De la sospecha al fundamentalismo materialista

Zamora, 17 agosto 2026
Antonio Fernández, licenciado en Sociología

         A más de 100 años del materialismo de Feuerbach y Marx, sin salirnos del ámbito de las doctrinas materialistas y ateas, tropezamos con el materialismo filosófico.

         Si Feuerbach había dogmatizado que el hombre había creado a Dios a semejanza propia (el "homo homini deus"), el materialismo filosófico aplica su imaginación para suponer que "el hombre no hizo a los dioses a imagen y semejanza de los hombres, sino a imagen y semejanza de los animales", tras apuntar que es ridículo pensar en todo lo que implique la presencia de sujetos operatorios corpóreos (vivientes no corpóreos).

         Bien está recordar que, en dicho materialismo filosófico:

-el Primer Género de Materialidad designa a los contenidos de la materia;
-el Segundo Género de Materialidad estudia a las relaciones intersubjetivas de la materia (de las personas entre sí, o con su propio dios);
-el Tercer Género de Materialidad abarca los contenidos abstractos (tales como los teoremas científicos o distancias entre objetos de cualquier índole).

         Estos tres géneros de materialidad han sido conceptualizados siguiendo los 3 ejes que organizan el espacio antropológico:

-el eje radial, porque parte de la materia como tal (específicamente corpórea);
-el eje circular, porque se alimenta de las relaciones en continuos movimientos materializados de vaivén entre materia y materia;
-el eje angular, por que se apoya en las propiedades materiales de los cuerpos, incluidos los cerebros pensantes.

         Tales supuestos nos sugieren algo así como una visión al revés y materialista de la Caverna Platónica, en que no son las ideas las madres de las cosas sino las cosas madres de materializadas ideas. Con esto, se convierte al materialismo en un estricto corporeísmo, sin que ello no deje de apuntalar el supuesto de que la materia es por sí misma autosuficiente y diríamos que capaz de engendrar realidades no corpórea.

         ¿Querrá ello decir que para este materialismo de nuevo cuño, no de distinta manera a como apuntaban los materialistas de toda la vida, "el cerebro segrega pensamientos como el hígado bilis"? Se nos dirá que no, en cuanto aquí el proceso viene explicado, y que el efecto de symploké permitirá el enlazamiento de categorías de diversas especies hasta un totum pluralista y sintético (muy bien explicado en la Teoría del Cierre Categorial, según la cual fenómenos y cosas pueden seguir caminos distintos hasta unificarse en obediencia a las leyes de la verdadera ciencia).

         ¿Es esto del materialismo filosófico un más allá del materialismo histórico-dialéctico, del positivismo o de cualquier otro modernismo obcecado en negar algo tan simple como el aceptar que no puede haber reloj sin relojero, movimiento sin motor, ni cosa o animal cualquiera sin una causa eficiente?

         Sinceramente, entre unos y otros no vemos substancial diferencia y nos atrevemos a preguntar: Una u otra forma de fundamentalismo materialista, ¿es algo más que la reactualización del viejo paganismo con dioses de múltiples formas cuales son las realidades materiales preñadas de abotergante absolutismo?

         Ya hemos visto que, según los materialistas más ilustrados del momento ese camino nos viene dado por lo que llaman "materia ontológica general" (M) que, para ellos, constituye el fundamento para el proceso del conocimiento, en una suerte de búsqueda total de la verdad que arrancaría desde la materia informada, que incluye el ego y las formas, atravesaría los procesos históricos donde los individuos son determinados y alcanzaría la síntesis por medio de las ideas (la lengua, las fórmulas matemáticas...).

         Así, nos toparíamos con la materia trascendental, que es la que está en todas las cosas, que transciende a los casos particulares pero que no puede vivir sin ellos: es el concepto de las partes extra partes, de la materia general en una especie de movimiento de va (progreso) y ven (regreso), algo muy parecido el hegeliano "camino de la nada al todo para hacerse algo".

         ¿Estaríamos ante una montaña de humo ("materialidad tercio genérica") para obviar el aliento divino a la propia conciencia (prueba de nuestra esencial espiritualidad), según la cual, nada podemos sin Aquel que nos conforta?

*  *  *

         Dicho lo dicho, es el momento de retomar el hilo de nuestro discurso sobre los maestros de la sospecha. Los filósofos de la sospecha revelan un nuevo modo de considerar la interpretación, a partir de la profundización de una sospecha acerca del lenguaje, concretamente, esgrimiendo que el lenguaje nunca dice lo que las cosas son, y que las cosas comunican o hablan sin ser estrictamente lenguaje.

