DIVINA COMEDIA

 

Obra inmortal del genial Dante,

profética de la etapa dantesca que se avecinaba

 


Ciudad mundana y ciudad espiritual, con alguna que otra conexión dantesca

Madrid, 24 mayo 2020
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

           Poeta italiano de ascendencia güelfa y burguesa, Dante Alighieri fue el máximo representante del Dolce Stil Nuovo que ya iniciara su amigo y maestro Cavalcanti, cuando Dante era todavía adolescente. Fue entonces, y en ese movimiento cultural, cuando Dante volvió a coincidir con Beatriz Portinari[1], de 17 años y desde entonces su amor platónico y apasionado.

           Licenciado en Medicina en su propia ciudad de Florencia, sufrió de por vida Dante la muerte de la joven Beatriz, tras 4 años de fugaces y platónicos encuentros. Por lo que decidió casarse con uno de los compromisos familiares que tenía desde hacía tiempo (Gema Donati) y dar un cambio brusco a su vida, interesándose por la política local florentina. Ingresó en el Consejo de los Ciento como miembro del pro-imperial Partido Gibelino, como embajador de Florencia hacia las repúblicas vecinas. En 1300 pasó a ocupar el cargo de prior de la magistratura de Florencia, hasta que en 1304 el Partido Güelfo se hace con el poder en Florencia y expulsa a Dante al destierro. Exiliado en Verona y Rímini, y acogido más tarde en Rávena como huésped de honor por parte de Guido de Polenta, decide entonces Dante componer su Divina Comedia, que terminó en plena enfermedad y muerte por malaria, el año 1521.

           Atesora y rezuma la Divina Comedia de Dante el inigualable tesoro de sus años de composición, de 1305 a 1321. Eran los primeros años del mayor cataclismo que ha vivido la Historia, como nunca lo había habido ni quizás lo habrá, y que logró tumbar la época del más largo y homogéneo crecimiento civilizador, la época que inventó la universidad y levantó catedrales, que tenía su granero de trigo en el Ártico y erigía episcopados en la Groenlandia. Fueron unos años que Dante supo leer e interpretar, profetizando que tenían tintes apocalípticos y que acabarían de una manera más dantesca todavía: la Divina Comedia.

a) Contexto

            Hacia 1280 las cosas habían empezado a cambiar en Europa, tras un crecimiento ininterrumpido de casi 300 años. Los síntomas de un crecimiento sin pausa, por más de 280 años, empezaron a acusar cierto cansancio y agotamiento, manifestándose en muchos ámbitos. La palabra crisis empezó a aparecer a nivel económico, político, demográfico, social y cultural. Fue el momento en que el mundo medieval se enfrentó con sus límites, a partir de sus presupuestos y tras haber logrado llegar a su cenit histórico[2].

            Las nuevas propuestas filosóficas[3] y la desconfianza en las propias posibilidades acabaron generando frenazos generalizados, en la tecnología, moneda, comercialización y hasta en la matemática. Fue el caso del fracaso de la Catedral de Beauvais[4], en que Europa se dio cuenta de sus propios límites. Se trató de una ruptura y hundimiento que quedó plasmado en el cambio de tendencia poblacional, pasando Europa a tener de 75 millones en 1300 a 45 millones en 1350.

            En efecto, de 1300 a 1350 se observa en Europa una paralización total del crecimiento técnico, que no supo dar solución a una serie de alteraciones climatológicas o Cambio Climático de 1300[5]. Así, la pérdida de cosechas vino a traer, hacia 1315-1320, la subida del precio del pan y la leche. En 1348, la Peste Negra vino a remediar la subida de precios y hambrunas, pero diezmó a los pequeños propietarios con epidemias en la alimentación. La nupcialidad descendió[6] y la mortalidad hizo desaparecer al 50% de los europeos[7], poniendo la esperanza de vida en los 30 años.

a.1) Hundimiento demográfico

            Europa decreció alarmantemente de 1300 a 1390 a nivel poblacional, sin descanso durante casi 100 años, y castigada duramente además. Fue el termómetro[8] infalible de la pérdida de salud civilizacional, de la pérdida del marcador de los desarrollos. La vuelta al desarrollo, además, vendría de nuevos actores sobre el escenario, sobre todo por parte de Castilla[9], y tardando mucho más en hacerlo las céntricas Francia y Alemania, a la espera de un cambio de circunstancias políticas que nunca llegó.

            Y es que el caos de 1340 fue algo anunciado desde 30 años antes, por el agotamiento de suelos, malas economías y cambios climáticos. Desde el 1300 el noroeste de Europa empezó a tener pérdidas cerealísticas, dando lugar este hecho a las primeras hambrunas generalizadas.

            En 1348, y proveniente del Mediterráneo, hizo aparición la temible Peste Negra[10], que se cebó sobre una población ya debilitada en salud[11], y como fenómeno nunca conocido en Europa[12]. Sin tratamientos más que el aislamiento, los muertos empezaron a multiplicarse por todas partes[13], y en pocas semanas desaparecieron[14] hasta el 90% de muchas poblaciones[15], sin opción a reaccionar[16].

            La sociedad pleno-medieval europea, segura totalmente de sí misma durante siglos, sucumbió en el desmoronamiento moral en un solo año[17]. La caída de la economía, sin capacidad moral de superación, sepultó a Europa por 150 años.

a.2) Hundimiento agrario

            Tuvo como causas la depresión demográfica y los desequilibrios inherentes[18] al crecimiento de los siglos precedentes[19]. Y es que, en efecto, desde el s. XI:

-las cosechas habían sido puestas en dependencia total de la climatología,
-la población había sido puesta en dependencia total de las cosechas.

            Así, una mala cosecha del cereal[20] ante el brutal Cambio Climático de 1300[21], degeneró en:

-la subida de precios, para la gente de la sociedad[22],
-la igual cantidad de ingresos, para los dueños de la tierra
[23].

            La solución que tomaron los dueños de la tierra fue la subida de impuestos[24], provocando esto auténticas revueltas hacia el poder.

            Otros elementos colaterales dañinos para el campo vinieron a ser:

-el comercio, que rompió su dependencia del campo por otras dependencias,
-las guerras inter-cristianas, aprovechadas para feroces robos, abusos, rapiñas…

            De 1300 a 1350 la agricultura pasó por una etapa de fuerte contracción, superada solamente tras la reconversión agraria del s. XV.

a.3) Hundimiento urbano

            La crisis de 1300 generó enormes conflictos con el poder establecido, entre los mismos grupos sociales, con los judíos a nivel étnico-religioso, y con los nuevos patricios dominantes de la ciudad.

            Y es que hubo confusión de criterios entre las clases dominantes, sobre todo tras el manejo del dinero, que vino a:

-reafirmar los viejos criterios de posesión de fortuna,
-mezclar a los burgueses con los nobles, y viceversa,
-capacitar profesionalmente mucho mejor a las clases dirigentes
[25],
-diversificar y complicar, heterogéneamente, a la sociedad,
-hundir todavía más a los pequeños artesanos, visiblemente fuera del sistema.

            Las revueltas sociales no se hicieron esperar, sucediéndose una tras otra de 1350 a 1380, sobre todo tras la Peste Negra-1348 y sus secuelas. Destacaron:

-la Revuelta de París-1357, protagonizada por Etienne Marcel[26],
-la Revuelta de Florencia-1378, encabezada por su líder Ciompi
[27],
-la Revuelta de Flandes-1379, sobre todo el norte europeo
[28].

a.4) Hundimiento político

            Hasta el 1300, papado e imperio había definido a la sociedad como la “res pública cristiana”, dotando a Europa de una política teocrática, y con poderes concentrados en el papa y el emperador, por encima de príncipes, reyes y señores feudales. Pero este planteamiento universal se vino abajo a partir de 1300:

-por el cisma de Avignon, de 1305 a 1378,
-por los conflictos entre güelfos y gibelinos, de constantes enfrentamientos en todo el s. XIV.

            Pensadores como Dante[29], Marsilio de Padua[30] y Guillermo de Okham[31]… y teorías como el conciliarismo[32]… vinieron a marcar la necesidad de un nuevo rumbo imperial. En Italia empezó a relativizarse el papel del emperador como cabeza interior del Imperio y fuera del Imperio. Y en Alemania empezaron a cobrar fuerza progresiva los príncipes[33], con poder independiente y soberano.

b) Divina Comedia de Dante

            Consta la Divina Comedia de 100 cantos en los que Dante hace un viaje completo (de ahí su nº 100) por los 3 reinos de ultratumba, acompañado por los guías Virgilio (el poeta clásico) y Beatriz (su amor platónico). En su viaje, Dante nos va describiendo esos 3 reinos de los muertos (infierno, purgatorio y paraíso) con todos sus espacios y lugares (o círculos, según él mismo llama), en cada uno de los cuales se detiene Dante y dialoga con los personajes que en ellos se encuentra (algunos del pasado y otros del presente, de reciente fallecimiento).

