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Familia José
Luis Parada a) Familia clásica La familia romana era el centro de las relaciones domésticas, y podría muy bien ser entendida por "hogar familiar", algo así como un clan dinástico capaz de generar y mantener la riqueza. En la familia romana se integraban la esposa, los hijos y el cabeza de todos ellos (el pater familias), así como los esclavos y demás propiedades. Los juristas romanos entendían que el pater familias no era un miembro más de la familia, sino que se posicionaba como su cabeza y representante. Sólo progresivamente, a partir del s. III d.C, empezó a utilizarse el vocablo familia para significar las relaciones de sangre existentes entre sus miembros. b) Familia medieval A finales del s. V se había extinguido prácticamente la autoridad política romana en todo Occidente. Los primitivos pueblos germánicos que sucedieron a la autoridad romana tenían 3 métodos legítimos de contraer matrimonio: por rapto, por compra y por mutuo consentimiento. El concubinato era muy frecuente y se permitía el divorcio (con la posibilidad de volver a casarse), sobre todo durante el 1º año de matrimonio. Durante los s. VI al IX surge un nuevo tipo de estructura familiar y, con ello, una redefinición de la familia en Europa Occidental. La situación anterior promovía la familia dominante durante el Imperio Romano, donde la familia de las clases pudientes difería sustancialmente de la familia de las clases más bajas. En el reinado de Carlomagno, la familia se había convertido en un grupo co-residencial basado esencialmente en la relación paterno-filial, no dependiente ya de la clase social a la que pertenecía. La cosmovisión cristiana sobre el matrimonio no fue asumida sin dificultades en estos siglos. Sobre todo porque el divorcio, las segundas nupcias, el concubinato, y las relaciones extramatrimoniales, se mantuvieron como realidades sociales (singularmente en las clases nobles y pudientes), y eso era algo que la Iglesia no podía tolerar. La familia experimentó un nuevo cambio dramático a comienzos del s. XI, con el desarrollo de las universidades en toda Europa. Esto posibilitó la renovación de los saberes teológicos y filosóficos, y singularmente la aparición del derecho canónico. La revolución eclesial y sus secuelas contribuyeron a remodelar las ideas sobre la sexualidad, el matrimonio y la familia. La virginidad se mantuvo como ideal de vida, y el matrimonio ocupaba un lugar inferior en la escala de valores. Los agustinianos bienes (antes llamados fines) del matrimonio se proclamaron como expresión de los componentes fundamentales del derecho natural y se les asignó un lugar prominente en el nuevo derecho. En el Decreto de Graciano-1140, 1ª gran colección de normas canónicas, se adoptó, como requisito indispensable, la capacidad de elegir libremente la propia pareja. El débito conyugal terminó por definirse (ius coniugale) y se le confirió la protección oficial que nosotros asociamos con el concepto moderno de los /derechos. Teniendo en cuenta que la familia medieval era, en muchos aspectos, una estructura jerárquica y patriarcal, el débito conyugal sirvió para equilibrar las relaciones. Se trataba de un derecho que cualquiera de las partes podía exigir y que la otra no podía negar libremente. c) Familia moderna Casi siempre que se ha producido un gran cambio social e histórico, éste ha repercutido sobre la familia. Así pues, dos cambios históricos modificaron fundamentalmente a la familia en el mundo moderno. La revolución agrícola del s. XVII generó, porque económicamente posibilitó, unas estructuras que propiciaron que se creasen diversas formas de estar juntos marido, mujer e hijos, además de otros parientes y sirvientes. Esta estructura permaneció así durante 200 años. La revolución industrial del s. XIX introdujo notables cambios en la estructura familiar. Renovaciones aceleradas que producen serios desajustes y reajustes de asimilación en la institución familiar. d) Familia actual El mundo moderno de finales del s. XX planteó una serie de nuevos retos a la familia, en una especie de sociedad post-matrimonial. Los sistemas jurídicos de casi todos los países occidentales ya no apoyaban positivamente el matrimonio, entendido éste de acuerdo con los bienes agustinianos. La estabilidad simbólica, por ejemplo, ni siquiera se mencionaba ya en los modernos análisis legales. El divorcio se concedía fácilmente. Se aceptaban socialmente las relaciones sexuales fuera del matrimonio, y las nuevas tecnologías facilitaban el control de la natalidad y el aborto. El mundo moderno de inicios del s. XXI plantea