Energía Sostenible

Wolfgang Sachs
Mercabá, 16 febrero 2026

        En los últimos 50 años la política económica de muchos países del sur se ha basado en la premisa, y en que la economía rural crezca al integrarse en la economía urbano-industrial. En otras palabras, en que sólo crecerá si se beneficia del chorreo del progreso económico nacional.

        La principal tendencia actual es invertir esencialmente en la industria (tanto pesada como liviana, pero siempre grande) y en la infraestructura urbana, donde se presuponen mayores ganancias que en las iniciativas pequeñas y descentralizadas.

        Cada inversión implica más consumo de energía y más entropía. Por ello, para generar formas de subsistencia sustentable se requiere masificar y descentralizar las iniciativas del sector privado y de las organizaciones sin fines de lucro.

        El objetivo es producir bienes y servicios para el mercado local con bajo poder de consumo. En las pequeñas empresas sustentables, el costo de capital para crear un empleo es mucho menor que en el sector industrial, y las ganancias por inversión pueden ser mayores.

        Todo esto es lo que se está haciendo hoy en día, de forma descontrolada y con un agotamiento exponencial de los recursos y material. De hecho, de seguir así acabarán surgiendo brutales luchas por el control y posesión de las materias primas, a todos los niveles.

        Esto requiere pararse a reflexionar, sobre la conveniencia de cambiar de sistema o hacer éste más sostenible.

        Si se opta por hacer el sistema actual más sostenible, las empresas deberán ser más descentralizadas, eficientes y respetuosas (respecto de las restricciones sociales y naturales) que la industria actual. De lo contrario, no serán capaces de crear empleos a menor costo que los que crea la economía globalizada, y tampoco de incrementar la productividad (en el uso de recursos y energía, en un factor 10 veces menor al nivel actual).

        Las empresas sustentables han de ser forzosamente descentralizadas. Han de ser mini-negocios con alta tecnología, ambientalmente seguras y productivas para el mercado local. Por supuesto, van a encontrar problemas en el acceso a instrumentos de apoyo tecnológico, capacidad de gestión, métodos de marketing, acceso al crédito y financiación.

        Actualmente, la accesibilidad a estas herramientas es facilitada por internet. Un portal apropiado, en efecto, puede entregar asesoría rural y monitoreo, servicios de intercambio y fuentes de información, y no está limitado a las empresas.

        Los pueblos también pueden acceder a información sobre los precios de materias primas y los registros de propiedad. Pueden comprar insumos como semillas, maquinaria, repuestos y artículos para el hogar. Dicha red de información también puede difundir tecnologías para las energías renovables, y servir a pequeñas empresas y comunidades por igual.

a) Proteger la naturaleza, a través de energías renovables

        Las políticas energéticas generalmente son concebidas y diseñadas por quienes controlan el sector moderno. Es decir las élites para quienes los combustibles comerciales (no renovables, basados en los fósiles) son la única fuente de energía legítima y aceptable.

        Desde esta perspectiva, se da por sentado que el desarrollo significa crecimiento, que el crecimiento significa un aumento en el uso de energía, y que un aumento en el uso de energía significa incrementar el suministro de energía.

        Bajo esta visión, se identifica a la energía con la electricidad, a la electricidad con los sistemas de redes centralizados y a las redes nacionales con el petróleo (o con la producción energética en base a carbón).

        Las decisiones energéticas en el sector moderno son tomadas generalmente por economistas e ingenieros que rara vez toman en cuenta las necesidades de la mayoría marginada. Al contrario, la élite especializada elige proyectos hidroeléctricos o plantas nucleares, o bien plantas de energía basadas en combustibles fósiles (porque dichas tecnologías son de gran escala, y ofrecen grandes oportunidades a inversionistas e ingenieros).

        Por ello no es sorprendente que los países estén saturados de grandes centrales. La capacidad instalada de generación eléctrica usualmente sirve a ciudades e industrias consumidoras de energía, y a grandes intereses agrícolas.

        Los pobres, sin embargo, deben satisfacer sus necesidades con las llamadas eufemísticamente fuentes de energía "no comerciales", tales como leña, estiércol de vaca, ramas y desechos agrícolas. De hecho, la energía "no comercial" en muchos países del sur constituye casi un 50% de la energía total utilizada.

        Esta es una tendencia que ha persistido a lo largo de décadas, y dadas las actuales tasas de crecimiento de las diversas fuentes de energía, es posible que la tendencia continúe en el futuro.

        Sin embargo, la energía "no comercial" impone una fuerte presión a los bosques y matorrales, ya que la población de bajos ingresos aprovecha los árboles y arbustos libremente disponibles. La falta de energía comercial o la dificultad de acceder a ella suele generar degradación del patrimonio natural.

