Semana XIII Ordinaria: Respuesta bíblica del Hombre

Madrid, 29 junio 2020
Inmaculada Moreno, Lda. en Historia

           Como hemos visto en el contenido de la Revelación, el hombre responde a Dios por la fe. Para la Biblia es la fe la fuente de toda vida religiosa, y la respuesta del hombre a Dios siguiendo las huellas de Abraham, padre de los creyentes. Una fe que según la Biblia tiene dos polos: la confianza que se dirige a una persona fiel (y reclama al hombre entero) y un proceso de la inteligencia (a la que una palabra sirve para acercarse a las realidades que no se ven). Se trata, pues, de una confianza vital, con convencimiento racional del intelecto. Si alguien te invita o te llama, por ejemplo, te interpela a que contestes. 

           En el AT, la fe es una exigencia de la alianza, en la que Dios invita al hombre a responder. Dios llama, y el hombre responde por fe. Dios habló a Abraham (mostrándole su designio magnífico) y Abraham respondió (fiándose de Dios). Dios se reveló a Moisés (prometiéndole estar con él para llevar a Israel a su tierra) y Moisés respondió (poniéndole pegas e inconvenientes, que Dios fue desbaratando). En todas las etapas de su historia, Israel pasó por dificultades, y Dios envió a los profetas para mantener la fe a pesar de ellas. Así, la fe se fue estableciendo en perspectiva de realidad futura. Una fe tan fuerte que llevó a la madre de los macabeos al martirio, antes de negar la ley o ser infiel a ella. ¿Y en qué se basaba esta fe de Israel? En su único Dios, que era el Creador, todopoderoso, Señor fiel y misericordioso, rey universal.  

           En el NT, la fe está especialmente presente en los pobres, que son los que acogen sencillamente a Jesús (en comparación con los soberbios fariseos). La fe bíblica pasa a convertirse en la fe en Jesús, y en su palabra. Todos podían oír y ver a Jesús, su palabra, los milagros que hacía... Hasta plantearse una pregunta: ¿quién es Jesús? En Hechos de los Apóstoles, la fe viva de las primeras comunidades (que eran muchas veces perseguidas) se manifesta en una gran fortaleza de ánimo, a la hora de evangelizar y de expandir el evangelio. En el NT lo específico de la fe es el acontecimiento de la última y definitiva revelación de Dios en Jesús de Nazaret. La fe se orienta a Jesús como objeto de la predicación.

           En San Pablo, la fe pasa a convertirse en una fe salvífica, iniciada por el Crucificado y Resucitado. Se trata de una fe (o respuesta humana a Dios) a la que le importa la justicia y la reconciliación, así como la nueva creación operada por Jesús, el nuevo Adán. La fe en Jesucristo significa para Pablo la renuncia al orgullo y la auto-justicia humana (Rom 3,28). Esto no significa que no sean necesarias las obras, pues la fe sin obras no sería fe. La fe nace de la escucha de la Palabra y se realiza por la aceptación de ésta (1Cor 15,1-2). Para Pablo la fe humana es a la vez personal y testimonial, que no solo pretende dar razón sino que busca influir y mover. Y alcanza su culminación cuando es proclamada (Rom 10, 9). Además, se trata de una fe que implica obediencia, renuncia a la propia voluntad y sabiduría, así como invita a la sumisión plena a la economía salvífica propuesta por Dios. Se trata de una fe (o respuesta humana a Dios) que crea una nueva situación personal y existencial, proporciona un nuevo ser (el ser en Cristo) y se actualiza al cumplir en la propia vida el destino de Jesús (Gal 2,19-21). Para Pablo, creer significa entrar en el conocimiento y comprensión de Jesucristo, que supera toda razón (Flp 4,7), acepta la necedad de la cruz (1Cor 1,18) y se deja pasar por necia a los ojos de los demás (1Cor 1,18). La fe significa la entrega del hombre a Dios.

           Uno de los textos que mejor sintetiza lo que significa la fe es la Carta a los Hebreos. A la luz de lo que nos dice el texto, quiero plantear ahora una reflexión personal sobre cómo responderíamos nosotros a cada una de las siguientes invitaciones que vamos a ir leyendo, así como la manera en que respondería el hombre de hoy. Según Hebreos:

           1º “la fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios” (Hb 11,1-2). Es el primer paso que da el autor de la Carta a los Hebreos. La fe es una certeza interior, honda y profunda, que nos hace esperar aunque no veamos con los ojos físicos, aunque vemos de otra forma con los ojos del alma donde se encuentra Cristo presente. Es la con-naturalidad con lo espiritual. Esperamos con la conciencia de esta certeza. El hombre de hoy es sumamente empírico, no cree si no ve aunque no podemos negar la existencia de las realidades del amor o de la paz. Para expresar la revelación hemos de tener y partir de esta experiencia, pues esto es la fe una experiencia de relación con el Dios que nos ama y una propuesta de esperanza.

