Educación

Gonzalo Romero
Mercabá, 23 marzo 2026

        Las voces educación y magisterio están íntimamente ligadas y hermanadas por el discurrir histórico de sus significados. De las palabras deben sacarse cosas antiguas y nuevas, pues lo que de antiguo sacamos nos lo transmiten los hechos que forman parte de eso que llamamos historia.

a) Educación

        Por educación entendemos una influencia decididamente intencionada sobre un ser humano en crecimiento (físico y psicológico), con un propósito: formarlo y desarrollarlo como tal.

        Atendiendo a la etimología de la palabra educación, proviene fonética y morfológicamente de educare (lit. conducir, guiar, orientar), y semánticamente recoge el concepto de educere (lit. hacer salir, extraer, dar a luz).

        De la fusión de ambos conceptos lingüísticos, surgen los primeros interrogantes, tales como ¿conducir hacia dónde? o ¿hacer salir qué? La educación, que consiste en una acción intencionada, es un hecho personal y comunitario, supuesto que la educación es un elemento esencial y permanente de la vida individual y social, de la realidad y de la idealidad, de la experiencia y del pensamiento. Y lo real y lo ideal conforman lo más íntimamente humano de nuestra existencia.

        La historia de la educación no es únicamente un producto del pensamiento o la acción de los educadores, maestros y escuelas, sino que está integrada por multitud de factores culturales y sociales, tales como la idiosincrasia de cada pueblo y época, el carácter propio de la cultura, el peso específico de los medios de comunicación, la estructura social, la constitución familiar, el sentido de la vida, los grupos profesionales que predominan, las personas que son valoradas y hasta la vida económica.

a.1) Educación hebrea

        El significado de educación, en sentido personalista y comunitario, se encuentra muy ligado a la historia del pueblo hebreo, carente de una gran significancia política pero sí con una gran trascendencia histórica, al constituir la base para crear dos religiones: el judaísmo (de carácter nacional) y el cristianismo (de carácter universal).

        El pueblo hebreo fue orientado y guiado por profetas, y esto fue lo que le aportó su carácter y permanencia a lo largo de la historia. Por otra parte, el hebreo fue un pueblo con una gran sensibilidad por la cultura, y ya hacia el 1.250 a.C comienza a emplear su propia escritura y a desarrollar un aprendizaje levítico.

        El libro del Deuteronomio da como razón suprema del aprendizaje que no haya esclavos entre ellos, aludiendo a su misma historia (Dt 15,14-15; 24,21-22). Semejante argumentación histórica encierra un profundo sentido del qué educar, del qué hacer salir de mí hacia el otro y de una intuición magistral encargada de tal proceso formativo.

        Según esto, tenemos ya un dato innegable: que el hombre está constitutivamente vinculado a los demás hombres, y no meramente entreverado con ellos (como los animales). Así, el hacer salir y el guiar, iría encaminado hacia los demás hombres y mujeres, porque es típico del ser humano el que una parte de eso humano que lo constituye esté (aunque de modos muy diversos) siempre fuera de él, en los demás, en el rostro del otro, en el .

        La satisfacción imprescindible de esa necesidad de los demás podrá contratarla, o pagarla, o premiarla, pero lo que no puede es eliminarla sin destruirse a sí mismo. Educación tiene que ver, por tanto, con la construcción del "yo en el otro" y de "el otro en mí".

        El niño recién nacido, en efecto, aún no puede reclamar con palabras esa necesidad de los demás, pero puede ya exponerla con su llanto o su presencia inerme. Quizás por eso, al contrario que los animales, los hombres nacen llorando. La nota distintiva de la educación en clave personalista y comunitaria sería esta: el hombre no puede dejar de contar sin más con el otro, sin negarse parcialmente a sí mismo.

        El libro de Proverbios, que es en realidad un manual de educación moral, contiene una serie de consejos muy significativos, que fueron seguidos e inculcados de generación en generación por el pueblo hebreo, tales como: "Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado", y: "Adquirir inteligencia vale más que la plata" (Prov 16,16). Como se ve, la educación hebrea prima el ser sobre el tener.

        Evidentemente, la significación de la educación hebrea fue fundamentalmente religiosa, pero esta significación dotó al pueblo hebreo de una unidad férrea educativa.

a.2) Educación griega

        Frente al sentido educativo del pueblo hebreo estaría la educación griega, progenitora directa del sentido de educación occidental. ¿En qué sentido? En el mismo que aportó el propio Sócrates con su mayéutica, por ejemplo, a la hora de ayudar a sus conciudadanos a "dar a luz lo que se tiene dentro de sí".

