El hombre-masa, la sociedad-masa y la élite rectora

Zamora, 12 octubre 2026
Antonio Fernández, licenciado en Sociología

         Los efectos, mentiras e invenciones sobre la supuesta superioridad intelectual y moral, de las clases dirigentes, fueron cuestiones muy bien tratadas por Ortega en su Rebelión de las Masas.

         Para este filósofo independiente y apasionado observador de la realidad (nuestro yo), y de la orientación y posibilidades de la sociedad en la que estamos inmersos (nuestra circunstancia) se han de analizar sin dogmatismos preconcebidos 3 fenómenos que la particularizan: el hombre-masa, la sociedad-masa y la minoría selecta.

         El hombre-masa, o "todo aquel que no se valora a sí mismo", es incapaz de otra iniciativa que no sea la de la mayoría, a cuyo dictado se supedita tanto para vivir la vida como para dejarse arrastrar a la acción directa, mientras que, por sí mismo, no admite otra moral que no sea la de la gente entre la que se siente a gusto.

         Si no trabaja, este hombre-masa cree que no se reconocen sus méritos. Si trabaja, cree que no debe nada a padres ni educadores, y que él sería mucho más de lo que es si los otros supieran reconocerlo.

         Los valores esenciales del hombre-masa son los que no le producen ninguna intranquilidad de conciencia, a la que deja dormir en el seno de la conciencia colectiva (que habría dicho Rousseau). Este hombre-masa, significado por una forma de entender la vida, no debe ser identificado ni con el proletario ni con el burgués de la jerga marxista, puesto que es un estereotipo que se puede encontrar en todas las clases sociales.

         La sociedad-masa, o "subliminal asociación de hombres-masa", extiende sus ramificaciones hacia todas las clases sociales. A diferencia de sociedades de la antigüedad, o de la sociedad opulenta (a la que aludiría Galbraith), la sociedad-masa se caracteriza por una comunitaria forma de vivir en la que las necesidades físicas han alcanzado un mediano grado de satisfacción, lo que se traduce en una:

-cierta vaciedad de conciencia, respecto a la preocupación por atender las necesidades del alma,
-la escasa o nula atención por los derechos del prójimo.

         Es cierto que, tanto en aquellas sociedades de la antigüedad, como en las contemporáneas que se mantienen en el subdesarrollo, el amor al prójimo es, probablemente, aún más escaso. No obstante, esto sucede en un clima de acusada diferenciación (entre los de arriba y los de abajo), según los dictados del corporativismo de clase según el cual:

-para los de arriba, las necesidades físicas están plenamente cubiertas,
-para los de abajo, éstas son su principal objeto de preocupación.

         Cuando esto último no sucede, la imaginación encuentra más libre el camino hacia otros derroteros, en evidente sintonía entre los hombres-masa de las distintas clases sociales. En consecuencia, unos y otros comparten la misma serie de valores referentes a la propia vida y a la visión de lo que quieren entender como realidad inmediata.

         Con los modernos y sofisticados medios de concienciación colectiva, muchos de "los de abajo" son subvencionados por "los de arriba", sin otro objeto que el de minar su fuerza y su compromiso personal. Es lo que el propio Ortega concluyó llamando minoría selecta (la misma que, según diría Aristóteles, está llamada a ser la "minoría rectora").

         Por desgracia, todo esto sucede a lo largo de la historia no pocas veces, siempre a causa de alguien con cierta "capacidad de liderazgo" que sacrifica su conciencia por el simple afán de notoriedad (es decir, sacrificando a los demás), en alas de un odioso afán por conseguir un único objetivo: que la masa coree sus genialidades.

         En este clima, la chispa de la rebelión no precisa más que tal o cual avatar, que se preste a magnificar la retórica del líder. Es en lo que consiste la rebelión de las masas. Es decir, la de los hombres-masa que hacen de sus líderes su principal fuerza de convicción, hacia no se sabe qué imposible paraíso.

         La rebelión por rebelión, eco del torticero "ojo por ojo", no resuelve ninguno de los más acuciantes problemas que padecemos. Fue Gandhi el que dejó dicho que "el reiterado ojo por ojo lleva a que toda la humanidad quede ciega".

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  Act: 12/10/26        @enseñanzas de la vida            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A