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La existencia de Dios, o 5 vías de Aristóteles
Zamora,
24 agosto 2026 En diversos pasajes de sus escritos (Metafísica, Física, Psicología), Aristóteles formula algo así a lo que hoy llamamos pruebas de la existencia de Dios, dejando claro que su existencia es tan evidente que no necesitaría demostración. Para Aristóteles, la existencia de cualquier cosa implica necesariamente la existencia de Dios, pues todo lo que existe y es visible viene a ser contingente, y una cadena infinita de seres contingentes (hacia atrás) no puede existir sin un ser necesario que le haya dado la existencia. Para Aristóteles, contingente significa que el ser de esa existencia, o la existencia de esa existencia, no es necesaria. Contingente significa que lo mismo podría existir que no existir, y que no hay razón para que exista más que para que no exista. Es más, constata que las existencias con que tropezamos en nuestra experiencia personal son todas ellas contingentes. Esto quiere decir que las cosas existen (este vaso, esta lámpara, esta mesa, el mundo, el sol, las estrellas, los animales, yo y ustedes) pero podrían no existir (es decir, que nuestra existencia no es necesaria). Si hay una existencia, y esa existencia no es necesaria, entonces esa existencia supone que ha sido producida por otra cosa existente, tiene su fundamento en otra. Si no lo tiene en sí misma, si no es necesaria, tiene que tener su fundamento en otra cosa existente. Esta 2ª cosa existente, si tampoco es necesaria, sino contingente, supondrá evidentemente una 3ª cosa existente que la ha producido. Esta 3ª cosa existente, si no es necesaria, sino contingente, supondrá una 4ª cosa que la haya producido. Y así sucesivamente. Supongamos que la serie de estas cosas contingentes (no necesarias), que van produciéndose unas a otras, sea infinita. En dicho caso, toda la serie, tomada en su totalidad, será también contingente, y necesitará por fuerza una existencia no contingente que la explique, que le dé esa existencia. Tanto en la persecución de las existencias individuales como en la consideración de una serie infinita de existencias individuales, tanto en una como en otra, tropezamos con la absoluta necesidad de admitir una existencia que no encuentre su fundamento en otra sino que sea ella, por sí misma, necesaria, absolutamente necesaria. Esta existencia no contingente sino necesaria que tiene en sí misma la razón de su existir, la causa de su existir, el fundamento de su existir, es Dios. Como diría nuestro agnóstico Voltaire, "no puede haber reloj sin relojero". Haciendo un recuento de las vías abiertas por Aristóteles en torno a esta existencia necesaria de Dios, tan bellamente explicadas por Tomás de Aquino, nos encontraríamos con lo siguiente. a)
Vía del Movimiento Nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero todo lo que se mueve es movido por otro, y como una serie infinita de causas es imposible hemos de admitir la existencia de un primer motor no movido por otro, inmóvil. Y ese primer motor inmóvil es Dios. Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada se mueve más que en cuanto está en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en acto (v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto). Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas (lo que, v. gr., es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez frío). Es imposible, pues, que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Si lo
que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, ya
éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un
primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores
intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero,
lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente,
es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el
que todos entienden por Dios. b)
Vía de la Eficiencia Nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí mismas, ya que para ello tendrían que haber existido antes de existir, lo cual es imposible. Además, tampoco podemos admitir una serie infinita de causas eficiente, por lo que tiene que existir una primera causa eficiente incausada. Y esa causa incausada es Dios. Nos consta por los sentidos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y ésta causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si se prolongase
indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente
primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa
falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa
eficiente primera, a la que todos llaman Dios. c)
Vía de la Contingencia Hay seres que comienzan a existir y que perecen. Es decir, que no son necesarios. Si todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno, pero existen, por lo que deben tener su causa, pues, en un primer ser necesario , ya que una serie causal infinita de seres contingentes es imposible. Y este ser necesario es Dios. Nos consta por los sentidos que en la naturaleza hay cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se producen y seres que se destruyen, y por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue. Si todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe, y por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y en consecuencia, ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o contingentes, sino que entre ellos forzosamente, ha de haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario
o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad
depende de otro, como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas
eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que
exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa
de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual
todos llaman Dios. d)
Vía de los Grados de Perfección Observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo (bondad, belleza...) Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al cual establecemos la comparación, un ser óptimo, máximamente verdadero, un ser supremo. Y ese ser supremo es Dios. Nos consta por los sentidos que unos seres son más o menos buenos, verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y el menos se atribuye a las cosas según su diversa proximidad a lo máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo, o verdad máxima en máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todo
lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor, es
causa del calor de todo lo caliente. Existe, por
consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y
de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios. e)
Vía de la Finalidad Observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero al carecer de conocimiento e inteligencia sólo pueden tender a un fin si son dirigidos por un ser inteligente. Luego debe haber un ser sumamente inteligente que ordena todas las cosas naturales dirigiéndolas a su fin . Y ese ser inteligente es Dios. Nos consta por los sentidos que hay cosas que carecen de conocimiento (como los cuerpos naturales) y obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene. Por ello se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de
conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca,
a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente
que dirige todas las cosas naturales a su fin, ya éste llamamos Dios. .
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