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Dependencia Internacional José
Luis Rubio En la sociología latinoamericana de la década de 1960 se opuso el desarrollo económico a su correlato fáctico: la dependencia. En última instancia, puede decirse que un país dependiente es un país para otro, no para sí. Ello, claro está, no se produce nunca totalmente, pero sí en importante y determinante medida. A este respecto, Raul Prebisch escribía:
La existencia paralela, junto a los países dependientes, de los países dominantes, que son países para sí, y que al mismo tiempo determinan para ellos a otros países (en mayor o menor medida), implica la aparición de clases a nivel internacional, con sus consiguientes luchas o enfrentamientos. A medida que las tensiones de clase se han ido debilitando en el interior del mundo desarrollado, éstas se han ido trasladando y se han multiplicado en la esfera internacional. El enfrentamiento de clases, a escala internacional, entre los que la terminología de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, de la ONU) ha llamado centro y periferia, se hace más agudo, y constituye hoy el 1º problema a escala planetaria. Si la atención de los organismos internacionales aparece crecientemente preocupada por esta agravación de las distancias entre un sector y otro de la humanidad, su eficacia práctica no se ha mostrado convincente, puesto que no solamente el deterioro crece, sino que está apareciendo un Cuarto Mundo, que ya no interesa al centro ni siquiera como periferia, que sobra, que está de más, lanzado al pudridero de la historia para desaparecer (África subsahariana, regiones de Asia e Iberoamérica). Al constituirse el sistema centro (dominante) surge como correlato la periferia (dependiente). Con todas las matizaciones que puedan hacerse (y deban hacerse) a la Teoría de la Dependencia que formulo, es claro que se producen los siguientes hechos. a) Teoría I de la Dependencia Viene a decir que "el país dependiente se organiza económicamente al servicio de los intereses del país dominante". Ello, en unos casos, por la imposición directa de una acción de conquista colonizadora, y en otros, por la combinación de esos intereses colonialistas (en este caso neocolonialistas) con los de una oligarquía local, que se constituye así en la pieza intermedia del sistema. Se acaba la posibilidad de desarrollar la estructura económica preexistente (pobre, pero más o menos armónica) hacia los niveles más altos. Se destruyen los brotes locales de manufacturación autónoma y se introducen deformaciones. Frecuentemente, la misma producción de bienes de consumo para la alimentación es devastada para especializar al país en un producto para la exportación. Se impone un papel específico en la División Internacional del Trabajo que dirige, en su provecho, el centro dominante. El centro dominante exporta mayoritariamente productos manufacturados, progresivamente encarecidos, e importa productos primarios, progresivamente depreciados. Porque en este intercambio lo determinante, más que el tipo de producto que se exporta o importa, es quién decide los precios de unos y otros. Éste es el centro dominante. Las características de los productos de exportación e importación han variado en los dos siglos largos del sistema. Pero la naturaleza del mismo se mantiene. Para el país dependiente la determinación externa de su estructuración no se acaba en lo económico, pues a su servicio se configuran las formulaciones políticas (más democráticas o más dictatoriales, según convenga), y los sistemas sociales y jurídicos. Completándose con una deformación cultural que llega a la auto-denigración de lo propio, a la aspiración, no a ser mejores, sino a ser otros. Esquizofrenia colectiva que se revela en las pautas de la publicidad, presentadoras habituales de modelos de belleza, de cánones estéticos, del norte, con su influjo subliminar que conduce a asumir la idea de la propia inferioridad, desde el mismo nivel étnico. Ha de añadirse una observación: el centro dominante, que pudo ser la Gran Bretaña en una etapa histórica, que pudo ser también la UE y los EE.UU, que pudo ser para algunos países la URSS y las naciones socialistas industrializadas, progresivamente va perdiendo su apoyatura geográfica y nacional concreta, y esta va pasando a manos de las grandes corporaciones transnacionales. b) Teoría II de la Dependencia Viene a decir que "la distancia entre los niveles de los países dependientes y de los países dominantes se incrementa constantemente". Si la