Atender a los pobres de los pobres

Kerala,.12.enero.2026
Joseph
.Michael,.superiora
.general.de.Misioneras.de.Caridad

         Cierto día, la madre Teresa nos llamó "las portadores del amor de Dios", nos dejó claro que eso es lo que teníamos que ser y que eso era precisamente lo que teníamos que dar, especialmente a las personas que realmente lo necesitaran.

         Así como el calor del sol hace a las plantas florecer, así el amor de Dios hace que la vida humana florezca. Al llevar el amor de Dios, especialmente a aquellos que tienen menos motivos para creer en él, las misioneras de la caridad estamos haciendo a la Iglesia totalmente presente en el mundo de hoy, y no sólo entre los cristianos sino entre todos los seres humanos.

         Nuestra misión concreta es hacer viva esta vida del amor divino, dedicándonos al servicio de los más pobres entre los pobres, donde quiera que se encuentren. ¿Por qué? Porque esa es la mejor manera de responder, personal y comunitariamente, a ese descubrimiento del amor de Dios.

         Ser misionera de la caridad es ser amiga de las personas más pobres, sobre todo de los rechazados y abandonados por los demás. Cada hermana se ofrece como un instrumento del amor de Dios, y se ofrece en función de las necesidades del lugar. Por lo general, a través de obras ordinarias, y siempre en contacto personal con los pobres.

         A nivel personal, cada hermana sale a buscar a los que viven solos, o a bañar a quienes van sucios por las calles, o a alimentar al que está demasiado débil para alimentarse a sí mismo, o a escuchar a quien no tiene amigos, o a dar compañía a las personas de edad. En cuanto a las personas mental o físicamente discapacitadas, las acogemos en nuestro propio hogar, y vivimos con ellas.

         A nivel comunitario, la congregación trabaja con alcohólicos, adictos, leprosos, enfermos de sida, gitanos, vagabundos y presos.

         En todas estas personas, la madre Teresa no nos inculcó ayudar a los pobres, sino transmitirles el amor de Dios, y hacer viva esa compasión divina para con los más pobres entre los pobres. Para eso fundó la familia de las misioneras de la caridad, porque eso mismo es lo que nos pide sin cesar la Sagrada Escritura. Como recuerda el propio Jesucristo, "a mí me lo hiciste" (Mt 25, 36-40).

         Esta labor no surge del activismo social, sino de la contemplación y oración. Surge de nuestra gran devoción a la madre de Dios, surge del silencio contemplativo que aprendemos de María, surge de la necesidad que hay en el mundo del pan de la palabra de Dios.

         Desnudo, sediento y solitario es todo aquel que carece del amor, y eso es precisamente lo que le falta al bebé no deseado, o al discriminado por su color. Les falta el conocimiento y un hogar, pero sobre todo les falta el amor y la dignidad humana. Las hermanas de la caridad no les ofrecemos ladrillos o libros, pero sí un corazón que entiende, que cubre, que ama. Ellos no quieren justicia, sino recobrar su esperanza.

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  Act: 12/01/26         @carismas de la iglesia            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A