ESPECIE ELEGIDA

 

Ensayo del paleontólogo Arsuaga,

sobre la unicidad de la especie humana

 


Especie humana, surgida tras procesos climatológicos y animales precedentes

Madrid, 1 agosto 2019
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

            Juan Luis Arsuaga (Madrid 1954) es profesor de Paleontología en la facultad de Geología de Madrid y University College de Londres, aparte de miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y premio Príncipe de Asturias por su descubrimiento de la gran Dolina, especie intermedia entre el homo-erectus y el hombre de Neandertal, y llamada homo-antecessor.

            Su contribución a la prehistoria pasó por su descubrimiento de Atapuerca, yacimiento español con los cráneos humanos fósiles más completos y antiguos de la humanidad, según publicó Nature en 1992.

            Actualmente dirige el más completo Museo de la Evolución Humana del mundo, con sede en Burgos, y en el que muestra piezas mundiales de todas las etapas de la prehistoria, así como los procesos llevados a cabo en su excavación y seriación.

a) Especie Elegida de Arsuaga

            Consiste en el título dado por Arsuaga, junto a su colaborador Ignacio Martínez, a sus estudios de 1998 sobre el origen de la especie humana.

            Se trata de un intento por responder a las cualidades de unicidad y distinción de la especie humana actual, que la hicieron distinta del resto de especies animales (y posibles especies humanas) de su momento, en el momento en que la especie humana actual se desarrolló.

            Lo que no pudo ser posible sino por medio de un triunfo relativo sobre los demás. Un triunfo relativo que le hizo único y distinto en medio del mundo animal, y que el hombre moderno obtuvo por medio de aquello que en ese momento le diferenció: una inteligencia hereditaria.

            De dónde le vino al hombre esa inteligencia, y su capacidad de transmitirla hereditariamente, es lo más difícil de responder, según Arsuaga. Pues únicamente pudo suceder en el interior de su configuración genética, y que en aquellos tiempos hubiese sido adquirida:

-evolutivamente, a través de procesos evolutivos insólitos e inauditos,
-instantáneamente, a través de una mutación genética masiva y simultánea.

b) Contenido del Especie Elegida

            Comienza por exponer Arsuaga la realidad incontestable de que los humanos modernos se originaron en Africa a partir del 100.000 a.C, y reemplazaron totalmente a todas las distintas humanidades de evolución local de Eurasia:

Para un buen número de paleoantropólogos, como Gunter Brauer y Christopher Stringer, los humanos modernos se originaron en Africa hace entre 300.000 y 100.000 años. A partir de esta cuna africana, nuestra especie se expandió por el resto del Viejo Mundo y reemplazó a las distintas humanidades (neandertales y homo-erectus) que habían aparecido como resultado de las evoluciones locales, en condiciones de aislamiento reproductor, en Europa y Asia. Esta hipótesis ha sido bautizada con el nombre de Out of Africa, en referencia al hermoso libro de Isak Dinesen (cap. 15, I, 1).

            No obstante, y ante la amalgama de diferentes hipótesis al respecto, la duda está en si:

-cada línea humana moderna había evolucionado por separado,
-todas las líneas humanas modernas habían evolucionado al unísono:

La idea de que neandertales y humanos modernos no forman una secuencia de tipo antecesor descendiente, sino que pertenecen a dos líneas evolutivas independientes separadas desde muy antiguo, también ha sido defendida por distintos paleoantropólogos, desde que fuera expuesta en 1912 por Pierre Marcelline Boule” (cap. 15, I, 2).

Sin embargo, otros paleoantropólogos aprecian, en los mismos fósiles, evidencias de un origen múltiple y muy antiguo de la humanidad moderna. Para estos investigadores, cada una de las distintas poblaciones humanas que ocuparon el Viejo Mundo desde la primera salida de Africa, evolucionaron en cada región geográfica para dar lugar a las poblaciones humanas que hoy día pueblan el globo: las diferentes razas actuales” (cap. 15, I, 4).

Franz Weidenreich y Carleton Coon, por su parte, contemplaban en su formulación original que cada línea humana había evolucionado independientemente y en paralelo con las otras. Distintas poblaciones habrían evolucionado por separado en medios dispares, pero habrían acabado confluyendo en la misma especie (cap. 15, I, 5).

