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Entregar la voluntad totalmente a Dios
La Orden de la Visitación fue fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal como instituto de vida consagrada, bajo unas directrices propias. Promueve la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y cuenta con 190 monasterios en todo el mundo. Con la fundación de la Orden de la Visitación, San Francisco de Sales trató de acentuar la ascesis interior y no tanto los grandes sacrificios, de manera que permitiera la entrada a la vida religiosa a personas de todas las circunstancias. Esta suavidad de la Regla se veía compensada por la insistencia en la humildad, la dulzura y la caridad, como medio para lograr que el alma, libre de todos los lazos, estuviera totalmente disponible al amor de Dios y a un amor al prójimo sencillo, paciente y cercano. Las salesas nos entregamos totalmente a la voluntad divina a través de una constante renuncia interior y del crecimiento espiritual a través del amor. Respecto a la Guardia de Honor del Sagrado Corazón, ésta nació en el Monasterio de Bourg en Bresse, Francia, el 13 marzo 1863, gracias a la hermana Bernaud. Desde entonces, esta devoción está implantada en todos los monasterios de salesas del mundo, y busca reparar y consolar al Corazón de Cristo a través de los primeros viernes de mes. Nuestro hábito se compone de una túnica negra (que simboliza el arrepentimiento), un velo negro sobre la cabeza y una toca blanca que cubre el cuello. El escapulario va sobre la túnica con un cíngulo negro. Las primeras constituciones escritas por San Francisco de Sales, en 1613, no incluían la clausura, pero sí la práctica de la caridad mediante la visita a los pobres y enfermos. De ahí el nombre que también se nos daba, aparte del de salesas: el de visitantinas. Las autoridades eclesiásticas modificaron nuestras constituciones en 1616, convirtiendo la Orden en monástica bajo clausura papal, la Regla de San Agustín y la dedicación a la vida contemplativa. Desde entonces, las salesas vivimos dedicadas a la oración, al silencio, al trabajo y a la vida comunitaria. Nuestro objetivo principal es alcanzar una unión constante con Dios, convirtiéndonos en "corazones orantes" dentro de la Iglesia, sosteniendo así espiritualmente al resto de fieles. .
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