17 de Diciembre

Día 17 de Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 17 diciembre 2026

Mt 1, 1-17

         Mateo empieza su evangelio con la página que hoy leemos (y que volvemos a escuchar en la misa de la vigilia de Navidad, el 24 por la tarde): el árbol genealógico de Jesús, descrito con criterios distintos de los de Lucas y, por cierto, sin demasiada metodología histórica. Mateo organiza los antepasados de Jesús en 3 grupos, capitaneados por Abraham, David y Jeconías (éste último, por ser el 1º después del destierro).

         Esta lista tiene una intención inmediata: demostrar que Jesús pertenecía a la casa de David. Es la historia de los antepasados de Jesús. Pero no se trata de una mera lista notarial. Esta página está llena de intención y nos ayuda a entender mejor el misterio del Dios-con-nosotros, cuyo nacimiento nos disponemos a celebrar.

         El Mesías esperado, el Hijo de Dios, la Palabra eterna del Padre, se ha encarnado plenamente en la historia humana, está arraigado en un pueblo concreto, el de Israel. No es un extraterrestre o un ángel que llueve del cielo. Pertenece por pleno derecho, y porque así lo ha querido, a la familia humana.

         Los nombres de esta genealogía no son precisamente una letanía de santos. Hay personas famosas y otras totalmente desconocidas. Hombres y mujeres que tienen una vida recomendable, y otros que no son nada modélicos.

         En el primer apartado de los patriarcas, la promesa mesiánica no arranca de Ismael (el hijo mayor de Abraham) sino de Isaac. No del hijo mayor de Isaac (que era Esaú) sino del 2º (Jacob, que le arrancó con trampas su primogenitura). No del hijo preferido de Jacob (José) sino de Judá (que había vendido a su hermano).

         En el apartado de los reyes (aparte de David, que es una mezcla de santo y pecador), aparece una lista de reyes claramente en declive hasta el destierro. Aparte de Ezequías y Josías, el resto de reyes presentados son idólatras, asesinos o disolutos. Y después del destierro, apenas hay ningún personaje que se distinga precisamente por sus valores humanos o religiosos. Hasta llegar a los 2 últimos nombres, José y María.

         Aparecen en este árbol genealógico también 5 mujeres. Las 4 primeras para no estar demasiado orgulloso de su aparición, en un libro familiar. Pues aparte de Rut (que es buena y religiosa, aunque extranjera), aparecen Rahab (una prostituta), Tamar (una tramposa, que engañó a su suegro para tener descendencia) y Betsabé (una adúltera, de un rey por su marido). La 5ª sí, es por fin María (la esposa de José, la madre de Jesús).

         Entre los ascendientes de Jesús hay tanto pecadores como santos, demostrando que los pensamientos de Dios no son los nuestros (Is 55, 8). Aparece bien claro que él cuenta con todos, que va construyendo la historia de la salvación a partir de estas personas. Jesús se ha hecho solidario de esta humanidad concreta, débil y pecadora, no de una ideal y angélica. Y de ahí que poco después se ponga en la fila del río Jordán, como uno más para ser bautizado.

         Jesús es el Santo, pero no desdeña mostrarse solidario de los pecadores, y trata con delicadeza a los pecadores y pecadoras. Ha entrado en nuestra familia, y no como un ángel caído. Será hijo del pueblo, y no excluirá a nadie de su Reino.

José Aldazábal

*  *  *

         Mateo comienza su evangelio imitando la genealogía del Génesis (Gn 5; 10; 36). Y como en el Génesis sólo engendran los varones, la lista es artificiosa. Se trata de una lista con 3 segmentos, cada uno con 2 septenarios (14 nombres). Se mencionan 4 mujeres: Tamar (que dio todo para no perder las bendiciones divinas), Rajab (prostituta de Jericó), Rut (extranjera de Moab) y Betsabé (adúltera madre de Salomón). Junto a una 5ª mujer (María, madre de Jesús).

         Hay que resaltar cómo la ascendencia de Jesús va por la línea del pecado (la prostitución y el adulterio) y de la marginación (mujeres extranjeras). Así, Jesús se arraiga en la humanidad al cabo de una historia marcada por el pecado, pero también por la esperanza. Todos somos solidarios de Cristo, primero por la sangre y después por la fe.

         La genealogía de Jesús presentada por Mateo quiere destacar varias cosas. En 1º lugar que Jesús es hijo de Abraham (al que se le hicieron las promesas) y pertenece del tronco de David. Para acentuar la ascendencia davídica Mateo recurre a un artificio. La genealogía está dividida en 3 bloques de 14 personas, pues para los judíos los números tienen un simbolismo especial. Aquí 14 indica a David, porque es el resultado de sumar el valor numérico de las letras que componen el nombre de David en hebreo.

         En 2º lugar, Mateo quiere decirnos cómo Jesús está profundamente enraizado en nuestra historia, y que no es alguien que ha caído en paracaídas, sino que el culmen de la historia humana. Él se ha mezclado con el ser humano, y no con el más limpio y representativo, sino también con criminales y pecadores de toda laya, aparte de famosos y laureados.

         Aun las mujeres nombradas (cosa extraordinaria, pues la mujer casi nunca aparece mencionada en las genealogías) ostentan un título no muy recomendable. Entre ellas hay incestuosas (como Tamar), prostitutas (como Rajab) o adúlteras (como Betsabé). La única que no tiene nada reprensible es Rut, pero pertenecía a un pueblo cordialmente odiado por los israelitas, Moab. Jesús no teme asumir esta genealogía, porque él ha venido a salvar a todos los hombres y mujeres.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 17/12/26     @tiempo de adviento         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A