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Espiritualidad José
Luis Vázquez Espiritualidad designa unas realidades muy variadas, y a veces lejanas las unas de las otras. Así, se habla de espiritualidad cristiana, judía, musulmana, oriental... Incluso dentro del cristianismo, cada una de las grandes confesiones ha desarrollado una espiritualidad específica (anglicana, católica, ortodoxa), protestante, cada una con una pluralidad de espiritualidades. a) Interior humano Existe en nuestra época un rechazo a la espiritualidad transmitida del pasado, y que hoy se considera inadecuada para expresar o animar la actual situación histórica. En realidad, pese a las sombrías previsiones de Comte, Marx y Weber, profetizando el fin de las religiones, nuestro tiempo está lleno de movimientos espirituales que demuestran la vitalidad del sentimiento espiritual en el mundo actual. Al principio, este interés se orientó hacia formas de espiritualidad asiática, pero en Norteamérica y en Europa se ha desplazado, en cierta medida, hacia una toma de contacto con la contemplación helénica tradicional. Hay muchas personas con una vida interior muy rica, que no tiene nada de religiosa y que ni siquiera puede ser considerada como vida espiritual, por más amplitud que se dé a esta última noción. De hecho, hay poetas o artistas que son completamente incrédulos, pero que, sin embargo, experimentan y comunican una riqueza de imaginación, de pensamiento, de sentimientos, totalmente propia. La vida interior, que tenemos desde el momento en que adquirimos un desarrollo consciente más o menos autónomo, no llega a ser vida espiritual hasta el momento en que nuestra vida interior se desarrolla, no en el aislamiento, sino, por el contrario, en la conciencia de una realidad espiritual, entendida de la manera que sea, y que sobrepasa la conciencia personal. Esta realidad espiritual no es algo que se aprehende necesariamente como divina, e incluso puede suceder que se le niegue expresamente este carácter. Solamente si el espíritu que la vida espiritual conoce es percibido no como algo, sino como alguien, la vida espiritual será al mismo tiempo vida religiosa. Si no es así, por elevada o profunda que llegue a ser la vida espiritual, no llegará jamás a ser, a la vez, vida religiosa propiamente dicha. ¿No es la religión una experiencia espiritual?, se pregunta Hans Kung, que continúa preguntándose: ¿Y no es la experiencia espiritual una práctica habitual del ser humano?, para terminar por contestar: "El hinduismo es un fenómeno místico, que no necesita del enriquecimiento adquirido por el cristianismo para constituirse en una realidad íntima espiritual"[1]. b) Espiritualidad humana Este término se emparenta con los de espíritu y espiritualismo, que indican, desde un punto de vista psicológico, el primado del espíritu en la explicación de los fenómenos psíquicos; y desde un punto de vista metafísico, afirman que el mundo se halla constituido, en su fondo último, por lo espiritual. Ambas significaciones se unen muchas veces cuando se considera que esa sustancia espiritual, que constituye el fondo de lo existente, es de carácter psíquico (espiritualismo metafísico), como ocurre en Leibniz y Lotze. Lo psíquico es, en este caso, una realidad que tiene diversos grados, que van desde la inconsciencia absoluta hasta la conciencia absoluta, hasta el espíritu en el sentido más propio del vocablo. Este espiritualismo más íntimo desemboca con frecuencia en el monismo, que tiende a concebir la realidad material como fundada en la espiritual, como el aspecto mecánico, extenso e inerte del espíritu, dando lugar al panteísmo. Existe otro espiritualismo menos íntimo, dualista, elaborado por los filósofos escolásticos, que es el teísmo, del que a veces se habla simplemente como de un idealismo, y a veces como del idealismo pos-kantiano o absoluto. Históricamente, se han calificado de espiritualistas a muy diversas doctrinas y tendencias, como a Platón, al neoplatonismo, a Leibniz, a la Escuela de Cambridge e incluso a los idealistas alemanes. Más específica y propiamente, se llaman espiritualistas a varias ramas de la filosofía francesa. Una de