distancia entre el PIB por habitante de un país atrasado y el de un país adelantado podía estimarse de uno a cuatro antes del inicio de la revolución industrial, desde entonces hasta nuestros días esa distancia se ha convertido en abismo, no ha hecho más que crecer. El Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de 1992 decía: "No es de extrañar que la disparidad del ingreso mundial se haya duplicado durante los tres últimos decenios, pues el 20% más rico de la población mundial recibe en la actualidad 150 veces más ingresos que el 20% más pobre". Los avances industriales y tecnológicos no han servido para mejorar la vida de todos, sino sólo la de algunos sectores humanos privilegiados. Es necesario concluir que este mundo insolidario se ha levantado sobre lo que Juan Pablo II llamó "estructuras de pecado". Los mecanismos de acumulación internacional de la riqueza actúan en este campo con tanta mayor virulencia en cuanto que en él no existen (a diferencia del terreno anterior) poderes superiores que los limiten. Se mueven en un sistema de competencia perfecta, salvo las imperfecciones que el propio sistema introduce en su servicio. Pueden considerarse entre estos mecanismos: b.1) La relación de intercambio El manejo predominante, por los países del centro, de la determinación de los precios de los productos que se intercambian en el mercado mundial, hace que dicho centro compre cada vez más barato y venda cada vez más caro. Por ello, el costo de un determinado producto del centro es cada vez más elevado medido en productos de la periferia. La relación de intercambio se hace cada vez más costosa para el país dependiente, y más beneficiosa para el país dominante. El esfuerzo que ha de hacer el primero para conseguir una determinada importación es cada vez más considerable. Las estadísticas son claras. Por ejemplo, para el caso de América Latina (según la CEPAL), la variación de los precios de intercambio acumulada entre 1981 y 1994 significó una pérdida del 32%, y en 12 años se perdió un tercio de la capacidad de compra. Todo ello quiere decir que, a través de este mecanismo, un tanto por ciento del esfuerzo para aumentar el PIB se escapa por esta vía, cada año, un 1%, un 2%, un 3%. De ahí que los países subdesarrollados del sur insistan en que la única ayuda efectiva que pudieran ofrecerle los desarrollados es la congelación de precios. Objetivo nunca logrado. b.2) El servicio de la deuda externa Las dificultades de los países dependientes y, con frecuencia, la inconsciencia de sus gobernantes, han hecho que muchos de ellos acepten empréstitos exteriores cuantiosos. Pero esos empréstitos hay que pagarlos en un determinado plazo, y mientras tanto devengan unos determinados intereses anuales. El servicio de la deuda externa que ambos factores producen supone cada año una parte más considerable del total que se ingresa por las exportaciones (en algunos casos, incluso han llegado a superarlo). Muchas veces los intereses son elevados unilateralmente por el acreedor, haciendo impagable el servicio de la deuda. Muchas veces se recaban nuevos empréstitos para ir pagando los viejos. Pero difícilmente se sale de la trampa. La cadena se hace cada vez más asfixiante. Y el sacrificio se tiende a repartir desigualmente entre la población, rebajándose los servicios y atenciones sociales, creándose una deuda social, normalmente ignorada. El encadenamiento a los organismos financieros internacionales, especialmente al FMI, exige reajustes, imponiendo mayores cuotas de sacrificio popular. En definitiva, por este servicio de la deuda externa se escapa otra posibilidad de crecimiento en el PIB. b.3) Los beneficios de las compañías extranjeras Una cantidad también apreciable es la que fluye hacia el exterior procedente de las compañías extranjeras asentadas en el país dependiente. Sus beneficios, en proporción mayoritaria, se dirigen al país de procedencia. Si unas empresas han significado, ciertamente, un empuje en el proceso local, otras han utilizado formas auténticamente depredadoras. Otro flujo que conduce del país pobre al país rico. b.4) La evasión de capitales La inestabilidad o las inflaciones, a veces galopantes, en los países dependientes, hacen que abundantes capitales locales no se inviertan en el país, sino que se evadan al país dominante, estable y seguro. No ya sólo los grandes capitales, sino incluso el ahorro local, huyendo de la pérdida de su valor acumulado en el tiempo, camina hacia instituciones exteriores que la aseguran contra ese riesgo. De esta forma, los