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Ecología y Banca Wolfgang
Sachs
Para
disminuir la pobreza, fomentar el desarrollo sustentable y proteger el medio
ambiente es vital reformar las instituciones económicas globales. Hoy en día,
el sistema económico global es una de las principales causas de la destrucción
social y ambiental, y el responsable del aumento de la brecha entre ricos y
pobres. a)
Enfriar
el dinero caliente Desde la crisis asiática de 1997, los directores de los bancos centrales y los ministros de economía del grupo de países más ricos, llamado G-7, han pedido sin cesar un nuevo sistema financiero global. Aún después de las crisis de 1998, que involucró a Rusia (y luego a Brasil, Turquía y a Argentina, en 2002), la retórica oficial no ha sido acompañada de resultados.
La continua agonía
de Argentina, un país rico en capital humano, social y ambiental, es un ejemplo
del fracaso del Consenso de Washington (exacerbado por el sobrevalorado dólar
norteamericano como la reserva monetaria de facto). El dólar estadounidense
nunca fue diseñado para ejercer ese rol, y es obvio que el régimen del dólar
no es sustentable.
El
papel hegemónico del sobrevalorado dólar estadounidense como la moneda de
reserva global, continúa creando serios desequilibrios y amenazas a otras
monedas vinculadas a ella, como sucedió en Argentina. En la década de 1990,
EE.UU fue un
imán para la fuga de capitales a nivel mundial, y lo sigue siendo, a pesar de
haberse reventado la burbuja de la nueva economía. Para controlar las turbulencias actuales, es esencial un régimen de divisas globales más estable. Algunos países en desarrollo, incluso China y Venezuela, se han dado cuenta de la necesidad de diversificar sus reservas de divisas hacia monedas más independientes del dólar y han adoptado el euro. Esta es una estrategia win-win pacífica global para equilibrar los desbalances en el mercado de divisas. La necesidad de regular los mercados de capital globales ya es ampliamente reconocida, que junto al nuevo enfoque para creación de una divisa de reserva global, como podría ser (por ejemplo) un régimen de paridad dólar-euro, respaldado por los SDR (derechos especiales de retiro).
Esta paridad entre el
euro y el dólar ofrecería al G-7 la oportunidad de colocar estas dos
importantes monedas juntas en una banda comercial. Esto contribuiría de manera
significativa a la estabilidad en los mercados globales de divisas. Una pregunta
abierta en esta dirección es, si la OPEP estaría dispuesta a valorar su petróleo en euros (cambio que
ayudaría a acercar al euro y al dólar hacia una paridad).
Las
finanzas que supuestamente sirven a los procesos de intercambio y producción en
el mundo están desvinculadas de las economías locales. En forma creciente, los
flujos de dinero están divorciados de las decisiones sobre políticas públicas
nacionales, asuntos locales, la vida de las comunidades y de los sistemas
naturales. Dominar el casino global de las transacciones financieras hoy desreguladas es una tarea urgente. En particular, es prioritario controlar los flujos de corto plazo del dinero caliente (divisas e inversiones de portafolio) que han llegado a ser las vías de transmisión de la destrucción ecológica, de la degradación de la subsistencia y de las políticas socioeconómicas en muchos países. Estos flujos económicos son mucho más cruciales para la agenda del desarrollo sustentable que el comercio, y hacen parecer irrelevantes las transacciones globales relacionadas con el comercio, dado que sólo constituyen un mero 10% de un total diario de 1,5 trillones $ en intercambio de divisas. Ese 90% de estos flujos diarios de 1,5 trillones $ no vinculados al comercio es lo que intentan cubrir los impuestos sobre el intercambio de divisas. En la Cumbre Social de la ONU, en Ginebra, en julio de 2000, unos 160 gobiernos se pusieron de acuerdo para desarrollar estudios de viabilidad para impuestos sobre el intercambio de divisas, incluida la tasa Tobin, la cual propone un impuesto muy pequeño (0,05% o menos) a todos los intercambios de divisas.
Existen también muchas otras maneras de recolectar tales impuestos. Se
estima que los ingresos de un impuesto de sólo 0,01% del mercado de divisas serían
de entre 50.000 millones $ y 300.000 millones $ anuales. b)
Aliviar
la carga de la deuda externa
Las
deudas no pagables restringen la vitalidad y el espacio político. Por lo tanto,
el alivio de las deudas es esencial para la recuperación de espacios sociales y
económicos, y para restaurar la iniciativa política en los países más débiles.
