de puertas y arcos del triunfo[17], floreros decorativos respecto a lo que supusieron en la Antigüedad, pero que en este momento suplían el antagonismo entre poder y sociedad, entre palacio y ciudad.

            La ciudad de París fue el ejemplo de ciudad totalmente barroca, y una de las primeras que llevó a cabo un ambicioso proyecto de reforma pública e institucional[11]. Y lo hizo desde la novedad más absoluta:

-introduciendo la plaza regular italiana,
-construyendo casas pequeñas de ladrillo,
-abriendo soportales y tiendas en los bajos.

            La ciudad de Londres fue el ejemplo de reformarse barrocamente pero sólo de forma parcial, y eso que tuvo la oportunidad tras el incendio de 1666, al quedar la ciudad a expensas de un plan renovador, verse sin las ataduras de las estructuras medievales precedentes, y haberse presentado todo tipo de proyectos innovadores[12].

            La ciudad de Viena sí pudo reformarse barrocamente de forma total, una vez que se vio aliviada y alejada de su enemigo turco en 1683. Optó por abandonar definitivamente su muralla defensiva medieval, y empezó a diseñar grandes programas bajo el aire católico imperial, su apertura expansiva hacia el oriente europeo, y su triunfante cultura aristocrática local.

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b) Palacio barroco

            Tuvo su modelo de inspiración en los palacios italianos renacentistas[18], tanto para Felipe IV de España[19], Carlos I de Inglaterra[20], Isabel de Países Bajos[21] y Enrique IV de Francia[22], cuanto para Urbano VIII de Roma[23].

            No obstante, también fueron otros focos de inspiración palaciega:

-Felipe II de España, que construyó el Buen Retiro[24] de Madrid bajo los modelos de los palacios veraniegos de Nápoles,
-María de Médicis en Francia, que en 1611 construyó el Palacio Real de París bajo los modelos del Palacio Pitti de Florencia,
-Carlos II de Inglaterra, que construyó su nuevo Palacio Real de Londres bajo los modelos del Palacio Escorial de Madrid.

            El Palacio del Escorial-1584 de Madrid supuso el aspecto diferenciador español. Pues la idea de majestad en España insistía en que la familiaridad engendraba desprecio, y que la inaccesibilidad debía ser el atributo real[28]. De ahí su interior carácter laberíntico y túneles secretos, así como su exterior geografía escabrosa y complicados accesos a palacio. Tendente, todo ello, a salvaguardar el corazón del vasto imperio español.

            El Palacio de Versalles-1623 de París supuso una alternativa totalmente nueva respecto a los palacios italianos y al Escorial, y trató de representar el espíritu nacionalista francés. Puso como punto de partida la visión unitaria frontal[25], a la manera de relieve. Su decorado[26] tendió a escenificar teatralmente las ceremonias y dominio del monarca francés, y pronto empezó a ser imitado en toda Centroeuropa[27].

            El Palacio de Buckingham-1709 de Londres supuso la estructura ceremonial británica por excelencia, pero adaptada a la modernidad (no como el Escorial) y sin pomposidad (no como Versalles). Optó por las esculturas y pinturas murales al lapislázuli, plasmando en ellas las hazañas de sus monarcas. Así como por espacios prácticos y de pleno funcionamiento, a nivel político, administrativo y militar.

            El Palacio de Peterhof-1721 de San Petersburgo supuso la magnificencia imperial rusa total, aparte de palacio más bello del mundo. Albergó todo tipo de recursos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos, inundados de oro, plata y piedras preciosas. Multiplicó los edificios religiosos, artísticos e imperiales. Y simbolizó la victoria rusa sobre los 5 mares, mediante cascadas y guiños estructurales hacia su verja de entrada: el Báltico.

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c) Jardín barroco

            Tuvo su modelo de inspiración en las terrazas de Italia[29] y Flandes[30], aunque en este caso adaptado por completo en organigrama y finalidad, para hacer de contrapunto al palacio barroco[31] mediante espacios de descanso y recreo, para los monarcas y aristocracia nacional.

            Se trata de un inédito prototipo de jardín[32], con multitud de variantes respecto al jardín renacentista. Supone una perfecta relación de sus diversas partes entre sí, pone su vocación de servicio al palacio, y proyecta una premeditada adaptación al agua y terreno. Trató de ofrecer al palacio y visitantes, por último, buenas vistas y mejor mentalidad.

            Se trató de un jardín con postulados geométricos perfectos, expresando una reconstrucción racional, libre y ordenada, de la naturaleza. Subraya, así mismo, la subordinación de la naturaleza a la razón. Y ofrece a todos sus visitantes una proyección infinita, inmutable, atemporal, con avenidas imponentes abiertas, carentes aparentemente de fin.

            En cuanto a su decoración, poseyó todo tipo de recursos teatrales, destinados a las grandes fiestas[33] de la aristocracia, a las que se trataba de impresionar mediante decorados desmesurados, ostentosos, inteligentes y fantasiosos. Abundó en efectos luminosos, escenario idóneo para las mascaradas cortesanas y obras pastoriles. Esto último para causa de su declive, al verse la necesidad de un teatro real que permitiese mayor calidad de personaje y obra, y no tanta improvisación inicial.

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  Act: 01/05/19       @fichas de arte              E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A  

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[1] Diferenciado del resto de los mortales, como figura superior al resto de sus súbditos.

[2] Cuya hermosura del cuerpo es un requisito previo para que creciera en ella la virtud, y para que pudiera mover las voluntades y fidelidades a su persona.

[3] Mediante la técnica del parecido, en fidelidad escrupulosa al modelo, pero con las posibilidades de:

-dotar al rey de actitudes elegantes,
-resaltar los atributos del rey.

