11 de Junio
San Bernabé Apóstol
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 11 junio 2026
Mt 10, 7-15
Mateo enumera hoy algunas normas que constituyen el estilo misionero.
La 1ª de ellas es la pobreza. El discípulo de Cristo se pone todo él a su disposición, gratuitamente y porque está convencido de haber recibido también él de forma gratuita y abundante. Es la forma más profunda de la pobreza de espíritu: todo lo que hay en nosotros es don de Dios, y por ha de darse generosa y gratuitamente, dando lo que es de Dios a los demás. Pero hay otra cosa: la pobreza no sólo se contenta con poco, o lo estrictamente necesario (v.9), sino que ha de tener el coraje (que es fe) de confiar (estrictamente) en la providencia de Dios.
El tiempo es tan corto, y el anuncio de tal importancia, que el discípulo no puede permanecer en un solo sitio o con un único tipo de personas, de forma egoísta u obstinada. Por lo demás, hay que saber que la labor del misionero no es forzar a toda costa el corazón del hombre, porque ni siquiera Cristo lo hizo. La tarea del misionero es formular la propuesta clara y convincente, y luego dejarla a la libertad del hombre. La labor del misionero se limita al anuncio (no a la persuasión), y es eficaz en la medida en que es clara y estimulante (no machacona).
Las normas de absoluta privación que Jesús impone a los discípulos ("no llevéis ni oro, ni plata, ni sandalias, ni bastón") parecen en principio inviables, y parecen estar tomadas de las normas establecidas para asistir al culto del templo ("que nadie entre en el templo con bastón, zapatos, ni con la bolsa del dinero").
Lo que viene a decir que los discípulos, en la realización de su tarea evangelizadora, se hallan ante Dios (como en el templo) y deben conducirse como estando en la presencia de Dios, sabiendo que el éxito de la misión depende de Dios. Diríamos que se manda a los discípulos ir desarmados, para poner de relieve que se trata de la obra de Dios, del anuncio de su palabra y no de la nuestra. Pues de lo contrario, ¿cómo podría un hombre caminar sin sandalias o sin bastón?
Bruno Maggioni
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Los 12 apóstoles continúan la palabra y obra de Jesús en relación al Reino. Y por eso lo que deben hacer y decir no es diferente a lo que Jesús hace y dice. La cercanía inminente del Reino fue predicada por el Bautista (Mt 3, 2) y es el comienzo de la predicación de Jesús (Mt 4, 17). Por eso, es también el contenido de la predicación de los discípulos. Y lo mismo ocurre con el resto de tareas (según Lucas, "predicar y sanar", y según Mateo "curar, resucitar, purificar y exorcizar").
Pero ese poder no debe utilizarse en beneficio propio, pues la gratuidad es la característica que lo marca. Ese poder es don de Dios, y como tal nadie debe creerse sus dueño, ni lucrarse a su costa. Para ser precisos: una cosa es que la comunidad agradezca al misionero su obra (y lo alimente y hospede), y otra que el misionero viva a costa de ello.
Esto último fue algo que sucedió en las primitivas comunidades, y ya el mismo Pablo prefirió trabajar con sus manos para sostenerse, que ser mantenido por la comunidad. Esto le mereció la crítica de algunos (que decían de él que "no es discípulo de Jesús, ya que el Señor dijo que el que trabaja merece su sustento"; 1Cor 9,14). Pero Pablo contestará que lo hace como libre renuncia, para manifestar que la evangelización es una gracia y don de Dios, mucho más que una imposición (1Cor 9; 2Cor 11,13).
El mismo evangelio de Mateo reconoce también que hay falsos profetas (Mt 7,15; 24,11.24). Así como los escritos tardíos nos hablan de la existencia de falsos predicadores (Hch 20,29-30; 1Jn 4,1; Ap 16,13; 19,20; 20,10; 2Pe 2,1), así como los escritos de los primeros padres de la Iglesia (Pastor de Hermas, XI, 16; Didajé, XI, 3.4.8.11; Ignacio a los Efesios, IX, 1). De hecho, los apóstoles tuvieron que regular la actividad misionera del s. I, para garantizar la fidelidad al mensaje del mensajero:
"En cuanto a los apóstoles y profetas obren así, según la enseñanza del evangelio. Todo apóstol que vaya a ustedes sea recibido como el Señor. No permanecerá más que un día, pero si tuviera necesidad, puede quedarse otro día. Si permanece tres, es un falso profeta. El apóstol, a su partida, no recibirá nada más que pan hasta que se hospede (de nuevo). Si pide dinero, es un falso profeta" (Didajé, XI, 3-6).