una serie de nuevos retos a la familia. Algunos afirman que vivimos en una sociedad post-matrimonial. Los sistemas jurídicos de casi todos los países occidentales ya no apoyan positivamente el matrimonio, entendido de acuerdo con los bienes agustinianos. Hoy en día se plantean nuevos horizontes derivados de los estudios psicológicos acerca de la naturaleza del afecto humano, que posibilitan el poder formarnos una conciencia más profunda de ciertos aspectos de la relación matrimonial y familiar. e) Institución familiar La familia es, fundamentalmente, una institución humana, simultáneamente natural y cultural. La familia, en cuanto institución, presenta unas funciones muy significativas y determinantes para las sociedades y los individuos:-funciones universales (procreación y crianza de los
hijos), en los que la institución familiar se mantiene estable; En la mayor parte de las culturas del mundo, la familia institucionaliza las relaciones biológicas intergeneracionales, ampliadas y perpetuadas mediante matrimonios entre grupos de parentesco. Una de las funciones de la familia consiste en canalizar el potencial procreativo de la sexualidad de modo socialmente organizado, a fin de que la siguiente generación se forme y se socialice dentro de unas estructuras estables. Las formas familiares tradicionales han sido de carácter patriarcal y jerárquico, prácticamente en todas las culturas y civilizaciones del mundo. En muchas sociedades la pertenencia a una determinada familia condiciona la afiliación política y religiosa de las personas. En nuestra época, el valor de la familia surge con fuerza, solidez y vigor en nuestro ambiente. Poco a poco van desapareciendo las ingenuas utopías que profetizaban el final de la familia, pero también carecen de un mínimo de credibilidad los hueros requiebros a favor de la institución familiar. No podemos olvidar que la familia se fundamenta sobre la condición humana, condición frágil, aunque duradera. Hay una diversidad aceptada de modelos de familia (tradicional, nuclear, post-nuclear). En las modernas sociedades industriales, la familia, en la mayoría de las ocasiones, queda reducida a los límites del modelo nuclear (la pareja y sus hijos), cuyas tareas y roles expresan la escisión clara y contundente entre lo público y lo privado, entre el trabajo y el hogar. Aquí la familia ya no es célula primordial de la producción de una sociedad, porque consume lo que no produce. El dinero, que es lo que prestigia, y el trabajo, que es lo que da seguridad a la vida, se tiene fuera de la familia; se produce una conmoción intrafamiliar sustancial. Las grandes urbes, con el sistema de trabajo, reducción geográfica de la casa, diversión fuera de casa... contribuyen al replanteamiento, y a veces relajación, del sentido de parentesco y de pertenencia. Otro dato importante es el trabajo extradoméstico de la mujer, con sus derivados de independencia y relación con las tareas del hogar y de la educación de los hijos. Cuando empezaron los cambios en la familia, los primeros sociólogos y otros expertos sobre el tema profetizaron que la familia iba a desaparecer en el s. XX. Estas calamidades no se han cumplido, sino que han hecho que la visión sobre la familia y su futuro inmediato sea más real en el s. XXI. e.1) El ser familiar El ser de la familia lo situamos en su función personalizadora. Esta función humanizadora de la familia se pone de manifiesto en su doble vertiente: en su dinamismo personalizador y en su fuerza socializadora. La familia es el ámbito adecuado para la conformación del sujeto humano y la transmisión de valores convertidos en proyectos de vida. Por ello, la urgente tarea personalizadora se expresa: -posibilitando la integración del
yo personal El personalismo familiar sólo alcanza su plenificación en la fuerza socializadora del hogar, así como gestando un sistema interrelacional sobre una cosmovisión axiológica que teje el clima familiar: el amor, la justicia y el diálogo, a la vez que promoviendo un ser crítico ante las situaciones deshumanizantes y masificadoras de la vida social. e.2) El quehacer familiar Esta función de la familia se desarrolla al menos en 3 actuaciones importantes: la formación de una comunidad de personas, el servicio a la vida y la participación en la sociedad. Las relaciones interpersonales (conyugal, paternidad y maternidad, filiación, fraternidad) incardinan a toda persona en la gran familia humana. Las interacciones de las personas en la familia construyen una comunidad de personas. En la vida familiar, la ley del amor posibilita la participación y la comunicación, no la servidumbre y la