            La arquitectura física del poema sigue la concepción cósmica del sistema ptolomeico. No obstante, es posible asignar a cada una de los cánticos la función de representar la caída (el Infierno), el rescate (el Purgatorio) y la salvación (Paraíso), a nivel de interpretación ético-cristiana.

            El infierno era un mundo subterráneo con forma de cono invertido y una punta que llegaba al centro de la tierra. En él había fuego, con aumento de su intensidad y tormento según se iba descendiendo de círculo o escalón. No obstante, su último escalón o círculo 9º no estará impregnado de fuego sino de hielo, y en él las almas estarán en una situación peculiar, por haber sido responsables de las faltas más graves de la humanidad. El Infierno es la parte concebida con mayor rigor estructural y geométrico de la Divina Comedia, pues en ella hay ausencia absoluta de paisaje y orden, así como de la divinidad.

            El purgatorio era el lugar intermedio del más allá, gracias al cual era posible conseguir la salvación a través de la expiación de los pecados. Dante y Virgilio lo van atravesando en sus diferentes espacios y lugares, en cada uno de los cuales hay un pecado cometido que hay que purificar, con los diferentes tipos de pruebas que con ello se van encontrando. No obstante, a través de esas pruebas se van purificando sus almas residentes, hasta ir blanqueando su aspecto y poder acceder a la rampa de acceso al 3º y deseado mundo del más allá: el Paraíso.

            Cuando finalmente llega Dante al paraíso, encuentra allí a Beatriz, quien lo acompaña en su camino a través de los 9 cielos o esferas celestes, todas ellas movidas y custodiadas por coros angelicales. En el Paraíso, Dante pide conocer su amplitud y magnitud, y tras ser examinado por 3 apóstoles comienza su andadura hacia el centro del universo, donde reside y contempla la Santísima Trinidad. Se trata del reino de la felicidad total, de la ciudad futura, perfecta y definitiva, carente ya de los dramas que caracterizan a los otros dos estadios de ultratumba.

b.1) Estructura

            La Divina Comedia se organiza en torno a elementos numéricos y matemáticos, a los cuales se suma la organización de 3 en 3 que marca el sello de la Santísima Trinidad. A cada número corresponde una peculiaridad humana, teniendo esta relación su mayor importancia en los casos del:

-nº 3, huella de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo;
-nº 4, huella de la Tierra, que está formada por sus elementos de Tierra, Aire, Agua y Fuego;
-nº 7, referencia a lo acabado, tanto para lo bueno (orden perfecto del universo) como para lo malo (pecados capitales del hombre);
-nº 9, referencia a la sabiduría y a la búsqueda del bien;
-nº 100, señal de fin o final, como algo concluido o con sentido.

b.2) Personajes

            Dante es el poeta del Mundo Medieval, aparte de testigo de los acontecimientos que realmente estaban ocurriendo en el mundo real, tan apocalípticos o más que los narrados ficticiamente en la Divina Comedia. Se trata de un personaje organizado y tolerante, nervioso ante los inconvenientes que se le van presentando, confuso ante la mezcla de recuerdos reales y sucesos ficticios, y siempre guiado por el influjo y amor a la justicia divina.

            Virgilio es el poeta del Mundo Clásico. Se trata del acompañante de Dante durante su viaje por el Infierno, y como buen experto en el tema por el capítulo VI de su Eneida (en que también descendió y conoció el Hades, a las puertas de Roma). Se trata de un personaje sabio e ingenioso, así como tirano a la hora de no echar una mano a Dante en los indudables inconvenientes del infierno. Simboliza para Dante la condición humana, incapaz de prevenir ni remediar el sufrimiento infernal, sobre todo cuando no está Dios en ella.

            Beatriz es el amor del Mundo Clásico y Medieval, aparte de amor adolescente de Dante. Se trata de una de las mujeres purificadas que Dante se encuentra cuando comienza su viaje por el Cielo, que sí que ayuda a Dante porque ha conocido sus intimidades y secretos en un momento de su vida, y fue la causa de su desmoronamiento sentimental. Su papel en el Infierno es casi escaso, así como escueto en el Purgatorio. Porque también fue escaso y escueto el encuentro en vida entre ambos personajes, mientras que en el Cielo tendrán tiempo indefinido de compañía.

c) Contenido III: el Paraíso

            Está estructurado en 9 esferas, y las almas están distribuidas según la gracia alcanzada. Sin la compañía ya de Virgilio (que se quedó en el paraíso terrenal), Dante llega al paraíso celestial, especie de empíreo donde Dios habita.

Accedí entonces a aquel cielo, donde la gloria de Aquél lo mueve todo y se difunde por todo el universo, resplandeciendo en unas partes más y en otras menos (Canto I).

c.1) Llegada al Paraíso

            Al llegar a aquel lugar, invoca Dante a Apolo para que lo llene de valor ante tal situación, hasta que encuentra a Beatriz y comienza su andadura por el Paraíso:

Cuando estuve allí, invoqué al buen Apolo diciéndole: oh buen Apolo, haz de mí para este último trabajo un vaso lleno de tu valor (Canto I)

Allí encontré a Beatriz mirando fijamente hacia las eternas esferas, y yo fijé mis ojos en ella. En cuanto ella me vio, dirigió hacia mí sus ojos y abrió su boca para calmar mi excitado ánimo, diciéndome: No estás ya en la Tierra, y aquí ven las altas criaturas el signo de la eterna sabiduría. Vayamos, pues, de la mano de la Providencia, a conocer este sitio designado, y que nos lleve la virtud. Dicho esto, elevó sus ojos al cielo (Canto I).

c.2) Estrella I: la Luna, para los incumplidores

            Dante accede a este 1ª estrella (la Luna, a la que el poeta compara a una margarita que lo recibe dentro de sí) a través de un río paradisíaco que jamás fue recorrido. Minerva sopla en su favor, y Apolo lo conduce a las 9 musas encargadas de enseñarle los astros:

Viajaba yo en una pequeña barca, navegando por un agua que jamás había sido recorrida cantando, y lleno de playas a ambos lados. Minerva soplaba en mi vela, y Apolo me conducía, y las nueve Musas me enseñaban las Osas (Canto II).

Hasta que Beatriz se volvió hacia mí y me dijo: Eleva tu agradecida mente hacia Dios, que nos ha transportado a la primera estrella. En efecto, la eterna margarita nos nos recibió dentro de sí, como el agua que, permaneciendo unida, recibe un rayo de luz (Canto II).

            Una vez dentro, Dante ve nubes oscurecidas y rostros debilitados, creyendo que aquellos no cuadraban con la luz general y éstos no serían capaces de seguir existiendo así continuamente. Hasta que su guía Beatriz le dice que se trata de manchas en la luz y almas que han faltado a sus votos, y que confiara en ellas porque la luz existente evita que tuerzan sus pasos:

Parecíame que se extendiesen sobre nosotros nubes lúcidas, densas, sólidas y bruñidas, como diamantes heridos por los rayos del Sol y sin que se concibiese cómo una dimensión podía admitir a la otra (Canto II). También saltaron a mi vista unas imágenes muy debilitadas, que cuando distinguí descubrí que eran rostros dispuestos a hablar (Canto III).

A lo que Beatriz me contestó: Si el enrarecimiento fuese la causa de aquellas manchas, acerca de las cuales me preguntas, os diré (Canto II). Esas que ves son verdaderas substancias, relegadas aquí por haber faltado a su votos. Por consiguiente, habla con ellas, y oye y cree lo que te digan; pues la verdadera luz que las regocija no permite que se tuerzan sus pasos (Canto III).

            En efecto, las almas de los aquí redimidos se mueven a una velocidad muy lenta, así como resplandecen pero necesitan esconderse en la luz, sin perder por ello la calma. Esto hace dudar a Dante, que al final acaba preguntando si es que no existe aquí la posibilidad de reparación, satisfaciendo el voto no cumplido con alguna buena obra. A lo que Beatriz responde que eso sería como querer hacer una buena obra con un objeto mal adquirido:

En este espacio, un hombre libre de elegir entre dos manjares igualmente distantes de él, moriría de hambre antes de llevarse a la boca uno de ambos. De igual suerte permanecería inmóvil un cordero entre dos hambrientos lobos, o un perro entre dos gamos (Canto IV).

Hasta que una de aquellas almas me dijo: Yo fui en el mundo una virgen religiosa, la más bella y Piccarda. Pero descuidé mis votos, que en parte no fueron observados. Pero hermano, no te preocupes por nosotras, porque la virtud de la caridad calma nuestra voluntad, y esa virtud nos hace querer solamente lo que tenemos (Canto III).