En la misma línea debe ubicarse la referencia a que no se ha de llevar oro (Mateo), plata (Mateo y Lucas), monedas (Mateo y Marcos) y alforja (Mateo). En todo caso, el evangelio destaca el desinterés del misionero y la confianza en el cuidado de Dios, aunque sea digno de su alimento (Mateo) y de su jornal (Lucas). Precisamente porque no llevan nada de valor, no necesitan tampoco llevar bastón, pues no deben defenderse de nadie.
La paz del que acoge al misionero, como fruto del Reino, es un signo de la presencia de Dios y de la realización de su voluntad (lit. su Reino). Se trata de una shalom (lit. paz) que es "armonía entre", un "estar bien" o don del bienestar que reciben los que hospedan a los misioneros. Pero siguiendo en todo la suerte del Maestro, todos ellos (tanto el misionero como el acogedor del misionero) han de saber que esa paz es interior, pues por fuera (o por parte de otros) pueden esperar lo que antes o después vendrá: el rechazo. Con esto, Mateo prepara el terreno para el párrafo que sigue: el anuncio de las persecuciones.
Emiliana Lohr
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Jesús añade hoy un aviso a sus discípulos: la idea de lucro ha de estar ausente de esta actividad. Se hace, por tanto, con limpieza de corazón (Mt 5, 8), sin segundas intenciones.
La opción por la pobreza que ha hecho el discípulo (Mt 5, 3) ha de ser bien visible. No deben llevar dinero alguno, tampoco provisiones (alforja), ni 2 túnicas o sandalias (como la gente acomodada). La prohibición de llevar bastón simboliza la renuncia a toda violencia, incluso en defensa propia (Mt 5, 39).
El desprendimiento absoluto del discípulo se funda en su confianza de que no faltará el sustento. Jesús los exhorta a la confianza que había de tener el discípulo en el Padre del cielo (Mt 6, 25-34). La misión es un trabajo por el que se busca que reine la justicia del Padre (Mt 6, 33); éste se ocupará de lo demás.
Se merece recibir al enviado quien está abierto al mensaje del Reino. Es decir, los que no se conforman con la situación existente. Los 12 enviados son mensajeros de paz (Mt 5, 9), y trabajar por ella es su labor. Esto se refleja en su saludo. Hay, sin embargo, quienes rechazarán su mensaje. En tal caso los enviados deben desentenderse de ellos con un gesto simbólico, usado al abandonar tierra pagana. Jesús anuncia un juicio que será más severo para los que no acogen el anuncio del reino, que para las ciudades paganas proverbialmente malditas.
Juan Mateos
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Comienza aquí el llamado Discurso de la Misión. Recordemos que el evangelio de Mateo se ha estructurado alrededor de 5 grandes discursos, aludiendo con ello a la nueva Torah (los 5 libros del Pentateuco): el 1º o Discurso de la Montaña, el 2º o Discurso Misionero, el 3º o Discurso de las Parábolas, el 4º o Discurso a la Comunidad y el 5º o Discurso Escatológico.
En efecto, tras la configuración del Grupo de los Doce, Jesús envía a sus 12 apóstoles para que hagan anuncio de la llegada del Reino, por medio de toda clase de signos. Y aquí comienza Jesús una serie de instrucciones que dichos enviados debían tener en mente, antes que él desaparezca y ellos se disgreguen por el mundo entero.
Entre las instrucciones misioneras que Jesús da a los 12, está la de haber abandonado todo afán de lucro. La opción por la pobreza es la 1ª condición del discípulo. No deben llevar dinero, ni provisiones, ni 2 túnicas, ni 2 sandalias (como la gente rica), ni nada que pueda entorpecer su trabajo. También han de renunciar a la violencia (no llevar bastón). El desprendimiento absoluto del discípulo se basa en la seguridad que tiene de que no le faltará el sustento. Es un nuevo estilo de vida.
Las instrucciones sobre la entrada a la ciudad, y las diferentes maneras de dejarse acoger, incorporan ciertas prácticas de la sabiduría popular hebrea, cuya hospitalidad era costumbre sagrada no sólo en el mundo mediterráneo, sino también en el AT (Gn 18,1-8; 19,1-11; Jue 19,10-25). No obstante, las instrucciones de Jesús adquieren un sentido escatológico, y no tanto hospitalario.
