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Ecología y Trabajo José
Ramón Flecha
La preocupación
por la ecología no puede quedarse en estériles lamentos
o en rotundas declaraciones de buenas voluntades, sino que requiere un esfuerzo plural y
concertado orientado a la educación de las conciencias. Comporta también una
serie de políticas y estrategias, a la hora de favorecer el respeto al medio ambiente.
En
ambas líneas se encuentra necesariamente una reflexión sobre el trabajo humano,
y su relación con el medio natural. Aquí se ofrecen tan sólo algunos apuntes
para una eventual ética ecológica del trabajo. a)
Antropocentrismo y biocentrismo
Hoy
en día, se ha convertido en un tópico acusar a la cosmovisión judeo-cristiana
de haber aportado las semillas para la degradación del medio ambiente. Se dice
que la matriz religiosa de ese pensamiento habría asumido de forma literal y
acrítica el mandato divino, según el cual el ser humano, creado a imagen y
semejanza de Dios, habría de crecer, multiplicarse y dominar la tierra. En consecuencia, se acusa al judeo-cristianismo de haber puesto en circulación una concepción filosófica basada exclusivamente en el paradigma del antropocentrismo, según el cual: -todo el mundo natural estaría al servicio del uso y expuesto
al abuso del ser humano,
Se dice que el
antropocentrismo teológico debería dar paso al biocentrismo, e incluso a
un nuevo cosmocentrismo.
Al
enarbolar esta acusación, típica de la llamada Deep Ecology, se olvida que
para la teología judeocristiana la afirmación de que el
ser humano ha sido creado a imagen de Dios es precisamente una forma de subrayar
la responsabilidad, conferida por Dios al hombre (vicario e imagen suya, para
que lo represente en el cuidado respetuoso de su propia creación.
Antes
de que naciera el moderno ecologismo radical, ya Pío XII repetía que la mencionada frase bíblica
("dominad la tierra") ha de ser entendida en
clave de responsabilidad moral, y no de explotación física. Al ordenar al hombre que domine el medio
ambiente, Dios le ha pedido que aprenda a dominar su propio dominio. Los cristianos no pueden ignorar las acusaciones provenientes de la Deep Ecology. Es cierto que no pueden limitarse a responder a ellas con una fácil apologética, pero sí que habrán de estar dispuestos a dialogar, preguntando a su vez: -si el cosmos
es, en sí mismo, objeto de derechos, b)
Límites del crecimiento
El
año 1972, el Club de Roma publicó un libro que resultó ser un auténtico
acontecimiento editorial. Se titulaba Límites del Crecimiento, y vendió
9 millones de ejemplares en 29 idiomas. Los autores pronosticaban que en 20 años el planeta Tierra alcanzaría su límite de desarrollo físico, si no
cambiaban las tendencias económicas y de crecimiento de la población.
Las
pruebas científicas demuestran que aquel pronóstico no era exagerado. En el año
1992, Meadows y Randers publicaron Más allá de los Límites
del Crecimiento. Sirviéndose de un método de análisis de sucesivos
escenarios, ambos llegaron a la misma conclusión: que se habían rebasado ya
ciertos límites máximos de explotación del planeta. E incluso se atrevieron a
profetizar que el s. XXI asistirá al colapso total de nuestro mundo, si persistían las tendencias actuales de consumo y degradación de la tierra. Según los autores citados, la solución a este desastre ya no podía ser ya de tipo técnico, sino ético. En concreto, insistieron en que era preciso: -establecer redes de
comunicación y cercanía entre los pueblos, c)
Sentido ecológico del trabajo
En
el marco de la antropología ecológica, el trabajo nos remite a la triple
dirección que configura la relacionalidad humana. El hombre se hace (y se
deshace) según sea su relación con lo otro, con los otros, y con el absolutamente Otro. c.1)
Relación con lo otro
Nos
recuerda que por medio del trabajo modificamos las cosas que nos rodean y en
concreto el medio ambiente. El trabajo modifica el paisaje y manipula las
llamadas materias primas. Una mínima reflexión ética nos ayudará a
preguntarnos sobre el sentido, la finalidad y el modo de esas trasformaciones. En muchas ocasiones el trabajo humano expolia la naturaleza y degrada el medio ambiente. En esta especie de fatal círculo vicioso, el medio ambiente, una vez deteriorado, dificulta el trabajo humano y lo convierte prácticamente en inútil.
