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Muestreo Atmosférico María
Heibel En noviembre de 2020 Geoengineering Watch publicó el artículo Primeras Pruebas Atmosféricas a Gran Altitud, en el que afirmaba haber organizado, con considerable esfuerzo y dedicación, múltiples recolecciones de partículas utilizando dos tipos de aeronaves. Los vuelos de dicho proyecto alcanzaron altitudes de 40.000 pies (12,2 km) o más. Una de las aeronaves utilizadas era del mismo tipo que la que la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (ANOA) emplea en operaciones de investigación atmosférica (en comunicaciones posteriores, se la denomina explícitamente "laboratorio volante").
Las
muestras obtenidas en dicho experimento se analizaron en el laboratorio del Instituto Politécnico Rensselaer
(RPI), mediante microscopía electrónica de
barrido (MEB) y microscopía electrónica de transmisión (MET). En resumen, se detectaron
nanopartículas (algunas menores de 450 nm, otras menores de 70 nm) con un alto
contenido de aluminio, así como bario y otros elementos.
Estos
resultados fueron documentados en el documental The
Dimming-2021, así como en las declaraciones de la pregunta formulada por
Wigington contra Douglas McMartin. Sin embargo, no se ha publicado información
completa de laboratorio, protocolos detallados ni datos sistemáticos, como
concentraciones, volúmenes de aire filtrado o muestras de control. a)
Estudios
y resultados
Además
del exigente esfuerzo técnico y organizativo que supuso el esfuerzo de
Geoengineering Watch,
sería conveniente
contar con un informe científico público con datos precisos. En realidad, lo
publicado se limita a declaraciones, y eso dificulta su evaluación. Jim Lee, para Climate Viewer, registró y reprodujo una tabla de elementos químicos e hidrocarburos aromáticos de los combustibles para motores a reacción (Jet A, JP5 y JP8), y creó una infografía que combina los metales en el combustible con los detectados por Abegglen (2016) en el combustible gastado. He aquí su tabla de muestreo atmosférico:
Un estudio particularmente relevante es el publicado por Abegglen, bajo el título Características Químicas de las Partículas emitidas por los Gases de Escape de las Aeronaves mediante Espectrometría de Masas de Partículas Individuales.
Los autores
de dicho estudio analizaron
directamente las partículas emitidas por tres motores de aeronaves y
detectaron aluminio y bario entre los metales presentes, atribuibles al
combustible, al aceite lubricante y al desgaste de los componentes.
Los
estudios de la NASA, entre las décadas de 1970 y 1980, también documentaron la
presencia de esferas de óxido de aluminio (Al2O3)
en la estratosfera, atribuidas principalmente a gases que escapan de partículas
sólidas.
Las
investigaciones de 2023 de Murphy contribuyen en mayor medida
al retorno de los satélites y la investigación espacial. En el caso del museo atmosférico de Geoengineering Watch, los datos públicos disponibles no permiten descartar las fuentes comunes (tráfico aéreo, polvo mineral, retorno espacial...). Los datos oficiales documentan que diferentes fuentes liberan precisamente los elementos que se han detectado (en particular, aluminio y bario). b)
Causas posibles Deben considerarse todas las causas posibles, y ciertamente también aquellas que se han considerado como hipótesis. Eso sí, una cosa está muy clara: que los elementos de condensación de las aeronaves no son inofensivos, contienen componentes dañinos y alteran el clima. La ANOA y otras agencias reconocen que las emisiones persistentes de condensación tienen un efecto de calentamiento en la atmósfera. Si el clima cambia, los patrones meteorológicos también cambian. En 1999, el último informe del IPCC, titulado Aviación Global y Atmósfera, documentó que las aeronaves emiten, entre otras cosas, material particulado que contiene metales.
En la sección sobre aerosoles y núcleos de hielo, el informe cita
estudios que han detectado metales como aluminio (Al), titanio (Ti), cromo
(Cr), hierro (Fe), níquel (Ni) y bario (Ba) en los gases de condensación y el
material particulado de los motores.
No
es casualidad que la operación Cielo Azul, una iniciativa
liderada por Reino Unido (con la Met Office, NATS, Google, la Universidad de
Cambridge, el Imperial College de Londres y otros), se lance en 2026. En este
caso, el estudio se centra en el vapor de agua, un potente gas de efecto
invernadero. Dane Wigington, de Geoengineering Watch, se pregunta cómo denominar a los programas de geoingeniería, y si aparentemente están relacionados o no relacionados con el tráfico aéreo. Eso sí, viene a concluir, "en esto una cosa es segura: que en los cielos ocurren muchas cosas que desconocemos, y provocan la contaminación atmosférica". Wiginton cree que esto es "una evidencia de la liberación deliberada de sustancias en altura", y concluye que la presencia de aluminio (y otras sustancias) en fenómenos atmosféricos de gran altitud puede tener diferentes causas, aunque las principales apuntan a ser las siguientes:
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