22 de Diciembre
Día 22 de Adviento
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 22 diciembre 2026
Lc 1, 46-56
Ana, la esposa de Elcaná, estaba avergonzada por su esterilidad, y por eso había pedido a Dios poder superar esta afrenta. Y por eso había vuelto al templo, para dar gracias a Dios por haber sido escuchada y poder decir que por fin es madre (de Samuel, que será un personaje importante en la historia de Israel).
El emocionado Cántico de Ana lo hemos recordado en el salmo responsorial, y es fácil ver cómo sus ideas principales son muy semejantes a las que la Virgen María cantará en su Magnificat: Dios ensalza a los pobres y los humildes, mientras que humilla a los soberbios.
También María, en casa de Isabel, y tras escuchar las alabanzas de su prima, prorrumpe en un Cántico de María lleno de admiración, alegría y gratitud a Dios (el Magnificat), que la Iglesia ha seguido cantando generación tras generación hasta nuestros días.
María canta agradecida lo que Dios ha hecho en ella, y sobre todo lo que ha hecho y sigue haciendo por Israel, con el que ella se solidariza plenamente. Y alaba a Dios porque "dispersa a los soberbios, derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos".
Se trata de un magnífico resumen de la actitud religiosa de María y de toda Israel, que espera la llegada del Mesías y que para ello va recorriendo toda la historia de salvación, desde una óptica de clara opción preferencial por los pobres y humildes, por los oprimidos y marginados.
Nada extraño será, pues, que este Cántico de María, valiente y lleno de actualidad, sea admirado por Pablo VI en su Marialis Cultus y Juan Pablo II en su Redemptoris Mater, se haya convertido en la oración de la Iglesia en su largo caminar por los siglos, y lo repitamos todos los días en el rezo de las Vísperas. La oración de María, la 1ª creyente de los tiempos mesiánicos, se convierte así en oración de la comunidad de Jesús, admirada por la actuación de Dios en el proceso de la historia.
Saber alabar a Dios, con alegría agradecida, es una de las principales actitudes cristianas. Y María, inspirándose en el Cántico de Ana, nos enseña a hacerlo desde las circunstancias concretas de su vida.
María alabó a Dios. Su canto es el mejor resumen de la fe de Abraham y de todos los justos del AT, el evangelio condensado de la nueva Israel, la Iglesia de Jesús, y el canto de alegría de los humildes de todos los tiempos, de todos los que necesitan la liberación de sus varias opresiones.
La maestra de la espera del Adviento, y de la alegría de la Navidad, es también la maestra de nuestra oración agradecida a Dios, desde la humildad y la confianza. La maestra de la convicción, de que Dios está presente y actúa en nuestra historia, por desapacible que nos parezca.
José Aldazábal
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La lectura del evangelio muestra que el cántico del Magníficat (que entona María) está claramente inspirado en el Cántico de la 1ª lectura (que entonaba Ana), y que ambos juntos se han convertido en la oración diaria de la Iglesia (en el oficio vespertino de vísperas). De hecho, algunos han llegado a hablar, por supuesto exageradamente, de su carácter subversivo, atribuyéndole a su recitación poderes casi mágicos (como si fuera un talismán).
En dicho Cántico, María reconoce la grandeza de Dios, y expresa su alegría y agradecimiento porque el Señor se fija en la pequeñez. Anuncia proféticamente las alabanzas que ella recibirá de parte de la Iglesia, pero no por ella misma sino por lo que Dios realizó en su persona.
María anticipa el feliz anuncio que hará Jesús (tomando partido por los pobres), así como el veredicto final de Dios: dispersión de los soberbios y caída del trono de los poderosos, así como enaltecimiento de los humildes y hartura de bienes de los hambrientos.
Todo un programa de transformación de nuestro mundo, pero no a nivel terreno (de reivindicaciones sociales, que solo afectan al más acá) sino futuro (por carácter trascendente y espiritual) y actual (porque la salvación de Dios comienza a realizarse aquí y no allá, predicando el evangelio a los pobres, curando las enfermedades, resucitando a los muertos...).
Las santas mujeres de la Escritura dan gracias por todo: por el pan, por los hijos, por la intervención de Dios a favor de los pobres y humildes, por un orden social más justo e igualitario, por el cumplimiento de las promesas hechas en el pasado, por la posibilidad de mirar el futuro con esperanza y en actitud confiada, por la salvación total que implica el cuerpo, la dignidad, el alma, los sueños, las más concretas e inmediatas necesidades, pero también las más recónditas y fundamentales, como encontrar que la vida tiene sentido cuando somos amados, y estar seguros de que el amor no muere nunca.
Hagamos nuestras las palabras de María en estas vísperas de Navidad, y cantemos con ella la alabanza de quien también ha hecho en nosotros maravillas.
Josep Camps
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Nos presenta hoy Lucas la respuesta que María ofrece al saludo de Isabel, y que conocemos tradicionalmente con el nombre de Magníficat. Se trata de una respuesta compuesta por citas y reminiscencias del AT, en el que se canta la gratitud de María y de todo el pueblo de Dios por el cumplimiento de las promesas divinas. Lucas subraya, además, que se trata del tema o espiritualidad por excelencia de María: Dios se apiada de los pobres y desvalidos (Lc 6,20-26; 16,19-25).
El Cántico de María, o Magnificat, tiene muchas reminiscencias del AT, y sigue de cerca al Cántico de Ana (1Sm 2, 1-10). Un cántico (de Ana) del que María recoge los temas básicos de la maternidad, las contraposiciones binarias ("poderosos y humildes", "ricos y pobres"...), el cambio de la situación (de lo alto a abajo, de lo bajo a la cumbre...), el gozo de la celebración, la santidad de Dios, la fijación por la humildad...
En representación de todos los pobres que expresan la liberación, María se alegra de la grandeza de Dios, porque se ha fijado en la situación humillante de su pueblo y ha venido a salvarlo. El mayor testimonio de la santidad de Dios es que él mismo se una a los pobres y asuma su situación. Dios realiza un cambio, un vuelco de situaciones sociales para crear un nuevo tipo de relaciones más humanas.
El Cántico de María tiende un puente entre el tiempo de la espera (el AT), y el tiempo de la realización (el NT). María, tan discreta en el resto de los evangelios, aparece aquí como la profetisa que proclama una revolución histórica, que vuelque todas las cosas para recibir la llegada de su Hijo.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
22/12/26
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