países pobres, como se ha dicho reiteradamente, se convierten en banqueros de los países ricos. Es otro flujo de salida que se produce, otra sangría que dificulta el crecimiento del PIB. Estos flujos negativos coexisten con flujos positivos (nuevos empréstitos, nuevas inversiones, ayudas de todo tipo...). Pero su compresión se queda enormemente corta, es absolutamente insuficiente. El saldo final es claramente negativo para los países dependientes. Si lo que la suma de los factores negativos puede presentar (como en el ejemplo de América Latina) un 6-7% del posible crecimiento del PIB, lo que puede representar la compensación de los factores positivos puede significar un 1-2%. El saldo negativo es del 5%. Es decir, de no actuar esos factores, el PIB podría aumentar cada año en los países dependientes en un 5% más. La velocidad de duplicación del PIB se aceleraría enormemente. Podría decirse que los países dependientes ascienden la cuesta del desarrollo económico situados en una escalera mecánica descendiente (que cada año desciende 5 de sus 100 escalones) a la que se une el hecho del fuerte crecimiento demográfico (2-3% ó más anual), que significa otros escalones más que han de compensarse para que no descienda el PIB por habitante. Todo lo que no sea un esfuerzo que supere el 7-8% anual es descender en el PIB por habitante. c) Teoría III de la Dependencia Viene a decir que "la distancia entre los salarios de ambas clases de países crecen más intensamente que la distancia entre los mismos países". Mientras las zonas centrales muestran una distribución del ingreso que permite a los sectores populares ir elevando sus condiciones de vida, en los países periféricos el desequilibrio entre sectores ricos y pobres (la injusticia en el reparto de bienes y servicios) es cada vez más acentuada. Las sociedades dependientes tienden, mucho más que las desarrolladas, a producir en su seno desigualdades crecientes. Cada vez los sectores más ricos de la población absorben mayor proporción del PIB, mientras que los sectores más pobres disminuyen su participación en la riqueza. Esto produce una consecuencia (que bien podría denominarse ley del bronce del salario colonial o neocolonial): el distanciamiento del poder adquisitivo del salario/hora del país dominante, que se produce en forma más intensa que el distanciamiento entre los PIB por habitante de ambos tipos de países. El poder adquisitivo del salario/hora medio del país desarrollado cada año significa mayor cantidad de salarios/hora medios de los países subdesarrollados. El distanciamiento en niveles de vida de los trabajadores de ambas zonas crece constantemente, y con mayor intensidad que el distanciamiento entre las 2 clases de países, medida en PIB por habitante. Se produce una insolidaridad internacional proletaria creciente, por cuanto el trabajador del país dominante participa progresivamente en la explotación del país dominado. Contra el viejo ideal del internacionalismo proletario, la reclamación salarial en el interior del país dominante puede ser atendida sin disminuir la ganancia del capital, obteniendo más ingresos con una más intensa explotación del proletariado exterior. En el país dominado, el empobrecimiento (al menos relativo) general del país se hace recaer más intensamente en sus clases populares, para no afectar a las clases poderosas. La tendencia aparece en todo tiempo, pero se hace más aguda en épocas de crisis, cuando, según las leyes del mercado, las peores consecuencias de la misma se echan sobre las espaldas de los sectores más débiles, tanto en la esfera interna como en la internacional. En América Latina, en la década de 1980, la renta por habitante bajó un 10%, y el valor del salario medio bajó ¡un 30%! d) Teoría IV de la Dependencia Viene a decir que "la misma teorización sobre el subdesarrollo elaborada en los países dominantes y exportada a los dependientes esconde el fenómeno de la dependencia como causa". La preocupación por los niveles de desarrollo irrumpió con el final de la II Guerra Mundial (y en práctica coincidencia con el fenómeno de la descolonización legal de multitud de países de África y Asia). Aparece el término "país subdesarrollado", como un eufemismo para evitar decir pobre, atrasado, o de segunda categoría. Como todo eufemismo, acaba perdiendo su utilidad y ha de ser reemplazado por otro: "país en vías de desarrollo". La teorización que en los países centrales empieza a hacerse de este subdesarrollo de amplias zonas (mayoritarias) humanas lo presentan como una fase anterior