El materialismo filosófico, y su naturaleza manipulada

Zamora, 20 julio 2026
Antonio Fernández, licenciado en Sociología

         Desde el materialismo filosófico se nos muestra una filosofía que no es una ciencia, ni la madre de las ciencias, ni esa madre que, una vez crecidas sus hijas, pudiera considerarse jubilada tras agradecerle los servicios prestados.

         Toda verdadera filosofía, en efecto, presupone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduro para que pueda comenzar a constituirse como una disciplina definida. Por ello, también las ideas de las que se ocupa la filosofía, ideas que brotan precisamente de la confrontación de los más diversos conceptos técnicos, políticos o científicos, a partir de un cierto nivel de desarrollo, son más abundantes a medida que se produce ese desarrollo.

         Por esta razón, a medida que la realidad es cada vez mucho más compleja, los instrumentos para la comprensión sistemática del presente tienen que ser mucho más refinados. Además, un sistema filosófico que lo sea debe ser lo suficientemente potente como para poder reinterpretar desde sus nuevas coordenadas los sistemas previos que quisieron comprender un mundo que, para nosotros, ya es pasado.

         Las líneas más importantes del materialismo filosófico pueden trazarse siguiendo los tres ejes que organizan el espacio antropológico:

-el eje radial, en torno al cual se inscriben todo tipo de entidades impersonales debidamente conceptualizadas; -el eje circular, en el que se disponen principalmente a los sujetos humanos y a los instrumentos mediante los cuales estos sujetos se relacionan;
-el eje angular, en el que figuran los sujetos dotados de apetición y de conocimiento, pero que sin embargo no son humanos, aunque forman parte real del mundo del presente.

         Considerado desde el eje radial el materialismo filosófico se nos presenta como un materialismo cosmológico, en tanto que él constituye la crítica (principalmente) a la visión del mundo en cuanto efecto contingente de un Dios creador que poseyera a su vez la providencia y el gobierno del mundo (pues el materialismo cósmico incluye también una concepción materialista de las ciencias categoriales, o materialismo gnoseológico).

         Desde la perspectiva del eje circular, el materialismo filosófico se aproxima, hasta confundirse con él, con el materialismo histórico, al menos en la medida en que este materialismo constituye la crítica de todo idealismo histórico y de su intento de explicar la historia humana en función de una "conciencia autónoma" desde la cual estuviese planeándose el curso global de la humanidad.

         Desde el punto de vista del eje angular, el materialismo filosófico toma la forma de un materialismo religioso que se enfrenta críticamente con el espiritualismo (que concibe a los dioses, a los espíritus, a las almas y a los númenes, en general, como incorpóreos), propugnando la naturaleza corpórea y real (no alucinatoria o mental) de los sujetos numinosos que han rodeado a los hombres durante milenios.

         El materialismo religioso, por su parte, identifica esos sujetos numinosos corpóreos con los animales, que desde el paleolítico están representados en las cavernas magdalenienses, por ejemplo, y se guía por el siguiente principio: que "el hombre no hizo a los dioses a imagen y semejanza de los hombres, sino a imagen y semejanza de los animales".

         El materialismo busca entender al hombre tan sólo desde la materia. Lo hace reduciendo al hombre a un objeto material que puede ser explicado totalmente desde sus componentes materiales.

         Teilhard de Chardin, principal opositor de esta filosofía materialista, siguió el camino contrario. Es decir, buscó entender la materia desde el hecho de la presencia de la conciencia en el hombre. Si el hombre es un ser material, y tiene conciencia, esta cualidad tiene que estar de alguna manera también presente en el resto de la materia.

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