            Duda que trata de solventar Arsuaga, a la hora de proponer la teoría del flujo genético. Según ésta, en todas las poblaciones pleistocenas se produjo un flujo de genes de enorme magnitud, que logró mantener la homogeneidad de todas las especies humanas de Africa, Europa y Asia:

Para salvar este problema, la versión de Milford Wolpoff y Alan Thorne propone hoy día la existencia de un flujo génico entre todas las poblaciones pleistocenas, distribuidas a lo largo de Africa, Asia y Europa. Este flujo génico habría sido de una magnitud suficiente como para mantener la homogeneidad de la especie humana dispersa por tres continentes. Se trata de la Hipótesis de la Multirregionalidad” (cap. 15, I, 5).

En este sentido, los paleoantropólogos intentan desentrañar un proceso que tuvo lugar a lo largo de centenares de miles de años en tres continentes, y que implicó a millares de individuos” (cap. 15, I, 6).

La idea es tan simple como luminosa: no importa que haya pocos fósiles de las especies del pasado, puesto que el material genético de las especies vivas contiene las claves de su propia historia evolutiva” (cap. 15, I, 8).

b.1) La Eva negra

            Según el biólogo Arsuaga, las células obtienen su energía a través de una serie de reacciones químicas que tienen lugar en las mitocondrias, única célula animal capaz de almacenar material genético:

Nuestras células obtienen su energía a través de una serie de reacciones químicas muy complejas, la mayor parte de las cuales tienen lugar en el interior de una serie de pequeños orgánulos llamados mitocondrias, que además son los únicos orgánulos que dentro de la célula animal poseen su propio material genético” (cap. 15, III, 1).

            Un ADN mitocondrial que, para el caso presente, puede ser ideal para los estudios evolutivos, pues:

-su variabilidad se debe en exclusiva a las mutaciones, ya que no sufre recombinación,
-sus órganos de células huevo se transmiten de forma matrilineal:

El ADN de una mitocondria está contenido en un cromosoma circular más pequeño que los cromosomas del núcleo de la célula, y muy parecido al de las bacterias. Así, el ADN mitocondrial es ideal para los estudios evolutivos por dos razones: en primer lugar porque toda su variabilidad se debe en exclusiva a las mutaciones, ya que no sufre el proceso de recombinación; y en segundo término porque los orgánulos de la célula huevo proceden únicamente del óvulo materno” (cap. 15, III, 2).

            De este modo, según el paleontólogo Arsuaga, podemos seguir la ascendencia de un cromosoma mitocondrial, de mujer en mujer, a través de sucesivas e interminables generaciones:

En el proceso de fecundación, el espermatozoide sólo aporta sus cromosomas nucleares, por lo que la célula huevo es el propio óvulo más los cromosomas nucleares del espermatozoide” (cap. 15, III, 2).

El ADN de las mitocondrias de cualquiera de nuestras células puede identificarse con un único antecesor en cada generación: nuestra madre, nuestra abuela materna, sólo una de nuestras cuatro bisabuelas, y así sucesivamente” (cap. 15, III, 3).

No obstante, los estudios sobre la viariabilidad del ADN mitocondrial deben circunscribirse a regiones muy concretas, y comparar las peculiaridades del total de las personas con igual información genética hereditaria llevaría gran cantidad de tiempo, medios y esfuerzo” (cap. 15, III, 4).

            De estudios hechos sobre el ADN mitocondrial actual, Arsuaga aprecia la existencia de 2 grandes grupos, en cuanto al parecido genético:

-el ADN mitocondrial africano,
-el ADN mitocondrial del resto de poblaciones juntas:

El año 1987 Rebecca Cann, Mark Stoneking y Allan Wilson presentaron los resultados de un extenso estudio realizado a partir del ADN mitocondrial de 147 personas, procedentes de 5 grandes grupos humanos diferentes (caucasianos, asiáticos, africanos, aborígenes australianos y aborígenes de Nueva Guinea) y sobre el 9% del total del cromosoma mitocondrial (cap. 15, III, 5).

En primer lugar, se apreciaba la existencia de dos grandes grupos en cuanto al parecido de los ADN mitocondriales. En uno de ellos se encontraba solamente ADN mitocondrial de origen africano, mientras que en el otro aparecían los ADN mitocondriales del resto de las procedencias, junto a algunos ADN mitocondriales de origen africano” (cap. 15, III, 7).