las ramas del espiritualismo francés se inicia con Maine de Biran y su examen del sentido íntimo, en los últimos años del s. XVIII. Se trata de una espiritualidad voluntarista, donde se desarrollan las ideas de esfuerzo interior y de resistencia. La filosofía de Bergson se entronca con el espiritualismo francés, a partir de una reflexión sobre la filosofía de Spencer. Paralelamente, durante el s. XIX, se desarrolló una tendencia, que algunos consideran la propiamente espiritualista, representada por Cousin y su escuela. En el s. XX se ha manifestado en Francia un espiritualismo ligado al pensamiento de Bergson, representado por Lavalle y Le Senne, que han elaborado la filosofía del espíritu. Pueden considerarse espiritualistas los personalistas, tanto franceses como de otras procedencias, encabezados por Mounier, Marcel, Maritain, Nedoncelle, Lacroix, los componentes del movimiento de Gallarate en Italia, o los miembros del Instituto Mounier de España, por citar algunos. c) Espiritualidad personalista Para Mounier la espiritualidad personalista constituye una doctrina militante, una ética con serias implicaciones en el orden social y económico. Para Mounier, creyente convencido, el actuar es fuente y lugar de la espiritualidad. Los cristianos deben afrontar los problemas de nuestros días, en vez de refugiarse en el comodismo de las posiciones conservadoras. Mounier se interesó por el marxismo, en cuanto aspira a destruir la cosificación del ser humano, originada por el sistema capitalista de producción, aunque no pudo aceptarlo porque histórica y doctrinalmente niega a la persona, que para él es sagrada, y su dignidad radica en la trascendencia. Sin esta última, la persona se desvanece por falta de apoyo. La persona humana es el movimiento del ser hacia el ser. El universo personal está estructurado. En concreto, Mounier subraya que la espiritualidad personalista: -sumerge en la
naturaleza, y la traspasa; Escuchemos, pues, a Mounier, cuando dice:
Mounier mostró cómo la práctica de la liberación es parte constitutiva de la vivencia teologal, siendo como es mediación en la que hoy mismo se manifiesta Dios que salva. Mostró también cómo la acción por la justicia es el momento de verificar la autenticidad del creer, integrando contemplación y compromiso. d) Espiritualidad religiosa El mismo budismo, concebido para satisfacer la necesidad del ser humano de una espiritualidad, al margen de toda religión, ha sido incapaz de conservarse en su ateísmo primitivo. De una posición deliberadamente arreligiosa, se ha evolucionado hacia una nueva religión popular, donde Buda llega a ser un dios (el dios salvador por excelencia, en sustitución de todos los dioses que estaban en las preocupaciones de sus discípulos). En el hinduismo y en muchas otras espiritualidades del Oriente, que le están más o menos emparentadas, como el taoísmo chino, la vida espiritual tiende a una absorción de su propia personalidad en una deidad impersonal. En el cristianismo, por el contrario, se tiende a la expansión completa de una vida plenamente humana, al mismo tiempo que plenamente personal, en el encuentro de un Dios que no sólo es también una persona, sino el ser personal por excelencia. Buber, judío cuyo pensamiento nutre la espiritualidad de los hassidim, señala que el judaísmo está como penetrado por el eco todavía vibrante de la gran experiencia de los profetas. También nos hace notar Buber que una persona no llega a ser para nosotros persona sino en la palabra, en el diálogo. Así, alguien a quien jamás se ha hablado, o alguien que no nos ha hablado nunca, no es para nosotros, en estricta verdad, una persona. Solamente el tú a quien he hablado es para mí alguien, y entre ambos diremos nosotros. Dios, el Dios de Israel, el Dios de la Biblia, el Dios de Jesucristo, es precisamente ese Dios, y el único que puede ser para nosotros no un él (algo impersonal) sino un tú (verdaderamente alguien. En 1º lugar, él es ese tú porque se nos ha manifestado como el yo por excelencia y no ha esperado que nosotros tomásemos la delantera para encontrarnos, sino que ha tenido la iniciativa del diálogo entre él y nosotros. e) Espiritualidad