dominación. En efecto, la familia personaliza cuando el amor es principio de comunión en la construcción de las personas, en la intercomunicación mediante las actitudes (de gratuidad, de constante comprensión y tolerancia, de respeto en su singularidad, igualitaria frente al machismo; corresponsable frente a la irresponsabilidad). La participación en el desarrollo social desde la familia se encauza a través del sistema de valores, donde se cultiva el don de sí mismo, el sentido de la justicia, la práctica del auténtico amor, la formación crítica de personas críticas o los ideales de tolerancia y solidaridad. e.3) Actualidad familiar Al menos en los países occidentales, nos encontramos ante una profunda variación histórica en la manera de entender y vivir la institución familiar. El cambio familiar se expresa en los valores que condicionan el universo significativo de la institución familiar. La familia se fundamenta sobre unos valores que la caracterizan institucionalmente. Valores universales como auto-desarrollo personal, desenvolvimiento psicológico de la afectividad y la sexualidad, trascendencia de los progenitores, integración e intervención de la familia en la red de las relaciones sociales. Ahora bien, los valores en su escala axiológica varían notablemente, como se ve en: -el cambio en las
relaciones humanas como actitudes individualistas, como talante de realización
personal ante la sociedad; La institución familiar, como lugar sociológico, es poderosa transmisora de valores y su repercusión se manifiesta en el cambio del modelo recesivo y emergente de familia. f) Factores familiares f.1) La pareja conyugal El matrimonio, en cuanto origen institucional de la familia, ha realizado un recorrido histórico muy significativo, pues desde el matrimonio por conveniencia, o por arreglo interfamiliar, se ha pasado al matrimonio-alianza, de éste al matrimonio-fusión, y de éste al matrimonio-consenso. A nivel general, la pareja conyugal ha ido enfrentándose a los nuevos desafíos del discurrir de los siglos, y los cambios sociales han ido inoculando en su seno: -el desafío
de la duración, en torno a los sempiternos temas de la separación y divorcio; f.2) El ciclo vital familiar Tengamos en cuenta algunos elementos significativos de cambio en la familia y en la pareja. Son los que desgrano a continuación. Las relaciones familiares ad intra cobran un sentido más igualitario, por descenso del machismo y por el fuerte ascenso del rol de la mujer; a la vez hay una actitud emancipatoria de la mujer y de los hijos, que se expresa en una conciencia más democrática en la familia, favorecida por la desaparición del patriarcalismo y por la aceptación del papel social de la mujer y los derechos de los hijos en la familia. La fecundidad se realiza mediante una actitud más responsable maternal y paternalmente; una fecundidad libre. Junto a este comportamiento, conviene tener en cuenta la fecundidad de la madre soltera, la fecundidad adolescente y la fecundidad mediante técnicas de reproducción asistida. Por ello, urge un discernimiento axiológico para reorientar las nuevas situaciones de la pareja y de la familia en el momento actual. g) Valores familiares En la familia europea pesan siglos de tradición burguesa y rural, prejuicios ancestrales de tipo patriarcal, patrimonial y, a veces, sacra. Pesa un sistema multifuncional, cerrado, de funcionamiento laboral, económico, asistencial, educativo... de gran poder. Con sus rasgos positivos, como la enorme solidaridad social, que producía la compenetración entre padres e hijos, el arraigado sentido de pertenencia, la seguridad emocional, el sentido grupal de la familia... En definitiva, una convivencia familiar totalizante, que mostraba los inconvenientes de: -poca iniciativa y su casi ausencia en
el desarrollo de su ser familia; En definitiva, propongo una terapia de pareja en relación a los roles paterno-materno, al concepto de hogar y a la cuestión de la unidad familiar. Hoy en día, la familia, desde su perspectiva humanizante y personalizadora, le conviene reflexionar desde una axiología emergente: -un sentido de destino y de identidad que rompa los límites
estrechos de la cultura y de los individuos; Sólo así se puede trabajar y promover un modelo de familia cuyo rostro sea escuela de amor, taller de fraternidad y gratuidad, educadora de la libertad y responsabilidad, cultivadora de la unidad y el diálogo. Sólo así será posible volver a tener un hogar abierto, una familia auténtica y un ámbito familiar comprometido en la construcción de una persona y un mundo nuevos. .
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