            Los ADN mitocondriales africanos muestran mas variabilidad que el resto, lo que evidencia para Arsuaga que es el más antiguo de todos, y el que más tiempo ha tenido para acumular mutaciones:

El segundo resultado del estudio se refería a la variabilidad dentro de cada grupo. Los ADN mitocondriales de origen africano mostraban más diversidad entre sí que la existente dentro del grupo que incluía al resto de ADN mitocondriales. Esta situación fue interpretada como evidencia de que el grupo africano era el más antiguo de todos, y el que más tiempo había tenido para ir acumulando mutaciones” (cap. 15, III, 8).

            Finalmente, y según diversos análisis llevados a cabo, se puede fechar en el 200.000 a.C. cuando el ADN mitocondrial se separó en sus dos primeras líneas de evolución. O lo que es lo mismo, cuando surgió la 1ª mujer humana moderna:

Varios autores de la revista Nature, de ese mismo año 1987 y ante la conmoción que provocó el estudio citado sobre el origen de la humanidad moderna, calcularon el tiempo transcurrido desde que se produjo la separación de todas las líneas de ADN mitocondriales, y obtuvieron la cifra de 200.000 años. Ese fue el momento en el que vivió en Africa la primera mujer hasta donde podían remontarse todas las líneas hereditarias mitocondriales” (cap. 15, III, 9).

Las conclusiones de Cann, Stoneking y Wilson saltaron a los medios de comunicación, y fueron inmediatamente bautizadas como la Hipótesis de la Eva Negra, en alusión al origen africano de nuestra especie” (cap. 15, III, 10).

            No obstante, admite Arsuaga 2 críticas muy legítimas a estas hipótesis de la Eva negra del 200.000 a.C:

1ª que el ADN mitocondrial se va perdiendo en el tiempo, por obra exclusiva del azar,
2ª que la historia evolutiva de la mujer no representa el total de la historia evolutiva de la humanidad:

Las principales objeciones a la hipótesis de Cann y sus colaboradores se refieren a la interpretación que estos autores hicieron de sus resultados, y al modo en que estimaron el tiempo” (cap. 15, III, 11).

Respecto a las críticas sobre la interpretación de resultados, destacan dos argumentos. El primero incide en que es esperable que se vayan perdiendo líneas de ADN mitocondrial a lo largo del tiempo, debido exclusivamente al azar. Como pudiera ser el ejemplo del ADN mitocondrial de aquellas mujeres que sólo alumbraran varones, que dejaría de estar representado en la población” (cap. 15, III, 12).

Otra crítica hace referencia a que los estudios del ADN mitocondrial pueden ofrecer una visión sesgada de la historia evolutiva de la humanidad, ya que sólo contemplan la historia de las mujeres, que podría no ser la misma que la del conjunto de la población” (cap. 15, III, 13).

b.2) Un Adán negro

            Del ADN nuclear, por vía paterna, el biólogo Arsuaga alerta que hay un cromosoma que no experimenta recombinación: el cromosoma Y:

La mejor manera de contrastar los resultados e interpretaciones realizadas a partir del estudios del ADN mitocondrial consiste en estudiar la variabilidad de una parte del ADN nuclear que se transmita por vía paterna y que, como en el caso del cromosoma de la mitocondria, no experimente recombinación” (cap. 15, IV, 1).

El único cromosoma nuclear que cumple estas características es el cromosoma Y” (cap. 15, IV, 1).

            El cromosoma Y presenta su variabilidad en unos pocos haplotipos, entre los que es posible determinar cuál es el más primitivo. Y esto es otra valiosa novedad, en este caso para el paleontólogo Arsuaga:

Algunos de los polimorfismos detectados en el cromosoma Y tienen la característica de que su variabilidad puede resumirse en unos pocos tipos (o haplotipos) entre los que es posible determinar cuál es el primitivo, por comparación con la condición presente en los antropomorfos. Esta situación supone una valiosa novedad respecto de los trabajos realizados con el cromosoma mitocondrial, en los que se deducía cuál era el tipo primitivo” (cap. 15, IV, 2).

            Tras varios estudios realizados en esta dirección, sobre el cromosoma Y, Arsuaga enumera varias conclusiones a las que se podría llegar, así como a los resultados ya contrastados de que:

-un antepasado varón engendró a la humanidad moderna, en Africa y hacia el 200.000 a.C, a forma de Adán negro,
-los bosquimanos fue la población africana más primitiva, y la primera en socializarse,
-las migraciones africanas se produjeron en dos momentos y direcciones diferentes,
-las sociedades patrilocales se impusieron sobre las demás.

