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Diversidad Natural Wolfgang
Sachs La agricultura es una forma de vida, y a través de ella las comunidades locales del mundo intentan vivir de forma sostenible y con sentido. Buscan supervivencia y subsistencia, además de alegría y celebración en la naturaleza que los alberga. En concreto, la vida de estas comunidades está moldeada por la flora y fauna del medio ambiente en que viven. Hábitos de alimentación y diseños de vivienda, vestuario e instrumentos musicales, formas de trabajo y fiestas... todo refleja la comunidad de plantas y animales que los rodean. Aunque la conservación de la biodiversidad aparece como objetivo oficial de la política internacional en tratados como la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB), hoy en día sigue prestándose poca atención al papel de la biodiversidad en la vida productiva y cultural de las comunidades rurales y costeras. Debido a que estas comunidades han sido (y siguen siendo) dependientes de la diversidad específica de sus ambientes, la necesidad de conservación ha sido parte integral de su cultura y de sus prácticas cotidianas.
Los miembros de una comunidad local en general son conscientes de
que la productividad de la naturaleza es la que sustenta su vida, y no sacan más
de lo que la naturaleza puede regenerar. En el caso de los
recursos de propiedad común, como pesquerías o bosques, existen reglas y
costumbres, diseñadas para preservar la capacidad carga. a)
Biodiversidad y seguridad No existe seguridad alimentaria sin la seguridad de campesinos y agricultores, y dicha seguridad está vinculada a la mantención de su biodiversidad. La mantención de la biodiversidad y el mejoramiento de los recursos genéticos han sido realizados por comunidades agrícolas, sobre todo en lugares donde predomina la producción local de alimentos.
Estas
comunidades locales juegan un rol central en el mantenimiento y uso estratégico
de la biodiversidad. Además de generar y abastecer de alimentos a la familia,
conservan los conocimientos locales, las habilidades para la supervivencia y la
memoria cultural. La mayoría de estas comunidades no poseen tierra, sino que dependen de los recursos de propiedad común (bosques, lagos o incluso áreas al borde de los caminos) como medios vitales de supervivencia. Un estudio realizado en la India (ca. 1991) descubrió que 80% del combustible y forraje que obtenían de diversas tribus indígenas (dalits, adivasis...) provenía de tierras de propiedad común. En término de ingresos, esto significa el 20% de los mismos. En África, los hogares rurales satisfacen el 35% de sus necesidades energéticas con leña, gran parte recolectada en bosques y tierras de propiedad común.
Para el sustento de estas comunidades,
es esencial el libre acceso a praderas,
bosques y fuentes de agua. Por ello, cualquier deterioro de esos
ecosistemas, por contaminación, pastoreo o explotación forestal, aumenta
el esfuerzo de trabajo diario, lo que podría llegar a convertirse en un esfuerzo imposible de sostener. En este contexto, es fundamental que la sostenibilidad del sustento de las familias rurales no sólo dependa de las cosechas cultivadas, sino también de la recolección de alimentos no cultivados. Por ejemplo, en las zonas rurales de Asia y África es común observar a mucha gente recogiendo hojas, espinacas, pequeños peces o frutas silvestres en áreas cercanas a sus hogares. Esa gente recorre el borde de los caminos, los campos de arroz de otros, las lagunas, cerca de los canales y otras áreas comunes del pueblo. Los niños que van a nadar a lagunas, canales o ríos, también vuelven con vegetales, raíces, frutos silvestres y peces, que de inmediato se convierten en alimento para la familia.
Los peces preferidos son
principalmente los "no cultivados". Es decir, los recolectados en las fuentes de agua.
Según un estudio de UBINIG (2000), al menos 40% de los alimentos (en
kg), y la mayoría de las necesidades nutricionales de la población rural
de Bangladesh, son satisfechos con especies acuáticas recolectadas en terrenos
no cultivados. La subsistencia de los pobres, especialmente de las mujeres, depende de la integración entre agricultura, ganadería, crianza de aves y pesca. De cierta forma, la familia rural está compuesta no sólo por la familia humana extendida, sino también por animales domésticos como vacas, cabras, ovejas, pollos, patos y palomas. Los campos de cultivo mixtos también proporcionan muchos de los vegetales para alimentar a vacas y pollos. Por su parte, la vegetación al borde de los caminos proporciona alimento para las cabras.