Esto me tenía a mí en suspenso, e igualmente con dos dudas. Pero mi silencio era necesario y yo callaba. Hasta que Beatriz me dijo: Tú raciocinias así, con la duda de Platón de si las almas volverían a las estrellas. Yo contesté: ¿Y no puede el hombre satisfaceros, con respecto a los votos quebrantados, por medio de otras buenas acciones, que no sean pocas en vuestra balanza? (Canto IV). A lo que Beatriz me contestó: Dios nos dio el libre albedrío, dotado de inteligencia. Pero puso al valor del voto un puesto más alto. Luego, ¿qué se podrá dar en cambio de esto? Si crees que puedes hacer buen uso de lo que ya has ofendido, es como si quisieras hacer una buena obra con una cosa mal adquirida (Canto V).

c.3) Estrella II: Mercurio, para los interesados

            Una vez desembarcados en la 2ª estrella, el espíritu del emperador Justiniano le informa a Dante que en Mercurio están aquellos que dejaron grandes obras de acción o pensamiento para la posteridad:

Cuando Beatriz terminó de hablarme, me llevó anhelante hacia otra parte del cielo donde el mundo era más vivo. Allí vi yo muy contenta a mi dama, cuando penetró en la luz de aquel cielo (Canto V).

Llegados a Mercurio, me explicó uno de los allí presentes: Después que Constantino volviera el águila contra el curso del cielo, que antes siguiera tras el antiguo esposo de Lavinia, cien y cien años más permaneció el ave de Dios en el extremo de Europa, hasta que en estos cambios llegó a las mías. César fui, y dejé mis armas a Belisario, a quien se unió la diestra del cielo. Pero tú ya sabes lo que hizo Palanto, que murió para engendrar en Alba un imperio. Ya sabes lo que hizo Aníbal, al cruzar aquellas rocas alpestres, y cómo a su sombra triunfaron los jóvenes Escipión y Pompeyo. César cruzó el Rhin, Isere, Loira y Sena, y hasta pasó el Rubicón. Y por ello llora la triste Cleopatra, al huir de un áspid y encontrarse con una culebra. Hasta que Tito comenzó la venganza del antiguo pecado, antes que los lombardos mordieran la Iglesia, y Carlos tuviera que acudir a socorrerla (Canto VI).

            No obstante, el poeta descubre que esas almas hicieron el bien, pero por conseguir honor y fama. Así como descubre la presencia de aquellos que se encaminaron al bien de buena fe, pero se quedaron en las palabras. Todo lo cual es explicado por Beatriz, alegando que la cruz de Cristo completó en todos ellos aquello que les faltó:

Oí entonces que se cantaba sobre aquella esfera: Gloria a ti, jefe de los ejércitos, que esparces tu claridad sobre los felices fuegos. Y lo hacía en forma de centelleante danza, que venía y repentinamente desaparecía. Lo que hizo que me volvieran las repentinas dudas, y empezase a decirme para mí (Canto VII).

Beatriz no consintió que yo estuviese así mucho tiempo, y con una sonrisa me contestó: Esta naturaleza unida a su Hacedor, tal cual fue creada, era sincera y buena; pero por sí misma fue desterrada del Paraíso, porque se salió del camino de la verdad y de su vida. La pena, pues, hizo sufrir a Cristo una naturaleza humana, y una Cruz tan injusta que por ello fue grata a Dios, y no sólo a los judíos. Por ella tembló la Tierra, se abrió el Cielo, y la persona que lo sufrió redimió nuestra falta de caridad, así como nuestro exceso rencoroso (Canto VII).

c.4) Estrella III: Venus, para los descomprometidos

            Llegados a la 3ª estrella, Dante observa con que en dicha esfera (Venus) están los amantes que no lograron totalmente dominar la pasión, resplandeciendo en ella Beatriz más bella que nunca:

Sin advertir mi ascensión, me hallé en el tercer epiciclo, donde giraban los rayos de la bella Ciprina emanando el loco amor, y donde las naciones antiguas honraban a Dione y a Cupido, a aquélla como madre, y a éste como hijo suyo, de quien decían que estaba sentado en el regazo de Dido. Cuando me cercioré de que estaba en su interior, vi a mi Dama adquirir más hermosura todavía (Canto VIII).

            Atravesando el espacio, el poeta se encuentra con Carlos de Anjou, heredero del trono siciliano (por padre) y húngaro (por madre), que le expone los casos de desafección del populacho. Posteriormente Folco de Marsella le describe los pecados de Florencia, especialmente los de falta de celo del papa y sus sacerdotes:

Después que mis ojos se fijaron reverentes en mi Dama, los volví hacia un alma que se me había ofrecido por amor a agradarme, y le pregunté: ¿Quién eres tú? A lo que me respondió: Poco tiempo me tuvo allá abajo el mundo, sosteniendo mi frente la corona que riega el Danubio, y hasta que el pueblo de Palermo se puso a gritar "muera, muera", dejándose arrastrar por la ávara pobreza de Cataluña (Canto VIII).

Cuando Carlos hubo aclarado mis dudas, otro espíritu bienaventurado me asaltó a plena luz: Yo fui uno de los ribereños de entre el Ebro y el Macra, en cuyo puerto se vertió la sangre de sus habitantes. Folco me llamó aquella gente, que me ofreció su influjo amoroso mientras la edad me lo permitió. Esa fue mi ciudad, mientras la tuya se originaba por uno que volvía la espalda a su Hacedor y convertía en lobo al pastor, olvidando las hazañas de Josué y empleando su tiempo en las Decretales (Canto IX).

            Vuelven a asaltar las dudas en el interior de Dante, que empieza a resolverlas con una de aquellas almas, reflexionando acerca de la naturaleza, sociedad y familia, y sobre los principios que habría que seguir para la consecución de una mejor raza de los humanos:

Cuando acabó de saludarme una de aquellas almas, yo le pregunté: Me infunde gran contento tus palabras, oh señor mío. Pero mucho más grato será considerar donde está el principio y el fin de todo bien, y que me aclares cómo de una semilla dulce puede salir un fruto amargo. Esto le dije, y él me contestó: la Mente perfecta por sí misma no sólo ha provisto a la naturaleza de cada cosa, sino también a la conservación y estabilidad de todas juntas. ¿Quieres que te aclare más esta verdad? Yo repliqué: No es menester, pues considero imposible que la naturaleza llegue a faltar en aquello que es necesario. Pero él añadió: Es preciso también que sean diversas las raíces de las aptitudes, pues uno nace Solón y otro Jerjes, y vosotros destináis para el templo al que nació para ceñir la espada, y hacéis rey al que debía ser predicador, contrariando a la naturaleza y separando los pasos del camino recto (Canto VIII).

c.5) Estrella IV: el Sol, para los sabios

            Tras ascender Dante y Beatriz al Sol, 4ª estrella celeste, observan allí ambos las maravillas inenarrables del universo, y se dan cuenta de la gran sabiduría del Creador a la hora de crear el mundo. Por lo que dan gracias por ello:

Ya estaba yo en aquel astro brillante, sin haber notado mi ascensión, cuando, oh Beatriz, ¡cuán esplendoroso era estar allí! Lo que por dentro era el Sol, donde yo entraba, y lo que aparecía por medio de la luz, jamás pudiera imaginarse el auxilio de mi ingenio (Canto X).

En aquella corte del cielo se encontraban muchas joyas, tan raras y bellas, que no es posible hallarlas fuera de aquel reino. Hasta que Beatriz me dijo: Da gracias, da gracias al Sol de los ángeles, que por su bondad te ha elevado a este Sol sensible. Yo entonces puse en Él de tal modo todo mi amor, que Beatriz se eclipsó en el olvido (Canto X).

            En esta 4ª estrella, descubre Dante las almas de los sabios, junto a más espíritus vivos y triunfantes conducidos por Domingo de Guzmán. Los doctores en filosofía y teología van respondiendo a todas las dudas de Dante. Destaca entre ellos Alberto Magno y Tomás de Aquino, que le hace un repaso de la sabiduría religiosa y sabiduría filosófica, acabando con la demostración de la superioridad de Adán y de Jesucristo, respecto de los que prefieren la sabiduría de Salomón:

Allí en el Sol estaba la cuarta familia del Supremo, un rebaño conducido por Domingo por el camino en que el alma se fortifica, si no se extravía. Y uno de aquellos corderos me dijo: El que está más próximo a mi derecha fue mi maestro y mi hermano; es Alberto de Colonia, y yo Tomás de Aquino. Y aquel otro esplendor brota de la sonrisa de Graciano, que nos fue tan útil por sus escritos. En aquella otra luz sonríe el abogado de los tiempos cristianos, cuya doctrina aprovechó Agustín (Canto X). Aquellos dos amantes son Francisco y la Pobreza, cuyo rebaño se ha vuelto tan codicioso que no deja de esparcirse, buscando mucha leche y poco al pastor, que no necesita mucho paño para sus capas (Canto XI). Pues tanto han cambiado la marcha sus hijos, que éstos ponen la punta del pie donde aquel ponía los talones (Canto XII).