cristiana La espiritualidad cristiana consiste en una vida espiritual en la que nuestra vida más íntima, más personal, florece gracias al desarrollo de la relación personal que Dios quiere establecer con nosotros al hablarnos en Cristo. El desarrollo de la espiritualidad cristiana culmina en la contemplación, autentificada por el testimonio de la caridad. La fe cristiana proclama que Dios es Padre, Hijo y Espíritu, y que este Espíritu Santo es la fuente y el alma de toda vida espiritual, que nunca podrá reducirse a lo puramente psicológico. La espiritualidad cristiana es una vida en el Espíritu Santo, que está presente y actúa en cada uno de los fieles. La espiritualidad, así comprendida, se caracteriza por su cristocentrismo. El Espíritu Santo nos revela a Cristo y nos conduce a él. Por su arraigo en la misma estructura humana, el Espíritu no planea por encima de las realidades humanas, sino que las capta encarnando en ellas a Cristo, a fin de cristificarlas, de espiritualizarlas, de divinizarlas. Por su aspecto dialógico, el Espíritu Santo, que es Amor, mueve al intercambio y a la entrega, a la reciprocidad y a la comunión, sin las que no hay espiritualidad auténticamente cristiana. Por su universalismo, el Espíritu Santo, que está presente y activo fuera de las fronteras visibles de la Iglesia cristiana, reconoce a las otras religiones y espiritualidades, deseando abrirse a sus propias riquezas, inspiradas de cerca o de lejos por el mismo y único Espíritu que, por múltiples caminos, desea conducir a todas las personas a Cristo, único Señor del mundo y único salvador de los hombres. f) Desviaciones espiritualistas f.1) Psicologismo Reducir la vida espiritual a estados de conciencia. Desde finales de la Edad Media, el ser humano se ha habituado a tal conciencia de sí, ha llegado a estar tan atento a sus propios estados de alma, que su vida espiritual no podrá prescindir de estos datos. Lo que no es correcto es reducir la espiritualidad a los estados de conciencia. Ninguna espiritualidad puede ser estudiada adecuadamente por medio de un análisis sólo psicológico. Es de capital consideración la intencionalidad, por tanto, el objeto sobre el cual está orientada y centrada la psicología del sujeto. Prescindir del alma, pues, es no comprender los pasos, las aspiraciones o el propio movimiento. ¿Por qué? Porque se omite el motor de todos ellos. f.2) Sincretismo Una persona podría llegar a pensar que por las distintas espiritualidades podemos franquear y sobrepasar las fronteras de las iglesias, de las religiones y de los dogmas, dando por sentado que todo esto tiende, más o menos, hacia las mismas realidades superiores que trascienden los dogmas, las iglesias y las Religiones. Estas actitudes se hallan vulgarizadas en obras como la Filosofía Eterna de Huxley (que defendía una nueva religión mística universal, inspirada en la sabiduría del Oriente), proponiendo experiencias místicas con drogas que, según él: -serían parecidas a los más altos niveles de experiencia y de concepción
de las religiones (a la visión beatífica de los cristianos, al siccidanda de
los hindúes o al supremo grado de contemplación de los budistas); f.3) Exclusivismo Dentro de la espiritualidad cristiana, se han llegado a distinguir históricamente unas escuelas de espiritualidad de otras. Esto es válido a condición de mantener una cierta relatividad, pues se trata de la misma espiritualidad. Pero incluso se ha llegado a cultivar sistemáticamente, en y para su propia diferenciación, una espiritualidad derviche, una espiritualidad védica, una espiritualidad carmelita o una espiritualidad sikh. Ninguna espiritualidad es de coto cerrado, si no quiere quedar adulterada en lo más profundo, llegando a ser una deformación sectaria. Tanto el sufí Ibn Arabi, como el sefardí Maimónides, como el galo Mounier, lo que trataron de presentar, y presentaron, fue una experiencia espiritual adaptada, más que en su fondo, a las necesidades de su época. .
_______ [1] cf. KUNG H; Cristianismo y Grandes Religiones, ed. Círculo de Lectores, Barcelona 1993, pp. 278-279. [2] cf. MOUNIER E; Obras Completas, vol. III, ed. Sígueme, Salamanca 1990, pp. 467-468. |