CASPAR FRIEDRICH
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Madrid 1 junio 2019
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

a) Romanticismo

Surgió como movimiento cultural a finales del s. XVIII en Alemania[1], y se expandió hacia Reino Unido, Italia y España a inicios del s. XIX. Tuvo como ideal la rebelión contra la razón ilustrada francesa, que había creado estragos y eliminado los sentimientos de la gente popular. Sus maneras y desarrollos fueron distintos en cada país, según cada oposición local a Francia.

            Tuvo dos etapas, según recoge Baudelaire en su Qué es el Romanticismo-1846:

-romanticismo histórico, restaurador del medievalismo,
-romanticismo moderno, experimental con todos los elementos de actualidad.

            Pivotó en torno a una forma de sentir que recogió los temas desdeñados por los modernos, o desconocidos hasta entonces, con la idea de volver a introducir la intimidad e infinitud en el alma humana[2].

Tuvo como ingredientes:

-los valores medievales, como recurso que se añora y recupera,
-el liberalismo, frente a todo despotismo político ilustrado,
-la conciencia del yo, autónomo y subjetivo, dotado de sentimientos e imaginación,
-la intuición popular, no sometida a condicionamientos intelectuales,
-la mirada ingenua y conmovedora, con la que ha de mirar el artista,
-la sensibilidad, ligada a las vivencias individuales e irrepetibles,
-la sensorialidad, teniendo experiencia de las cosas que se hablan,
-un carácter nacionalista, como clave de lectura de la historia e identidad propia,
-la sobrenaturalidad, única capaz de alcanzar lo no conocido, partes oscuras de la naturaleza, el interior del alma humana,
-la creatividad, o idea del genio creador con su universo propio
[3], sin recurrir a la imitación clásica.

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b) Pintura romántica

Fue subjetiva y no homogénea, en su forma de concebir al hombre y la naturaleza. Se opuso a toda regla estereotipada, y primó la capacidad creativa del pintor, sin límite normativo alguno.

De ahí que tuviera como rasgos pictóricos:

-la vitalidad, frente a la linealidad simétrica,
-lo abofetado, inacabado e imperfecto, frente a toda definición cerrada,
-el dinamismo del trazo, frente al reposo,
-lo sensorial, para estimular al espectador,
-la composición abierta, y expansiva,
-el desprecio por las categorías tradicionales, que habían reducido la pintura al último estrato de las ciencias menores
[4].

            En cuanto al concepto de belleza, la pintura romántica supo contar con la vieja fórmula de armonía, canon y virtud[5]. Pero le añade sus dos nuevos atributos, misteriosos y latentes: lo sublime y lo pintoresco.

Lo pintoresco fue teorizado por Price en su Ensayos sobre lo Pintoresco-1795[6], y viene a resumirse en la búsqueda de lo novedoso, singular, arcaico, apartado, incivilizado, nunca visitado. Se obtiene por medio de la curiosidad, y explica por qué nos sentimos atraídos por algunos aspectos de la naturaleza, y no por otros.

            Lo sublime fue teorizado por Burke en su Indagación filosófica sobre lo sublime y bello-1757, y viene a resumirse en la búsqueda de lo asombroso, irresistible, inalcanzable, admirable, reverente y respetuoso. Debe ir encaminado a romper los raciocinios y percepciones habituales, y a poner el verdadero centro del universo en la infinitud desconocida[7]. No obstante, también son elementos románticos que excitan la imaginación, según el pensador inglés:

-la atracción por la grandeza,
-el tamaño y anchura de perspectivas,
-los campos abiertos sin cultivar,
-los portentos naturales,
-las grandes empresas, que dilatan el corazón,
-las sorpresas desconcertantes,
-lo que hace sentir estupor, horror y terror
[8],
-el gusto por el miedo
[9].