Tras lo cual continuó su maestro: La materia de las cosas, y la mano que le da forma, no causan siempre los mismos efectos, pues la naturaleza da siempre una forma imperfecta y sólo semejante. Pero si el ferviente amor dispone la materia, e imprime en ella la clara luz del ideal divino, entonces las cosas contingentes alcanzan la perfección. Así, pues, si lo necesario con lo contingente produce lo necesario, o si est dare primum motum esse, verás que la humana naturaleza no fue ni será jamás lo que ha sido en dos personas: nuestro primer padre y nuestro Amado. El que va en busca de la verdad, sin conocer el arte de encontrarla, hace el viaje peor que en vano, porque no vuelve sino como Parménides, Meliso, Briso, Sabelio y Arrio, que marchaban y no sabían adónde (Canto XIII).

            Y mientras esa docta enseñanza va teniendo lugar, una danza de pequeños y numerosos soles no para de dar vueltas a su alrededor, cantando el resplandor del amor y el gozo de la resurrección de la carne, al tiempo que le van advirtiendo a Dante sobre la presura en la emisión de los juicios:

Después vimos unos ardientes soles que daban tres vueltas en derredor nuestro, como las estrellas próximas a los fijos polos. A mí me parecieron semejantes a mujeres, que, sin dejar el baile ni el canto de su suerte, se detuvieron a nuestro paso y me dijeron: Reaviva el rayo de la gracia, en que se enciende el verdadero amor, y que después crece amando (Canto X).

Tan luego como en las danzas y los cantos invirtieron el debido tiempo, aquellas santas luces se fijaron en nosotros, felicitándose de pasar de uno a otro cuidado. Después rompió el silencio uno de aquellos espíritus acordes a la luz, que me dijo: Estando ya trillada una parte del trigo y guardado el grano, el dulce amor invita a trillar la otra parte. Tú crees que en el pecho de donde fue sacada la costilla costó caro a todo el mundo, sobre todo para formar la hermosa boca. Pero lo que no muere, y lo que puede morir, no es más que un destello (Canto XIII).

En un arranque de alegría, los santos círculos demostraron nuevo gozo en su danza y en su admirable canto, y las que daban vueltas danzando elevaron de golpe la voz, y manifestaron en sus gestos su regocijo, del mismo modo que me decían: ¡Resucita y vence! ¡Resucita y vence! (Canto XIV).

c.6) Estrella V: Marte, para los mártires

            Tras llegar a Marte, 5ª estrella celeste, percibe extasiadamente Dante la pasión de los guerreros de la fe. Se trata de las almas de los mártires, que mediante sus luces que se aglomeran para formar la imagen de la cruz. Beatriz elogia a los caídos en las cruzadas, e insiste a Dante en la necesidad de actuar heroicamente aquí abajo, como medio para alcanzar la bienaventuranza celestial:

Al ascender a un siguiente cielo, y contemplar lleno de pasión lo que allí había, Beatriz me dijo: Vuélvete y escucha. En esta quinta rama del árbol son bienaventurados los espíritus que allá abajo, antes de venir aquí, alcanzaron gran renombre con sus acciones. Mira los brazos de la cruz, y los que te iré nombrando que harán en ellos, lo que el relámpago en la nube (Canto XVIII).

En efecto, allí vi yo que al nombre del Gran Macabeo, iban deslizando su resplandor uno tras otro, formando el fulgor de la cruz. Junto a todas ellas vi también allí las luces de Orlando y Carlos el Magno, de Guillermo y Rinoardo, del duque Godofredo y de Guiscardo (Canto XVIII).

            En este 5º nivel celeste, Dante ve a los defensores de la fe que van formando las palabras Diligite Justitiam (Ama la Justicia) y Judiatis Terram (Jueces de la Tierra) a base de repetir las mismas vocales y consonantes, dibujando tras ello las figuras de la cabeza y cuello de un águila. El resto de bienaventurados terminan por formar el cuerpo del águila imperial, transformándose la M final en una flor de lis:

Volvíme hacia la derecha para conocer lo que Beatriz hacía, cuando vi la antorcha de Jove destelleando las letras de nuestro alfabeto, la cuales revoloteaban como aves sobre un río y describían la D, la I y la L con sus movimientos. Las luces formaron siete vocales y sus consonantes, y me mostraron la palabra Diligite Justitiam, y luego Judicatis Terram. Entonces vi descender otras luces sobre la parte superior de la M y detenerse allí cantando, formando luego sobre la M una corona de lises, por medio de un pequeño movimiento que concluía con la figura del águila (Canto XVIII).

            Se encuentra entonces Dante con un pariente suyo (su padre Alihiero), que predice al poeta su destierro y le pone ejemplos sobre la necesidad de abandonar las cosas más amadas de este mundo, como primer arma virtuosa y victoriosa:

Iba yo hablando con Beatriz sobre los golpes de la desgracia y la suerte que me estaba reservada, cuando una de aquellas luces y progenitor mío me dijo: Tus contingencias están todas presentes a la vista de Dios. Del mismo modo que Hipólito partió de Atenas por perfidia de su madrastra, tendrás tú que salir de Florencia. Así probarás cuán amargo es el pan ajeno, y cuán duro camino el que conduce a subir y bajar las escaleras de otros. No obstante, tu primer refugio y albergue serán la cortesía del gran lombardo, que sobre la escala lleva el ave santa. Esto sucederá antes que el Gascón engañe al gran Enrique, y aparezcan los destellos de su virtud en su desprecio al dinero y a las fatigas (Canto XVII).

c.7) Estrella VI: Júpiter, para los piadosos

            El águila de Marte introduce a Dante en la siguiente 6ª estrella celeste (Júpiter), compuesta por aquellos piadosos que no se dejaron vencer por sus deseos, y cuya piedad fue recordada pero no continuada por sus sucesores, aludiendo sobre todo a los gobernantes:

Ante mi aparecía, y con las alas abiertas, la bella imagen del águila hacía dichosas a las almas allí reunidas, esparciendo cada una de ellas un pequeño rubí, brillante y encendido. La cual me llevó a una sexta estrella, adornada con las preciosas y brillantes joyas que ahora describiré, pero que jamás voz alguna la anunció, ni tinta la escribió la tinta, ni imaginación la concibió (Canto XIX).

Oí entonces hablar al pico del águila, con una voz que decía Yo cuando quería decir Nos. Y empezó así: Por haber sido justo y piadoso estoy aquí exaltado hasta esta gloria, que no se deja vencer por el deseo. Pero en la Tierra dejé tal memoria de mí, que los hombres más perversos la recomiendan, pero no siguen su ejemplo (Canto XIX).

            Descubre Dante en este 6º nivel celeste la presencia de algunos jerarcas de la historia, y cae en la cuenta de que sin fe y sin obras no hay salvación posible. Plantea entonces al águila la cuestión de los que ejercieron esa piedad antes de la era bautismal, aportando su propia reflexión acerca de las intenciones y resultados de las obras:

Entonces vi que la quinta de esas luces era Rifeo el Troyano, y que otra era el que se hizo griego con las leyes, y otra que dilató su muerte por hacer penitencia. Por lo que comenté sin dilación al águila: Un hombre nace en la orilla del Indo, y allí no hay quien hable de Cristo, ni quien lea o escriba respecto de él. Todas sus acciones y deseos son buenos, y en cuanto a la razón humana no ha pecado ni en obras ni palabras. Cuando muera, ¿dónde estará la justicia que le condene? (Canto XIX y XX).

