Reconfiguración Urbana

Wolfgang Sachs
Mercabá, 18 mayo 2026

        En ninguna otra parte la brecha de inequidad entre pobres y ricos es tan grande como en las áreas urbanas del planeta. Los acomodados y los desposeídos, el jet set y los indigentes, los consumistas y los marginados del consumo... todos residen en el mismo hábitat urbano, pero parece que viven en mundos aparte. El número de acomodados y desposeídos aumenta día a día, pero tienen poco en común.

        Los clubes de golf se ubican no lejos de las fábricas, los centros empresariales prosperan cerca de los mercados callejeros, y los barrios acomodados coexisten con las poblaciones pobres. Reina la desigualdad, y cada vez más centros urbanos tienen características de ciudades divididas. De hecho, barreras invisibles separan a ricos de pobres; y los residentes acomodados pueden pasar años sin siquiera ver los sectores pobres de su propia ciudad.

        Por un lado, el no acceso a la tierra y la falta de una reforma agraria moderna en muchos países del Sur ha generado procesos constantes de migración del campo a la ciudad. Sin embargo, la infraestructura y las políticas de asentamiento urbano han sido incapaces de solucionar satisfactoriamente sus necesidades de vivienda, suministro de agua potable, sistemas de alcantarillado apropiados, sistemas de transporte ambientalmente seguros...

        Esto ha sido exacerbado, debido a que las empresas como fuerzas principales de la globalización económica, han ganado mayor libertad para escoger dónde ubicar sus actividades.

        En la medida en que los intereses locales compiten con los intereses empresariales, las tendencias ambiental y socialmente destructivas se agravan en muchas ciudades, aumentando la pobreza, la discriminación social, la violencia política y la desigual distribución de los riesgos. Se ha demostrado, por ejemplo, que las industrias que generan desechos tóxicos, generalmente están ubicadas cerca de las poblaciones pobres y de minorías étnicas.

        La pobreza urbana es fundamentalmente distinta de la pobreza rural. Los bienes no monetarios, tales como aire limpio, agua, vivienda o seguridad, están menos disponibles en las áreas urbanas que en las rurales. Por eso, los pobres urbanos, además de la carencia de ingresos monetarios, deben preocuparse del aire y agua contaminada, de las viviendas riesgosas, la criminalidad y el desplazamiento en largas distancias. Así, su pobreza se ve exacerbada por la falta de capital natural y por vulnerabilidad social.

        Las mayorías urbanas marginadas, al igual que los pobres rurales, sufren de privación ambiental. Sin embargo, mientras los pobres rurales no tienen acceso a los recursos naturales que necesitan para su subsistencia, la integridad física de los desposeídos urbanos está amenazada por la degradación social y ambiental del espacio en donde viven.

        Efectivamente, dichas personas no pueden utilizar los recursos naturales que requieren como criaturas biológicas, pues el agua puede estar contaminada. Además, el aire puede afectar su sistema respiratorio; los excrementos, producir infecciones, y el terreno puede ser inestable.

        En concreto, los problemas ambientales en las ciudades del Sur se deben a la escasez de agua, la contaminación del agua, aire y alimentos, y a viviendas ubicadas en terrenos inapropiados.

        Cerca de 220 millones de habitantes urbanos (esto es, un 13% de la población urbana mundial) no tiene acceso a agua potable, y casi el doble de personas incluso carece de letrinas básicas. Tampoco albergan servicios sanitarios para tratar aguas residuales o almacenar la basura, y la densidad poblacional que acumulan facilita la transmisión de enfermedades.

        En las ciudades del Sur también existe gran contaminación atmosférica, y en muchas capitales de Asia y América Latina las afecciones pulmonares son un impacto cotidiano. El agua no siempre es potable, por su frecuente contaminación por desechos humanos o industriales. Finalmente, tampoco los barrios informales son seguros: se suelen construir en cerros con grandes pendientes, y están expuestos a inundaciones o aluviones.

        Por lo general, los problemas ambientales urbanos ponen en riesgo el bienestar físico de la población, amenazando no sólo sus medios de subsistencia sino también su salud. Por la mala calidad del ambiente, la pobreza urbana está estrechamente vinculada a la propagación de enfermedades prevenibles, como diarreas, infecciones e intoxicaciones. Los efectos inhabilitantes de estas enfermedades hacen aún más vulnerables a los pobres, especialmente a las mujeres, niños y bebés.

        Los sectores acomodados en las ciudades también se ven afectados por la contaminación. Pero en la mayoría de las ciudades de Asia, África y América Latina, son principalmente los grupos de bajos ingresos los que sufren enfermedades, accidentes y muerte prematura, entre otros, por la degradación.

        Los pobres no tienen posibilidades de acceder a viviendas legalmente seguras, con espacio suficiente, instalaciones y servicios confiables y en áreas no propensas a inundaciones o aluviones. Su grave situación económica limita su derecho a la calidad ambiental. Por ello, no es sorprendente que exista una fuerte correlación entre el nivel de ingresos y la exposición a riesgos ambientales.

        Por otro lado, los pobres contribuyen poco a la degradación ambiental. Su uso per cápita de agua, tierra, combustibles fósiles; y su producción de desechos sólidos y gases de invernadero es muy inferior al de los grupos de medianos y altos ingresos.

        Las causas de la escasez de tierra y de la contaminación son provocadas por los patrones de consumo de las clases consumistas, y por los sistemas de producción y distribución y asentamientos humanos que les sirven. Estos sectores se imponen sobre los más pobres en la competencia por los recursos y el limitado espacio ambiental urbano.

        Los pobres urbanos son marginados económica y ambientalmente, ya que tienen derecho a pocos recursos e ingresos, pero deben soportar la mayoría de los desechos. Cabe recordar, a este respecto, que el acceso a niveles básicos de salud ambiental es parte fundamental de los derechos de los ciudadanos urbanos, pues la precaria situación de los derechos ciudadanos se agrava por las condiciones ambientales en que viven.

        La integridad física y condiciones de vida seguras, incluida la vivienda, son los fundamentos de una existencia digna y del ejercicio de los derechos humanos y políticos.

        Por esta razón, ambas dimensiones de la lucha ambiental (reducir el uso de recursos de los sectores acomodados, y proteger a las personas de la contaminación) son esenciales para mejorar la vida de los pobres urbanos. Sin embargo, no habrá mejoramiento mientras los marginados urbanos no reivindiquen la ciudad como propia, enfrentando a los grupos poderosos para recibir lo que les corresponde.

        Así como los pobres demandan el derechos a la tenencia de la tierra; a obtener protección para evitar su desplazamiento; y a lograr derechos para administrar negocios y protegerse de especuladores, también deben exigir el derecho a un hábitat sano.

        La política ambiental es parte del objetivo para la ampliación del espacio político y económico de los ciudadanos marginados. Por ello, fundamentalmente plantea la misma pregunta que está en el centro de los conflictos urbanos: ¿a quién pertenece la ciudad?

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  Act: 18/05/26       @portal de ecología            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A