Había también una costumbre, entre los judíos de la diáspora, que decía que al visitar su patria (Tierra Santa) debían "sacudirse el polvo de los zapatos que traían" desde los países paganos, o incluso de aquellos territorios ocupados en antaño por los cananeos. Por tanto, las palabras de Jesús necesitan ser entendidas en un marco escatológico, en el que Jesús envía a los discípulos como profetas del juicio definitivo, anticipándolo (si hace falta) con sus pronunciamientos y acciones simbólicas. De otra manera se podría correr el peligro de juzgar de manera rigurosa, y desprovista de amor, los esfuerzos de los discípulos de Jesús.
Fernando Camacho
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Jesús da hoy a sus apóstoles (y a todos nosotros, miembros de la Iglesia) una serie de consignas para que cumplan su misión, siguiendo todos un mismo estilo. Ante todo, lo que tienen que hacer es "anunciar que está cerca el reino de Dios", el proyecto salvador de Dios que se ha cumplido en Jesús. Ésta era la última idea del evangelio de ayer, y la 1ª de hoy. Pero, además, a las palabras deben seguir los hechos: "curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar demonios".
Los enviados de Jesús deben actuar con desinterés económico, no buscando su propio provecho, sino "dando gratis lo que han recibido gratis". Este estilo es en lo que consiste la llamada pobreza evangélica: en no apoyarse en los medios materiales (oro, plata, vestidos, alforjas) sino en la ayuda de Dios. Y les avisa ya de antemano Jesús que, mientras en algunos sitios los recibirán bien, en otros sitios los recibirán mal.
Nos conviene revisar nuestro modo de actuar, comparándolo con estas consignas misioneras de Jesús. No se trata de tomarlas al pie de la letra (no llevar ni calderilla), sino de asumir su espíritu:
-el
desinterés económico;
-la generosidad de la propia entrega, ya que Dios nos lo ha dado todo gratis, y
nosotros debemos seguir ese modo de ser.
Recordemos cómo Pablo no quiso vivir a costa de la comunidad, sino trabajando con sus propias manos, aun reconociendo que "bien merece el obrero su sustento".
Confiemos más en la fuerza de Dios que en nuestras cualidades o medios técnicos, pues nos irá mejor si llevamos poco equipaje y no hacemos demasiados cálculos económicos o humanos. Y no nos contentemos con palabras, sino mostremos con nuestros hechos que la salvación de Dios alcanza a toda la persona humana (a su espíritu y a su cuerpo), a la vez que anunciamos a Dios y luchamos contra el mal y sus dolencias.
Tampoco dramaticemos demasiado los fracasos que podamos tener, ni nos desanimemos hasta el punto de desistir de nuestro encargo. Si en un lugar no nos escuchan, vayamos a otro y ya está. Sin olvidar que lo que anunciamos no son soluciones técnicas ni sociales, sino el sentido que tiene nuestra vida a los ojos de Dios: el Reino que inauguró Cristo Jesús.
José Aldazábal
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Hoy día queremos que hasta lo imprevisto esté de antemano previsto, y por eso triunfan los servicios a domicilio. Y si hoy se habla tanto de paz, es quizás porque no queremos que, de antemano, se nos escape. El hoy del evangelio toca de lleno estos 3 hoys. Pero vayamos por partes.
Queremos prever hasta lo imprevisible: pronto haremos un seguro por si el seguro nos falla, o cuando uno compra un jersey, el tendero nos ofrece ¡el modelo descolorido! El evangelio de hoy, con la invitación a ir desprovistos de equipaje ("no os procuréis oro ni plata"), nos invita a la confianza y a la disponibilidad. Pero alerta, porque esto no es dejadez, ni tampoco improvisación.
Vivir esta realidad sólo es posible cuando nuestra vida está enraizada en lo fundamental: en la persona de Cristo. Como decía Juan Pablo II, "es necesario respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia. No se ha de olvidar que, sin Cristo, no podemos hacer nada".
También es cierto que hoy proliferan los servicios a domicilio, y a forma de katering te hacen la tortilla en tu propia casa. Pues bien, hoy Jesús nos dice "id", abiertos a las necesidades de la poblacións.
Hoy en día se consideran sagradas las vacaciones, y sus paisajes tranquilos son sinónimos de paz. Pero los cristianos debemos ser portadores de paz, luego hemos de ser capaces de transformar los paisajes de este mundo, convirtiéndoles de hostiles en pacificantes.
