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Hacia el objetivismo, el nuevo y viejo objetivo
Zamora,
5 octubre 2026 La escritora e ideóloga Ayn Rand es la figura central de Atlas Shrugged-1957, novela que rompe no pocos esquemas de un superficial filantropismo que la misma autora se esfuerza en ridiculizar. Un tanto impropiamente, el título de Atlas Shrugged ha sido traducido al castellano por Rebelión de Atlas, cuando, a mi entender, debería haber sido El egoísmo de Atlas. Si acudimos a la tracción literal del término obtendremos que "Atlas se encogió de hombros", lo que en román paladino viene a significar "el que puede mucho se muestra indiferente a la suerte de los débiles", o lo que viene a ser lo mismo: el potentado es radicalmente egoísta. Aun siendo así con carácter general, faltan razones de índole natural para justificar tal comportamiento, lo que no fue óbice para que la citada escritora e ideóloga Ayn Rand se hiciera adalid de ello a lo largo de su carrera intelectual. Ayn Rand es el pseudónimo de Alisa Zinovievna Rosembaum, escritora ruso-americana que pasa por marcar la pauta a una filosofía o manera de entender la vida: el objetivismo, que se marca como meta el éxito a cualquier precio a partir del radicalismo materialista de las élites capitalistas. De familia judía no muy pegada a la ortodoxia, Ayn Rand nació en San Petersburgo pocos días más tarde del Domingo Sangriento Ruso, que representó la chispa de la Revolución Burguesa-1905, precursora de la Revolución Soviética-1917, por la cual los Rosembaum, de acomodados comerciantes (burgueses), pasaron a engrosar las filas del proletariado, bajo el férreo yugo de la dictadura de Lenin y sus satélites. De avispada inteligencia y fuerte personalidad, pronto se declaró Rand férrea enemiga del colectivismo leninista, aunque sí que copió de Marx un determinismo materialista que ella identificó como la antítesis del amor cristiano. Previamente, había descubierto en Nietzsche la exaltación del héroe, que se colocaba a sí mismo por encima de todo lo divino y lo humano. Desde esa óptica, Ayn Rand trató de abrirse camino en el mundo de una cultura que era orientada según las conveniencias del nuevo régimen. Creyó ver el camino de su realización personal en el cine, y con apenas 20 años se matriculó en el Instituto Ruso de Artes Cinematográficas. Un año después, encontró la ocasión propicia de viajar a Estados Unidos, y allí se quedó. Tres son sus libros más destacados: Los que Vivimos (cruda requisitoria contra la forma de vida bajo la tiranía bolchevique), Manantial (especie de glosa tanto del Único y su Propiedad de Max Stirner como del Zaratustra de Nietzsche, bajo la figura de un brillante arquitecto que se crece gracias a la mediocridad de cuantos le rodean) y Rebelión de Atlas (en la que se pinta una sociedad en la que el principal motor del progreso es el egoísmo llevado a sus últimas consecuencias merced al dinero, la falta de escrúpulos y la osadía en el enfrentamiento a los poderes establecidos). Con esos antecedentes, y en abierta competencia con el socialismo, la economía social de mercado, y la tradicional escala de valores, Ayn Rand hizo escuela en el mundo del capitalismo puro y duro, con una doctrina a la que llamó objetivismo y para cuya formulación contó con destacados economistas (entre los cuales, cabe citar a Alan Greenspan). Al respecto, recordemos que, el también judío como ella, Alan Greenspan, fue cerca de 20 años nada menos que presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, durante los sucesivos mandatos de Reagan, Bush, Clinton y Bush hijo. Sobre las relaciones entre Ayn Rand y Alan Greenspan, este último conoció a Ayn Rand en 1952, y ambos quedaron mutuamente impresionados por la inteligencia de su colega. Greenspan estuvo varios años en el núcleo del Colectivo Objetivista, y existe una famosa fotografía en la que aparece posando entre Ayn Rand, Leonard Peikoff y Nathaniel Branden. Es más, Greenspan asistió al entierro de Ayn Rand. * * * Según sus propios exégetas, el objetivismo, ideología de materialismo radical, se presenta como un sistema filosófico integrado, o conjunto de ideas que definen los principios por los cuales el hombre debe pensar y actuar como un ser absolutamente pegado a la Tierra. Sus principios esenciales vienen definidos por frases que se pueden encontrar en el Atlas Shrugged, según el cual: -"la
