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Intelectualizar un sueño irreal: el materialista
Zamora,
28 septiembre 2026 En términos generales, el materialismo filosófico era algo así como una imponente combinatoria de aristotelismo bien filtrado por Kant y sutilmente dialectizado por Hegel, todo ello acompañado de una portentosa erudición de cátedra y apoyado en un gran talento. Se elimina la idea aristotélica de "acto puro", se asume la liquidación del nóumeno kantiano, y se acomoda la andadura dialéctica hegeliana al proyecto de deducir la materia a "materia trascendental". El verdadero materialismo afirma sin concesiones que la materia es siempre, por definición, materia determinada, incluso en sus niveles originales y más pobres (energía); lo mismo que el ser (lo que realmente existe) es siempre ser determinado. La naturaleza no conoce más que materialidades, y el término materia es la generalización lingüística de la clase universal de las materialidades (al margen de la paradoja de si la materia debe ser o no considerada como miembro de su clase, aunque parece evidente que la clase no puede concebirse como materia porque no posee una particular determinación identificativa). La materia sólo existe como positividad concreta, sólo así realmente es. Hablar de materia trascendental, como una especie de producto de la conciencia trascendental, como cadena sin fin de negatividades, equivale a recaer en una dialéctica de corte hegeliano, aunque el objetivo perseguido sea diferente. El sujeto trascendental (el ego) va almacenando y trascendiendo dialécticamente "lo que hay", pero en forma de ideas o de materialidades en forma de "contenidos de conciencia". Por su parte, la física y la química nada saben de sustancias (a no ser que hablemos de sustancias físico-químicas, en su sentido literal), porque la noción filosófica de sustancia, o de esencia, pertenece a un mundo que no es el suyo. Es más, la filosofía de la ciencia tampoco tiene nada que ver con una materia trascendental. * * * Ya en la primera mitad el s. XVIII, fue un médico francés llamado Julien de la Mettrie el que, apoyándose en la autoridad académica de Descartes, para el cual, recordémoslo, la "res cogitans" dependía de la "res extensa", sin rebozo alguno, empezó a confundir al hombre con una simple máquina. Fue L'Homme Machine-1748 un libro en el que, sin apartarse de la terminología cartesiana y apoyándose en lo que tomaba como incuestionables aportaciones de la observación científica, sostenía que el hombre no era más que una máquina animal de superior nivel en cuanto, gracias a los efluvios mecánicos del propio cerebro, podía fabricar lo propio para manifestarse superior al resto de los animales; pero con todo y con eso no dejaba de ser máquina biológica un tanto especial y, por lo tanto, era acreedor al calificativo de "hombre máquina". En razón de ello, De la Mettrie descarta el dualismo cartesiano, se aferra a un monismo radical y, consecuentemente, desecha incluso la idea panteísta de Dios para prestar todo el poder a una naturaleza que, para él, no pasa de ser materia en múltiples manifestaciones mientras el propio hombre carece de otra trascendencia que no sea la del animal que, como se diría festivamente en el viejo materialismo, "se siente a sus anchas en un campo de habas". "Reliquias y vestigios del pasado" son términos que sirvieron a Bueno Martínez, el más acreditado "filósofo materialista de nuestro tiempo", para elaborar su crítica de la vieja filosofía y, consecuentemente, abordar la concepción, parto, desarrollo y exposición de un materialismo filosófico que vendría a ser una revolucionaria modalidad de "filosofía abstracta", según propia confesión:
Sabemos que la gran mayoría de la sociedad no está en condiciones de practicar el análisis abstracto de la realidad. Pero también creemos saber que sin la acción de una minoría dispersa (¿un 1%, un 0,5%?) capaz de enfrentarse a estas ideas con la disciplina característica de la teoría filosófica abstracta la sociedad, en su conjunto, falta de toda crítica interna, descendería hacia los niveles más bajos de infantilismo en el plano público. Para los materialistas, recordémoslo, "lo físico puede existir sin lo mental, pero lo mental no puede existir sin lo físico", y la materia en movimiento "es todo lo que hay". A ello respondemos que lo mental es una expresión de lo espiritual, no lo espiritual en sí. El materialismo filosófico (moderna versión del materialismo científico marxista), que, según mi apreciación y por su carácter de "doctrina plural" bien se podría llamar ideal-materialismo, se auto-sitúa a sí mismo muy por encima: -del materialismo clásico (y