¡Dejémonos tocar, pues, por la fuerza del hoy de Cristo! Pues como decía Juan Pablo II, "quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí. Debe anunciarlo".
David Compte
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Cristo envía hoy a sus discípulos. Es decir, los pone en la vía, pone en el camino a los suyos. Este es el mensaje del evangelio de hoy. Detengámonos en ese simple hecho: Cristo nos envía, nos pone en camino.
Cristo pone en camino. La sola palabra indica dinamismo. El evangelio no es algo que yo pueda guardar; lo conservo dándolo; es mi tesoro si lo arriesgo; me alimenta cuando nutre a otros.
Cristo pone en camino. En otro lugar dijo "Yo soy el camino", luego ponernos en camino es ponernos en Cristo, es estar en el puente que une el sí del amor divino y el sí del corazón humano, cuando la gracia lo enciende.
Cristo pone en camino. Y también aguardará a los suyos al final del camino. El Apocalipsis lo llama "el Alfa y el Omega", porque de él brota y en él se resume toda la obra misionera de la Iglesia. Su sonrisa nos envía; su abrazo nos espera.
Nelson Medina
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De nuevo Jesús advierte hoy del peligro de rechazar el anuncio de Reino, uno de los grandes problemas por los que atraviesa nuestra sociedad. Ciertamente este rechazo no es expreso, pero sí que sucede, desde la pereza por ir a misa hasta el escaqueo a la hora de abordar las tareas parroquiales, desde el cerrarse a la instrucción de la Iglesia (obispos, sacerdotes y del mismo papa) hasta el rechazo al propio reino de Dios.
Por otro lado, si bien es cierto que no hay una negativa concreta de hospedar a un ministro de la palabra (sea sacerdote o laico), en muchos de los cristianos se nota una falta de interés y cooperaración en la proclamación del evangelio, no poniendo a disposición del Reino las propias personas e incluso los propios bienes, a fin que el mensaje del evangelio se difunda.
Debemos estar atentos, pues la advertencia de Jesús es clara: "Os aseguro que, en el día del juicio, Sodoma y de Gomorra serán tratadas con menor rigor que aquella ciudad". Busquemos siempre la manera de aceptar la invitación de Jesús a una conversión más profunda, y de cooperar para que el mundo de hoy pueda conocer y vivir al mensaje del Reino.
Ernesto Caro
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El mismo Jesús que ayer había elegido a los 12, hoy los envía en misión profética, al servicio de la conversión al reino de Dios. Un envío que realmente resulta enigmático, por tratarse de un camino vocacional plagado de exigencias y encargos.
El 1º signo que debe acompañar a los discípulos es la solidaridad misionera, porque la tarea evangelizadora es un compromiso comunitario, y un trabajo en equipo que se proyecta hacia los demás. Desde aquí se han de entender las notas del anuncio misionero.
El 2º signo que debe acompañar a los misioneros es la curación de los enfermos. Jesús les comunica el poder de curar y exorcizar, pero ese poder debe estar al servicio de la misericordia de Dios, capacitando así a las personas a una sana entrega de sus vidas al plan de Dios, a nivel corporal y espiritual.
El 3º signo que debe acompañar a los apóstoles es la pobreza. Los enviados de Jesús han de llevar las manos vacías para su actuación, y si las llevan llenas de pan y dinero, ya no están del todo disponibles, sino maniatados. Han de ir como voluntarios (porque quieren) y ligeros de equipaje (con su forma de ser), y de esa forma serán testigos que nunca puedan ser sobornados. Porque "lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".
El 4º signo misionero es la solidaridad. En 1º lugar los unos (misioneros) de los otros (misioneros), compartiendo alojamiento y manutención. Y en 2º lugar con los demás (no misioneros, sino misionados), compartiendo sus formas de vivir y sentir, como signo de la presencia del Reino en sus vidas y ocupaciones.
El 5º signo misionero es la autoridad. Una autoridad de dimana de no tener nada que ofrecer, más que lo que son ellos mismos. Y que al presentarse con debilidad, hacen viviente del juicio de Dios sobre la tierra. Por eso, allí donde no los reciban, pueden "sacudir el polvo de las sandalias", como queriendo decir: os estamos ofreciendo el camino de la salvación y no lo queréis aceptar, pues preparaos que lo que va a venir es el juicio de Dios.
