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Ser memoria viva del Redentor, en clausura
La Orden del Santísimo Redentor es una orden monástica femenina fundada en 1731 en Scala (Italia) por María Celeste Crostarosa, con el apoyo de San Alfonso María de Ligorio. Nuestra misión es ser memoria viva del Redentor a través de la vida contemplativa, la oración, el silencio y el trabajo. Para las redentoristas, ser "una memoria viva" no es un camino de perfección personal, sino un viaje comunitario de amor fraterno en que el verdadero rostro de Dios pueda brillar en el mundo. Nuestro compromiso es construir la alegría de Cristo en la vida diaria, e irradiarla más allá de los muros de nuestro monasterio. De hecho, nuestra primera Regla fue precisamente una regla de "unión y caridad mutua". Todos los puntos de nuestras constituciones se introducen con un pasaje del evangelio, pues ¿cómo podemos revivir la vida de Jesús si no es recurriendo a su propia palabra? Al abrirnos a ella, las redentoristas asimilamos la vida del Maestro, que desea crecer y renacer continuamente en nosotros como una persona viva. Tratamos de concebir a Cristo en nuestro interior, como también hizo la Virgen María. Para nosotras, la oración es la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas, que nos permite reconocer a Dios como Señor y clamar: "¡Abba, Padre!". Al orar tratamos de respirar el aire de Dios, y estar en constante diálogo con el Padre. El claustro no es para nosotras una puerta cerrada sino abierta, para quienes deseen venir y buscar el rostro de Dios. Nuestro silencio es palabra de salvación, nuestra contemplación es misionera. Todo, incluso el rojo oscuro de nuestra vestimenta, está destinado a recordar el amor de Dios por la humanidad. Nuestro punto de partida y de llegada es la memoria viva del Redentor, resaltando lo de viva. No como copias inanimadas de Cristo y sus acciones, sino como Cristo mismo que se hace partícipe de nuestras vidas, como bien recordó San Pablo: "Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí". Dios mismo, por tanto, es el que imprime su memoria en nosotras, para que quienes nos ven vean a Jesús vivo y presente. Ser "una memoria viva" no significa simplemente repetir los gestos de Jesús o imitar sus acciones, sino permitir que él las realice en nosotras. De ahí nuestra obediencia a la Orden y a toda la Iglesia. Para responder a las necesidades de cada época, o hacer presente la presencia de Dios, aquí en Scala (por ejemplo) organizamos encuentros mensuales para jóvenes, laicos y familias. También preparamos a los niños para la 1ª comunión, y hasta ofrecemos dos cursos de música, uno de piano y otro de guitarra. Al hacerlo, buscamos acercar a Dios a la humanidad, y a la humanidad a Dios. .
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