La mayoría de
los pueblos rurales sobreviven gracias a la crianza de
vacas, cabras, ovejas, patos, pollos y cerdos, cuyo alimento no se compra sino
que existe en los alrededores y áreas de propiedad común. Estos animales se
alimentan de las especies disponibles en el medio, y al mismo tiempo mantienen
el ambiente y aumentan la biodiversidad. La mentalidad asociada al monocultivo, y comúnmente reflejada en la agricultura industrial, no percibe ni toma en cuenta las numerosas interconexiones entre la especie humana, las plantas y los animales. Así, los agrónomos insisten en optimizar el rendimiento de una sola cosecha en particular, olvidando la importancia de las especies no cultivadas o de los cultivos orientados a la subsistencia. Esta es una de las razones por lo cual mayores rendimientos en los monocultivos no se traducen necesariamente en más alimentos para los campesinos. Al contrario, incluso podrían tener menos alimento si se eliminan los cultivos secundarios. Más aún, los efectos adversos de la agricultura química suelen afectar las cosechas y animales. Si la tierra y el agua se contaminan, afectan a las personas, aves y animales que dependen de ellos.
Los residuos químicos
contaminan fuentes de agua dulce, recursos hídricos, peces y la biomasa no
cultivada. Por ello, la afirmación de que la agricultura moderna ha producido más
alimentos es errónea, pues se basa en el cálculo de cosechas de monocultivos,
el arroz por ejemplo, e ignoran sistemáticamente su efecto negativo sobre todo
el sistema de alimentos que incluye peces, ganado y vegetales no cultivados. b)
Mujeres
y conservación de semillas Las mujeres son las guardianas de la biodiversidad, y en muchas culturas las que se encargan de seleccionar y conservar las semillas. A medida que seleccionan, guardan, distribuyen y siembran las semillas de verduras, frutas y los demás cultivos, todas ellas realizan un rol crucial en el mejoramiento de la biodiversidad y los recursos genéticos. La práctica de compartir semillas entre vecinos y parientes mejora la biodiversidad y la variedad genética. ¿Por qué? Porque la variedad de vegetales garantiza la seguridad alimentaria, por disponibilidad de cultivos en diferentes áreas y estaciones del año. En el Centro para el Patimonio de Semillas de Nayakrishi (Bangladesh), por ejemplo, las agricultoras depositan su colección de semillas. El centro recolecta las semillas locales para reproducir y mejorar las técnicas de producción adecuadas para las semillas de los agricultores. Así, han reintroducido cientos de variedades locales de arroz, verduras, frutas y especies forestales en corto tiempo.
Hoy
en día, los agricultores de Nayakrishi
cultivan al menos 1.027 variedades de arroz, cifra que continúa aumentando. El
patrimonio genético de Bangladesh, de más de 15.000 variedades de arroz, se había
reducido en sólo dos décadas a 8 ó 10 variedades. Esta experiencia significó
parar la tendencia de erosión genética. Dicho de otra forma, en la medida que los agricultores
intercambien semillas entre ellos, ayudan a incrementar la base de recursos genéticos
de su comunidad. Las campesinas de Nayakrishi han empezado a construir su patrimonio de semillas o "ved sam pad" (en su lengua natal). Esta noción es deliberadamente opuesta a los conceptos de bancos de semillas o bancos de genes. Las mujeres reclaman el derecho al control sobre las semillas, y se oponen a cualquier centralización del patrimonio de semillas en la forma de un banco. El control sobre las semillas, a nivel doméstico y comunitario, es un importante seguro para la independencia económica de los agricultores. Les da respaldo, los libera de gastos y les proporciona un patrimonio sobre el que se estructuran importantes relaciones sociales. Los agricultores se vuelven más vulnerables cuando pierden el control sobre las semillas. Por ello, el derecho de los agricultores a sus semillas, incluyendo el derecho a usar semillas para crear nuevas variedades, debe ser protegido del intento empresarial de transformar la necesidad vital de sembrar en una actividad comercial privada centrada en sus productos. .
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