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c) Vida de Friedrich

            Caspar David Friedrich (Pomerania 1774-Dresde 1840) fue el principal romántico alemán, que impregnó el arte de fe luterana[10] y dio a la naturaleza un sentido místico[11], mediante un simbolismo religioso[12] que envolvía con fuerza todo lo profano[13].

            Mostró en sus pinturas todos los sentimientos y emociones que su religión le impedía expresar, buscando su autenticidad y subjetividad, intimismo y misterio.

            Aislado en sí mismo, logró dotar sus paisajes con una fuerza conmovedora e imaginativa. Pero requirió la imaginación del espectador, a la hora de identificar temáticas ocultas bajo nieblas interminables[14].

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d) Obras de Friedrich

            A nivel no religioso, destacó su Mar de Hielo-1823, hoy en el Museo Kunsthalle de Hamburgo y en el que introdujo:

-cierta temática contemporánea[15],
-color nieve, unificador del resto de colores de la vida,
-melancolía
[16] y quietud[17].

A nivel religioso, destacó su Abadía en el Robledal-1809, hoy en el Palacio Charlotemburgo de Berlín y en la que introdujo:

-iconografía medieval[18],
-2 planos
[19], unidos en 1 punto de vista[20].

            Destacó su Amanecer en Riesengebirge-1810, hoy en la Galería Staatliche de Berlín y en el que introdujo:

-temática irreal[21], narrada literalmente[22],
-paisaje romántico
[23],
-control de la luz
[24],
-combinación de nitidez
[25] con vaguedad de perfiles[26].

Destacó su Monje frente al Mar-1810, hoy en el Palacio Charlotemburgo de Berlín y en el que introdujo:

-paisaje romántico[27],
-espectadores ficticios
[28],
-infinito irracional
[29], sin punto de fuga[30].

          Destacó su Acantilados de Rugën-1818, hoy en la Colección Reinhart de Winterthur y en los que introdujo:

-cierta temática contemporánea[31],
-paisaje contemporáneo
[32],
-personajes contemporáneos
[33],
-2 planos muy diferenciados
[34].

          Destacó su Velero-1818, hoy en el Museo Hermitage de San Petersburgo y en el que introdujo:

-temática contemporánea[35],
-paisaje romántico
[36],
-paso del tiempo, como camino de la vida.

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  Act: 01/06/19       @fichas de arte              E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A  

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[1] Aunque el término no apareció hasta inicios del s. XIX, como expresión de “lo poco probable”, dentro de los folletines baratos de la literatura popular.

[2] Definición más exacta del Romanticismo, a la que se podrían añadir las definiciones de:

-elemento irracional, a nivel de sentimiento, intuición y entusiasmo mental,
-insumisión radical, a toda regla aceptada o conceptual,
-subjetivismo total, sin universalidad alguna,
-convicción espiritual, que prima el qué al cómo, y deja en un segundo plano las formas,
-lo fantasioso, que enriquece la realidad con una imaginación sobre-humana y contradictoria,
-lo secreto, que profundiza en los fenómenos profundos de la existencia,
-lo experimental, que no acepta lo que otro cuenta o pinta,
-lo grotesco, con mezcla de todo sin forma alguna,
-lo provocativo, mediante la belleza perturbadora y dinámica de la naturaleza.

[3] Bajo el eslogan de “me sorprendo de que me sorprenda”.

[4] Como mero complemento de la literatura. Lo que no quita que la literatura sirviera de guía al Romanticismo, pero siempre sin anular la comprensión de cada obra pictórica por sí misma, y no en relación a nada.

[5] Y no como el cubismo, futurismo… y resto de vanguardias del s. XX, que se pasarán al polo opuesto: la anulación de la belleza.

[6] Sobre la base de los viejos estudios de ADDISON en su Placeres de la Imaginación-1712.

[7] De la que el hombre no pasa de ser un mero espectador. Es el momento en que el Romanticismo desmonta al hombre como centro del universo, 200 años después del giro antropológico iniciado por DESCARTES.