a la del desarrollo, natural, en una escala única por la que todos los países caminan. Unos han alcanzado, con inteligencia y esfuerzo, un estadio más alto. Otros quedan todavía rezagados. No obstante, la escala es única para todos. Ahí están, por ejemplo, las famosas Etapas del Desarrollo de Rostow, que hablan de: 1º Sociedad tradicional, 2º Precondiciones del despegue, 3º Despegue, 4º Avance hacia la madurez, 5º Consumo en masa. La clasificación era fácil, colocando a todos los países en orden del PIB por habitante (medido en dólares). Por encima de un determinado nivel (cambiante con los años) se era país desarrollado, y por debajo un país subdesarrollado. De hecho, con frecuencia se situó esta línea divisoria en la cuarta parte del PIB por habitante norteamericano. La forma de salir del subdesarrollo era igualmente simple: un esfuerzo desarrollista, ir remontando las distintas etapas del crecimiento, con las ayudas, pautas y ejemplos de los ya desarrollados. Pero esta tesis (de apariencia neutral y científica) se ha revelado como otra forma de dominación mental. Tiene su carga ideológica: oculta las causas de la situación. En nuestros días, estas fórmulas consideradas neutrales y científicas, imponen reajustes neoliberales, con desmantelamiento de las industrias locales, apertura total y disminución de las prestaciones sociales. En un determinado momento, en los países periféricos, y concretamente en los de Iberoamérica, con la Escuela Cepalina (la Escuela Económica Latinoamericana) y su Teoría de la Dependencia, apareció un análisis esclarecedor enfrentado a las tesis tradicionales sobre el subdesarrollo, que contra una visión serial se impuso una visión causal. Desde dicha óptica se argumentó, más o menos:
Esta tesis de la teoría de la dependencia, con su clarificación del papel que el centro dominante ha tenido y tiene en el subdesarrollo de la periferia dominada, conserva la validez de sus enunciados fundamentales, aunque pueda y deba hacérsele (y se le ha hecho) una crítica a su, a veces, excesivo esquematismo, despreciador, en aras de la primacía de las causas externas, de las causas internas, evidentemente también sustanciales. No obstante, en los últimos tiempos, la oleada neoliberal no se cansa de considerarla errónea y fracasadas. Pudiera decirse que, frente a una visión calvinista, que lleva a la consideración de que el rico (persona o país) lo es porque se ha movido en un círculo virtuoso y el pobre lo es porque se ha movido en un círculo vicioso, la visión católica apunta a la existencia de estructuras de pecado que llevan a esa polarización. Al anteponer al necesario desarrollo el requisito previo de la liberación (organizar la vida del país para sí y no para otro) se desvanece igualmente la validez universal de lo que sea desarrollo, pues ya no es lo mismo aquello a que aspira o puede aspirar una cultura que aquello a lo que aspira otra cultura. Las pautas de felicidad colectiva, los ideales de organización social, no son siempre equiparables. El desarrollo propio de cada comunidad no tiene que ser similar (o imitación servil) del desarrollo de otra. Junto a aspiraciones universales, como la disminución de la mortalidad y el crecimiento de la vida media, hay aspiraciones específicas de cada cultura, que no conviene a la humanidad hacer desaparecer, anegada en un uniformismo global. Desarrollo, desde la perspectiva de la previa liberación, no debe ser un proceso homogéneo que lleve a un resultado similar en toda la especie humana. Es un camino de progreso humano acorde con las connotaciones propias de cada cultura. La combinación de progresos técnicos materiales y progresos humanos no siempre tiene que conducir a un lugar común. La riqueza de la vida humana, hecha de diferentes culturas e ideales de vida, debe llevar a un desarrollo plural, rico en su diversidad. La Declaración de Amman-1988, sobre el desarrollo humano, planteaba su exigencia cara a la próxima (y ya más que mediada y demasiado positiva) década:
Naturalmente, lo exigible en esa pluralidad de vías de desarrollo humano es la aceptación del otro con su otra cultura, la no imposición a los demás del propio concepto de desarrollo. Difícil tolerancia es ésta para quienes se despliegan en el mundo (como la propia civilización occidental euro-norteamericana) con un alto grado de integrismo, de no reconocimiento de lo distinto. Difícil es, igualmente, para los integrismos no occidentales. Difícil es, pero absolutamente necesaria. .
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