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Hacer atractiva la espiritualidad cotidiana
La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri es una sociedad de vida apostólica conformada por sacerdotes y seglares que viven en común, dedicados a la oración, predicación y santificación del pueblo de Dios. Fue erigida por Gregorio XIII en 1575, tiene como misión seguir el modelo de San Felipe Neri, y su carisma peculiar es la caridad, humildad y alegría. Actualmente somos algo más de 6.000 oratorianos en todo el mundo, distribuidos en 86 casas. Entre nosotros hay 580 sacerdotes y unos 5.500 seglares. Nuestras casas se llaman oratorios porque son lugares "dedicados a la oración, con un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32). El Oratorio fomenta en el pueblo de Dios el trato familiar con la palabra de Dios y la oración mental. En concreto, nuestros objetivos son: 1º Instituir una escuela de oración. La espiritualidad cristiana ha de encarnarse en un estilo de vida concreta, que atraiga a los demás. La contemplación católica, y sus preliminares ascéticos, deben presentarse hoy de una manera fresca y efectiva, para que a todos los hombres llegue la amorosa presencia de Dios. 2º Promover la dirección espiritual y la confesión. El Sacramento de la Penitencia muestra todo su poder cuando es capaz de transformar los papeles de la virtud y del vicio en nuestras vidas. De ahí que San Felipe Neri insistiese en hacerlo un sacramento cotidiano y popularmente recibido. 3º Cultivar la devoción sacramental. La comunión frecuente y la adoración eucarística son hoy frecuentes, entre otras cosas, por la devoción de las Cuarenta Horas instituida por San Felipe Neri. Nuestros oratorios son lugares de prolongada y continua adoración eucarística, abierta a todos los transeúntes y fieles. El oratoniano padre Faber describió nuestro apostolado de esta manera: "Como hijo de San Felipe, tengo mucho que ver con el mundo y con las personas que viven en el mundo. Como hijo de San Felipe, trato que las cosas vayan a mejor, y que las personas santifiquen cada día un poco más su vida". Una espiritualidad de la vida cotidiana, como explica Faber, es esencial para la salud de la Iglesia. La santidad debe mostrarse de una manera atractiva y accesible. .
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