        Como rasgos distintivos, cabría destacar en el espíritu educativo griego:

-el descubrimiento del hombre, independiente de cualquier autoridad religiosa o política;
-el reconocimiento de la razón autónoma e inteligencia crítica;
-el establecimiento del orden, legal y cósmico;
-la invención ciudadana, a nivel estatal y político;
-el respeto a la libertad individual y colectiva, dentro de la ley y del estado;
-el auxilio de la épica, la historia, la literatura dramática, la filosofía y las ciencias naturales;
-el principio de competición, y selección de los mejores.

        En cualquiera de los períodos helenísticos, el concepto de educación tiene dos rasgos esenciales:

-el ideal agonal, o "ser siempre el mejor, y distinguirse de los demás", como bien expresó Néstor en la Ilíada);
-el ideal sapiencial, o educar a la totalidad del hombre (en su cordura, amor a la cultura, ética cooperativa...).

        La educación espartana preveía educar deportiva y musicalmente a los jóvenes, al mismo tiempo que militarmente y siempre bajo las pautas impuestas por el estado. Sabemos, por ejemplo, que el recién nacido espartano podía llegar a ser sacrificado, en caso de no ser robusto.

        La educación ateniense se puede expresar con la palabra griega kalokagathia, en el cual la educación moral y estética, unidas al cultivo del cuerpo y la belleza física, predominaban sobre lo intelectual y técnico. Aparece así el concepto de libertad, y poco después el montante social al servicio de la libertad individual y colectiva: la democracia.

a.3) Educación romana

        La educación romana, a pesar del estrecho parentesco con el período griego, se desarrolla más tarde y siempre guardando su principal y más arcaica baza: la virtus, o virtud fundacional, mucho más antigua que la propia Grecia. Sus principales características serían:

-la importancia de la vida familiar;
-el rol del padre en la educación del hijo (llevándoselo a los tribunales, y aun a las sesiones del Senado, para iniciarlo presencialmente en todos los aspectos de la vida civil);
-la necesidad del estudio individual y psicológico del alumno;
-la acentuación del poder de la voluntad en el estudio,
-la valoración de las actitudes realistas, frente al ideal griego;
-la creación de las normas jurídicas, del derecho.

        Uno de los más influyentes pedagogos de su tiempo, Quintiliano, describió en sus Instituciones Oratorias cómo la educación romana comenzaba en el seno familiar, seguía por el cuidado ambiental que rodeaba al niño, pasaba por la escuela y acababa en el maestro, "diestro encargado del niño, y encargado de tantear sus talentos e índole".

a.4) Educación cristiana

        De la obra de Quintiliano emanaron los orígenes de la educación cristiana. Ya en este tiempo se encuentran escritos, atribuidos a Basilio de Cesarea, en los cuales se acentúa sobre todo el sentido social de la educación, el sentido de comunidad, la caridad y el auxilio mutuo; el apoyo mutuo que diría posteriormente kropotkin.

        Durante la Edad Media, el predominio de la educación cristiana alcanza todo su apogeo, pero adquiere un nuevo carácter debido a los nuevos factores culturales (la escolástica, que alcanza su máxima altura con la fundación de las universidades), el gremialismo de las profesiones e incluso la expansión del germanismo.

        Los conceptos de educare y de educere tienen un punto de inflexión en el Renacimiento. Éste, que comienza en el siglo XV, abre una nueva etapa de la historia de la cultura, la de la educación humanista. Si bien es verdad que se trata esencialmente de una educación de minorías, se nos hace necesario recordar que se redescubre la persona humana, libre incluso de los poderes religiosos o políticos.

        Destaca aquí la figura del humanista Vives, cuya aportación al servicio de la educación es muy importante. Piensa Vives que es necesario pasar de los hechos individuales a los grupos, de los particulares a los universales, en clara referencia a los conceptos psicológicos de la educación. Aconseja a los maestros que deliberen con paternal afecto el espíritu de sus alumnos, asignando a cada uno el trabajo para el que parezcan más aptos.

        Recogiendo todo lo bueno que la pedagogía aportó durante los siglos XVII y XVIII (Revolución Francesa incluida), aparece la figura de Pestalozzi, descrito por la notable frase sobre su tumba: "Fundador de la escuela primaria, educador de la humanidad, hombre cristiano, ciudadano para los demás, nada para sí".

        Como al profeta, al maestro nada le pagan por serlo, bien al contrario, se paga por serlo. Como la voz de los profetas clamando en el desierto al pueblo hebreo, así Pestalozzi entendía el educare, como capacidad humana en la triple actividad de espíritu, corazón y mano. Es decir, de la vida intelectual, la vida moral y la vida práctica, las cuales:

-o se cultivan armoniosamente, de un trago,
-o no sirven para que el otro se eduque.

