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Propagar el Corazón de Jesús en la infancia
La Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús fue fundada en la París de 1800 por Santa Magdalena Barat, hija espiritual de los jesuitas y sensible a la propagación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús entre las niñas. La congregación creció rápidamente en varios países de Europa, y en 1818 fue implantada en 5 lugares distintos de Estados Unidos por la hermana Duchesne (también canonizada), dedicándose desde entonces al apostolado entre los indios. La sociedad fue aprobada definitivamente por León XIII en 1826, y desde entonces las religiosas del SCJ (unas 1.300, en total) nos dedicamos principalmente a la enseñanza escolar de los niños, en más de 40 países del mundo. Las religiosas del SCJ somos cristianas enviadas por la Iglesia a comunicar el amor del corazón de Jesús. Él es el sentido de nuestra vida, el origen del crecimiento de cada persona y el camino de reconciliación que la humanidad necesita. Nosotras lo creemos así, y por eso tratamos de anunciarlo. Profundizar la vida interior, y mantener el encuentro diario con Jesús, es lo que a nosotras nos sostiene y tratamos de llevar a cabo, a través de una dimensión contemplativa que acompañamos con retiros y dirección espiritual. Al mismo tiempo, tratamos de abrir espacios para que, en contextos tan diversos, nuestros colaboradores laicos también puedan explorar, desarrollar y expresar su espiritualidad. Esto nos permite escucharnos unos a otros más profundamente, y escuchar la voz de Dios que habla a través de cada uno. En cuanto a la educación que ofrecemos en nuestros colegios, las religiosas del SCJ entendemos la educación como un proceso de humanización, basado en el evangelio y en las intuiciones educativas de Magdalena Barat. En concreto, tratamos de fomentar el crecimiento espiritual, humano y apostólico de nuestros alumnos, a todos los niveles. La formación que ofrecemos es para la vida y para la misión, y nosotras tratamos de transmitirla con nuestros gestos, palabras, actitudes y opciones, viviendo personalmente cerca de cada proceso de maduración personal. Las religiosas del SCJ somos conscientes de la obra que Dios quiere llevar a cabo en nosotras y a través de nosotros, a lo largo del viaje de la existencia. Este viaje tiene sus propias etapas, sus diferentes paisajes, sus sorpresas y aprendizajes... y siempre pertenece, por entero, a Dios. .
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