         Esta sospecha se dirige hacia aquél recurso de Descartes de la percepción "clara y distinta" de la conciencia, así como a la razón (con mayúsculas) en cuanto a sus vínculos con la ciencia y la objetividad, también puesta en entredicho.

         Por tanto, se deduce que es una crítica radical al sujeto como había sido entendido en su despliegue en la historia de la filosofía, como un yo unitario, indiviso, que se identifica con la conciencia, y que posee la voluntad como una facultad de la libertad. No transmiten realidades y sí apariencias de tal o cual realidad según el punto de vista de tal o cual grupo de gente de la que se erigen en portavoces con el añadido de su retórica, originalidades y supuestos como si ellos y solo ellos tuvieran el monopolio de la voluntad humana, que, para todos, ha de ser libre y al servicio de la propia realización personal.

         Para los materialistas, recordémoslo, lo físico puede existir sin lo mental, pero lo mental no puede existir sin lo físico. La materia en movimiento es todo lo que hay. A ello respondemos que lo mental es una expresión de lo espiritual, no lo espiritual en sí.

         En cuanto al materialismo filosófico, éste se sitúa a sí mismo muy por encima tanto del materialismo clásico (de Demócrito o Lucrecio) como del materialismo dialéctico y materialismo monista (que reduce lo material a lo corpóreo sin acertar a explicar las materialidades que hacen posibles realidades tales como las ideas y los acontecimientos históricos).

         Revestir esto con el ropaje de escogidas citas de los más ilustres pensadores de los siglos pasados no altera el fondo de una doctrina que, con giros nuevos, presenta a una autosuficiente materia y a sus efectos como exclusiva realidad.

         De las evoluciones y coincidencias estructurales entre un átomo y una estrella no se puede deducir que el movimiento, en todas sus manifestaciones es un espontáneo efecto del modo de ser de la materia ni, mucho menos, que el pensar y el sentir de los humanos no son más que simples efluvios de una unívoca aunque exclusiva condición material.

         ¿Por qué pretende tal materialismo filosófico ser una doctrina consecuente con la realidad cuando, al igual que otros materialismos, parte de una mutilada imagen del ser humano puesto que, mientras no se demuestre lo contrario, éste es un animal más espiritual que material por estar compuesto de alma y cuerpo, siendo aquella llamada a la trascendencia y éste a confundirse (al menos, de momento) con el polvo de la Tierra?

         Para el materialismo filosófico, esa materia es "más de lo que impresiona nuestros sentidos y "menos de la realidad de los entes que existen más allá de nuestro pensamiento". Respecto a lo primero, echa en falta la inclusión de las materialidades procedentes de la materia a la que ven como mater de todo lo existente. Por lo segundo, se afana en desterrar del mundo de las realidades a todo lo referente a un motor o Creador providente.

         La idea de materia, tal y como la hemos presentado, se comporta como una idea funcional, abierta en todas sus direcciones. Sus desarrollos dependerán tanto de los parámetros como de las variables independientes que se determinen en cada caso. Esto equivale a reconocer que la idea de materia alcanzará sus significaciones más precisas en el proceso de su desarrollo en los diversos contextos que, por lo demás, tampoco cabe sustancializar. Señalamos los 3 siguientes.

-los contextos gnoseológicos. Permanece aquí abierta la cuestión de la conexión entre la idea de materia y la idea de razón. El racionalismo, ¿incluye siempre el trato con campos materiales constituidos por una multiplicidad de términos co-determinados, o bien cabe un racionalismo ejercido al margen de toda materialidad? Por otro lado, ¿puede sostenerse que todo materialismo es racional, de un modo intrínseco y no sólo oblicuo, formalista?

-los contextos ontológicos. La principal cuestión aquí abierta, desde nuestro punto de vista, es la cuestión de las categorías de la materia, la determinación de los campos materiales co-determinados, la delimitación de los géneros de materialidad y de sus conexiones recíprocas.

-los contextos históricos. En especial, la revisión de la historia del materialismo a la luz de una idea de materia filosóficamente adecuada y que sea capaz, por ejemplo, de plantear la cuestión de la reivindicación materialista de la Teoría de las Ideas de Platón.

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