             Responde el águila al poeta que de esos casos hay allí muchos presentes, no sólo por piedad anterior a la era bautismal, sino posterior a ella. Añade también el águila que los juicios de Dios son eternos e invariables, salvo por la oración ferviente de los piadosos, que consiguen posponer para mañana lo que habría de suceder hoy:

A lo que el águila me contestó: oh animal terrestre, ¿quién eres tú que quieres tomar asiento en el tribunal, y juzgar a mil millas de distancia sin alcanzar ni un palmo de la vista? Ya dudaría yo de tu rectitud si no estuviese sobre ti la Escritura. La primera voluntad, que es buena por sí misma y el Sumo Bien, no se ha separado jamás de sí misma, y solamente es justo lo que a ella se conforma. Muchos que exclaman "Cristo, Cristo" estarán menos próximos a él en el día del juicio que los otros, y esto causará vergüenza el Etíope, cuando se dividan los dos colegios. Respecto de los persas, ¿qué no podrán decir a vuestros reyes, que no dijera ya el libro de Alberto? (Canto XIX). Además, aquellas tres mujeres que viste junto a la rueda derecha del carro, fueron bautizadas más de mil años antes de que se instituyera el bautismo. Una volviendo a habitar su cuerpo en recompensa, otra tras penetrar y beber del manantial profundo, y otra por haber visto los pies que habrían de ser crucificados. ¡Oh predestinación! (Canto XX).

c.8) Estrella VII: Saturno, para los contemplativos

            Llegados a la 7ª estrella (Saturno), Dante descubre que el rostro de Beatriz se va volviendo cada vez mas bello, al tiempo que van subiendo por las gradas del eterno palacio. En dicho palacio celestial, observan ambos una escala coloreada y alta, y de la cual descendían resplandores, que advertían a los viandantes sobre el lujo y malicia de los prelados:

Mi ojos se fijaron de nuevo en el rostro de mi dama, que en este caso no me sonreía pero me decía: Si yo riese, te quedarías como Semele cuando fue reducida a cenizas. Pues mi belleza, según has visto, brilla más cuanto más asciende por las gradas del eterno palacio. Nos hemos elevado al séptimo esplendor, que, colocado bajo el pecho del ardiente León, difunde ahora sobre la Tierra sus rayos. Fija la mente en pos de tus miradas, y haz de tus ojos un espejo para la imagen que se te aparecerá en este espacio cristalino (Canto XXI).

Dentro de un palacio cristalino, vi una escala del color del oro en que se refleja un rayo de Sol, y tan elevada que mis ojos no podían seguirla. Vi bajar por sus escalones tantos resplandores, que pensé que todas las luces que brillaban en el cielo estaban esparcidas allí. Y uno de aquellos resplandores me dijo: Aquí no se canta por la misma razón que Beatriz no sonríe. He descendido tanto por las gradas para hacer saber el abismo del decreto eterno, y para que los modernos pastores comprendan allá abajo lo que aquí no se comprende, cuando cubren con sus mantos las cabalgaduras, de suerte que van dos bestias y no una (Canto XXI).

            Descubre Dante en este 7º nivel celeste una serie de llamas vivas y ardientes, que según la explicación de Beatriz correspondía a las almas de los que llevaron una vida contemplativa. Una de ellas, Pedro Damián, explica al poeta la doctrina de la predestinación y de los cenobios del desierto. Y otra de ella, san Benito, expresa su decepción frente al destino de su orden, y le alerta sobre la necesidad de reforma:

Vi allí muchas llamas que bajaban los escalones gritando a plena voz y girando de escalón en escalón. Y una luz, haciendo un eje de su centro, giró con la rapidez de una rueda y me respondió desde dentro: Entre las dos costas de Italia, y no muy lejos de tu patria, se elevan unos peñascos que llaman Catria, al pie de la cual hay un yermo. Allí viví yo entre legumbres y zumo de olivas, satisfecho con mis ideas contemplativas, y la escasez de mi vida mortal, que fue flaca y descalza, y aceptando alimento de cualquier mano. Soy Pedro Damián, o Pedro el de orillas del Adriático (Canto XXI).

Ya estaba yo para preguntar, cuando otra llama me mandó guardar silencio, y me dijo: No tardes en llegar al alto fin de tu viaje, mientras yo contesto al pensamiento que llevas dentro. La cumbre del monte Casino fue frecuentada por gentes engañadas y mal dispuestas. Yo llevé allí el nombre de lo Alto, apartando a las ciudades circunvecinas del impío culto que sedujo al mundo. Esos otros fuegos fueron todos hombres contemplativos, abrasados en aquel ardor. Pero las cavernas que eran una abadía se han convertido en muros, y las cogullas en sacos de mala harina. La más sórdida usura no es tan contraria a la voluntad de Dios, como lo es el fruto de esos sacos que tanto enloquecen el corazón de aquellos monjes (Canto XXII).

c.9) Constelación VIII: Géminis, para los militantes

            Llegados al 8º nivel celestial, Dante y Beatriz contemplan una multitud incontable de estrellas, bajo la forma de la constelación de géminis y rotando firmemente. Se trata de las legiones de la Iglesia militante, todas ellas allí presentes y bajo la presencia personal de Jesucristo y María, a cuya coronación asisten ambos:

Antes de rayar el alba, encontré a mi dama en una nueva región del cielo, inundada de estrellas y bajo la cual se mostraba el Sol menos presuroso. La encontré suspensa y ansiosa, hasta que ella me dijo: He ahí la legión del triunfo de Cristo, y todo el fruto recogido de la rotación de estas esferas. Sobre ellos están la Sabiduría y el Poder que se abrió entre el Cielo y la Tierra, por las vías por tanto tiempo deseadas. Con él también está la Rosa, en que el divino Verbo fue encarnado, y por cuyo aroma se descubre el buen camino (Canto XXIII).

La hermosa Flor que invoco siempre, por mañana y tarde, concentró todo mi espíritu en la contemplación del mayor fuego. Y cuando mis dos ojos me representaron la belleza y la extensión de la fulgente estrella que vence arriba, como venció abajo, desde el interior del cielo descendió una llamarada con forma de círculo y corona, que rodeaba a la estrella girando en torno suyo, mientras el resto de luces del firmamento gritaban a plena voz el nombre de María (Canto XXIII).

            Beatriz pide para Dante el don del entendimiento, pues al poco de estar allí va a recibir un interrogatorio sobre las virtudes cristianas, por parte de san Pedro sobre la fe, de Santiago sobre la esperanza, y de san Juan sobre el amor. No obstante, de todo ello sale el poeta victorioso:

Entonces Beatriz, dirigiéndose a aquellas gozosas esferas, les dijo: ¡oh compañía escogida para la cena del cordero, el cual os alimenta y vuestro apetito está siempre satisfecho! Ya que por este poeta prueba lo que cae de vuestra mesa, antes que la muerte le sobrevenga, refrescadlo vosotras algún tanto, pues se presenta aquí con inmenso deseo (Canto XXIV).

Así como el bachiller se prepara, hasta que el maestro propone y habla, así estaba yo allí, hasta que aquel examinador apareció con sus llaves y me dijo: dime, buen cristiano, y explícate: ¿qué es la fe? Al oír esto alcé la frente y contesté: Según lo que escribió mi padre, y hermano tuyo que enderezó los caminos de vuestra Roma, la substancia de las cosas que se esperan (Canto XXIV).

Después, se adelantó hacia mi el primero de los vicarios que Cristo que dejó en la Tierra; y mi dama, llena de alegría, me dijo: Mira, mira, he ahí el varón por lo que allá abajo se hacen visitas a Galicia. El cual, sonriendo, me dijo: Levanta la cabeza y tranquilízate; porque es preciso que lo que llega aquí arriba desde allá abajo, se madure a nuestros rayos. Dime, pues, cómo florece la esperanza en tu mente, y de dónde proviene ésta. A lo que respondí yo, calmando a la expectante dama de mi lado: una expectación cierta, producida por los méritos y la gracia divina, infundida por aquel rey y cantor supremo, del Rey Supremo (Canto XXV).

Inmediatamente después de pronunciadas estas palabras, se oyó resonar en aquel cielo el Sperent in Te, a lo cual respondieron todos los círculos de almas. A lo que Beatriz me dijo: Ese es aquél que descansó sobre el pecho del Pelícano, y fue elegido desde una cruz para cuidar bien de un encargo (Canto XXV). El cual, al verme, me dijo: Venga tarde o temprano, como alfa u omega, dime quién dirigió tu arco a tal blanco. Yo respondí: Los argumentos filosóficos. A lo que siguió preguntando aquel águila de Cristo: ¿Y con cuantos dientes, te muerde ese amor? Y yo respondí: Con todos los estímulos que obligan al corazón, y así nos vuelven hacia Dios (Canto XXVI).

Apenas guardé silencio, resonó por el Cielo un dulcísimo canto; y mi dama decía con los demás: ¡Santo, Santo, Santo! (Canto XXVI).

            Presenta entonces Beatriz a Dante a Adán, que le ofrece una explicación completa de la época prehistórica, así como consejos sobre su propio destierro: no por hacer lo prohibido, sino por no hacer lo prometido. Tras lo cual todos los bienaventurados entonan un himno, mencionando la superación de la corrupción humana y sus causas:

Mientras andaba yo aturdido por el cántico, mi dama me dijo: Contempla ahora a la primera alma creada por la Virtud primera. En efecto, a forma de animal encubertado, que se agita por los movimientos de su envoltura, aquella alma se complació de verme y me dijo: Conozco tu deseo mejor que tú, que seguro que quieres saber cuánto tiempo ha que Dios me colocó en el jardín, y en dónde está tan larga escala, y por cuánto tiempo deleitó mis ojos, y la verdadera causa de la gran ira, y el idioma inventado por mí de que hice uso. Sabe, pues, hijo mío, que en aquel lugar estuve deseando dama 4302 revoluciones solares, y luego permanecí en la Tierra mientras vi volver a todas las luces de su carrera 930 veces. Mientras que la lengua que hablé se extinguió cuando las gentes de Nemrod se dedicaron a la obra interminable; porque ningún efecto racional fue jamás duradero. Eso sí, la causa de mi largo destierro no fue probar la fruta del árbol, sino sólo el haber infringido la orden (Canto XXVI).