[4] Como eran:

-la mesa, de la justicia,
-el trono, del gobierno,
-el espejo, de la prudencia,
-la corona sobre la mesa,
-el cortinaje y la columna.

[5] Aunque el comercio de retratos ecuestres quedó restringido al ámbito de la nobleza.

[6] En torno al cual giran sus astros menores Venus, Diana, Mercurio, Marte y Apolo.

             No obstante, se trata de una iconografía que no pasa del campo metafórico, sin dar el paso a la divinización real. Eso sí, al igual que el Sol, los efectos del rey son beneficiosos, su presencia es inmediata, y su muerte significa el ocaso y oscuridad.

[7] Encargadas adornar a artistas cotizados, dada la importancia que suponía en la vida cortesana. De ahí que acabasen estas fiestas en auténticos teatros de realidad, ficción, escenografías…

[8] Pues Francia había quedado empobrecida económica y cultural como consecuencia de guerras in-interrumpidas durante 40 años. Y esto había que levantarlo.

[9] Que debía manifestar la grandeza de la capital, como nueva Roma que cobija al rey, como nueva Roma deseada y planificada por el rey.

[10] Mediante grandes avenidas que posibilitaran la disolución de motines, lugares de guarnición en puntos estratégicos de la ciudad, y hasta las plazas fuertes que rodeaban a todo palacio real en el interior de la ciudad.

             Fue el momento en que los Tratados de Fortificación dejaron ya de planificar murallas defensivas hacia el exterior, para ceñirse a la experiencia de contiendas internas ciudadanas. Se abandonaron los modelos cuatrocentistas, e incluso se destrozaron casi todos los núcleos medievales de las principales capitales europeas. Además, las murallas impedían muchas veces el crecimiento gigantesco de la ciudad, y la llegada masiva de ciudadanos a la capital.

[11] Ya Enrique IV de Francia había ejecutado una reforma del aparato burocrático parisino, como medio para reconvertir las grandes fortunas privadas y salir así de la crisis económica que se estaba viviendo. Esto potenció la aparición de nuevos barrios y un fuerte movimiento especulativo, pero desahogó a una población que pasó a duplicarse en pocos años.

[12] Como los presentados por:

-Hook, y sus planos en forma de damero,
-Evelyn, y sus planos de planta jardín y alrededores transversales,
-Wren, y sus planos de grandes avenidas radiales, entre plaza y plaza radiocéntrica,
-Mansart, y sus planos de grandes avenidas desde un arco triunfal.

[13] Salvo en Inglaterra, donde se constituyeron las plazas en torno a los centros de poder económicos.

[14] Salvo en Francia, donde una estatua del rey debía presidir la plaza. Lo que hizo que en todas las ciudades francesas surgiese un gran espíritu nacional.

[15] Salvo en España, donde la Plaza Mayor de Madrid se desarrolló con total independencia al resto de Europa, a especie de combinar la plaza regular italiana con la plaza cívica flamenca. Y es que la Plaza española acabó convirtiéndose en un centro de mercado, reuniones y convivencia cívica.

[16] Con unas características esencialmente del clásico barroco:

-perspectiva monumental,
-línea recta,
-uniformidad de proyecto y realización.

[17] Que servían para las entradas oficiales del rey en cada una de sus visitas a las ciudades y villas de su nación.

            No obstante, también tuvieron el componente psicológico de:

-hacer patentes los privilegios y concesiones del rey a la ciudad,
-hacer ver al nuevo rey llegado la franquicia ciudadana que debía respetar,
-inculcar a los súbditos ciudadanos una serie de modelos morales, por medio de la mitología y recuerdos de la historia.

[18] De gran clasicismo en los:

-elementos decorativos y recursos escenográficos,
-continuidad interior-exterior,
-núcleos arquitectónicos secundarios, a forma de alas adosadas,
-extensiones limitadas, en torno a límites formados por círculos.

            Y es que fue en Italia donde surgieron las tendencias renovadoras, y porque los más destacados artistas del mundo eran italianos.

[19] Que envió a Velázquez a Italia para comprar masivamente obras de arte.

[20] Que compró masivamente obras de arte veneciano, aparte de intentar atraer a Londres a los artistas italianos.

[21] Que envió a sus arquitectos a Italia para perfeccionar su arte.

[22] Que intentó reformar París sin recurrir a los modelos italianos, pero que acabó viendo todo el influjo italiano metido en su fundacional Escuela de Fointenebleau.

[23] Que llevó directamente al Vaticano a los mejores artistas italianos: Bernini, Borromini, Cortona, Guercino…

[24] Jardín con total independencia respecto al palacio real, y en el que se incluían elementos sorpresivos y autónomos.

[25] Frente a la perspectiva italiana de Bernini, que carecía de punto de vista único.

[26] En esculturas, arquitecturas, jardines, apartamentos del rey, patio de honor…

[27] Como en los palacios reales de Munich, Postdam, Würzburg y Viena.

[28] Al contrario que en Francia, donde Luis XIV de Francia se vanagloriaba del acceso fácil y libre de los súbditos a la Corona.

[29] En torno a sus terrazas, fuentes, casinos y grutas.

[30] En torno a sus parterres.

[31] Salvo en el caso del Palacio de Versalles, donde se convierte la primitiva residencia de recreo en la sede del aparato de gobierno francés.

[32] Francés por excelencia.

[33] Pues el jardín barroco no tuvo la finalidad de recreo, paseo, galantería o descanso renacentista, ni tampoco la de lugar de reuniones académicas. Tuvo la finalidad de grandes fiestas propagandísticas de la monarquía, aparte de aportar una visión ostentosa de la realeza.