        En definitiva, la educación es una acción humana, que cobra su sentido de la intención de mejorar al hombre. Como diría Blas de Otero, "confío que entre todos dejaremos al hombre en su lugar. ¡Al hombre en su lugar!".

b) Educación y persona

        El centro de la educación, en clave personalista y comunitaria, es la persona, que se distancia del hermetismo propio del individuo y que resuena en el eco entero de la humanidad.

        En efecto, la persona es un proceso de desvelamiento y construcción del "yo en el otro" y de "el otro en mí". La persona es encarnación yo-tú, es moción interrogativa que va cuestionándose los niveles de valorización alcanzados con respecto:

-a sus imágenes anteriores superadas,
-a las que mantiene,
-a las que puede mantener en el momento de su interrogación.

        La dignidad del ser humano le viene del hecho de "haber sido creado a imagen de Dios" y de "estar llamado a la plenitud personal". También se basa también en la afirmación decisiva del libre albedrío, concediendo a la voluntad humana un protagonismo desconocido.

        Para el concepto de educación desde un prisma personalista y comunitario, al cristianismo hay que reconocerle una importancia decisiva: el amor. A partir de aquí, el amor debe hacerse extensivo a todos, incluidos los enemigos.

        Con el cristianismo, en efecto, los más humildes reciben un papel de protagonismo, siendo ellos los protagonistas de la historia, apelando a la igualdad de todos los seres humanos, como hijos del mismo Padre. La caridad se convierte así en el eje de la vida cristiana, y desde ella se articulan las propuestas que denuncian las injusticias sociales. 

        Para el personalismo, la educación está fundamentalmente enlazada a la actividad humana en su proceso de personalización, por el hecho de que el ser humano no está hecho, sino haciéndose, en continua marcha y aventura, de modo inacabable.

        La educación es un elemento nuevo que sólo al hombre concierne, que desde su primitivo andar le debe ir acompañando, ampliando sus grados de libertad; es la herramienta para la construcción del hombre y de la mujer integrales. Siendo el fin último de la educación el compromiso vivo de una persona bajo dos aspectos: naturaleza y libertad.

c) Magisterio educativo

        El término magisterio nos refiere dos significantes, de forma muy general:

-el didascálico griego, el cual transmite ideas hasta que el horario concluye, y el profesor se va a casa hasta el día siguiente;
-el praxiológico hebreo, basado en el compartir, convivir y potenciar el seguimiento desde cerca. Es el llamado magisterio rabínico, cuyos preceptos, que cuenta la historia, hoy nos sorprenden.

        En ambas formas de magisterio antiguo era obligación del discípulo llevar las sandalias del maestro, sostenerle en caso de necesidad, prepararle el camino, guiar el asno en que montaba, recibir la tradición de sus palabras... Estas prescripciones tenían como objeto no sólo resaltar la figura del maestro, sino sobre todo garantizar la plena dedicación de éste a la preparación de las clases y la convivencia moral del alumnado.

        En el el magisterio medieval, o profesión de maestro, ésta era más que un oficio, y entraba a formar parte casi del gremio artesanal, con crecimiento en la virtud incluido. Creer en el hombre era un ejercicio básico, a la hora de afrontarlo. El maestro que así entendía su oficio, intentaba educar humildemente, entendiendo la educación permanente como aquella que traspasaba los enanos límites del horario escolar.

        En el magisterio personalista, educar es hacer sonar en el interior de los que escuchen que la solidaridad es la ternura de los pobres, y sólo así se entiende que la educación sea una necesidad prioritaria del ser humano. Es decir, el buen maestro re-cuerda (lit. vuelve a pasar por el corazón) al otro, a forma de discípulo-amigo.

        En todo aprendizaje es necesario acompañar para, juntos, aprender. El buen maestro genera signos y conductas que sacuden a la cultura de la ceguera y el olvido insolidario de los sin voz. El buen maestro reconoce el valor de la vida humana, aunque el sistema económico de su alrededor lo triture.

        El magisterio alude, pues, al ejercicio del oficio de maestro, que se ejerce como arte-sano y cuando se reconoce que somos lo que somos por los encuentros que hemos tenido en la relación maestro-discípulo. Como en todo oficio, el maestro ha de descubrir la exigencia 1ª de su enseñanza: responder a las necesidades de los alumnos.

        Responder a este reto se consigue a base de mucho estudiar y de mucho servir. Mucho estudiar, porque para enseñar es necesario formar, y para esto hay que saber qué, cómo y cuándo enseñar. Mucho servir, porque para tener credibilidad es necesario ser pacífico, y culto, y asumir los valores que se enseñan.

        El verdadero maestro no vende felicidad por comodidad, por ejemplo, sino que apuesta seria y responsablemente por la felicidad personal y comunitaria. En la sociedad en que vivimos se necesitan maestros que hagan suyo el vivir de otro modo.

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  Act: 23/03/26       @portal de ética            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A