            Tras ser transportado Dante por la luz celestial a través de todas aquellas estrellas, hace parada en dos astros combativos especiales: el de la batalla de los ángeles contra los demonios, y el de la batalla de los papas contra los paganos:

Entonces vi cubrirse todo el cielo de aquel color que comunica el Sol por la mañana, y la luz con sus destellos me transportó por todas aquellos astros. Lo que veía me parecía una sonrisa del universo, pues mi embriaguez penetraba por el oído y por la vista. ¡Oh gozo!, ¡oh inefable alegría! (Canto XXVII).

Allí oí una voz que me decía: Aquel que usurpa en la Tierra mi puesto, y aquí tiene vacante su puesto, fue perversamente caído desde aquí, y ahora sirve allá abajo con complacencia (Canto XXVII).

Y otra voz muy alterada, y con no mayor alteración que la de su semblante, continuó en estos términos: Mi sangre, así como la de Lino y la de Cleto, no alimentó a la Esposa para acostumbrarla a adquirir oro, sino para que adquiriese aquella virtud por la que Sixto y Pío, Calixto y Urbano derramaron su sangre, después de muchas lágrimas. No fue nuestra intención que nuestras llaves combatieran contra los bautizados, sino contra las falsedades y semejantes huestes enemigas. Pero ahora tenemos lobos disfrazados de pastores, y en Cahors y Gascuña se beben nuestra sangre (Canto XXVII).

c.10) Constelación IX: Morada de los ángeles

            El poeta es transportado a través de la luz de Dios a un nuevo y 9º nivel celestial, rodeado por 9 anillos de cortes celestiales y lugar primigenio y primordial de los ángeles. Beatriz explica a Dante la relación entre la creación del mundo y el mundo celestial:

Transportados velozmente por aquella luz a un nuevo cielo, distinguí allí un punto que despedía tan penetrante luz, que es preciso cerrar los ojos iluminados por ella, a causa de su aguda intensidad. Al llegar al nuevo círculo, comprobé que éste estaba rodeado por otro círculo, y éste por un tercero, y el tercero por el cuarto, por el quinto el cuarto, y después por el sexto el quinto. Sobre éstos seguía el extenso séptimo, y lo mismo sucedía con el octavo y el noveno, y cada cual de ellos se movía con más lentitud según su mayor distancia del Uno, teniendo la llama más clara el que menos distaba de la luz purísima (Canto XXVIII).

Mi Dama, que me veía presa de una viva curiosidad, me dijo: Medita lo que voy a decirte, y verás una relación admirable y gradual entre cada cielo y su inteligencia. Los dos primeros círculos te han mostrado los veloces Serafines y Querubines, y el tercero el de los Tronos de la presencia divina. En los tres siguientes están las diosas Dominaciones, Virtudes, y Potestades. En los dos penúltimos círculos giran los Principados y los Arcángeles, y el último se compone todo de angélicos festejos. Pero fíjate sobre todo en aquel punto, del que depende el Cielo y toda la naturaleza (Canto XXVIII).

            Dante fija su mirada aquel lugar de la creación primigenia, momento que aprovecha Dionisio Areopagita para intentar explicarle cada tipo de ángeles existentes. Sale a su socorro Gregorio Magno, que corrige al ateniense y explica al florentino el verdadero origen de las cosas, así como la causa de su su división y orgullo: el orden preestablecido de las sustancias. Pues el acto puro (Dios) había previsto un mundo inferior para las potencias puras (hombres), y por en medio unió acto y potencia (ángeles):

Mientras contemplaba yo aquel punto, con mucho ardor se puso Dionisio a nombrar aquellos órdenes. Pero Gregorio me separó de él, y sonriendo me dijo: si un mortal ha revelado en la Tierra una verdad tan secreta, no te admires; porque sólo el que la vio aquí arriba la podría desvelar (Canto XXVIII).

Y el gran Gregorio continuó: La forma y la materia pura salieron juntamente con una existencia sin defecto, como salen tres flechas de un arco de tres cuerdas, sin intervalo alguno y aunque Jerónimo escribiera que los ángeles fueron creados muchos siglos antes que el otro mundo. Simultáneamente fue también establecido el orden de las substancias. Aquellas en que se produjo el acto puro fueron colocadas en la cima del mundo, a la parte inferior fue destinada la potencia pura, y en el medio unió a la potencia y a la acción con un vínculo que nunca se desata. Pero no contarías tú de uno a veinte con la prontitud con que una parte de los ángeles turbó el mundo de vuestros elementos. La otra parte quedó aquí, y empezó la obra que contemplas. La causa de la caída fue el maldito orgullo de aquel que viste en el centro de la Tierra (Canto XXIX).

c.11) El empireo: Morada de Dios

            A través de la luz divina, y tras haber llegado al centro del universo, llegan Dante y Beatriz al Empíreo, un lugar más allá del mundo natural y verdadera morada de Dios, sin espacio ni tiempo:

Acaso a la hora sexta, y cuando este mundo inclina ya su sombra casi horizontalmente, la luz transportadora nos dejó en el centro del universo, en un sitio en que las estrellas van perdiéndose ya de la vista, y en que el cielo apaga de una en una sus luces hasta la más bella. Momento en que Beatriz me dijo: Hemos llegado al cielo donde todo es pura luz (Canto XXX).

Era un lugar en que el estar cerca o lejos no daba ni quitaba, y no ejercía ninguna acción la ley natural. Y desde allí gobernaba Dios sin interposición de causas secundarias. ¡Oh trina luz, que centelleando en una sola estrella, regocijas de tal modo la vista de esos espíritus! ¡Oh esplendor de Dios, merced al cual vi el gran triunfo del reino de la verdad! Dame fuerzas para decir cómo lo vi (Canto XXX).

            Vuelto Dante para preguntar a Beatriz sobre algo que no comprende, aprecia el poeta que Beatriz está revestida de una inusual belleza, hasta que una luz cegadora elimina su visión, lo introduce en el interior de la luz y lo transforma totalmente:

No comprendiendo ya nada de lo que veía, volví los ojos hacia Beatriz. Mas lo que vi en ella no creo que nadie lo entendiera, tan solo el Hacedor que la hizo. Porque era tanta su belleza, que esto quedaba fuera del alcance de la inteligencia, y eso que desde el primer día que vi su rostro en el mundo, no se ha interrumpido la continuación de mi canto hacia ella (Canto XXX).

De súbito y como un relámpago, así me circundó una luz resplandeciente, dejándome velado de tal suerte con su fulgor, que nada descubría. Aquel punto me deslumbró por completo, pareciéndome contenido en lo mismo que él contiene. Y la luz, desde dentro, me decía: El Amor que tranquiliza este cielo, acoge siempre con semejante saludo al que entra en él, a fin de disponer al cirio para recibir su llama. No bien hube oído estas palabras, cuando adquirí una nueva vista de tal vigor, que no hay luz alguna tan brillante que no pudieran soportarla mis ojos (Canto XXX).

            Beatriz es llevada por Raquel al lugar que le corresponde, junto a Eva y el resto de mujeres. Se consuma así la separación de Beatriz y Dante. Cuando recupera la visión, el poeta busca a su dama, hasta que el anciano Bernardo le sale al encuentro y le explica la situación, como enviado protector por parte de su amada:

Cuando volví en sí de mi visión, me giré hacia donde había dejado a mi dama. Pero cuando esperaba una cosa, me sucedió otra: creía ver a Beatriz, y vi un tierno anciano que me dijo: Beatriz me ha enviado desde su asiento para poner fin a tu deseo, pues ella ocupa ya el trono en que la han colocado sus méritos (Canto XXXI).

Cuando me puse a buscarla con la mirada, vi que la herida que María había restañado y curado estaba abierta, y enconada por aquella Eva tan hermosa que a sus pies estaba. Debajo de ésta se sentaron Raquel y Beatriz, y junto a ellas estaban Sara, Rebeca y Judith, descendiendo junto al resto de hebreas de hoja en hoja, a medida que la rosa te las va nombrando (Canto XXXII). A lo que yo exclamé: ¡oh mujer, en quien vive mi esperanza, y que consentiste, por mi salvación, dejar tus huellas en el Infierno! Si he visto tantas cosas, a ti te lo debo, así como la fuerza que he ha sido necesaria. Conserva en mí tus magníficos dones, y sana mi alma (Canto XXXI).