           2º “la fe es la que nos hace comprender que el mundo ha sido formado por la Palabra de Dios, de modo que lo visible proviene de lo invisible” (Hb 11,3). La fe es así una propuesta de sentido que nos hace ver el mundo con ojos nuevos y aún sin tener respuestas a todos los interrogantes encontramos en Cristo el sentido de toda pregunta y que por tanto lo visible tiene su sentido en lo invisible. El hombre de hoy vive envuelto en la posibilidad de muchas opciones pero no acaba de encontrar una que le colme, el testimonio del cristiano ha de ir a la manifestación del sentido de todo lo visible en lo invisible.

           3º “por la fe ofreció Abel a Dios un sacrificio más perfecto que el de Caín, ella lo acreditó como justo atestiguando Dios mismo en favor de sus ofrendas, y por ella aun muerto habla todavía” (Hb 11,4). La fe es ofrecer las primicias a Dios, lo mejor, una fe fuerte entrega a Dios su vida y especialmente lo mejor de ella, en tiempo, capacidades, espacios, es una forma de preguntarnos también si la fe queda relegada a un tiempo o a un rincón de nuestra vida y no implica nuestra existencia entera.

           4º “por la fe fue Enoc arrebato de la tierra sin pasar por la muerte y nadie lo encontró, porque fue arrebatado por Dios. Antes de ello, en efecto, se dice que había agradado a Dios. Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, porque para acercarse a Dios es preciso creer que existe y que no deja sin recompensa a los que lo buscan” (Hb 11,5-6). La fe implica vivir para agradar a Dios, es decir vivir en Cristo para complacer a Dios. El día a día vivido desde esta perspectiva es una fuente de fecundidad, sé que Dios me ama y busco complacerle.

           5º “por la fe Noé, advertido de cosas que aún no veía, construyó obedientemente un arca para salvar a su familia por la fe uso en evidencia al mundo y llegó a ser heredero de la salvación que sólo por ella se consigue” (Hb 11,7). La fe supone e implica acoger la salvación de Jesús, obediencia a su palabra, aunque no entendamos porque el contenido de la fe es Dios y Dios supera nuestro entendimiento, no podemos racionalizarlo, meterlo en nuestra mente, pero la obediencia nos abre en fe al Misterio. Revisemos si pretendemos racionalizar las cosas que nos suceden y eso hace temblar los cimientos de nuestra fe porque una cosa es reflexionar sobre los fundamentos de la fe y dar razones de ella y otra racionalizar o pretender racionalizar a Dios.

           6º “por la fe Abraham, obediente a la llamada divina, salió hacia una tierra que iba a recibir en posesión y salió sin saber a dónde iba” (Hb 11,8). La fe es confianza, una confianza que lleva a fiarse de Dios dando un primer paso. Quizá no sabemos todo lo que hemos de hacer como un aparato mecánico de orientación que nos va dando el recorrido progresivamente, sino que Dios nos hace confiar y nos va dando la luz de lo que hemos de hacer no de golpe sino que damos un paso en fe y este trae otra luz, la que necesitamos para dar el siguiente. Es una fe actualizada.

           7º “por la fe vivió Abraham como extranjero en la tierra que se le había prometido, habitando en tiendas. Vivió así porque esperaba una ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hb 11,9). La fe nos hace vivir en el “hoy” pero sabiendo que nuestra mirada es la del peregrino, nos hace por tanto relativizar las cosas de este mundo, por una parte sabiendo que nuestra patria está es la Jerusalén celestial, pero además nos hace vivir desde el compromiso con el hombre de hoy, con el que nos toca expresar la realidad de lo que somos. No estamos abstraídos mirando al cielo sino que miramos al cielo para comprender, y vivir la intensidad de nuestro compromiso en la construcción del Reino que alcanzará su culmen en la eternidad, por ello no hay razón para el desánimo o la apatía, porque la plenitud la alcanzamos en la unión con el Padre. No buscamos la perfección sino entendida como fidelidad a Dios.