Así actúa el grupo de los Doce, enviado por Jesús como mensajero del reino de Dios. Su gesto ha de entenderse a la luz de los que Jesús quiere anunciar y preparar por ellos que es la nueva comunidad mesiánica, aquella familia de hombres y mujeres que cumplan la voluntad de Dios, superando y rompiendo todos los muros de la vieja casa de la ley judía.
Gaspar Mora
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El discurso de hoy de Jesús (Mt 10), llamado Discurso Misionero, se coloca en la perspectiva del día del juicio, lo mismo que las acciones de Jesús que siguen inmediatamente (Mt 11-12). Dicho juicio incluye el ofrecimiento de la paz escatológica (por parte de Jesús y sus enviados), así como las consecuencias al rechazo de ese ofrecimiento (por parte de Dios).
La tarea de los apóstoles es la misma de Jesús: la proclamación de que "el reinado de Dios está ya aquí" (v.7). Una proclamación que debe ser acompañada por los mismos (idénticos) signos a los realizados por Jesús. En concreto, se señalan 3 signos en la 1ª parte del discurso: sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre la impureza (v.8).
Tras esas indicaciones, siguen 2 exhortaciones. La 1ª tiene como objeto la determinación del estilo de la misión (vv.8-10), y en la 2ª se instruye sobre el comportamiento que se debe asumir frente a las reacciones de los oyentes (vv.11-15).
El estilo de la misión está determinado por un desprendimiento absoluto, derivado de la confianza en Dios por parte de los enviados. En una sociedad que conoce el negocio bancario y sumas millonarias (Parábola de los Talentos), los enviados deben inaugurar un nuevo comportamiento, que esté centrado en la gratuidad. El Reino ha de ser ofrecido como una gracia, y por eso debe ser manifestado adecuadamente, con un ofrecimiento gratuito.
Frente a una sociedad de continuo intercambio comercial, Jesús prescribe viajar sin túnicas o sandalias de repuesto (forma de viajar de la gente acomodada) ni bastón defensivo (ante los bandoleros del camino). Los apoyos del enviado no han de estar, pues, en la vida acomodada ni segura, sino en la providencia y protección divina, en quien los misioneros deben depositar una confianza absoluta.
El anuncio debe transmitirse a aquellos que "se lo merecen" y se han hecho merecedores de la paz de Dios. Por consiguiente, no debe transmitirse a aquellos que en la sociedad muestran una abierta oposición a los valores de Dios.
La transmisión ha de depender, pues, de la acogida (libertad humana) que los hombres hacen al mensaje de Jesús. Y la aceptación o rechazo, por parte de los oyentes, es la que debe determinar las actitudes a tomar, a la hora de entablar relaciones o seleccionar prioridades.
El rechazo al misionero es motivo para romper la comunicación y el diálogo con quienes así se comportan, a las claras y por medio de gestos decisivos de ruptura. A los adversarios de los valores del Reino hay que anunciarles un juicio más severo por parte de Dios, incluso mayor que el realizado sobre Sodoma y Gomorra (las ciudades del pecado de Abraham y de Lot).
El mensaje del Reino incluye, por tanto, contradicciones y rechazos. Hay que estar preparado para ellos. Las componendas no están permitidas a los mensajeros del Reino de Dios.
Confederación Internacional Claretiana
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Los 12 apóstoles deben ir anunciando el reino de Dios mientras ponen en marcha su estilo de vida itinerante, sin grandes instalaciones y con vía totalmente libre para la proclamación de la Buena Nueva. Pues si apelan a las comodidades y seguridades perderán el impulso y se apagarán. Por otro lado, todo lo necesario para vivir lo irán recibiendo de su misma obra misionera, "pues el obrero tiene derecho al sustento".
Los 12 apóstoles deben ser hombres de paz, pues su función no es crear contiendas inútiles sino enfrentarse directamente al mal (el demonio) y a sus consecuencias (las enfermedades). Por ello, no han de tomar represalias ni disgustos ante las incomprensiones, sino cambiar de camino y dejar la situación en manos de Dios y del juicio de Dios.
Pero la misión de los Doce está enmarcada por la constante amenaza de los hijos de la oscuridad ("os envío como corderos en medio de lobos"). Por ello, no han de ser ingenuos y creer que van a poder cambiar las costumbres por sí mismos (cosa que hará Dios, y el tiempo). Sino actuar con astucia, cuidándose de ellos mismos y velando por sus intereses (sin menoscabo de la humildad, para no empañar el descubrimiento de la verdad).
Servicio Bíblico Latinoamericano
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