            Bernardo aconseja a Dante visitar el trono de María, Reina del Cielo, y pedirle que le conceda acceder al trono de la gloria. Lo cual hace con sumo gusto, contemplando a María custodiada por su protector Gabriel, así como rodeada por sus progenitores (Moisés y Ana), y discípulos (Pedro y Juan), quedando arrobado con su contemplación:

Tras lo cual, aquel dulce anciano me dijo: A fin de que lleves a feliz término tu viaje, para lo cual me han movido el ruego y el amor de tu dama, visita ahora, te ruego, a la Reina del Cielo. Por ella ardo enteramente yo de amor, y ella te concederá todas sus gracias, y te avivará más tu vista para subir hasta el rayo divino. Yo soy su fiel Bernardo (Canto XXXI).

Levanté yo los ojos, y dirigiéndolos desde el fondo del valle hasta la cumbre de un monte, allí vi entre mil ángeles a aquella Reina, a aquella que siempre rezo de noche y de día, que estaba infundiendo su sonrisa en los ojos de sus siervos (Canto XXXI). Un ángel miraba gozoso a nuestra Reina, enamorado del fuego que desprendía. A la izquierda de la Augusta se situaba su padre en la raza y aquella que no separaba la mirada de su hija. Y a su derecha el anciano padre de la Iglesia, junto a aquel a quien Cristo confió con la lanza y los clavos, como a dos raíces de su tallo (Canto XXXII).

            Dante distingue entonces, en medio del jardín del Empireo, un luminoso río y una gran rosa mística, alrededor de la cual se situaban los tronos de las tribus humanas, divididos por orden de antigüedad y que hacían de coro al cercano trono de la santísima Trinidad:

Este reino era un jardín con un río de áurea luz que lo cruzaba, y despedía espléndidos fulgores y topacios y flores centelleantes, entre dos orillas adornadas de admirable primavera, llena de hierbas de difícil comprensión. Era un reino que tenía todo él la vista y el amor dirigidos hacia un solo punto, hacia el centro de una rosa sempiterna, que se dilataba, se elevaba gradualmente y exhalaba un perfume de alabanzas. Mi vista no se perdía en la anchura ni en la elevación de esta rosa, sino que abarcaba toda la cantidad y la calidad de aquella alegría (Canto XXX). En efecto, en esa parte en que la flor está provista de todas sus hojas, se sientan los que creyeron en la venida de Jesucristo, y en la otra los que creyeron en él después de haber venido, sin consideración a sus méritos y sólo distinguiéndose por su penetración primitiva (Canto XXXII).

            Rezando a la virgen María, y acompañado por el anciano Bernardo, accede Dante al trono de Dios, contemplando al Dios uno y Trino cara a cara, y cumpliendo el culmen de sus deseos: la visión de Dios. Tras lo cual, completa el poeta su visión del Paraíso.

Cuando ya no retrocedía y creía adelantar hacia lo impenetrable, aquel anciano me dijo: Sígueme, y hagamos que el corazón acompañe a mis palabras. Y comenzó a decir la Salve (Canto XXXII).

Los ojos que Dios ama y venera, fijos en el que por mí oraba, me demostraron cuán gratos le son los devotos ruego, mientras yo, que me acercaba al fin de todo anhelo, puse término en mí como debía. Bernardo me indicaba sonriendo que mirase hacia arriba, pero yo había hecho ya por mí mismo lo que él quería. Porque mi vista penetraba gradualmente en la alta luz que tiene en sí misma la verdad de su existencia (Canto XXXIII).

Desde aquel instante, lo que vi excede a todo humano lenguaje, y deja atrás las sentencias de la Sibila. Aunque soy impotente para expresar tal visión, ¡oh gracia abundante, por la cual tuve atrevimiento! Porque vi en su profundidad aquel vínculo de amor que contiene ligado en sí todo cuanto hay esparcido por el universo (Canto XXXIII).

En efecto, estando mi mente en suspenso, y mirando fija, inmóvil y atentamente, en la profunda y clara substancia de la alta luz se me aparecieron tres círculos de tres colores y de una sola dimensión: el uno parecía reflejado por otro como Iris por Iris, y el tercero parecía un fuego procedente de ambos por igual. ¡Ah!, ¡cuán escasa y débil es la lengua para decir mi concepto! Aquí faltó la fuerza a mi elevada fantasía, pero ya eran movidos mi deseo y mi voluntad por el Amor que mueve el Sol y las demás estrellas (Canto XXXIII).

d) Comentario del Paraíso de Dante

            En muchos sentidos, la Divina Comedia se puede deducir como una tipificación ficticia del mal humano, que el poeta explora con el fin de examinar si los pecados castigados en cada círculo del infierno o del purgatorio[34] pueden ser considerados en su gradación delictiva, pudiendo afirmarse así una escala de delitos reales a través de una comedia.

            Y lo que eso era así para el caso del Infierno y Purgatorio, también lo es ahora para el caso del Paraíso[35], a la hora de explorar las virtudes[36] y establecer así una escala de valores[37] para el mundo real[38], en el recurso que para ello emplea Dante de los 3 espejos[39]. Tal es el fin del Paraíso, en que el sistema moral prevaleciente será la consecución de la felicidad humana, pero a través de la voluntad de Dios en el cielo, con toda la jerarquía cristiana de valores de por medio.

            Se nos dice que Beatriz traslada a Dante por 9 esferas celestiales del paraíso, concéntricas y esféricas, y acordes a la cosmología ptolemaica de la época. Si la distribución del Infierno y Purgatorio se basaba en criterios de gradación creciente de tipología de delitos, también aquí va a seguir ese mismo organigrama, pero en este caso respecto de la gradación creciente[40] de tipología de virtudes: las 4 clásicas[41] y las 3 cristianas[42]. Así, cada alma ocupa su lugar en el Paraíso[43], en concordancia con la naturaleza de las acciones honestas que ejercitaron.

            El viaje por las esferas celestes, que va avanzando en visión de belleza progresiva[44] hasta la final visión de Dios, es el más complicado de todos los descritos en la Divina Comedia. Pues lo sensorial va quedando atrás, mientras se va abriendo paso lo puramente inteligible. El poema representa ese tránsito mediante una luz de intensidad progresiva, al final de la cual el deslumbramiento hace de la visión algo imposible[45].

            Con esos recursos, el Paraíso de Dante trata de señalar lo que debe ser el discernimiento y el pensamiento, acerca de los temas del bien: un camino de continua profundización, en que su mismo proceso (o caminata) irá iluminando la conciencia[46] y transformándola[47], enseñándole lo que está bien y porqué está bien. De hecho, el Paraíso es una zona dividida en 9 cielos y en cada uno de ellos participa, en cierto grado, el bien.

Madrid, 24 mayo 2020
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[1] Pues ambos, DANTE y BEATRIZ, ya se conocían desde la infancia, al vivir ambos en el mismo barrio de Florencia. No obstante, hacía ya 9 años que no se habían visto, en el momento de coincidir en el Dolce Stil Nuovo de CAVALCANTI.

[2] Considerado en la persona de SANTO TOMAS DE AQUINO, muerto en 1274.

[3] Que proponían la incapacidad de la razón, y la simplificación-taxonomía metafísica de entes sin necesidad.

[4] Caída reiteradamente en 1284, en su afán de querer ser la más perfecta de todas las demás catedrales, ante el desaliento generalizado.

[5] Cambio Climático de 1300 producido por el proceso de congelación que empezó a sufrir el noroeste europeo, con:

-desolación de las tierras escandinavas, llenas de pueblos y vida hasta ahora,
-muerte y extinción de las gentes del Ártico, de más de 2 millones de habitantes,
-pérdidas irreparables en las cosechas bálticas, que eran el granero de trigo de Europa, por su clima suave.

[6] Viniendo a suavizar, desde otro punto de vista, la superpoblación europea.

[7] Porcentaje que, en algunas ciudades, vino a ser del 90%.

[8] Los estudios demográficos en la Edad Media estuvieron basados en los fuegos fiscales (lit. “poner las manos en el fuego”) o número de casas que tenían que aportar impuestos al fisco.

[9] Que a partir del 1400 comenzó a identificar y multiplicar su población.

[10] Llamada así por las manchas negras que aparecían sobre la piel, junto a bultos en las axilas. También fue llamada Peste bubónica, por la forma de huevo de los bultos que producía.

[11] A través de los virus originados por la pulga, que colonizó a la rata negra, y que a su vez infectó al hombre, recibiendo el hombre la pulga en su cuerpo.

             Y es que la rata negra (suplantada en el s. XVIII por la rata blanca de alcantarilla, mucho más feroz) convivía con el hombre medieval de forma muy habitual, sin llegar a sospecharse nada negativo por su parte.

