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Compaginar la vida contemplativa y el trabajo apostólico
La Orden de San Pablo fue fundada en 1250 por Eusebio de Esztergom, un canónigo húngaro que reunió diversos grupos de ermitaños en el monte Urog (Hungría), y poco después en los bosques de Patacs y montañas de Pilis, para formar una comunidad unificada en torno a la figura y legado de San Pablo de Tebaida (siglo III), el primer ermitaño cristiano. Como comunidad con raíces eremíticas, los paulistas cultivamos la vida monástica. Como comunidad con raíces canónicas, los paulistas combinamos nuestra vida contemplativa y espíritu de oración con diversas formas de trabajo apostólico. Vivimos estas dos facetas de nuestro carisma (oración y acción) en vida comunitaria, siguiendo el ejemplo de Cristo (Mt 18,20). Esta combinación de vida contemplativa y apostólica ha sido nuestro distintivo desde nuestros inicios, bajo el lema "solus cum Deo solo" (lit. a solas con Dios) y a ejemplo de San Pablo de Tebaida, que animaba a comenzar toda obra apostólica con una relación íntima con Dios, yendo al desierto con Dios y luego a los caminos de la gente. En concreto, nuestro carisma se centra en: -la
contemplación de Dios, en la soledad y la oración
litúrgica; Nuestra espiritualidad paulistas tiene raíces ermitañas. Nuestro patrón vivió 90 años en el desierto egipcio, y nos legó la más pura tradición de los padres del desierto. La contemplación solitaria de Dios es nuestro elemento más importante, y de ese encuentro con Dios emana todo lo demás, incluida nuestra vida apostólica. Para comunicar a Dios a alguien, primero debo estar lleno de él, nos dejó dicho San Pablo. Otro elemento importante de nuestra espiritualidad es la lectura y la meditación de la palabra de Dios, a través de la lectio divina. Esto es para nosotros esencial, a la hora de conocer la voluntad divina sobre nosotros. Otro elemento de nuestra espiritualidad es la dimensión de la pasión. De hecho, nuestros primeros padres se llamaban Hermanos de la Santa Cruz. La madera de la cruz simboliza una vida de paciencia y penitencia, como participación en el vaciamiento salvador de Cristo. María, que estuvo al pie de la cruz, es la que preside todos nuestros monasterios y santuarios, donde numerosos peregrinos experimentan su cuidado maternal. .
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