Hacer fluir la gracia en el seno de la Iglesia

Ascoli.Piceno,.11.mayo.2026
Raniero
.Cantalamessa,.asistente.de.Carismáticos

         La Renovación Carismática Católica, desde Francisco I llamada Charis, es una corriente de gracia de la Iglesia Católica que integra comunidades caracterizadas por la puesta en práctica de carismas como hablar en lenguas, la intercesión, la oración comunitaria, los retiros espirituales y jornadas de sanación.

        Históricamente, la Renovación Carismática proviene del Movimiento Carismático Pentecostal, originado a partir de la apertura del Concilio Vaticano II, y más tarde acogido por el catolicismo. Pablo VI designó a Leo Jozef Suenens, uno de los moderadores del Concilio Vaticano II, como su representante en la Renovación Carismática Católica. Identificado profundamente con ella, este cardenal belga fue el guía y soporte eclesial inicial del movimiento.

         La particularidad de Charis es, por tanto, la de ente erigido por la Santa Sede, a través del Dicasterio para Laicos, con personalidad jurídica pública.

         El bautismo en el Espíritu ha demostrado ser un medio sencillo y poderoso para renovar la vida de millones de creyentes en casi todas las iglesias cristianas. Es más, el bautismo en el Espíritu Santo, junto a la unidad del cuerpo de Cristo, y el servicio a los pobres, son el testimonio necesario para la evangelización del mundo. Esa es la gracia que habéis recibido, así que ¡compartidla, y no os la guardéis para vosotros!

         Para algunos, la Renovación Carismática es un movimiento de entusiastas e iluminados, el pueblo del Aleluya y de las manos alzadas, la panda de los que rezan y cantan en un lenguaje incomprensible, emocional y superficial. Puedo decirlo con conocimiento de causa, porque también yo estaba entre los que pensaban así.

         Para otros, se trata de un fenómeno asociado a personas que dicen realizar oraciones de curación y se obsesionan con los exorcismos. Para otros, se trata de una infiltración protestante y pentecostal en la Iglesia Católica. En el mejor de los casos, la Renovación Carismática es irreprochable, pero mucho mejor si no sale a la luz.

         Después de 50 años de vida, y con ocasión de la inauguración de su nuevo organismo Charis, quizás ha llegado el momento de hacer una relectura de esta realidad, y darle una definición que abra para ella un nuevo rumbo.

         Yo creo que la esencia de esta corriente de gracia está providencialmente encerrada en su nombre: Renovación Carismática. Es lo que me propongo hacer a continuación, a la hora de ahondar en el sentido de lo que significa renovación y de lo que significa carismática.

         Respecto al término renovación, en la Biblia se aprecian dos modos de obrar del Espíritu de Dios.

         El 1º de ellos es aquel en que el Espíritu de Dios viene sobre algunas personas, en circunstancias especiales, y les otorga dones y capacidades por encima de la capacidad humana, para desempeñar una tarea que Dios quiere. La característica de este modo de obrar del Espíritu es que se da a una persona, pero no para ella. No se le da para convertirla en más agradable ante Dios, sino para el bien de la comunidad.

         El 2º de ellos es aquel en que el Espíritu de Dios viene sobre una persona, y permanece en ella, y la transforma desde el interior, dándole un corazón nuevo y una capacidad nueva de observar la ley.

         La teología suele llamar al 1º modo de actuar del Espíritu "gratia gratis data" (o don gratuito), y al 2º modo "gratia gratum faciens" (o don que hace agradables a Dios). En definitiva, la vida nueva en el Espíritu consiste en:

-una vida vivida en la ley del Espíritu,
-una vida de hijos de Dios,
-una vida en el señorío de Cristo,
-una corriente de gracia para toda la Iglesia.

         Respecto al término carismática, los carismas no han desaparecido nunca de la vida de la Iglesia, aunque lo hayan hecho de la teología. A excepción del "hablar en lenguas", y de la "interpretación de las lenguas", ninguno de los carismas que recorren el Nuevo Testamento se ha perdido del todo.

         En este punto, he de añadir lo doloroso que ha supuesto para la Iglesia Católica la pérdida de ciertos carismas, y que esto haya dado lugar a la dolorosa hemorragia de nuestros fieles hacia otras realidades eclesiales. Por supuesto, es necesaria una expresión de fe ante cada cultura propia. De igual manera, también es necesario dar más espacio a la espontaneidad, a la alegría y a la religiosidad popular, como valor añadido y no sustitutivo del señorío de Cristo.

         Aludo aquí a dos actitudes que me parecen necesarias a la hora de mantener sanos los carismas, y hacer que éstos sirvan para la utilidad común. La primera es la virtud es la obediencia a la institución eclesial, y la segunda es la humildad. Los carismas son operaciones del Espíritu Santo, chispas del fuego mismo de Dios que han sido confiadas a los hombres. ¿Cómo no quemarse las manos con él? Esta es la tarea de la humildad.

         La imagen de la "corriente de gracia" que se dispersa en la masa guarda cierta similitud con el mundo de la electricidad. Efectivamente, junto a la técnica de la electricidad está la técnica del aislante, y cuanto más alta es la tensión, y más potente es la corriente eléctrica que pasa a través de un cable, más resistente debe ser el aislante (sobre todo, para que la corriente no provoque cortocircuitos).

         La humildad es, en la Renovación Carismática, y en la vida espiritual en general, el gran aislante que permite que la corriente divina de la gracia pase a través de una persona sin disiparse o, peor aún, provocar llamas de orgullo y de rivalidad.

         Como asistente eclesiástico de Charis, o nueva Renovación Carismática, termino con una palabra profética que proclamé la primera vez que prediqué a San Juan Pablo II: "Sé valiente, Zorobabel. Sé valiente, Josué bar Josadac. Sé valiente, pueblo entero, y ¡a trabajar, que yo estoy con vosotros!" (Ag 2,4).

.

  Act: 11/05/26         @carismas de la iglesia            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A