El medio ambiente, herido o muerto, haría difícil y hasta imposible el trabajo
humano. En consecuencia, es preciso redefinir en cada tiempo y en cada lugar la
comprensión del trabajo humano, su forma de ejercicio y su orientación
respecto a la naturaleza. Los fines, por nobles que sean, no justifican
cualquier medio. c.2)
Relación con los otros Evidencia el hecho de que el trabajo (y también el ocio) es un medio privilegiado de acercamiento a los otros o bien de distanciamiento y conflicto respecto a ellos. Trabajar debería significar siempre, por tanto, colaborar.
En la práctica, muchas
formas de trabajo se convierten en atentado contra la libertad de los demás, y
hasta contra su misma subsistencia. Así ocurre, por ejemplo, en la explotación
masiva de amplias zonas del planeta, que llega a poner en grave peligro la
subsistencia y hasta la pervivencia de pueblos nativos. c.3)
La relación con el Otro La naturaleza en concreto, y todo el cosmos en general, nos lleva al reconocimiento de la soberanía de su Creador, y a la grandeza y equilibrio de su creación.
El
absolutamente Otro, revelado a las grandes religiones como
presencia paternal y benévola, es sustituido con frecuencia por otras imágenes
del Absoluto, como la producción o el consumo, el interés o el poder. En esos
casos, el trabajo se convierte en una blasfemia, y el medio ambiente es sometido
a la prostitución y a la esclavitud. d)
Papel ecológico del trabajo
La relación entre el trabajo humano y el respeto ecológico al
medio nos invita a preguntarnos qué papel juega el trabajo en la vida humana y
qué significado recibe en la realidad. La primera pregunta es ontológica y la
segunda ética.
Pero las dos configuran una antropología global y, a la vez, dependen de ella. Lo queramos o no, el trabajo humano es siempre un servicio. Por desgracia, también pude convertirse en un anti-servicio. Originalmente, entendemos al trabajador como un servidor. Con independencia del trabajo objetivo realizado, todo trabajador ha de ser imaginado como un servidor de sus semejantes.
Dicho esto, es preciso añadir que, en la reflexión ecológica y
ecoética, ese servicio ha de ser pensado en un marco sincrónico y diacrónico.
Es
preciso preguntarse si el trabajo actual constituye un auténtico servicio a los
hombres y mujeres que viven hoy en el planeta, en cualquier parte del planeta
(aspecto sincrónico).
Es preciso preguntarse también si el trabajo actual constituye un verdadero
servicio a los hombres y mujeres que nos han de suceder en las próximas
generaciones (aspecto diacrónico).
Evidentemente,
la ética cristiana considera este doble servicio a la luz de la vocación a la
caridad, que ha de extenderse no sólo a los hermanos que conviven hoy en el
mundo, sino también a los que han de vivir en el futuro y han de heredar un
patrimonio planetario aceptable. e)
Respeto laboral a la ley natural
La modernidad ha admitido y difundido una nube de descrédito con
relación a la categoría filosófica del derecho natural y de la ley natural. En consecuencia, tanto la ética individual como las instituciones públicas,
se han visto obligadas a buscar una nueva forma de regulación sobre la base del
iuspositivismo más radical.
Sin
embargo, en los últimos tiempos las cosas parecen estar cambiando. La
modificación cultural a que nos referimos parece volver a valorar la majestad y
normatividad de una posible ley natural. Esta nueva orientación se puede descubrir al menos en 3 ámbitos característicos de la cultura contemporánea: -la afirmación de los derechos humanos, Curiosamente, esos 3 ámbitos de pensamiento y de acción encuentran un importante punto de confluencia en la reivindicación de la dignidad subjetiva del trabajo, que fue postulada por Juan Pablo II en su Laborem Exercens. .
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