naturaleza, para ser comandada, ha de ser obedecida", Partiendo de esos principios, la propia Ayn Rand, en una de las múltiples presentaciones de sus libros, hizo ver que entendía por metafísica "todo lo relativo a la realidad objetiva", por epistemología "todo lo que se podía descubrir con las exclusivas luces de la propia razón", por moral "el velar por el propio interés" y por política "todo lo que ayuda al desarrollo del capitalismo". A guisa de breve exposición objetiva, explica ella misma: 1º La realidad existe como algo absoluto y objetivo, pues los hechos son los hechos, independientemente de las emociones, los deseos, las esperanzas o los miedos de los hombres. 2º La razón (o facultad que identifica e integra el material provisto por los sentidos del hombre) es el único medio del hombre para percibir la realidad, su única fuente de conocimiento, su única guía para la acción, y su medio básico de supervivencia. 3º El hombre es un fin en sí mismo, no un medio para los fines de otros. Debe existir por su propio provecho, ni sacrificándose para otros ni sacrificando a otros para él. Perseguir su propio interés racional y su propia felicidad es el más alto objetivo de su vida. 4º El sistema político-económico ideal es el capitalismo laissez faire. Es un sistema en el que los hombres tratan unos con los otros, no como víctimas y verdugos, ni como amos y esclavos, sino como comerciantes, por libre intercambio y consentimiento voluntario para beneficio mutuo. Es un sistema en el que ningún hombre puede obtener ningún valor de otros recurriendo a la fuerza física, y ningún hombre puede iniciar el uso de fuerza física contra otros. Tal como exponen en sus libros y reiteradas manifestaciones, para los objetivistas el ser y el conocer no tienen otra raíz que lo material, que ellos confunden con la realidad absoluta. Con ello, ciertamente, no se diferencian de otras corrientes materialistas en boga. Lo que sí es muy peculiar de ellos es la defensa sin fisuras del "individuo como un fin absoluto en sí mismo" sin dictado alguno superior a su propia voluntad "tanto más virtuosa cuanto más trata sin contemplaciones a lo exterior a sí mismo". Ello es así, sostienen, porque la "razón del más fuerte es el principal motor del progreso y de la historia". De ahí se deduce que el egoísmo, en lugar de ser una tara individual y social, ha de ser visto por todos como la principal de las virtudes, tal como es para ellos, que glosarán sin rebozo alguno a lo que llaman Egoísmo Racional. Ese "egoísmo racional", que toman como lógico efecto de la razón, no desarrolla en plenitud toda su fuerza revolucionaria y creadora porque una mayoría de ciudadanos que "aún no han comprendido lo que realmente, siguen viendo con benevolencia a esa especie de altruismo que se alimenta del misticismo y del escepticismo". El primero, cuyo más claro ejemplo es el cristianismo, por considerar a todos los hombres iguales en dignidad natural hasta el punto de hacer del Amor el principal factor de cohesión social, y el segundo, "ilustrada desviación del primero" por dudar o divagar sobre los "inequívocos" dictados de la razón pura, siendo de ello Kant y su escuela los principales responsables. Y reiteran hasta la saciedad que es el egoísmo la principal de las virtudes humanas al tiempo que ven en Ayn Rand a una especie de profetisa de los tiempos modernos. ¡Feliz y egoísta día de Ayn Rand!, gritan en grupo y a modo de plegaria para celebrar el recuerdo de su lideresa en el aniversario de su fallecimiento (6 marzo 1982). Para acercarnos a la comprensión de lo que está ocurriendo en relación con el mundo de la opulencia, incluyendo el dramatismo subsiguiente a las obscuras maniobras de los torticeros especuladores, creemos que conviene tener en cuenta cómo no le faltan a Ayn Rand y su objetivismo fervorosos fieles entre aquellos economistas, empresarios y financieros que reniegan de cualquier normativa reguladora de sus respectivas actividades. Al respecto, Ayn Rand desasociaba así cualquier relación necesaria entre poder económico (defensivo) y poder político (agresivo), presentándolos como opuestos naturales. También reinterpretó y legitimó la desigualdad de oportunidades por no ser dependiente de la cuantía del dinero, sino de su uso productivo en el mercado, idea que desarrolló junto a Alan Greenspan en Capitalism, the Unknown Ideal. La filosofía de Ayn Rand ha sido así apologética del orden social capitalista puro sin intervención gubernamental, y por ende el modelo, a la vez ético y utilitario, para muchos grandes empresarios en la búsqueda del éxito en los negocios que no dependan de la coerción política. La influencia del egoísmo individualista racional randiano se puede rastrear hasta la obra de Friedman al respecto de la idea de internalización de las externalidades, limitando la responsabilidad corporativa al beneficio de los accionistas, así como en los trabajos de Hessen y Hicks sobre la ética en los negocios. * * * Al fallecimiento de Ayn Rand en 1982, su heredero intelectual Peikoff tomó las riendas del movimiento objetivista, ya desde una cerrada y sistematizada filosofía cuyo eje principal parte del supuesto de que el árbitro y ejecutor de cuánto puede ocurrir en la historia es el hombre que ha llegado a ser plenamente consciente de su autosuficiencia, desde la cual se permite (y debe) considerar a los otros como medios para alcanzar sus propios fines; ello en abierta oposición intelectual y efectiva a "místicos y escépticos". Así, por ejemplo, el místico busca conocimiento sobrenatural, mientras que el escéptico niega la posibilidad de cualquier conocimiento. El místico afirma que los medios de conocimiento del hombre son inadecuados, y que el verdadero conocimiento requiere la iluminación de Dios, mientras que el escéptico está de acuerdo, y prescinde de Dios. El místico asegura que hay absolutos, a los que defiende