En
muchos sentidos, las deudas impagables de los Países Pobres Altamente
Endeudados (HIPC) se consideran odiosas, porque fueron incurridas en
tratos corruptos entre políticos y sus socios empresariales y financieros, y
deben ser repudiadas. Debido a los altos niveles de deuda, los gobiernos a
menudo se ven obligados a ignorar los derechos humanos y subordinar las
necesidades de la gente a los intereses de los acreedores extranjeros. La rápida reducción de las deudas impagables es necesaria, pero no suficiente para sentar las bases de caminos alternativos hacia la sustentabilidad. Además, muchos de los países en desarrollo endeudados podrían buscar protección en la bancarrota.
El modelo más apropiado es el del
art. 9 de la Ley de Quiebras
norteamericana, que cubre las bancarrotas municipales, permite continuar con
todos los programas (sociales, servicios y gastos públicos) y protege a las poblaciones vulnerables de los países que buscan
protección bajo esta ley. También es esencial eliminar los programas de ajuste estructural, renombrados eufemísticamente como programas de "disminución de la pobreza", debido a que éstos han impuesto muchas condiciones inadecuadas basadas en la ortodoxia del Consenso de Washington. Es necesario redirigir, democratizar y reestructurar tanto el FMI, como el BM para misiones más limitadas, y hacer más transparentes y responsables a todos los países, no sólo a sus accionistas ricos.
En todo caso,
reconozco que la deuda ecológica, con las
consiguientes ganancias económicas acumuladas por el norte a lo largo de
siglos, tiene mayor relevancia que la deuda financiera acumulada recientemente
por el sur. Ignorar la historia de la apropiación de la naturaleza, mientras se
coleccionan sin piedad las deudas financieras, sólo refleja la hipocresía de
los más fuertes. c)
Incorporar
y promover el trueque
El
trueque ha sido un espacio de vida económica para los 2 millones de seres
humanos que no son parte de las economías urbanizadas y monetarizadas. Los países
crearon asociaciones de deudores, tal como el sistema COMECON de la URSS,
antes de su colapso en 1991, mientras que las empresas también intercambian, a
nivel nacional e internacional, 1 trillón $ anuales en bienes y
servicios. Todo esto era ineficiente (y torpe) antes de la computación y el internet. Hoy es facilísimo, y el trueque tiene varias ventajas en comparación
con el intercambio en base a las divisas. El trueque permite a las economías basadas en los recursos y materias primas, el intercambio directo entre ellas, sin la necesidad de ganar o poseer antes divisas de monedas claves. Los gobiernos, por ejemplo, pueden procurarse los bienes capitales necesarios y los componentes de infraestructura (mediante el trueque entre ellos), así como las empresas truecan tiempo publicitario, banda ancha, pasajes aéreos, habitaciones en hoteles, equipamiento y una gama de otros bienes y servicios.
Todo esto se puede facilitar con programas de
computación que sepan manejar los regímenes tributarios de los distintos países,
y todos los sistemas de liquidación requeridos, para este tipo de intercambio
basado en la información.
Los
economistas tienden a calificar el trueque como primitivo (como enseñan
los libros), pero serán las compañías de trueque por internet y los cambistas
reales, con bienes reales, los que harán obsoletos a los libros. ¿Cómo
facilitar el trueque entre los 2.000 millones de personas en el mundo que se
encuentran fuera de los sistemas económicos? Esos excluidos no son pobres (como los economistas llaman a la gente sin dinero). Estos 2.000 millones de personas, ricas en recursos, suelen llevar una vida sustentable. Hoy en día, los micro-generadores solares fuera de la red, tal como los que abastecen a pueblos rurales en África y Asia, proporcionan la conectividad.
Se
puede acceder al trueque, a nivel global y a nivel local, a través de
instrumentos baratos. Los pobladores de una localidad pueden encontrar otros
grupos locales con quienes trocar, liberándose de hacer un largo viaje, a un
pueblo con un mercado, y con poca seguridad de vender sus productos. Hoy, cualquier persona con escasez de dinero nacional oficial puede participar en tantos trueques como sea necesario. Estos incluyen intercambios de alta tecnología usando computadoras personales, sistemas de intercambio local (LETS) y los numerosos tipos de monedas locales que ahora circulan en cientos de pueblos en EE.UU, Europa y otros países del OECD. Estas herramientas pueden complementar las escasas monedas nacionales donde la política monetaria está mal concebida, o es demasiado restrictiva, para ayudar a vaciar los mercados locales, emplear a la gente local y proporcionarles un poder adquisitivo alternativo local. En resumen, ninguna estrategia para reducir la pobreza estará completa sin dar espacio al trueque. .
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