[12] Parece ser que tuvo su origen en el Mar Negro, en la colonia genovesa de Caffa (donde los genoveses traficaban con esclavos). Pues los europeos, rodeados y atacados por los tártaros, empezaron a ver cómo cadáveres infectados del campamento tártaro les eran lanzados al campamento genovés, infectando así a los soldados genoveses. Vueltos a Europa, por el camino los genoveses fueron expandiendo la enfermedad, hasta que llegaron a Mesina y la contagiaron a Italia.

[13] En unas regiones más que en otras, y dependiendo de los grupos sanguíneos. Pues el grupo sanguíneo A era más receptivo que el B a la peste (de ahí que Hungría apenas fuese contagiada por la peste).

[14] Sobre todo mujeres y adolescentes, los grupos más receptivos a la peste por su inestabilidad corporal.

[15] Como fue el caso de Prato y otras poblaciones italianas.

[16] Otras epidemias nacionales, como las de 1360, 1369-71, 1380-83, no hicieron sino hacer rebrotar la crisis médica general, ocasionada por la Peste Negra de 1348, hasta bien entrado el s. XVI.

[17] De ahí vendrá la búsqueda de morales alternativas (y más nefastas todavía), como:

-la teoría del carpe diem, del goce inmediato,
-la teoría flagelante, de las cofradías penitenciales.

[18] Como sucede en todo crecimiento, que es donde se filtran las bases para la futura crisis.

[19] Donde se habían puesto en cultivo las tierras de los bosques y marismas, ocupándose agrariamente así tierras marginales y menos feroces, y más aptas para ser el comienzo de los crecimientos decrecientes.

[20] De primacía absoluta en el campo agrario y de la alimentación urbana.

[21] Producido en el noroeste de Europa, donde una ola polar (en crecimiento ininterrumpido hasta el s. XVIII, donde alcanzará su cénit) empezó a:

-enfriar los campos,
-hacer insostenibles los cultivos en Inglaterra,
-cortar la navegación comercial hacia Islandia, Escandinavia y Groenlandia (la “tierra verde” del s. X, cuyo obispado fue disuelto en el s. XV, y su población danesa desapareció completamente en el s. XVII).

[22] Ante el descontento general, y que provocó que cada gremio fuese subiendo sus precios también.

[23] Por el sistema de arrendamiento feudal, que se hacía a varias vidas y con una duración mínima de 30-40 años. Luego los ricos seguían ingresando lo mismo (lo arrendado), y empezaron a pagar más para armas y caballos (por la subida de precios, que empezó a generalizarse en todos los productos).

[24] Que no pararían de crecer durante todo el s. XIV y s. XV, ante las otras crisis que se empezaron a generar.

[25] Sobre todo con la introducción de sus hijos en la universidad. Pues para empezar a gestionar los asuntos públicos, cada vez más competitivos entre sí, los pudientes vieron la necesidad de formar a sus hijos mucho más versadamente que antes.

[26] Con origen en la derrota militar de Francia ante Inglaterra, en la Batalla de Poitiers-1356. Pues esto había supuesto el encarcelamiento del PRINCIPE JUAN, y las acusaciones populares hacia las autoridades (de incompetentes) y de gasto económico (para la guerra).

             MARCEL, burgués y preboste-jefe del gremio de los mercaderes, empezó a pasar a la acción, reclamando, bajo revuelta, el control de los impuestos por parte de las Cortes Francesas. En julio de 1358 fue asesinado Marcel, pero su movimiento siguió siempre vivo en Francia.

[27] Sucedida por el enzarzamiento entre welfos (partidarios del papa) y gibelinos (partidarios del poder civil), a causa de la crisis pañera (que había llevado al derrumbe de la industria textil). Estalló el conflicto en julio de 1378, cuando el jefe de Palacio de la Signoria trató de introducir reformas transitorias e insuficientes para el pueblo.

            El 20 julio, varios miles de ciudadanos sin derechos, seguidores de CIOMPI (nombre genérico que significaba Pueblo) incendiaron las casas de los nobles, cercaron la Signoria y provocaron por la fuerza reformas más amplias, que les alcanzasen a ellos. Es entonces cuando se creó un gremio para ellos, el “gremio de los singremio”.

            A su vez, esta concesión de un gremio a los singremio vino a provocar la reacción de los patricios, con lo que el número de revueltas ya fue total (hasta que se lograron anular todos los derechos dados a los ciompi).

[28] Extendida desde Gante hacia el resto de ciudades vecinas, y que vino a generalizar la “tradición” de dirimir los conflictos sociales con levantamientos. Aquí el motivo fue el conflicto entre Brujas y Gante, pues Brujas quería hacer un puente que perjudicaba a Gante.

             La Sublevación de Gante fue liderada por el capitán de su comuna, que expulsó al conde de Gante (que estaba detrás de las negociaciones). Esto se extendió al resto de ciudades flamencas, provocando que el rey de Francia tuviera que presentarse para sofocar la contienda. Cosa que hizo en la Batalla de Roosebeke-1382, en que sometió a todos los flamencos, frenó la construcción del Canal, y controló la situación.

[29] Gibelino y pro-imperial, pero que vino a cuestionar las bases imperiales en su De Monarchia-1313.

[30] Que empezó a minar totalmente el pensamiento medieval, en su Defensor Pacis-1328.

[31] Que empezó a aportar nuevas bases filosóficas, en su Dialogus-1340.

[32] Propuesto en el Concilio de Constanza-1413, a instancias y bajo presidencia del emperador SEGISMUNDO I DE ALEMANIA.

[33] Cuyo número llegó al de 350 príncipes independientes, en el s. XV.

[34] Bajo la máxima dantiana de que “la culpa caerá sobre los vencidos, como es costumbre, y el castigo dará testimonio de la verdad” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 17).

[35] Un Paraíso del que bellamente dice DANTE: “¡oh cuánta es la abundancia que se encierra en aquellas arcas riquísimas, oh cuantas semillas buenas ha esparcido por la Tierra! (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 23).

[36] Como bien describe el propio DANTE, al decir del Paraíso, en boca de BEATRIZ, que “si todo fuera efecto solamente del enrarecimiento y la densidad, en todas las virtudes habría una sola e idéntica virtud” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 2).

[37] Como bien describe el propio DANTE, al decir del Paraíso, en boca de BEATRIZ, que “las virtudes se distribuyen aquí en más o menos abundancia, y proporcionalmente a sus respectivas masas. Pues siendo diversas las virtudes, necesariamente han de ser diversos sus frutos” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 2).

[38] Como bien describe el propio DANTE, al decir en el Paraíso que “cada virtud de lo alto se une de distinto modo al precioso cuerpo a quien vivifica, y en el cual se infunde como en vosotros la vida” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 2).

[39] Como bien describe el propio DANTE, al proponer en el Paraíso el siguiente símil sobre la virtud de lo alto, reflejada bellamente sobre el mundo real: “Toma tres espejos: coloca dos de ellos delante de ti a igual distancia, y el otro un poco más lejos. Después, fija tus ojos entre los dos primeros. Vuelto así hacia ellos, dispón que a tu espalda se eleve una luz que ilumine los tres espejos, y vuelva a ti reflejada por todos. Entonces, aun cuando la luz reflejada sea menos intensa en el más distante, verás que resplandece igualmente en los tres” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 2).

[40] Como bien describe el propio DANTE, al decir del Paraíso que: “este cielo tiene tantas estrellas, que distribuye su propio ser entre las diversas esencias, distintas de él pero en él contenidas” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 2).

[41] Como son: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

[42] Como son: fe, esperanza y caridad.

[43] Mediante esa frase dantesca de que en “la gracia del Altísimo no llueve en todas partes por igual, aunque todo cielo sea paraíso” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 3).

[44] Como bien describe el propio DANTE, al ir dándose cuenta de que el rostro de BEATRIZ se va volviendo cada vez más bello, según ascienden de un estadio a otro celestial: “Mi ojos se fijaron de nuevo en el rostro de mi dama, que en este caso no me sonreía pero me decía: Si yo riese, te quedarías como Semele cuando fue reducida a cenizas. Pues mi belleza, según has visto, brilla más cuanto más asciende por las gradas del eterno palacio (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 21).

[45] Como bien describe el propio DANTE, al decir del Paraíso que “el cielo recibe la mayor suma de su luz, y su resplandor lo mueve todo y se difunde por todo aquel sitio, resplandeciendo en unas partes más y en otras menos. Por lo que vi cosas que ni sé ni puedo referirlas” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 1).

[46] Como bien describe el propio DANTE, al decir del Paraíso que “yo estuve allí, donde la inteligencia profundiza tanto, que la memoria no puede volver atrás, de todo lo que mi mente ha atesorado (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 1).

[47] Como bien describe el propio DANTE, al decir del Paraíso que “fijé entonces mis ojos en aquel Sol, y al contemplarlo me transformé interiormente” (cf. DANTE, Divina Comedia, III, 1).