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Responsabilidad Ambiental Angel
Galindo
El
problema ecológico es a la vez antropológico y ético, como relación entre
el hombre y el cosmos (ecología ambiental) y el hombre con el hombre (ecología
personal), a través de un dinamismo circunstancial y ambiental.
En
algunas escenas culturales europeas va extendiéndose cada vez
más la conciencia de que la crisis ecológica, y la crisis social, sólo pueden ser atajadas desde una ética
que sea capaz de hermanarse con la ciencia, dialogar con los programas económicos y humanizar la
población. La ecología no es sólo una ciencia, sino también el resultado de la acción del hombre, y de ahí que hoy pase por momentos de crisis[1]. En ese sentido, sólo una ética de la responsabilidad humana, con todo su valor racional, y fuerza laúnica, es capaz de ecologizar[2].
Por otra parte,
los sistemas religiosos no pueden mirar para otro lado, ni recluir su propia
conciencia, ni refugiarse en los ámbitos
intimistas. Como han hecho en otras épocas, han de ser también cultivadores,
e incluso vanguardia, de la biología, la sociología, la matemática o la
economía, e incluso terciar en el debate ecológico[3] a) Responsabilidad antropológica
Las
relaciones del hombre de hoy han llegado a interplanetarizarse de tal manera que
han de ser estudiadas desde el ámbito de la globalización. El hombre vive
con la conciencia de ser habitante de una aldea global donde los
medios de comunicación son el areópago moderno que en un
instante nos posibilitan la relación con los más lejanos y el conocimiento
de lo trascendente, aunque con el peligro de parcializarlo.
Una
sociedad es ecológica si mira al hombre inseparablemente unido a su aldea
global. Este camino se ha de construir con fidelidad a los principios
siguientes: -defender la sociedad ideal, como aquella que no favorece el consumismo
de los recursos no-renovables;
El hombre es el único ser capaz de obrar en libertad, y
de
saber que obra. Es importante situar el comportamiento humano, por tanto, frente a las
cosas, los animales y la naturaleza. El hombre obra bien si lo hace según
su propio ser, su propia naturaleza y desde su puesto de ser inteligente y
libre.
El
hombre además es un "ser con las cosas y con los vivientes". Se define como ser
respecto a la naturaleza, con ella y para ella. Es un "ser con los demás". El
hombre es un ser diverso, es una persona, es superior a los animales y a las
cosas ya que puede perfeccionar, destruir y fabricar otras realidades. Siendo
él mismo, sólo lo podrá hacer en el ámbito de un desarrollo armónico de
todo el hombre y de todos los hombres. El hombre sabe lo que es por la razón
y la conciencia.
Esta
dimensión antropológica puede expresarse de forma activa en el derecho a: -usar las cosas, según sus posibilidades y según las exigencias
objetivas del desarrollo humano; b) Responsabilidad ética El hombre, como ser responsable y en conflicto, se debate en el ejercicio de su libertad, y se caracteriza por la responsabilidad[4]. Se debate, además, dentro de un ecosistema donde hay animales más y menos feroces. Lo importante será que el hombre armonice con todos ellos, pero dentro de las coordenadas que lo definen: la conciencia de subjetividad y de responsabilidad. Hoy en día asistimos, sin embargo, a la extensión de la praxis de la mentira, a la promoción del vecino que nos puede denunciar y al control del estado. El hombre será responsable si, al usar de la naturaleza, se siente uno con ella mirado al conjunto de personas que ni hoy ni mañana podrán usar de ella con dignidad. b.1) Ecología y mercado Nos encontramos hoy ante una sociedad que instrumentaliza el sector primario (el natural) y que, en el sector secundario (el industrial, el comercial) muestra toda su agresividad expansiva. Estos rasgos están dejando al mundo sin futuro, y aumentan el sentimiento de impotencia entre los ciudadanos. La ley de la competencia, y la ley del más fuerte, producen efectos negativos, e incluso inciden en el paro.