[8] Pues la alegría no existe para los románticos, y esa ausencia debe ser contrarrestada por el gusto por lo triste, solitario, silencioso, oscuro… y demás elementos negativos de la vida.

[9] Pues lo peligroso y descontrolado para la vista también debe ser objeto del disfrute. Gusto por el miedo que puede ser alimentado por el paso de la luz a la oscuridad, la luz rápida, intensa y móvil…

           Ejemplos como la noche, gobiernos despóticos donde se oculta el jefe para provocar temor, oscuridad de los templos, ceremonias druidas en medio de los bosques… deben ayudar a mostrar todo lo que escapa a la vista, concluyen los románticos.

[10] Con todo lo que ello conllevaba: negarse a viajar y conocer Roma, rechazar la autoridad de la Academia y la Iglesia… y guiarse sólo por el juicio personal del artista.

[11] Como jeroglífico de Dios, con claves ocultas que hacen entroncar lo profano con lo religioso. Pues lo importante era expresar mediante la pintura las experiencias íntimas de la naturaleza.

[12] Como queda patente en sus: ancla en forma de cruz, velero de la vida, roca donde se sientan los humanos, abetos de la eternidad, nieve de la resurrección, violeta de la muerte…

[13] Al revés de lo que ocurría en su época alemana, donde la pintura religiosa servía para decorar paredes de casas, con un uso profano.

[14] Pues las propias capacidades humanas están indefensas y desamparadas, y sólo con la imaginación puede traspasar sus límites y adentrarse en el infinito.

[15] La de un naufragio en medio de una tempestad invernal. Pero que requiere imaginación y esfuerzo indagador por parte del espectador, para reconstruir lo ocurrido. Pues tan sólo se ofrece la pista de la guilla del barco, incrustada en un trozo de hielo.

[16] Fruto del estado anímico de la estación invernal, que ha de gustar la muerte de la naturaleza.

[17] Silenciosa, como reflejo de lo inerte. De hecho, la escena no muestra el momento de la tempestad, sino la calma tras ella.

[18] Como se ve en el cementerio, abadía, vidriera ruinosa… No tanto como reflejo de la decadencia del catolicismo, sino como símbolo de transición hacia el más allá.

[19] Los mundos de:

-aquí, temporal, plasmado en el cementerio fúnebre,
-más allá, no del todo lejano, plasmado en la neblina que dificulta ver el fondo.

[20] El del propio FRIEDRICH, siempre alto, y viendo desde arriba las escenas. Y que aquí une el mundo temporal y espiritual mediante la vidriera ruinosa del medio.

[21] De contenido condensado, con mínimos elementos.

[22] Que lo hace existible.

[23] Solitario y silencioso.

[24] Fría y clara, como la del amanecer.

[25] Realista, hasta el último detalle.

[26] Lejanos, en la niebla.

[27] Lleno de vistas sublimes y asombrosas, llenos de efectos subjetivos para la vista.

[28] Como es el caso del personaje pintado, que de espaldas contempla el infinito del mar (para que nosotros también contemplemos su infinitud).

[29] Mostrado por la falta de claridades atmosféricas, que eliminan todo límite racional.

[30] Para romper:

-el efecto de profundidad,
-la visión mono-focal del espectador.

[31] Pues se requiere la imaginación del espectador para recomponerla.

[32] Lleno de mar azul, árboles, garganta montañosa…

[33] 2 hombres y 1 mujer, vistos de lejos, de cerca y a media distancia. Uno de ellos mirando hacia el precipicio, posiblemente el propio FRIEDRICH.

[34] El de los personajes y el del horizonte. Planos todavía más separados entre sí por la interposición de la garganta montañosa.

[35] La del aniversario de boda de él con su mujer, que ambos celebran unidos de la mano, y dirigiéndose hacia la ciudad de sus deseos.

[36] Secular, lleno de subjetividad y de máxima sentimentalidad.