           8º “por la fe a pesar de que Sara era estéril y de que él  mismo ya no tenía la edad apropiada, recibió fuerza para fundar un linaje porque se fió del que se lo había prometido: por eso de un solo hombre sin vigor ya para engendrar salió una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arena de la orilla del mar” (Hb 11,11). La fe como fuerza, impulso y fecundidad, hoy en día todavía se conserva la idea marxista de que la fe es el opio del pueblo, un consuelo que te adormece pero que no te impulsa, en realidad es todo lo contrario, es consuelo porque te da paz, alegría y esperanza, pero a la vez es fuerza interior que te da coraje y audacia para emprender las tareas que sean oportunas, porque nuestra fuerza viene de Dios y no de nosotros y ahí ponemos nuestra confianza.

           9º “por la fe Abraham, sometido a prueba, estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac y era su hijo único a quien inmolaba, el depositario de las promesas aquel a quien se había dicho de Isaac te nacerá una descendencia. Pensaba Abraham que Dios es capaz de resucitar a los muertos. Por eso el recobrar a su hijo fue para él como un símbolo” (Hb 11,17-18). La fe como camino, en crecimiento pero a la vez como aquello a lo que nos agarramos en momentos de oscuridad que se entienden desde el proyecto de Dios. La fe que ha de ser purificada como Abraham.

           10º “por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú, mirando al futuro. Por la fe Jacob, a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró a Dios apoyándose en la empuñadura del bastón de José. Por la fe José cuando se acercaba su fin habló del éxodo de los hijos de Israel y dispuso lo que había de hacer con sus restos mortales. Por la fe cuando nació Moisés sus padres viendo la belleza del niño lo tuvieron escondido tres meses sin temer a las órdenes del faraón. Por la fe renunció Moisés al título de nieto del faraón cuando se hizo mayor, prefiriendo compartir los sufrimientos del pueblo de Dios a gozar de las comodidades pasajeras del pecado, porque teniendo siempre ante los ojos la recompensa, estimaba los sufrimientos de aquel pueblo consagrado como riqueza mayor que todos los tesoros de Egipto” (Hb 11,23-26), se establece así la fe como el gran tesoro, como lo más importante, como eje que vertebra la vida del hombre, de cada hombre y mujer con quien Dios tiene una historia personal de amor.

           11º “por la fe abandonó Moisés Egipto, sin miedo al futuro del rey, y se mantuvo firme como si estuviera viendo al Dios invisible. Por la fe celebró la Pascua y roció con sangre las puertas de las casas hebreas para que el exterminador no tocara los primogénitos de los israelitas. Por la fe pasaron el mar Rojo como tierra firme mientras que los egipcios que intentaron pasarlo también quedaron sumergidos... Por la fe cayeron los muros de Jericó después de un cerco de siete días” (Hb 11,27-30). Por fe vemos la mano de Dios, el poder de Dios en los acontecimientos, en lo que sucede, la fe como audacia, valentía, arrojo, como visión que te lleva a interpretar la vida y los signos de los tiempos desde Dios.

           Concluye Hebreos que “todos éstos murieron sin haber alcanzado la realización de las promesas, pero a la luz de la fe, las vieron y saludaron de lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Los que así hablan ponen de manifiesto que buscan una patria. Indudablemente si la patria que añoraban era aquella de donde habían salido, oportunidad tenían para volverse a ella. Pero aspiraban era a una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse su Dios porque les ha preparado una ciudad” (Hb 11,13-16). La fe como conciencia de pertenencia a Alguien, no estamos abandonados sino que venimos de Dios y vamos a Dios, esto nos da la conciencia de quien somos y la vinculación de sabernos hijos.

           Desde aquí hago una llamada a acoger con fe todo don y regalo venido de Dios, que gratuitamente nos está ofreciendo cada día. Y con esto termino, recordando que hasta ahora hemos estudiado el concepto de Revelación (art. I), la manera de revelarse Dios en la Biblia (a través de las etapas de la historia salvífica y del kerigma) y la respuesta bíblica del hombre a Dios (art. II). Que esta perspectiva bíblica nos ayude a responder mejor a esa alianza de amor que el Padre, en Jesucristo, ha querido establecer con cada uno de nosotros.

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INMACULADA MORENO, Colaboradora de Mercabá

 Act: 29/06/20     @taller de biblia         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A