Propagar el amor misericordioso de Dios

Guatemala,.19.enero.2026
Mario
.Abzalón,.superior
.general.de.Misioneros.del.SCJ

         Estando el padre Chevalier destinado a Issoudun, como vicario parroquial, en 1854 fundó una pequeña congregación para llevar a los hombres el amor misericordioso de Dios, como remedio a los males de la Francia de su tiempo. Poco después, el papa León XIII pidió misioneros para Melanesia, y ésa fue la causa de nuestra expansión, bajo nombre de Misioneros del Sagrado Corazón.

         La pequeña semilla sembrada por el padre Chevalier se convirtió pronto en un árbol frondoso, que en propia vida del fundador multiplicó sus ramas por toda Europa, Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Guinea, Nueva Bretaña, Islas Gilbert, Filipinas e Indonesia. Sí, aunque parezca mentira, todo esto ocurrió en muy pocos años, y alude al celo misionero y servicialidad eclesial de aquellos años.

         El padre Chevalier veía en el corazón de Cristo el amor compasivo del Padre, y descubrió que ése habría de ser el remedio a los males del mundo. Por eso, sus hijos misioneros vivimos en fraternidad eclesial, testimoniamos el amor compasivo del Señor y proclamamos la buena noticia del amor y bondad del Salvador, dando nuestra vida por él.

         Cuando nuestro amigo Jesús entregó su vida por nosotros, dejó traspasar su costado por una lanza, y de esa herida nos dio su espíritu. Este Espíritu Santo es el que pone su amor en nuestros corazones, y en nuestro caso el que marca nuestra espiritualidad del corazón.

         Dicha espiritualidad pasa por revisar nuestro propio corazón, a la luz del corazón de Jesús. Vistas así nuestras debilidades, no nos desanimamos, sino que nos abrimos a la conversión y transformación, dejando que sea su Espíritu quien nos modele. Para dejarse modelar es necesaria la contemplación, entrando en diálogo profundo con el Traspasado.

         De esta espiritualidad brota nuestra vida comunitaria (o don recibido de Dios, para nuestro bien y bien de la Iglesia) y nuestra misión (o realidades asumidas de los hombres, casi siempre "los males del mundo presente"), según relataba Pablo en 1 Cor 12.

         Según nuestro fundador, los misioneros del SCJ tenemos que estar en constante preocupación por las necesidades de los hombres, o lo que él llamaba "males del mundo moderno". En cualquiera de sus formas, los hijos de Chevalier estaremos allí portando el amor y la misericordia, tal como se mostró en el corazón de Cristo Jesús.

         En definitiva, nuestro carisma se construye sobre la convicción de que:

-los hombres modernos están aquejados de males materiales y espirituales, que les hacen sufrir;
-Dios ama al hombre moderno con corazón divino y humano, y a cada uno de sus hijos con amor personal;
-los cristianos estamos llamados a hacer ver y comprender este amor de Dios, a todas las personas;
-los misioneros del amor han de vivir entre ellos este amor, y llenarse de él.

         Hoy en día, los misioneros del sagrado corazón estamos presentes en 53 países de los 5 continentes. Corea, Japón e India han sido los últimos lugares donde hemos llegado.

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  Act: 19/01/26         @carismas de la iglesia            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A