apelando a la fe, mientras que el escéptico responde que él no tiene fe. La fe del místico, en el fondo, está en sus emociones, las cuales él considera como el conducto al más allá. Por su parte, el escéptico ignora el más allá, y sigue sus emociones, las cuales, dice, son la única base de acción en un mundo ininteligible. Según Peikoff, las emociones son el producto de las ideas y juicios de valor de los hombres, mantenidas de forma consciente o subconsciente. Las emociones no son herramientas de conocimiento ni una guía para la acción. Según Peikoff, los religiosos de antaño condenaban la razón humana basándose en que es limitada, finita, ligada a la tierra, en oposición a la perfecta pero indefinible mente de Dios. Esto implica un ataque en la identidad (como todo rechazo de lo finito); pero lo hace al amparo de afirmar una conciencia con una identidad supuestamente mayor, sobrenatural. Según Peikoff, los modernos nihilistas son más explícitos: hacen campañas, no por el infinito, sino por el cero. Igual que en metafísica rechazan el concepto de la realidad, en epistemología rechazan la posibilidad de la conciencia. Kant se opone al hecho que la mente del hombre tiene una cierta naturaleza. Su teoría es: la identidad (la esencia de la existencia) invalida la conciencia. O sea: un medio de conocimiento específico hace que el conocimiento sea imposible. Como Ayn Rand muestra, esta teoría implica que "el hombre está ciego porque tiene ojos, sordo porque tiene oídos, eludido porque tiene una mente", y las cosas que percibe no existen porque él las percibe". Igual que el nihilismo epistemológico de Kant destierra el conocimiento de la identidad, así también su nihilismo ético destierra la moralidad (el reino de los valores) de cualquier disfrute de la vida. La ética objetivista es la opuesta a la de Kant, y empieza planteándose una cuestión fundamental: ¿por qué es necesaria la ética? Los hombres aprenden unos de otros, construyen sobre el trabajo de sus predecesores, consiguen cooperando entre ellos hazañas que serían imposibles en una isla desierta. Todos esos tipos de relaciones sociales requieren el ejercicio de la facultad humana del conocimiento, y dependen del individuo solitario (en el sentido básico, interno, de la palabra), del sentido de un hombre enfrentándose a la realidad abierta y directamente, buscando no crucificarse a sí mismo en la cruz de los otros ni aceptar la palabra de otros como un acto de fe, sino buscando entender, hacer conexiones y saber. La mente del hombre requiere, así, egoísmo, y también lo requiere cualquier otro aspecto de su vida. ¿Por qué? Porque un organismo vivo tiene que ser el beneficiario de sus propias acciones, y tiene que perseguir objetos específicos para sí mismo, para su propio provecho y supervivencia. La vida requiere ganar valores, no su pérdida; logros, no renuncia; auto-preservación, no auto-sacrificio. El hombre puede elegir el valorar y perseguir su auto-inmolación, pero no puede sobrevivir ni prosperar con tal método. Esto significa el rechazo de cualquier división entre libertad política y libertad económica. Significa la separación entre estado y economía. Significa la única alternativa que se ha descubierto contra la tiranía: el capitalismo laissez faire. Es verdad que libertad, derechos y capitalismo son egoístas. Es verdad también que el egoísmo, propiamente definido, es lo bueno". * * * Según lo visto, para estos objetivistas, o materialistas revolucionarios desde el mundo de las élites capitalistas, el yo y el dinero, en epistemológica relación, son los objeto de fervoroso culto (digamos dioses) del movimiento objetivista. Según ello, y parodiando a Ortega y Gasset, pueden decir de sí mismos: Yo soy yo y mi dinero para, y desde ese pedestal de inmisericorde egoísmo atreverse a señalar que son ellos, exclusivamente, los que mueven el mundo. Desde esa perspectiva, no faltan objetivistas que, tal como explican en sus charlas populistas a la par que selectivas, dividen al mundo no en burgueses y proletarios como hicieron Marx y los suyos y sí en productores y gorrones, entendiendo por los primeros, o productores, a los que saben sacarle el jugo a lo que les ofrece la sociedad en su conjunto y por los segundos, o gorrones, tanto a los que intentan vivir sin trabajar como a los que "cobran más de lo que les corresponde" o, por diversas circunstancias, precisan de la ayuda del estado para sobrevivir. A tenor de sus prejuicios de clase, esos egoístas racionales cual pretenden ser los objetivistas: -obvian
que los principales gorrones se encuentran entre los que, situados en las
"altas esferas", no hacen más que aprovecharse del trabajo
ajeno, Frente a la sacralización del liberalismo insolidario, que ya predicó en su día Smith y ahora los objetivistas (auto-situados en lo alto de la escala de la moralidad de los ricos y poderosos), no cabe la rebelión por la rebelión cuyas profecías se siguen viendo en gritos de guerra al estilo de "proletarios de todos los países, uníos" (de Marx) o "que los explotadores se conviertan en explotados" (de Lenin). .
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