El Mal


Lucifer, embustero y disfrazado, para poner al hombre contra Dios

Murcia, 1 agosto 2019
Equipo de Biblia de Mercabá

        Cuando Dios hubo creado los cielos y la tierra, "plantó luego Yahveh un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había creado". Dios impuso al hombre un doble mandato: que lo labrase y cuidase, y que se guardara de probar el fruto de la ciencia del bien y del mal.

        En este paraíso original, el hombre podía gozar de:

-inocencia original. El hombre y la mujer no sentían vergüenza el uno del otro, ni delante de Dios. Su alma era totalmente pura;
-gracia habitual. Dios se paseaba por el jardín, y el hombre podía ver cara a cara a Dios y el universo de Dios. Compartían el mismo señorío;
-inmortalidad. Dios no nos creó para luego destruirnos, sino que nuestro cuerpo no hubiera conocido la corrupción de la vejez y la muerte, de no ser por el pecado.

        El hombre podía disfrutar de todo sin caer en el aburrimiento, monotonía o mezcla de dolor.

a) Demonio

        "La serpiente era el más astuto de todos los animales que Dios había creado". Esta serpiente era Lucifer, ángel más elevado del cielo, y que se hizo enemigo al querer ser como Dios. Lucifer, convertido ya en demonio, arrastró consigo a 1/3 de los ángeles, pero fue vencido finalmente por Miguel y expulsado definitivamente del cielo.

        Caído al mundo, el demonio persigue por envidia a todos los que seguimos a Cristo, y nos hace pecar con su:

-tentación. Satanás tergiversa palabras y cosas, para cambiar su orden y aparentarnos lo contrario, seduciéndonos al mal;
-obsesión. Satanás nos repite recuerdos o imágenes, para debilitar nuestra voluntad y hacernos perder la fuerza o la razón;
-posesión. Satanás puede apoderarse del cuerpo (boca, miembros, cabeza…) para tratar de conquistar, desde ahí, nuestra alma espiritual.

        El demonio puede ser vencido por María Santísima, que es la "estirpe de Dios que le pisará la cabeza cuando él la hiera en el talón".

b) Pecado original

        Fue el que cometieron Adán y Eva, nuestros primeros padres. Consistió en la desobediencia a Dios, que les había prohibido probar de la ciencia del bien y del mal. No originó el "llegar a ser como dioses", sino el triple castigo divino:

-perder la situación de privilegio original,
-esfuerzo y sacrificio en los trabajos de este mundo,
-dolor y sufrimiento en las relaciones personales.

        El pecado original se transmite de padres a hijos, y consiste en la ruptura con Dios y con los demás. Supone ofender al Creador y desordenar todas las cosas creadas.

c) Transmisión del pecado

        El pecado es algo que nace con nosotros y que se manifiesta en todos los hombres. Solamente la Virgen María quedó exenta por privilegio de Dios de tener esta mancha de pecado original (Dios que pudo, le convino, luego lo hizo).

        Esta mancha del pecado se puede borrar con el bautismo y siempre que nos confesemos. Pero una huella de lo que allí ocurrió siempre volverá a salir, y reproducirá otra vez la misma historia.

        El cristiano no desespera, sino que lucha contra él, y así ya lo está venciendo. A pesar de que el pecado siempre nos inclinará al pecado y a la concupiscencia (inclinación al mal).

d) Realidad del mal

        En este mundo, vemos que junto a tantas cosas buenas y hermosas, existen también las guerras, enfermedades, catástrofes, el hambre… realidades originadas por la naturaleza o creadas directamente por el hombre.

        Se puede decir que existe un mal:

-de tipo material: guerras, hambre, vicios, bajezas, maltratos… de todo lo que vemos y palpamos a diario;
-de tipo espiritual: miedos, depresiones, estrés, competencias… de todo lo que vamos guardando y deseando en nuestro interior;
-de fondo: interrogantes como ¿por qué no vence el bien? ¿por qué cuesta todo tanto?... que nos llevan a buscar respuestas en Dios.

e) Origen del mal

        Efectivamente, en Dios y en la Biblia se explica el origen del mal. Es verdad que la culpa y causa primera del mal es siempre el pecado. Pero también existen otras 3 causas secundarias:

-propia naturaleza. A veces el propio ciclo natural de las cosas tiene sus imprevistos, o nace con defectos o heridas;
-estructura humana. En ocasiones el mal es producido por la propia forma de ser de las personas, que somos limitados, tenemos manías o preferencias, y nos vamos desgastando poco a poco;
-libertinaje. Es el mal uso de la libertad, que a veces se tuerce del buen camino, o se mete en situaciones de riesgo o donde no le llaman.

f) Sentido del dolor

        Pero la razón última que explica el mal radica en el sentido que las personas damos a las cosas. Por ejemplo, una enfermedad bien llevada, o un nacimiento o accidente desafortunado ofrecido con valentía… puede alcanzar de Dios su gracia especial y su predilección, aparte de que:

-nos purifica por dentro, haciéndonos más humildes y más realistas,
-nos fortalece por fuera, iluminando otras facetas, cualidades, constancia, familiaridad.

 

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