vulgar) de Demócrito
o Lucrecio, El revestirlo con el ropaje de escogidas citas de los más ilustres pensadores de los siglos pasados no altera el fondo de una doctrina que, con giros nuevos, presenta a una autosuficiente materia y a sus efectos como exclusiva realidad. De las evoluciones y coincidencias estructurales entre un átomo y una estrella no se puede deducir que el movimiento, en todas sus manifestaciones es un espontáneo efecto del modo de ser de la materia ni, mucho menos, que el pensar y el sentir de los humanos no son más que simples efluvios de una unívoca aunque exclusiva condición material. Desmontado ya eso de que "lo más natural del mundo es que surjan efectos sin causa alguna que los produzca" (o principio materialista por excelencia), y sin confundir la fuente de vida y del movimiento con el "motor inmóvil" de Aristóteles, lo que sí que es realista y racional es pensar que, por encima de todo el universo material, existe algo de lo que dependen el principio y el fin de todas las cosas, a forma de Ser supremo. * * * ¿Porqué el materialismo filosófico pretende ser una doctrina consecuente con la realidad cuando, al igual que otros materialismos, parte de una mutilada imagen del ser humano puesto que, mientras no se demuestre lo contrario, éste es un animal más espiritual que material por estar compuesto de alma y cuerpo, siendo aquella llamada a la trascendencia y éste a confundirse (al menos "de momento") con el polvo de la Tierra? Según explica Ferrater Mora en su Diccionario Filosófico, "Bueno Martínez critica diversas doctrinas (mecanicismo, subjetivismo, empiriocriticismo, idealismo, monismo neutral) como manifestaciones de formalismo. La idea de materia es, en último término, una idea crítica y es la manifestación de la actividad filosófica, la cual es a la vez teórica y práctica". Ciertamente que, tal como podemos observar siguiendo sus múltiples y académicamente bien elaborados trabajos, Bueno Martínez goza de gran talento, enorme capacidad de trabajo, extraordinaria erudición y envidiable facilidad de expresión sin mayor recurso que la propia memoria. ¿Es ello suficiente para desvanecer cualquier duda de que sus postulados se ajustan a la realidad? Sin salirnos del Catoblepas (revista crítica del presente), nuestra principal fuente de información sobre el tema que ahora nos ocupa, podemos pensar que el materialismo filosófico nos presentan una alambicada síntesis de lo más razonable del materialismo marxista y del idealismo hegeliano, uno y otro a modo de polos de una materialista respuesta al espiritualismo cristiano (naturalmente, resistente a cualquier artificioso envite de los tópicos en boga, a las respuestas del vacío existencial y a reducir lo espiritual a una idealizada parida de la materia). Para el materialismo filosófico, la materia es más de "lo que impresiona nuestros sentidos" y menos de "la realidad de los entes que existen más allá de nuestro pensamiento. Respecto a lo primero, los materialistas echan en falta la inclusión de las materialidades procedentes de la materia (a la que ven como madre de todo lo existente). Por lo segundo, se afanan en desterrar del mundo de las realidades a todo lo referente a un Dios creador, motor y providencia. Respecto a tales postulados materialistas, bueno será lo que, con el título de Problemas Abiertos, el propio Bueno Martínez escribe en su libro Materia:
En razón de lo expuesto y para cerrar este capítulo, nos permitimos señalar que podemos aceptar a Bueno Martínez como materialista porque él lo decía después de haber convertido al idealista Platón en una especie de materialista vergonzante. ¿Existen razones de peso para no situarle en el umbral del realismo espiritual al que tan razonablemente apuntó Tomás de Aquino? ¿No será más ajustado a la realidad el hecho de que, al no estar seguro de nada, Bueno Martínez ha optado por no admitir más que aquello de cuya explicación se siente capaz con lo que nos sugiere la posibilidad de que también a él le corresponde el calificativo de "maestro de la sospecha"? .
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