Hacia un lógico despertar de personas y pueblos, I

Zamora, 19 octubre 2026
Antonio Fernández, licenciado en Sociología

         En nuestra época estamos de enhorabuena cuando, a la par que asistimos al derrumbe de no pocos mitos ideológicos, y a la comprobación de que no es posible progreso alguno sin libertad, observamos un abierto despertar de las más avanzadas conclusiones de la ciencia y las letras. En la propia filosofía se va haciendo sitio a la metafísica de la unión en detrimento de la metafísica del ser, considerablemente más abstracta en la consideración general.

         Gracias a esta evidente puesta al día, por fin se acepta que el "ser participado" no es un simple convidado de piedra al divino festín de la creación, sino que participa de su misma obra. Es un ser participado, sí, y también necesitado porque es hombre. No obstante, bástale con que aplique cualquiera de sus personales energías para apagar el hambre, la sed, el frío... y los apagará.

         A este "espíritu generoso" empieza por fin hoy a crearle escalofríos un nuevo sentimiento: el verse a sí mismo como un importante ser, que ha sido amado desde toda la eternidad y que, revestido de la libre facultad de responder a ese amor, ve abierto y avanza por un camino de inimaginable plenitud. Se trata del camino de la generosa aplicación, de la tarea diaria, de las personalísimas facultades, del ser libre y consciente hacedor de una historia cuya orientación es, en parte, su propia responsabilidad.

         De este "caminante libre y consciente" se alimenta la más realista manera de amorizar la Tierra. En ella, la tríada ciencia, trabajo y fe son factores de una ilusionante y muy positiva forma de amar, y de crear el soporte comunitario que precisa la progresiva eliminación de servidumbres e injusticias. Por supuesto, todo ello superando mil ocasiones para el desaliento, porque (no nos engañemos) falta mucho camino por recorrer.

         Nadie tiene motivos para sentirse totalmente satisfecho de lo que es. Siempre podrás ser mucho más, aunque nunca abandonado a sus propias fuerzas, porque "eres demasiado para ti mismo" (según diría Blondel).

         Desde que naciste, oh criatura humana, pudiste captar que estabas invitada a una apasionante aventura. Eras muy poquita cosa y podías ser mucho. Tu elemental egoísmo era la coraza de tu insignificancia, mientras que tus primeros gritos eran las imposiciones de un pequeño dios prisionero de la condescendencia de cuantos te rodeaban.

         Creciste rápida, oh criatura, y la conciencia de necesitar al otro te obligó a ser más humilde. Si en otro tiempo te bastaba la zalema, el mimo o la sonrisa, para atraer a tu terreno a la solícita y blanda mamá, ahora ya sabes que la colaboración de cuantos necesitas requiere de ti claras manifestaciones de correspondencia.

         Tu mundo se ha ensanchado a medida que has crecido, oh criatura. Por eso, tiempo es de que trates con el máximo respeto dos imperativos dictados por tu propia naturaleza:

-que nada se te da sin esfuerzo,
-que poco puedes tú solo, ante cualquier desafío de las circunstancias.

         Lo 1º significa una perentoria obligación de trabajar, y lo 2º es una natural invitación a la solidaridad. Alguien mucho más retorcido que tú pudo convencerte de que, si lo del trabajo es verdad, también lo es que tú podías sustituir el esfuerzo propio por el esfuerzo de otros, desde la convicción de abordar los problemas de cada día. Si sabes utilizar a los otros, no necesitas grandes esfuerzos personales para vivir a tope.

         Por supuesto, lo de "vivir a tope" es otro de los deprimentes sueños de la historia, según lo demuestra continuamente la naturaleza y la propia vida. En efecto, cualquiera termina siendo la centésima parte de lo que puede ser, sobre todo si se tumba a la bartola en el divertimento o ignora el valor positivo de la solidaridad.

         Otra cosa será si has tomado y tomas cada día de tu vida, como un paso más hacia una meta que tú misma te puedes trazar, esto mismo: el perseguir un más ser desde tus íntimas virtualidades. Con absoluto realismo, eso sí, pero con una plena conciencia de que los otros, todos los otros, tienen los mismos derechos que tú y son muy capaces de prestar mayor fecundidad a tu contribución en la tarea comunitaria.

         No des estériles patadas al pasado, oh criatura humana, sino deja que los muertos entierren a sus muertos. Corre hacia adelante y mira hacia arriba con los pies bien pegados al suelo, codo con codo con aquellos que te necesitan y a quienes necesitas.

         No dejes que se funda tu personalidad en la masa de los que te rodean, oh criatura de Dios. Si eres capaz de sacarle el máximo partido a tu circunstancia (las cosas y personas próximas a ti), podrás cordialmente asumir el compromiso de apurar al máximo la irrepetible aventura de tu propia vida, y de paso saber de dónde vienes, quien eres, qué puedes ser y cuáles son las fronteras del misterio.

.

  Act: 19/10/26        @enseñanzas de la vida            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A