Los resultados de distintos análisis sobre diferentes polimorfismos del cromosoma Y apuntan todos en la misma dirección: la humanidad moderna tuvo un antepasado varón que vivió en Africa hace entre 100.000 y 200.000 años” (cap. 15, IV, 3).

Los dos estudios más recientes, realizados por Michael Hammer y Peter Underhill, llegan aún más lejos y señalan a los khoisánidos (los bosquimanos) como la población humana con las frecuencias más altas de haplotipos primitivos” (cap. 15, IV, 3).

También podemos obtener de los estudios sobre el cromosoma Y que la salida de Africa no se produjo en una única oleada, sino que se produjeron al menos en dos épocas muy distintas. La primera de ella tuvo lugar hace 50.000 años y colonizó Asia y Australia, mientras que a Europa llegó la otra oleada posterior” (cap. 15, IV, 4).

El aspecto que quizás resulte más llamativo al comparar los estudios del ADN mitocondrial y del Cromosoma Y es que, mientras las distintas variantes del ADN mitocondrial están muy extendidas por todo el mundo, los diferentes tipos del cromosoma Y presentan distribuciones geográficas más limitadas, y muchos de ellos aparecen restringidos a grupos locales. Según Luigi Cavalli porque los varones permanecieron en su grupo natal, mientras las mujeres extendían sus genes por todo el mundo. Y según Rob Foley porque los primeros humanos formaron sociedades patrilocales” (cap. 15, IV, 5).

c) Comentario del Especie Elegida

            ¿Es el hombre la especie elegida, o consecuencia necesaria de la larga marcha de la evolución? ¿Es el hombre un accidente, o el resultado de una de tantas opciones posibles en la historia de la vida? ¿Qué fue antes, un ser bípedo, un ser inteligente, o no fue nada antes de ser hombre? ¿Desde cuándo hablan los seres humanos? ¿Eran monógamos nuestros antepasados?

            Se trata de la introducción que Planeta de Libros ofreció para la edición que la editorial Destino publicó con motivo del XX aniversario de la 1ª edición, y en la que se añade que “sus autores se propusieron sacar a la luz las respuestas a éstas y muchas otras preguntas acerca de nuestros orígenes, a la par que ofrecer la mejor y más documentada síntesis acerca del enigma del hombre”[1].

            No obstante, sus conclusiones no han tenido en todos las mismas reacciones. Mientras para unos el Especie Elegida de Arsuaga no pasa de mera especulación hipotética, y para otros no pasa de mero refrito de hipótesis lanzadas por otros, para la mayoría existe admiración y elogio, sobre el trabajo subyacente de recapitulación y sobre las conclusiones ofrecidas. Eso sí, rechazando la idea de convertir sus resultados obtenidos en dogmas.

            Es lo que opina Carlos Castrodeza a la hora de describir la obra de Arsuaga y Martínez, que nos dice que en Especie Elegida “los dogmas mutan, se transforman y se convierten en otros dogmas, vengan o no amparados por los hechos. Y que “por añadidura, los supuestos hechos son compatibles con tantas hipótesis como tantos escritores se empeñen en construirlas. De hecho, concluye Castrodeza, “tanto los disidentes pautacionistas Gould y Eldredge, cuanto los heterodoxos y los mismos Arsuaga y compañía... todos aplican los mismos hechos para sus diferentes y contrapuestos esquemas hipotéticos[2].

            En cuanto al nudo principal del Especie Elegida, la mutación genética espontánea y universal que sustituyó en una sola vez la especie homo por la especie humana actual, el mismo Darwin encontró numerosos problemas con los biólogos, incluido el dr. Asa Gray (que proponía una cosmovisión teogónica para la selección natural) y el dr. Herbert Spencer (que proponía la supervivencia del más apto para la selección natural, a nivel también teísta). Sobre todo por eliminar la visión teísta que sus mentores Gray y Spencer sí habían visto.

Madrid, 1 agosto 2019
Mercabá, artículos de Cultura y Sociedad

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[1] cf. PLANETA DE LIBROS; La Especie Elegida, ed. Destino, Barcelona, 28 mayo 2019.

[2] cf. CASTRODEZA, C; Somos monos pero menos, en Revista de Libros, Madrid, 1julio 2019.