Hoy
en día, el mercado tiene visos de globalidad y
concentración. De globalidad, porque todo movimiento económico alcanza y afecta a
toda la naturaleza. De concentración, porque el
motor de la globalización está en manos de unos pocos, y el devenir de la
naturaleza también. b.2) Ecología y trabajo La crisis ecológica afecta al mundo del trabajo. En líneas generales, el mundo empresarial vive preocupado por la productividad. No obstante, la finalidad fundamental de la producción no es el mero crecimiento de los productos, ni el beneficio, sino el de ser un medio útil para la vida del hombre. Es decir, el de ayudar a que el hombre pueda descansar y desarrollar una vida personal plena.
Sin distinción de raza y
continente, todo trabajador y grupo de trabajadores han de poder ejercer
su trabajo desde esta visión general. En concreto, la actividad económica debe ejercerse, siguiendo sus
métodos y leyes propias, dentro del ámbito del orden ético humano[5]. Desde estas consideraciones, la naturaleza (tanto humana como cósmica) está por encima del trabajo, porque uno es el sujeto (el hombre, la naturaleza) y otro es el objeto (el trabajo), y siempre está por encima el ser que el tener. En paralelo al hombre, la naturaleza es la rectora, centro y fin de toda la vida económica y social. Es necesario seguir reflexionando sobre esto, para interrelacionar con intensidad el trabajo con la ecología. c) Responsabilidad religiosa
La
búsqueda de una lectura antropológica de la realidad ecológica tiene una
doble motivación: teológica y ética. Por una parte, como respuesta a la
acusación lanzada al pensamiento y praxis judeocristiana en la que, desde el
relato del génesis (Gn 1,28), se favorecería la explotación salvaje de la
naturaleza presentando una imagen del hombre como ser dominante y destructivo.
No se debe olvidar que el concepto penoso y esclavizante del trabajo proviene
de la cultura griega que considera el trabajo como "tarea
propia de los esclavos". La lectura religiosa siempre ha considerado el barbecho de la tierra cultivable cada 7 años (Lv 25,2-5), el reposo de los animales (Ex 23,12) o el cuidado de los árboles (Dt 20,19). No obstante, hoy el ecocristianismo se centra en los pasajes del Gn 1-2. La aportación al tema de la fundamentación de la responsabilidad ecológica desde el campo ético y teológico se centra en señalar como raíz del problema el distanciamiento del hombre respecto a la naturaleza, debido a la aparición y auge de la racionalidad científica moderna, concepción cercana al pensamiento griego. La exacerbación de tal racionalidad supone una ruptura con el mundo y con Dios. Ante un paradigma contemporáneo prometeico, dominante en las sociedades desarrolladas, en el que se invierte la relación hombre-naturaleza, y ante el modelo de reacción de tipo cosmocéntrico y panvitalista, que tiene como referencia no ya ninguna antropología, sino la mera biología, el pensamiento cristiano propone un paradigma humanista creacionista. .
_______ [1] cf. RIAZA PEREZ, J. M; "La ética contemporánea y su esencia. Reflexiones sobre algunas tesis de Heidegger", en AA.VV; Ecología y Culturas, ed. UCM, Madrid 1988, pp. 139-156. [2] cf. CORTINA, A; Razón Comunicativa y Responsabilidad Solidaria, ed. Sígueme, Salamanca 1985, p. 155. [3] cf. RUIZ DE LA PEÑA, J. L; "Creación y Crisis Ecológica", en Iglesia Viva, CXV (1985), p. 30. [4] cf. WEBER, M; El Político y el Científico, ed. Alianza, Madrid 1979, p. 1776. [5]
cf. GARCIA GASCO, A; "Reflexiones éticas sobre la actividad económica
empresarial", en ASOCIACIÓN EMPRESARIAL; Ética Empresarial, ed. ASE,
Madrid 1995, pp. 83-97. |