        Ello significa un desastre gradual y silencioso, dado que más de 2.000 millones de personas a nivel mundial no tienen acceso a electricidad, ni a servicios energéticos básicos. Por razones sociales (creación de empleos, y mejora en la calidad de vida) y ambientales (protección del clima global, y protección de los sistemas vivos locales), las energías renovables deben ser parte de cualquier estrategia para asegurar la subsistencia a largo plazo.

        A pesar de las grandes inversiones de gobiernos, agencias internacionales e incluso empresas, la difusión comercial de las energías renovables tiene aún un largo camino que recorrer. Existen éxitos aislados de sistemas solares fotovoltaicos para bombeo, iluminación, televisión comunitaria y otras aplicaciones, pero principalmente en lugares apartados, donde es demasiado caro conectarse a la red nacional.

        Muchas aplicaciones de la energía (como cocción de alimentos, calentamiento de agua y calefacción) requieren sólo una pequeña fuente de energía. Por ello es importante diseñar y fabricar en escala masiva aparatos solares domésticos. Algunos países han tenido éxito con cocinas mejoradas, calentadores solares de agua y otros aparatos similares, pero lo típico es que la demanda se agote cuando se retiran los subsidios para popularizarlos.

        Después de la producción de energía y del transporte, la construcción es el sector que consume más energía. Muchos materiales de construcción tales como cemento, acero y ladrillos consumen mucha energía en su fabricación. También se necesita energía en los edificios durante las horas operativas, para la iluminación, calefacción y enfriamiento.

        Debido a que las actuales prácticas industriales son bastante ineficientes, en la mayoría de los países existe un gran espacio para mejorar la eficiencia energética en la fabricación y distribución de los materiales de construcción.

        Por ejemplo, construir casas con bloques de barro no cocidos (en vez de ladrillos) puede ahorrar varias hectáreas de bosques que serían usados como combustible. También se puede ahorrar más energía usando sistemas solares pasivos para calentar y enfriar edificios. Sin embargo, aparte de algunos experimentos aislados, no se ha logrado mucho en este sector.

        La biomasa es otra forma de conversión de la energía solar, y la más común en los países del sur. Grandes cantidades de biomasa son quemadas al cocinar y calentar, mientras pocas cantidades se convierten en gas metano a través de sistemas anaeróbicos o a través de la pirólisis.

        Esta área ofrece muchos beneficios; constituye un mercado descentralizado y de poca inversión, pero realmente enorme, lo que podría ser un nicho para pequeñas empresas sustentables. Además, muchos países y regiones tienen condiciones metereológicas, que favorecen el uso de la energía eólica e hidráulica (a mini escala), dos tecnologías muy prometedoras.

        Desgraciadamente, el valor de los diseños comercialmente disponibles en estas áreas, aún no son suficientemente atractivos como para ampliar esta tecnología.

b) Iniciar ya la transición energética

        El 1º paso para una transición energética es introducir sistemas y tecnologías para evitar las pérdidas de energía.

        Para hacer eso posible existen soluciones técnica y económicamente posibles y fáciles de introducir. Las medidas de eficiencia y conservación energética van desde intervenciones tecnológicas que reducen pérdidas hasta generar diversos tipos de energía según el área de uso específico.

        Actualmente disponemos de gran parte de la tecnología necesaria para dar este paso, pero se requiere políticas e incentivos fiscales para acelerar el proceso.

        El 2º paso es reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de la energía nuclear.

        Ambas son graves amenazas a la sustentabilidad, y se basan en recursos limitados y sus emisiones y desechos significan riesgos inaceptables. Es urgente poner en un lugar prioritario de la agenda política un cambio hacia formas de energía más sustentables, benignas y accesibles.

        Aunque las energías renovables no están libres de problemas ambientales, sí ofrecen numerosas ventajas sobre los combustibles fósiles. No obstante, no aumentará el uso de las energías renovables si no se producen cambios fundamentales en las políticas tecnológicas y fiscales, en los sistemas de fijación de precios y en los procedimientos de subsidios y adquisiciones.

        También se requiere importantes inversiones en investigación y desarrollo, sistemas de marketing e infraestructura, y la incorporación de actores del gobierno, las empresas y la comunidad científica.

        El 3º paso es rediseñar los sistemas de producción, las redes de transporte e infraestructura y las viviendas para optimizar el ahorro de energía.

        Estas medidas pueden tener impactos sociales y ser difíciles de incluir en los sistemas de producción existentes. Al transformar los procesos industriales, rediseñar las ciudades y sistemas de transporte, o sustituir el movimiento físico por la transmisión electrónica, en general es posible aumentar enormemente la eficiencia energética y la productividad de los recursos.

        El 4º paso se refiere a cambios en los estilos de vida, en los conceptos de producción y consumo, y el reconocimiento de responsabilidades individuales y sociales.

        Dadas las actuales tendencias del mercado y de otras fuerzas económicas, tal transición no será fácil de lograr, y deberá involucrar a todos los actores sociales, tanto individuos como comunidades, tanto institucionales como espirituales, sin obviar el sistema de gobierno global.

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