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Ecología y Juventud Daniel
Lázaro
El
propósito de este artículo es aportar mi testimonio como joven que he
estado en contacto con asociaciones ecologistas y ahora trabajo en el medio
rural. a)
Situación de la juventud
La
situación actual de la juventud es cambiante, como corresponde a una época de
cambio.
Mirando los informes recientes, los jóvenes de estos últimos tres años han cambiado. Estamos en un momento en
que, lo que
hace tres años valía, ahora deja de valer. Todo vale, y hay una carencia de valores estables.
Los
jóvenes son los que tienen la fuerza del cambio. En este sentido, hay que
superar el fatalismo de que no hay nada que hacer, y ese poso de resignación
con el que se vive el día a día, a todos los niveles.
Existe
también en la juventud una carencia de reflexión y de debate, y en general no existen medios suficientes de discusión
serena en la calle. Todo está muy mediatizado. b)
Asociacionismo ecológico juvenil
El
movimiento ecologista surgió a finales de la década de 1980, y en los primeros
años de 1990 tuvo un momento de gran auge, con sus efectos sinérgicos de objeción de conciencia y
anti-militarismo.
En
ese proceso inicial ecologista hubo implicada mucha gente joven, pero en los
últimos años de 1990 se produjo un bajón del asociacionismo, incluido el
ecologista. Ya en el s. XXI, esta crisis del asociacionismo afecta por igual a
asociaciones de carácter social, político, sindical, ecologista... y tan sólo
se salvan las de carácter más ocioso (deportivas, recreativas...).
Actualmente,
la insatisfacción ecologista se canaliza juvenilmente a través del movimiento
anti-globalización,
donde se intenta profundizar para que no se funcione sólo por
impulsos, como ocurría en los inicios del movimiento ecologista.
Al
mundo juvenil le falta serenidad, y al movimiento ecologista ofrecer una visión de
conjunto. De hecho, los jóvenes se comprometen de forma puntual y temporal,
pero no existe esa visión global. Falta asumir, por tanto, ese "estamos aquí
para trabajar", tanto ahora (que somos jóvenes) como cuando tengamos hijos y
como opción vital, con la idea de estar siempre trabajando por transformar la
situación actual y construir otra sociedad alternativa.
Por
su parte, los jóvenes cristianos tienen que implicarse en este proceso, con su
visión de conjunto y su visión
integradora total. Y no sólo como grupo eclesial,
sino integrados en las asociaciones ecologistas que ya existen. De esta forma,
estarían haciendo eso de "ser fermento en la masa" y "ser luz
para el mundo", que por otra parte es únicamente civil y no eclesial. Sólo se puede afrontar el reto ecológico con realismo, desde abajo y con los otros. Sólo se puede cambiar este mundo, y cuidar la "casa común de Dios", trabajando de la mano y defendiendo o que es justo. El movimiento anti-globalización, que está tomando tanta fuerza (especialmente en Francia), ha partido de abajo, y ésa es la clave por la que está cuajando. La sociedad actual está tan desprestigiada por los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones subvencionadas... y la Iglesia, si ésta sigue siendo un blanco fácil más.
Los
cristianos deberían salir de su mundo eclesial y meterse en el mundo real, y
con doble valor decir: Aquí estoy, luchando con vosotros por transformar el mundo.
Hay que transformar con otros, hay que superar el confort o la seguridad, hay
que apostar las propias vidas. c)
Jóvenes en el mundo rural El mundo actual se está volviendo urbano, pero el mundo rural sigue ahí y, en el futuro, posiblemente se convierta en un mundo híbrido de norte y de sur, que va a remolque de uno y ofrece un puente al segundo norte. Hablar de ecología en un mundo rural es muy distinto que hacerlo en el medio urbano. El campo, la montaña, o el descampado, es el lugar donde se lleva un estilo de vida más ecológico, y curiosamente el que más complicado tiene su pervivencia. El ecoturismo no es la solución al mundo rural, sobre todo si no se compagina con un aprovechamiento sostenible del medio. La solución pasa por que las nuevas generaciones de jóvenes apuesten por lo rural, se trasladen a vivir a él y aspiren a llevar un estilo de vida diferente al que se les vende.
Más aún,
la solución pasaría por insertar el mundo rural en un modelo de desarrollo
nacional, donde no todo sea apostar por la costa y las grandes ciudades, o por los servicios,
sino por los pueblos y el sector económico primario, que es, en definitiva, el medio rural. En los ámbitos perdidos, o de semilla de futuro, debería ser donde los cristianos tendrían que apostar, sobre todo si creen en su opción preferencial por los pobres y están dispuestos a trabajar decididamente por la construcción de su Reino. .
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