|
Cuidar el alma y cuerpo de las niñas y jóvenes
La Compañía de Santa Úrsula fue fundada por Santa Ángela de Merici en 1535, como orden religiosa de mujeres dedicadas principalmente a la enseñanza, según el modelo de la Compañía de Jesús. El ideal de la compañía era asumir, en caso de necesidad, la formación de las jóvenes en el seno de sus propias familias. Fue el inicio de la primera congregación católica en dedicarse a la enseñanza de las mujeres. Hacia 1650 las comunidades ursulinas estaban ya instaladas por toda Europa, Norteamérica y América Latina. Hoy en día, nuestra orden cuenta con 164 colegios en 35 países, y más de 100.000 alumnas. Las ursulinas tratamos de mantener un espíritu familiar, servicial y cercano. Todas nos conocemos, cuidamos y respetamos. Sobre todo, fortalecemos nuestra consagración en el encuentro diario y personal con Jesucristo, nuestra razón de ser. Nuestra mirada está puesta en Cristo, y en llevar a Cristo a las niñas y jóvenes que él va poniendo en nuestro camino. Por ello, la eucaristía diaria, celebrada en la capilla, así como la confesión frecuente, la adoración al santísimo, la oración personal y los retiros espirituales, son espacios que nuestros colegios abren a nuestras alumnas, en este proceso individual de encuentro con Dios.
Las
ursulina -valientes, o jóvenes con los pies firmes en la tierra y la frente puesta en las estrellas, para así cuidar y cultivar responsablemente el jardín de su alma en medio del mundo, ante Dios y la humanidad; -única -respetuosas, inspiradas a valorar y cuidar sus vidas personales, así como trabajar en la construcción de un mundo moderno más humano y divino; -acogedoras del otro, que miren al otro como persona amada por Dios, y eso les lleve a escuchar, empatizar, incluir, ser gentiles y amables; -servidoras, aprendiendo bien lo que nos dijo nuestro Señor: "Yo estuve entre vosotros como el que sirve", con un profundo amor cristiano que inspire su entrega por el prójimo; -líderes, atentas a los signos de los tiempos y a escuchar con claridad lo que Dios y su entorno les pide, convirtiendo dicho liderazgo en un servicio a los más necesitados; -felices con lo esencial, capaces de discernir lo accesorio de aquello que es genuino, profundo y esencial. Esto les permitirá desarrollar la capacidad de asombro, admiración y gratitud por el regalo de la creación de Dios; -excelentes, que aspiren a la excelencia y al trabajo bien hecho, que den siempre lo mejor de sí y tengan siempre gusto por saber y comprender, esforzarse y ser perseverantes, aprendiendo de sus errores para así actuar con un pensamiento reflexivo; -veraces, con coherencia entre lo que piensan y hacen, buscando la unidad entre fe y vida. Para ello, necesitarán ejercer responsablemente la libertad, la autonomía personal en la toma decisiones y ser honestas en sus decisiones y actos, sabiendo el impacto que eso tiene en su entorno; -alegres, no dudando nunca que Dios les ha dado una vocación llena de ideales, sueños, convicciones y proyectos de vida. .
|